miércoles, 3 de junio de 2009

Que se llama soledad...

La soledad es un sentimiento y una realidad que sufren muchas personas. Me estoy refiriendo a la soledad resultado de no poder integrarse socialmente. Personas que fracasan en sus intentos por relacionarse y conectarse tanto en ámbitos sociales (pareja, amigos…) como laborales. Algo no elegido, no deseado. Sufrido y padecido porque hay una historia de vida previa azotada por vivencias y padecimientos que no han permitido a una persona poder abrirse al exterior social. Anticipan que las relaciones con otros van a estar teñidas de rechazo, burla, humillación. Personas que saben que no cuadran en ese baile sinfónico que supone ser capaz de sincronizarse socialmente con otros. Carecen de habilidades que les permiten interpretar los estados internos de los otros, las claves no verbales que permiten la sintonización interpersonal. Personas que desearían saber cómo relacionarse pero se bloquean. La anticipación de fracasos previos no les ayuda nada, desde luego. Pero anticipan fracasos porque lo han intentado y la respuesta ha sido negativa. Aprenden que por mucho que lo intenten, no lo van a conseguir: indefensión y soledad aprendida.

Los niños víctimas de malos tratos que generan rechazo a su alrededor por sus conductas maladaptativas, las personas víctimas de una enfermedad mental, los que padecen disfunciones cerebrales, los que sufren un trastorno de la personalidad… Tienen como denominador común tener como problema no encajar en contextos sociales. Se ven abocados a una desesperante soledad…

Tienen que superar y afrontar sus miedos y temores, poner de su parte para conseguir integrarse en grupos porque depende de ellos, claro. Pero no es menos cierto que todos estamos llenos de prejuicios y etiquetamos rápido, a veces con burla, y no permitimos que puedan acercarse y darles una oportunidad. Nos cerramos.

Los profesionales podemos ayudarles pero es tarea de todos poder proporcionar a estas personas posibilidades relacionales. No por ser diferentes son inferiores. Ellos lo creen así y la sociedad tampoco pone mucho de su parte. La sociedad somos cada uno de nosotros. ¿Por qué no toleramos al diferente, lo rechazamos y en muchas ocasiones hasta lo despreciamos?

2 comentarios:

Gemma dijo...

Cuánto sufrimos los que queremos a los "diferentes" por el "mal trato" que la sociedad en general les dispensa. Por su no aceptación en grupos, por la marginación que les supone no tener amigos... Soy madre de un hijo "diferente" que parece normal, sólo su comportamiento disruptivo y a veces poco social pone en evidencia su "diferencia". Y mi hijo se ve estigmatizado por un trastorno del que él no es culpable y del que sin embargo le culpa casi todo su entorno, incluso los que le quieren le demandan una y otra vez que no sea como es. Mi hijo es incómodo, es dificil... pero necesita que las barreras que se alzan a su alrededor no sean tan altas porque no las puede saltar. Si somos una sociedad que se precia de integrar a los sindromes de Down, que preconiza que hay que eliminar las barreras arquitectónicas, eliminemos tanto prejuicio y no culpemos a los "diferentes". Bastante tienen con serlo.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Gema: Excelente aportación la tuya: además de las barreras físicas, hemos de eliminar las sociales, especialmente los prejuicios que imposibilitan a muchas personas "diferentes" poder acercarse porque ya anticipan en su mente, como un guión, que no van a ser aceptados. Comprendo perfectamente tu dolor y como muy bien dices, sufren los "diferentes" pero también sus familias que observan muchas veces impotentes, la marginación a la que se ven abocados. Cada uno pongamos de nuestra parte para hacer un hueco a estas personas que tienen mucho que decir porque poseen cualidades que quedan escondidas por otras conductas.

Un cordial saludo,

José Luis