lunes, 9 de julio de 2018

La separación interminable: el apego es un derecho humano.

Recientemente hemos asistido con dolor al intento de Trump de separar a los niños de sus familias migrantes sin papeles, algo por lo que, afortunadamente, la comunidad internacional se le ha echado encima y por lo que -parece- ha tenido que rectificar, dada la atrocidad que iba a cometer. El diario El País dice en su edición del 21 de junio literalmente así: "La ola de protestas, dentro y fuera de Estados Unidos, por la separación de niños y familias migrantes sin papeles ha forzado a Donald Trump a dar marcha atrás en esta política. El presidente firmó este miércoles una orden ejecutiva que ponga fin a una práctica que ha causado estupor entre los propios republicanos, provocado la condena del Papa, la reprobación de Naciones Unidas y el rechazo de otros Gobiernos, como el de Reino Unido. Trump ha explotado electoralmente el discurso antiinmigración con éxito y sin contemplaciones hasta ahora, pero el golpe a la infancia ha roto finalmente una costura".

Este ataque que lesiona el vínculo entre los niños y sus familias, ha movilizado a los expertos internacionales en apego que han elaborado un documento en inglés para dar a conocer y condenar las secuelas que dicha separación tiene sobre el desarrollo cerebral de los niños y niñas, el cual se ha publicado en el blog Psychologytoday.com en inglés. He traducido el texto porque me parece un documento que explica de una manera científicamente rigurosa pero a la vez sencilla y clara qué ocurre cuando se separa a un niño o niña de sus padres o familiares, desde lo que Bowlby y Ainsworth -pioneros de la teoría del apego- ya dejaron bien sentado, hasta lo que hoy en día se sabe acerca de esta particular forma de maltrato que es tóxica para el desarrollo psicobiológico del niño/a.

Además de para concienciar a la opinión pública y a todos y todas los/as ciudadanos/as de que esto daña psiconeurobiológicamente a los niños/as -algo que no todo el mundo conoce-, ya que muchos pueden pensar que genera angustia y pena en él/ella, sí, pero que si se le atiende bien y es reunificado con sus padres, no pasará a mayores y el niño/a restaurará su vida, funcionamiento y bienestar habituales, creo que su lectura, además, nos puede venir muy bien a todos/as los/as que nos citamos en este blog para conocer las consecuencias de toda separación. No hemos de pensar que el sufrimiento no pasa factura y el ser humano puede resetear su cerebro de las experiencias vividas, como si pudiéramos hacer un paréntesis así, olvidando o apartando lo que nos hiere y retomando la vida sin más. No es así, se puede causar mucho daño con estas medidas y, por eso, estos especialistas, de renombre mundial, han aunado sus esfuerzos para redactar este escrito y dejar patente las secuelas que esta crueldad puede acarrear a los menores y sus familias.

Aunque el vínculo sea inseguro, la separación de los niños de sus figuras de apego, usualmente sus padres, genera angustia -cada niño intentará defenderse de la misma como su cerebro pueda-, siendo una fuente de estrés que, como decimos, puede resultar tóxica para el cerebro/mente en desarrollo, más cuanto más pequeño sea el niño/a.

Hay veces que en situaciones de maltrato, abandono y/o abuso prolongado las instituciones, tras intentos reiterados, mediante programas psicoeducativos, de capacitación parental, tratan de rehabilitar a los padres o familiares en dichas capacidades, para que los menores puedan permanecer con ellos/as. Sin embargo, los padres, aunque no es su voluntad, dañan a sus hijos/as, lesionan su vínculo (insegurizándolo de manera que generan desorganización en su apego) de manera tan seria que ha de adoptarse una medida de protección porque va a garantizar su cuidado y es un derecho del niño/a el ser criado en un entorno de respeto, afectividad y normas, a proveerle de figuras de apego alternativas. Es cuando se toman medidas que se presupone serán positivas para estos menores, como la adopción o el acogimiento familiar. En estos casos también debe de cuidarse y acompañarse con medidas terapéuticas y educativas estas dolorosas separaciones de su entorno de origen, que son muy difíciles de elaborar para el cerebro/mente de un niño/a -lleva mucho tiempo, trabajo y entorno afectivo y contenedor esta elaboración-. Y hay que tratar de preservar este vínculo siempre que sea posible y desde lo que estos padres, apoyados por los educadores y psicólogos, pueden aportar, participando de la vida del niño/a, excepto si esta resulta claramente tóxica para el menor. 

En otras situaciones, los menores han convivido prácticamente desde el nacimiento en una familia de urgencia porque el desamparo se ha detectado tempranamente. A veces, el niño/a vive con esa familia durante varios años, tornándose más una medida permanente que temporal. Llega un momento en el que existe la posibilidad de que ese niño/a tenga la oportunidad de una adopción definitiva y la familia de urgencia debe de cesar en sus funciones y entregar al niño/a a su nueva familia. Muchas familias de urgencia me han escrito quejándose de la manera tan brusca y disruptiva que tienen algunas administraciones de hacer estas transiciones, aludiendo que la familia de urgencia será más un obstáculo que una base segura sobre la que el niño/a puede apoyarse. Sin embargo, a la luz de la lectura del documento que a continuación tenéis, hemos de pensar que esta práctica es equivocada e incluso perjudicial. El niño/a ha desarrollado un vínculo con estas familias de urgencia porque lo que fue tipificado como urgente se tornó estable y permanente para el niño/a, lo que le dio vínculo seguro.

Por ello, la transición debe hacerse de manera progresiva y la cesión del niño/a a su nueva familia plantearse de tal modo que este (con mayor razón si es un niño muy pequeño) pueda ir manejando el estrés y la angustia a niveles tolerables para él/ella, con los cuidadores conocidos cerca y en contacto con la nueva familia, para que el menor pueda ir confiando en ellos. Hay que tomarse el tiempo necesario y, posteriormente, cuando el menor esté preparado y seguro en su nuevo hogar y con sus nuevos cuidadores, hacer una despedida. Porque es cierto que hay que hacer un cierre de esa etapa de la vida de un niño/a, pero con transiciones tolerables, trabajando las emociones, cuidando ese periodo tan delicado donde el niño/a se puede ver abrumado y desbordado por la pérdida. Los seres humanos no somos máquinas que se reprograman. Incluso aunque un niño no dé aparentemente manifestaciones de sufrir en la separación, hay que ser cautos e ir despacio. Porque esto puede ser una pseudoadaptación. Tratar de no romper la continuidad de su desarrollo con abruptas y angustiantes rupturas debería ser un derecho del niño/a. Estas separaciones, en todos los contextos y siempre que sea posible, deben de hacerse progresiva y reguladamente. Porque es inevitable que sean dolorosas -muchas veces los menores no entienden ni aceptan dicha medida y tanto ellos/as como los padres se sienten atacados y amenazados, sobre todo cuando aquéllos han de residir en un centro o con otra familia acogedora-, pero no tienen por qué ser traumáticas. En este sentido, es encomiable el trabajo de APIR -Asociación Pro Infancia Riojana- que ha desarrollado un excelente protocolo con recomendaciones, al hacerse las salidas de los menores de los domicilios y separarse de sus padres o cuidadores, cuando la administración adopta medidas de protección.


Aprovecho la ocasión para despedirme temporalmente vosotros y vosotras, por haber estado un curso más ahí, al otro lado, cuando escribo os tengo a todos/as presentes. Buenos tratos se toma unas vacaciones de verano para regresar en septiembre con nuevas energías y motivación para seguir ofreciéndoos artículos sobre el apego, el trauma y la resiliencia. Contaremos con colaboradores mensuales y por supuesto, como siempre, tendremos interesantes y atractivas novedades de las que os iré informando. El blog queda operativo para anunciaros cursos y eventos.

¡Feliz verano a todos/as, un cariñoso saludo!

Espero que este documento os sea de utilidad, con ese fin lo he traducido. Lo ha publicado en el blog Psychologytoday.com Jessica L. Borelli, Ph.D.

Firman esta carta-documento los expertos internacionales en apego más reputados del mundo anglosajón.

Esta obra es fruto de los esfuerzos colaboradores que emanan de la comunidad internacional de investigadores dedicados a comprender el significado de las relaciones de apego en la infancia. Incluye la participación de:

Co-authored by Alicia Lieberman, Anna Maria Speranza, Anne Rifkin-Graboi, Carlo Schuengel, Charles Zeanah, Daniel Siegel, Dante Cicchetti, David Pederson, Debby Jacobvitz, Elizabeth Carlson, Erik Hesse, Frances Nkara, Gottfried Spangler, Howard Steele, Jean-François Bureau, Jessie Borelli. Jody Todd Manly, Jude Cassidy. Judith Solomon, Karlen Lyons-Ruth, Kazuko Behrens, Kristin Bernard, L. Alan Sroufe, Marian Bakermans-Kranenburg, Marinus van IJzendoorn, Mary Dozier, Mary Main, Mary True, Miriam Steele, Naomi Bahm, Pasco Fearon, Pehr Granqvist, Peter Fonagy, Robbie Duschinsky, Robert Weigand, Ruth Goldwyn, Samantha Reisz, Sheree Toth, Sheri Madigan, Sophie Reijman & Susan Spieker

A lo largo de 75 años, los psiquiatras y los psicólogos han sabido que la separación abrupta y/o prolongada puede implicar graves consecuencias, incluyendo ansiedad, depresión y alteraciones del comportamiento. En 1952 Bowlby y Robertson argumentaban: “Ahora hay evidencia que periodos prolongados de deprivación materna en niños muy pequeños pueden dar lugar a perturbaciones psiquiátricas extremadamente serias”. En años más recientes, hemos aprendido que este tipo de separaciones pueden impactar también el desarrollo cerebral, el aprendizaje y la salud física.

Durante las separaciones prolongadas, los niños pasan por tres fases: protesta, desesperanza y finalmente desapego. Estos efectos pueden observarse incluso cuando los niños experimentan prolongadas separaciones por razones relativamente rutinarias, y pueden suceder cuando los niños están bien alimentados, hospedados (en el sentido de guardados) y cuidados durante las separaciones

El impacto negativo de las separaciones puede aminorarse si hay otro cuidador conocido, amoroso, presente. Puede incluso ser reducido cuando el entorno físico permanece constante, y cuando, seguido a la reunión con los cuidadores, los padres progresivamente reconstruyen un sentido de seguridad para sus niños. En contraste, cuando los padres sienten indefensión o están atemorizados en el momento de la separación, el impacto que esta tiene en el desarrollo de los niños puede exacerbarse.

Cuando el gobierno separa a los niños de los padres, la situación es ya emocionalmente sobrecargante. El entorno físico es extraño al niño. No hay tíos, tías o abuelos amorosos que estén presentes para cuidar y confortar al niño mientras los padres están fuera. La reunión no sucederá en un entorno óptimo. Los padres experimentarán desesperación durante la separación, y, en el momento de la reunión, no estarán en situación de confortar ya que ellos mismos necesitan ser cuidados.

Parar las separaciones es un deber. Reconocer lo significativo que es en la vida de los niños, y ayudar en la reunificación y recuperación es ahora de crucial importancia.

¿Por qué la separación de los padres es una fuente de sufrimiento tan grave?

Porque nosotros estamos programados mentalmente para sentirnos de este modo. Cuando los animales sociales son separados de su grupo tienen más probabilidades de ser victimizados y menos probabilidades de reproducirse. Recuriendo a una revisión estadística de 208 estudios de laboratorio, Dickerson & Kemeny argumentan que casi todo el estrés social es, en su raíz, referido al miedo a ser excluido del grupo social. Pero, junto con otros pocos primates, los humanos –y especialmente los humanos jóvenes- pueden encontrar la separación especialmente estresante.

Nosotros humanos no corremos a una cueva o a una guarida cuando estamos aterrorizados. Cuando nosotros somos pequeños, nosotros lloramos por nuestros padres. Posteriormente, nosotros gateamos hacia ellos. Más adelante, nosotros corremos hacia ellos. No importa si estos padres son “buenos” o no. Son oportunidades y ellos son nuestra mejor oportunidad para sobrevivir, especialmente desde que tenemos el más largo periodo de inmadurez física (y, por lo tanto, de indefensión) de todas las especies. Quedarse solo es inherentemente peligroso, indicando incluso el potencial de que venga más peligro. Si los padres no regresan, ¿cómo puede una cría humana encontrar comida? ¿Buscar un refugio? ¿Protegerse? Por supuesto, en tiempos modernos un mínimo de cuidado puede ser proporcionado por el gobierno, pero millones de años de historia de la humanidad fluyen a través de nuestros cerebros, gritando ¡peligro, peligro, peligro! Lo cual significa que nuestra biología responde.

Cuando nosotros somos aterrorizados, el camino menos costoso para reducir nuestra angustia es mediante un cambio en la conducta –ir hacia los padres- pero si no podemos hacer eso nuestro cuerpo reacciona. El sistema nervioso simpático se dispara hacia altas velocidades (por ejemplo, aumenta la tasa cardíaca) y las hormonas del estrés inundan nuestro torrente sanguíneo. Pasado un tiempo, demasiada exposición a las hormonas del estrés cambia la arquitectura de nuestros cerebros, nuestros niveles de ansiedad y nuestra capacidad de pensar y aprender con eficacia.

Los cambios en las hormonas del estrés representan un camino hacia el cual la separación puede tener ramificaciones a largo plazo. Incluso en roedores –animales de madriguera que pueden no encontrar la separación inherentemente tan terrorífica- las separaciones madre-cría pueden conducir a cambios neuroanatómicos para toda la vida referidos a la memoria, la regulación del estrés, el uso de alcohol, y la parentalidad en la próxima generación. En algunos estudios los efectos son inducidos mediante separaciones permanentes, pero, en otros, días –e incluso horas- de separaciones roedor-cría tienen consecuencias duraderas. Reconociendo los dañinos efectos de la separación, los comités éticos mandan que los investigadores se adhieran a ciertas guías para separar a las madres y sus crías.




¿Debemos esperar menos protecciones para las familias humanas inmigrantes indocumentadas que están en correspondencia con los animales de laboratorio?

Vayamos a estudios dirigidos por investigadores interesados en comprender la conducta de los padres y las maneras en que los niños manejan el estrés. Estos estudios a menudo usan separaciones de laboratorio muy cortas como una “ventana” al mundo de la vida real. En la infancia temprana, el procedimiento de la Situación Extraña de Mary Ainsworth se utiliza a menudo para evaluar la relación de los niños con sus madres o padres. El procedimiento de la Situación Extraña implica una serie de separaciones breves de los niños que son dejados solos o con un cuidador extraño de uno a tres minutos, y las separaciones convencionales de tres minutos son acortadas a un minuto o incluso treinta segundos, si el niño parece experimentar excesivo estrés. Como cualquier otra investigación humana, el uso de este procedimiento requiere justificaciones éticas y algunos han criticado esto en el terreno ético, sugiriendo que la potencial ganancia científica no justifica el estrés inducido durante esta separación de tres minutos.

De acuerdo al poder científico de la Situación Extraña, todos y cada uno de los firmantes de esta carta hemos dirigido miles de estas Situaciones Extrañas procedimientos experimentales – siempre asegurando que los niños nunca están solos de verdad (por ejemplo, monitorizados mediante cámara o desde un espejo unidireccional) y que la separación se acaba si el niño (o los padres) llegan a estar excesivamente angustiados. En algunos casos, esto significa que acortamos la separación o, menos frecuentemente, incluso concluimos el procedimiento. Nosotros creemos que es importante tener en cuenta la conducta del niño no sólo por razones éticas (lo cual sería suficiente) sino también porque queremos registrar la conducta del niño en el afrontamiento de estrés moderado y no severo.

El grado en que el niño encuentra la experiencia deprimente y la medida en la que la conducta resultante es reflejo de la manera habitual del niño de manejarse es dependiente de una variedad de factores incluyendo las normas culturales cuando un niño es dejado al cuidado de otros, así como la reciente historia del niño: ¿Ha tenido el niño o niña recientemente una separación del cuidador de una semana de duración? ¿Ha sido recientemente sensibilizado para encontrar la experiencia angustiante? ¿Ha sido él o ella recientemente dañado o estado enfermo/a? Esta leve separación puede invocar la protesta, llorando, aumento de la frecuencia cardíaca y cambios en el cortisol, el cual, para los niños con contextos más difíciles, puede ser prolongado. Asimismo, como se identificó por primera vez por Mary Main y Erik Hesse, profesores de la Universidad de Berkeley, cuando los niños han sido previamente expuestos a terror en forma de cuidado parental atemorizante o atemorizado, son propensos a mostrar una desorganización del comportamiento y desorientación, como mirando sin comprender o girando en círculos y cayendo al suelo.

Y tristemente, estas separaciones de tres minutos dirigidas en una sala de juegos están muy lejos de las escenas en la frontera de Méjico.

En 1960 John Bowlby escribió esto acerca de la comprensión de un niño sobre la separación: "Él no conoce la muerte, sino solo la ausencia; y si la única persona que puede satisfacer su necesidad imperiosa está ausente, ella podría también estar muerta, así es su abrumadora sensación de pérdida"

Los niños más mayores también les marca esta experiencia. La poderosa necesidad de conexión con figuras de apego persiste durante todo el desarrollo de la infancia, en la edad de la educación primaria necesitan confiar firmemente más en la disponibilidad psicológica de los padres que en su constante presencia física. Los niños en edad escolar separados de sus cuidadores muestran reacciones fisiológicas cuando se reúnen con ellos, y la presencia de cuidadores en situaciones en que los niños experimentan estrés ayuda a calmar la respuesta a estrés fisiológico del niño. En todas las mediciones, la presencia y la disponibilidad de los cuidadores es parte integrante de la seguridad emocional en todo el desarrollo de la infancia.

La importancia del contacto continuo con los padres o figuras parentales establecidas, especialmente en momentos de angustia, es extremadamente importante. Cuando la separación es prolongada, son esperables cicatrices mentales, emocionales e incluso biológicas. Incluso en el caso de solicitantes de asilo es un crimen, separar a los niños de sus padres es una forma de "penalización parental", el tipo de tratamiento que se encuentra en regímenes autoritarios que es la antítesis de los Estados Unidos y también ilegal. Reconocer el impacto que la separación prolongada puede tener en los niños nos obliga a reunificar y a poyar a las familias lo más rápido posible, y asegurar que esto no vuelva a suceder de nuevo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y se acuerdan ahora de esto?
Tiene que salir en la tele por esto?
Somos millones a los que nos han separado, a los que nos han negado de niños todo vínculo y encima nos culpaban a nosotros. Y no soy tan vieja, solo 34.
Donde esta mi indemnización? Porque no soy capaz de tener una vida plena, tampoco de formar pareja ni probablemente de ser madre ...
Ahora se acuerdan? Y nosotros?
Nosotros fuimos adoptados por gente enferma, mi adoptiva está enferma mentalmente, mi adoptivo anulado y cómplice. Ambos me.maltraron y la culpable era yo. A sus ojos sigo siendo yo la.culpable.
Donde esta mi indemnización?

José Luis Gonzalo dijo...

Buenas tardes: Comprendo y valido tu dolor. Desgraciadamente, la humanidad solo ha reconocido el daño que las separaciones traumáticas provocan en las personas recientemente. Lo mismo que el concepto de competencia parental. Desgraciadamente no se exige ninguna formación ni cortapisa para ser padre o madre. En la adopción, a sabiendas de que hay una historia de separación dolorosa anteriormente, razón de más para exigir más. En general, no se han hecho valoraciones exigentes de competencias parentales en adopción, aunque en los últimos años se hacen evaluaciones más exhaustivas y se forma y se hace consciente a los adoptantes del estado psicológico en el que pueden estar los menores, las secuelas que pueden tener y lo que va a requerir de su parte: parentalidad reparadora. Espero que puedas encontrar un camino resiliente. Gracias por tu comentario, un saludo cordial.