lunes, 27 de junio de 2016

Herramientas de intervención con menores dañados en acogimiento residencial



Diez meses, diez firmas.

Profesional invitada en el mes de junio de 2016:




María José Gorrotxategi Gorrotxategi


Despedimos la iniciativa que este año hemos comenzado consistente en abrir el blog Buenos tratos a profesionales de la red apega (o cercanos a ésta y en sintonía con sus postulados) para que puedan entregarnos sus conocimientos, investigación y práctica profesional. Ha sido todo un éxito, sus posts han sido muy visitados y altamente valorados por vosotros. Por ello, el curso próximo repetiremos y desfilarán por aquí diversos profesionales y académicos del ámbito de la protección a la infancia en sus distintas áreas: la psicoterapia, la educación, el trabajo social... tanto en investigación como en el trabajo directo con los menores de edad y sus familias. Y, por supuesto, servidor de ustedes seguirá también escribiendo, deseando que lo que todos/as aportamos arroje conocimientos, orientaciones y esperanza en vuestro caminar día a día con vuestros niños/as y adolescentes.

Hoy clausura Diez meses, diez firmas María José Gorrotxategi, pedagoga y educadora social y directora de un centro de menores (AAEG: Asociación de Educadores Especializados de Gipuzkoa) desde los ¡años 80! hasta la actualidad. Imaginaos, hace casi 40 años, lo que pudo suponer empezar a intervenir en este ámbito de la educación de los menores tutelados por la administración, con todo por hacer y sin los conocimientos que las ciencias nos han aportado durante la década de los 90 en adelante, con la eclosión de la neurobiología. María José Gorrotxategi es una pionera que ha hecho contribuciones inestimables a este ámbito (ha participado en la construcción y consolidación del acogimiento residencial tal y como lo concebimos hoy día) y bien podría escribir y ser docente dada su extensa experiencia y su saber. Primero como educadora, ella siempre lo ha sido y lo será. Y después, como directora de centros de menores, aquí, en Gipuzkoa. Muchos de ellos han podido beneficiarse (y repararse) gracias a su manera de concebir el acogimiento resiencial: desde la firme convicción de que lo profesional y lo afectivo-vincular pueden combinarse en armonía y no son ni deben ser incompatibles. Muchos de estos menores han regresado, años después, a darle las gracias en persona por cómo su vida cambió gracias a ella y su equipo de educadores, que han aplicado en sus centros el modelo del apego, el trauma y la resiliencia. Pocas personas y profesionales han ejercido con la ética y el compromiso que María José lo ha hecho durante todos estos años. La conocí a finales de los 90 y he podido trabajar y aprender con ella coordinándonos en la atención y el acompañamiento de los niños y adolescentes que residían en sus centros. Me impresionó el afecto y la incondicionalidad hacia los menores que ella siempre les ha profesado y profesa. Creo que debe compartir todo lo que ella sabe porque es un tesoro para vosotros/as, sobre todo si intervenís y trabajáis con estos menores. Y me ha parecido que le corresponde el honor de cerrar por este curso, la sección Diez meses, diez firmas. Ella termina su periplo como educadora y directora de centros de menores saliendo por la puerta grande. Pero si la necesitáis, podéis recurrir a ella porque empieza su andadura profesional como consultora en el ámbito del acogimiento residencial y la protección a la infancia. 


María José Gorrotxategi Gorrotxategi. Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad de Salamanca con una tesina sobre la Infancia Inadaptada en Euskadi en el Primer Tercio del siglo XX. Obtención del Diploma de Educador social en 1991. Educadora homologada en el 2003. Formada en la teoría de la resiliencia desde 1995, campo en el que se sigue formando. Ha participado en una supervisión-formación con Jorge Barudy desde el 2000 hasta el 2007, desde el 2003 además con la colaboración de Rafael Benito y desde septiembre del 2007 hasta diciembre de 2015 con la de Itziar Landaburu. Continuando con diferentes formaciones complementarias durante todos estos años. Dedicada a la intervención educativo-terapéutica desde diciembre de 1981 hasta enero de 2016, en la Asociación de Educadores Especializados de Gipuzkoa (AEEG) de la que fue fundadora en 1981, trabajando en equipo y creyendo en dicha intervención, siendo educadora durante 16 años, pero a la vez la coordinadora de tres pisos de acogida de menores y la directora desde mayo de 1997.

Voy a intentar explicar en la intervención en acogimiento residencial las herramientas que hemos utilizado cuando he trabajado en equipo durante 34 años. Creo que es importante tener una filosofía que nos ayude a entender el sufrimiento, su modo de actuar en la vida de los niñ@s y jóvenes víctimas de malos tratos. En acogimiento residencial se interviene en la vida cotidiana a través de la observación, la reflexión y finalmente la acción; siendo indispensable para realizar una buena praxis. No se puede ni debe actuar sin haber previamente observado y reflexionado para que nuestra acción sea la adecuada. Nuestro objetivo es que la vida cotidiana sea terapéutica, ya que creo que es un lugar privilegiado para intervenir y la función esencial es producir un cambio sobre ella, donde los niñ@s y los adolescentes puedan ir apropiándose de sus capacidades, de su modo de ser y de todo lo que les dé unidad a su persona, pudiendo aprender a valorarse. A veces, no somos conscientes de lo terapéutica que puede ser la vida cotidiana si intervenimos de un modo adecuado. Hay que intentar aprovechar cualquier momento de ésta para impregnarla de una intervención que sea adecuada.


Para poder cubrir todas las necesidades de los niñ@s y adolescentes es necesario utilizar el modelo sistémico e intervención en red. Debemos aportar desde nuestra parte de la intervención lo que les puede ayudar a crecer, madurar y llegar a ser buenas personas. Cuando la red funciona se pueden hacer intervenciones que redunden en su beneficio y en el de sus familias. Voy a explicar diferentes ejemplos de buenas intervenciones en red: Cuando existe una intervención familiar que les ayuda a los padres biológicos a entender la necesidad de que sus hij@s estén en acogimiento residencial, explicándoles que ellos son la parentalidad biológica, y el recurso residencial es la parentalidad social, pero que ninguno va a ocupar el papel del otro y ambas deben complementarse. Un terapeuta (psicólogo, psiquiatra, psicomotricista etc.) que trabaja coordinado con el recurso residencial y es fuente de apoyo para el niñ@ o adolescente, así como un apoyo bidireccional entre el terapeuta y el educador. Cuando existe una buena relación y coordinación con el colegio o el centro profesional, el niñ@ o adolescente puede igualmente beneficiarse y avanzar, hay colegios que están abiertos a valorar lo que el niñ@ o el adolescente puede hacer o no, buscando alternativas para que puedan estar bien en el colegio, por ejemplo acudir menos horas, con más supervisión y más éxito para el niñ@; estar coordinados con acogimiento residencial e irle pidiendo más o menos a nivel académico al niñ@ o adolescente según se encuentre a nivel personal. Con justicia juvenil, en un caso de un adolescente que tenía algunos asuntos pendientes con ésta, le impusieron como medida que acudiera al centro profesional y a terapia, teniendo en cuenta las orientaciones del centro de acogida. Estos son algunos ejemplos, no se logra en todos los casos, pero cuando se consigue es fuente de bienestar y felicidad para los niñ@ o adolescentes. 



A raíz de haber conocido a Jorge Barudy me acerqué al concepto de la resiliencia: entendida como la capacidad de una persona o grupos de personas para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves, es por lo tanto la capacidad o recursos que una persona puede tener para mantener un proceso normal de desarrollo, a pesar de haber vivido en unas condiciones muy difíciles. Esta capacidad les puede permitir:



Salir ell@s adelante de modo individual creyendo en el futuro.


No repetir el maltrato que ell@s han sufrido. 

De este modo se puede romper la cadena del maltrato, que tantas veces hemos visto. 

Este concepto me ha permitido poder intervenir con más esperanza, creyendo en las capacidades de los niñ@ y adolescentes que están en acogimiento residencial. 

A la hora de trabajar en equipo hemos tenido en cuenta los elementos que facilitan la resiliencia en la intervención, que en opinión de Dº Jorge Barudy son: 

Lograr la evolución hacia el apego seguro. 


La conciencia de la realidad individual, familiar y social, por muy dura que haya sido y aunque pueda haber sido muy difícil elaborarla. El niñ@ o adolescente que ha sido maltratado cuando tiene consciencia de su maltrato, tiene más posibilidades de salir adelante, ya que puede entender por qué ha hecho determinadas cosas en su vida o ha tenido determinados comportamientos en un momento dado; por eso es muy importante que los niñ@ y jóvenes puedan tener la posibilidad de tener acceso a conocer su propia historia; ya que conocer la historia y la verdad de los orígenes de uno mismo es fuente de resiliencia. Es importante que al niñ@ o adolescente se le dé la oportunidad de elegir la persona con la que se ve preparado para hacer este trabajo; puede ser su terapeuta, un educad@r o la figura que pueda ser su tutor@ de resiliencia. Si la persona que el niñ@ o joven ha elegido no se siente preparada para poder hacer esta intervención educativa terapéutica, puede pedir ayuda a otros profesionales, pero es muy importante que está intervención se pueda hacer con la persona de confianza del niñ@ o adolescente. 


El apoyo social que tiene la persona.



Los aportes materiales, ya que unos mínimos son necesarios e imprescindibles para vivir y en algunos casos son necesarios para contrarrestar las carencias que se han tenido. 



La escuela y los procesos educativos extrafamiliares.


El compromiso social, religioso y o político en el que puedan participar. 

Cuando un niñ@ o joven llega a acogimiento residencial, es porque se ha producido un proceso duro para él o ella. Lo primero que creo que tenemos que hacer al recibirle es acogerle, explicarle donde se encuentra y como se le va a tratar, pero no hay que abrumarle con demasiada información, porque le haría sentirse muy mal, primará más la comunicación no verbal que la verbal. Generalmente captará más fácil ésta y será en la que creerá; ya que le han mentido en múltiples ocasiones y de lo que se fía es de lo que él o ella siente a través de la comunicación no verbal.

Modo de intervención del educador/a: para poder intervenir adecuadamente se necesita una vinculación y un compromiso con los niñ@s y jóvenes. Estos dos aspectos los sienten, los viven en sí mismos. Si perciben que los educador@s que están a su lado no se vinculan con ell@s y no tienen un compromiso tampoco ell@s lo tendrán. Es necesario e imprescindible estar junto a ell@s y empatizar con su historia, con su sufrimiento. Los niñ@s o jóvenes tienen que sentirse seguros y respetados, hay que tratarles con ternura, es necesario ayudarles en sus modulaciones emocionales y conductuales, pero siempre con ternura, pero a la vez hay que marcarles los límites. Solo los aceptarán si existe una buena vinculación emocional y un respeto. Es muy difícil que se tengan en cuenta las indicaciones de alguien a quien no se respeta. El equilibrio entre construir un vínculo y además marcar unos límites no es fácil, pero es el que hay que tratar de conseguir. Es importante ejercer la autoridad, ya que si no lo hacemos nosotros, lo realizarán los propios compañeros, hermanos etc. Además hay que encontrar el lugar adecuado en la relación con ell@s en la cercanía-distancia: muy cerca les puede ahogar y no dejarles crecer; muy lejos les puede hacer sentirse abandonados. El punto medio es el objetivo a lograr.

Necesitan sentirse aceptados, de modo incondicional. Esto no significa que estemos siempre de acuerdo con sus comportamientos, pero sí que a pesar de todo les aceptamos incondicionalmente. Podemos no estar de acuerdo con sus comportamientos, porque en ocasiones son muy inadecuados, pero si debemos aceptarles y darles el tiempo que necesiten para ir aprendiendo otro tipo de comportamientos o actitudes, explicándoles los motivos por los que no estamos de acuerdo con esos comportamientos y o actitudes que ell@s han podido tener. Como dice Jorge Barudy tienen que aprender a funcionar de otro modo, porque lo que ya han aprendido no lo desaprenderán nunca. Hay momentos en los que pierden el control personal, en ocasiones es difícil contenerles, pero de alguna manera tenemos que trasmitirles que aunque ell@s pierdan el control, nosotros no lo vamos a hacer y vamos a ser capaces de contenerles, que por mucho que se descontrolen, nosotros seguiremos siendo el control externo suyo hasta que adquieran un control interno. Cuando por ejemplo tiran cosas, rompen intentan agredir a otros o a sí mismos, tenemos que tratar de contenerles. En ocasiones no es solo la fortaleza física, sino el modo en que nos colocamos ante ell@s, tienen que sentir que tenemos el control y eso les frenará. Puede ser importante tener una mínima formación en contención física, para que nosotros al intervenir lo hagamos con más tranquilidad y seguridad. Es muy importante que nunca sientan que les tenemos miedo, si lo sienten pueden perder más aún el control, porque la persona que les tiene que contener les tiene que dar seguridad.

Necesitan también saber que son importantes para alguien por lo menos para una persona. A veces los niñ@s o jóvenes se encuentran tan mal, que no son capaces de hacer nada por ellos mismos, pero si pueden hacerlo por otra persona, para la que creen que es importante que lo hagan. Con el tiempo podrán luchar por planes o perspectivas de futuro para ellos mismos. ”Los niños y niñas aprenden para alguien“ (Berger, Cyrulnik, Barudy). En mi trabajo con niñ@s o adolescentes que han sufrido mucho hemos tenido situaciones en las que el equipo educativo-terapéutico estaba convencido de que un niñ@ o adolescente no iba a poder avanzar, conseguir unos objetivos mínimos; pero si dentro de ese equipo había un educador@ que creía en ell@s y se lo hacía saber, entonces aparecía la luz de la esperanza; y he visto cambios importantes en algunos casos. Cuando empiezan a cosechar éxitos surge una cadena en la que éstos funcionaban como refuerzo natural de la vida. Sigo viendo niñ@s o adolescentes que vivieron en acogimiento residencial y ahora tienen alrededor de 30 o 40 años y han continuado luchando, cuando nadie o casi nadie creía en ell@s y mucho menos ell@s mismos. 

Es muy importante que la intervención sea individualizada siempre debemos tener en cuenta sus necesidades específicas, aunque estén viviendo dentro de un marco grupal. Han vivido diferentes situaciones de vida y por ello necesitan que se les haga sentir que se tienen en cuenta sus necesidades y su posibilidad de responder ante los desafíos. Por ejemplo un adolescente necesita que se le acompañe hasta cerca de su centro escolar para que se atreva a entrar en clase; otro que cada vez que vaya a terapia su tutor@ de resiliencia le acompañe a la cita, le espere a la salida y le pueda contener Hay jóvenes que pueden necesitar dormir con una lucecita en su cuarto hasta que igual tiene 20 o 25 años; no tenemos que tener prisa el objetivo se conseguirá a largo plazo, hay que darle su tiempo y a veces sus tiempos no son como los nuestros. Como dice Maryorie Dantagnan, es justo que les tratemos según sus necesidades especiales y eso es hacer justicia. También a la hora de ponerles límites tenemos que ver qué son capaces de realizar, ya que si le ponemos un límite que no pueda llevar a cabo se sentirá muy frustrado. Por ejemplo, un adolescente que ha incumplido su horario, tal vez no pueda estar dos o tres días sin salir de su casa, pero si podría realizar un ocio adecuado acompañado de su tutor@ de resiliencia o de algún miembro del núcleo de convivencia que se considerará oportuno. 

Hay que tener en cuenta que la edad cronológica no suele coincidir con la edad evolutiva, por eso nos encontramos en ocasiones a adolescentes que con 16 años tienen una un enfado o pérdida de control como si tuvieran 4 o 5 años; aunque es más difícil de manejar en la mayoría de las situaciones es lo mismo “no han conseguido un determinado deseo y pierden el control”, o ni siquiera saben lo que quieren o lo que les pasa, pero también pierden el control; estando ahí con ell@s con ternura y límites conseguiremos que le dén la vuelta a lo que les sucede. Será con nuestro acompañamiento como lo puedan conseguir.

Hay que cuidar las ritualizaciones, al igual que las realizamos en la vida cotidiana (bienvenidas, celebraciones especiales, despedidas etc.) marcan diferentes etapas de nuestra vida y lo tenemos que hacer palpable.




Quiero dar las gracias a todas las personas que a lo largo de mis años de trabajo en acogimiento residencial me han apoyado, enseñado y acompañado en el proceso. Con Jorge Barudy dimos un giro a nuestra intervención, nos hemos formado tanto con él como con Maryorie Dantagnan; hemos trabajado codo a codo con Rafael Benito, con José Luis Gonzalo, con Itziar Landaburu, y estas interacciones han sido muy significativas. También agradezco a todos los educador@s con los que he trabajado y personas de la red que creían e intervenían según el modelo de los buenos tratos. En los años 80 mis primeros maestros fueron Cesar Muñoz y Faustino Guerau así como mi profesor de la universidad de Salamanca José Ortega Esteban que me ayudó a iniciarme en este campo. 

Quiero agradecer también a mi familia por la paciencia que ha tenido conmigo por todo el tiempo dedicado a la intervención; y a todos los niñ@s y adolescentes con los que he intervenido de los que he aprendido y sigo aprendiendo mucho. 


Como conclusión podemos decir que no podemos intervenir adecuadamente si no lo hacemos con vinculación, implicación, ternura, esperanza, con formación y con amor; todos sabemos que es no es fácil, pero precisamente por eso tenemos que seguir esforzándonos.  

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El 4 de julio regresa el blog Buenos tratos con un breve post de despedida de este maravilloso curso 2015/16. Empiezan las vacaciones de verano en Europa y como ya sabéis los habituales del blog, paramos para descansar y recuperar energías.


Cuidaos / Zaindu