lunes, 5 de mayo de 2014

Crear contención y límites en los niños traumatizados (I)

Uno de los problemas que suelen tener los niños adoptados y acogidos (también los menores hijos biológicos) que han sufrido trauma temprano y crónico es la dificultad para contener los impulsos y las emociones. Además, los límites, la aceptación de las reglas y normas de convivencia en el mutuo respeto, pero también los límites del yo (del propio cuerpo), donde termino yo y empieza el otro, han sido difusamente desarrollados por estos menores. Winnicott postuló (y la neurociencia actual le da la razón) que la tarea de la madre durante el primer año de vida es por un lado, la de reflejar (mirroring) los estados internos del infante y la de holding (contener, sujetar) los impulsos y emociones indeseadas, de malestar o excitación, dando forma mediante palabras y el contacto físico calmante y contenedor (los brazos) a todo el mundo interno del bebé. 

Los niños que han sufrido abandono y/o maltrato durante los tres primeros años de vida y que presentan alta probabilidad de sufrir trauma temprano, con apego desorganizado, presentan grandes déficits en la regulación emocional, la coherencia de la mente, el mantenimiento de un sentido coherente de sí mismos a lo largo del tiempo y, algunos de ellos, en la aceptación de la autoridad y los límites normativos. Un sentido de contención, entre otros aspectos, ha fallado gravemente en el desarrollo de estos niños que no han contado con una experiencia de apego seguro, con unos cuidadores rápidos, sensibles y empáticos para satisfacer sus necesidades no sólo biológicas sino emocionales. Las necesidades emocionales, como decimos, consisten en que el adulto mediante la interacción cálida, lúdica y afectuosa refleje el mundo interno del infante y le proporcione las claves verbales y no verbales para desarrollar una auto-regulación emocional y conductual posterior, y también constituirse en un contenedor seguro de las emociones, excitaciones y deseos negativos e intensos que pueden desorganizar a un bebé si no se les da forma (con el lenguaje y la palabra calmante) y andamiaje físico (contacto y abrazo corporal) Un niño encuentra, por lo tanto, en un adulto, estable emocionalmente, coherente y organizado los elementos y las claves para desarrollar la seguridad en sí mismo. Además, esta experiencia prolongada durante los primeros años de vida (y en especial, el primero) sienta las bases para una futura capacidad de regulación y contención emocional y de impulsos. El sentido del límite (el cuidador le ha proporcionado al niño una experiencia co-regulatoria que le ha permitido darse cuenta de que tiene una mente diferenciada de la de aquél) en consecuencia, se desarrolla gracias a esta relación de apego segura y contenedora. En la díada cuidador/niño está la primera y necesaria escuela de aprendizaje emocional y social. 


Hay menores -con historia de abandono y/o maltrato durante los primeros años de su vida- que pueden además, desarrollar unas carreras morales antisociales en las que ya no es que no puedan contenerse y aceptar el límite sino que, a veces, no quieren ni aprender a hacerlo. Se sienten resentidos. Quieren resarcirse de lo que ellos consideran vejaciones y humillaciones pasadas de un sistema social que sienten se ha cebado con ellos. Una de sus creencias nucleares es “toma lo que quieras que te lo mereces” Proyectivos y exonerándose de toda responsabilidad en sus actos, no acatan las normas y las reglas de convivencia y van contra ellas y contra quienes las defienden y representan frente a ellos, con un malestar emocional interno y con una actitud de huida y escape (a veces con consumo de sustancias) y conductas o rasgos antisociales. La primera mini-sociedad -que son los primeros cuidadores- les hizo daño. Y posteriormente, el niño (por diversas causas) no desarrolla un vínculo significativo que le dé sentido de pertenencia e identidad con un tutor de resiliencia que le acepte. El menor va desarrollando conductas antisociales e incluso, posteriormente, una personalidad con rasgos antisociales. El sufrimiento interno sostenido durante años queda enmascarado por estos síntomas. 

He tratado a varios de estos preadolescentes y adolescentes y en muchos casos (hay algunos que logran rehabilitarse y recuperar de nuevo, el sentido de la vida y la confianza en la sociedad), se asiste con impotencia al hundimiento y caída de unos menores que son denominados delincuentes o marginados, a apartar de la sociedad, y hacia quienes cuesta sentir empatía. Y es comprensible que no la sintamos cuando somos asaltados por un menor de este perfil; pero detrás de ese acto delictivo no podemos olvidar que existe una persona que desde su más tierna infancia aprendió (ya desde el más puro nivel emocional y sensorial) que el mundo es un lugar que transmite desconfianza, frialdad y necesidad de luchar por lo tuyo. Porque el niño está siempre en una posición de inferioridad y sumisión al adulto. Me recuerda a esta escena mítica de la película “El bueno, el feo y el malo” entre el personaje de “El Rubio” y Tuco. Es una metáfora excelente de lo que quiero transmitir. Atención a la frase: "El mundo está dividido en dos partes, "Rubio": los que tienen la cuerda al cuello y los que la cortan"




Cuando uno vive con la cuerda al cuello (metafóricamente hablando), es esperable que desee rebelarse y atacar a quienes considera que son los responsables de su dolor (aunque no lo sean) y de su sumisión (porque sometidos a los dictados de personas dañinas -que dicen ser sus padres o cuidadores- estuvieron muchos de ellos. Puede sonar exagerado lo que expreso, pero las historias que me han contado muchos niños son espeluznantes y creíbles. Uno de los problemas del niño es pensar que no le van a creer. Las víctimas han sufrido una cultura que no estaba preparada para escuchar sus relatos, por eso era/es más fácil y cómodo decir que es producto de su imaginación)

Si en la base de la falta de límites y contención del futuro niño y adolescente están (entre otras variables) la ausencia o insuficiencia de estas experiencias con cuidadores competentes de reflejo y andamiaje de las emociones y pulsiones del bebé, ¿qué podemos hacer? Todas las personas y profesionales que trabajamos con niños que han sufrido trauma temprano y han vivido deficientes experiencias de contacto interpersonal, en las que no han vivido ni el espejamiento (reflejar) ni el holding (contener), podemos propiciar, desde lo más temprano posible (y una vez que el menor esté protegido) experiencias de este tipo. 

Ana María Gómez nos dice (EMDR and adjunct approaches with children) que en efecto, los niños no sólo han de recibir terapia reparadora y especializada en trauma y apego con un psicoterapeuta preparado y formado que pueda trabajar el sentido de la contención y los límites. El niño necesita al menos un referente estable que pueda hacer esta función y también que los adultos significativos que le rodean y forman su red sean competentes regulándole y conteniéndole. Es un trabajo que puede suponer un desgaste pero que a la larga va a dar su fruto. Necesitamos realizar esas funciones que Winnicott postuló que el cuidador lleva a cabo con el bebé de reflejar y contener (pues el niño a buen seguro, ha carecido de ellas) y que no se hicieron. Todos (padres, madres, profesionales...) estamos llamados al ejercicio consciente de la parentalidad, marentalidad o de la profesión. Hemos de preguntarnos por cómo ejercemos nuestro rol educativo. Una madre, la pasada semana, escribía en los comentarios (gracias, Itsaso) en relación al tema de las metáforas para poder hablar y honrar al niño traumatizado, que no sólo es cuestión del qué hagamos sino el cómo (saber cómo hablar al niño, cómo transmitir un sentido de seguridad y contención) Y no puedo estar más de acuerdo. Se puede llegar a retraumatizar mucho y con grave riesgo en algunos casos, si uno persiste en sus modos educativos y en sus autoreferenciales inmutables e inadecuados. Yo recomiendo la psicoterapia para todos, y también la formación, que ya comienza a haberla, sobre todo si es específica para poder criar terapéuticamente, como la que este año ha organizado e impartido (con espíritu innovador) el Centro Alen en A Coruña, dirigida por mi amiga y colega Elena Borrajo. Una idea que tenemos intención de exportar para el País Vasco.

Algunas imaginativas y lúdicas estrategias que Ana María Gómez ha desarrollado para crear un sentido de contención (son para profesionales en el ámbito de la psicoterapia, pero algunas de ellas quizá podáis adaptarlas para la familia):

Para los más pequeñitos (2 años en adelante) una hamaca como las que se cuelgan de árbol a árbol para echar la siesta o relajarse, que pueda envolver al niño y le dé ese sentido de contención e incluso de útero materno, donde se le pueda mecer, hablar con tono suave, reflejar sus vivencias con palabras mientras se le mueve rítmicamente, es una excelente idea. Este método (entre otros muchos) lo usan en psicomotricidad relacional y me lo comentó un profesional llamado Toni Gomila (en una reciente visita que hice al Consell de Mallorca, donde tuve la oportunidad de conocer las magníficas instalaciones y el gran equipo humano y profesional que trabaja en protección a la infancia. Gracias a las gestiones hechas por mi gran amiga y colega María Ángeles Ojeda, he sido recientemente invitado a Palma para compartir con profesionales psicólogos el apasionante tema de la psicoterapia especializada para niños traumatizados, y también para impartir un curso sobre apego en psicoterapia en el Colegio Oficial de Psicólogos de las Islas Baleares. Me han tratado maravillosamente, y desde estas líneas transmito mi agradecimiento de corazón a María Ángeles y toda la buena gente de esa magnífica tierra) como uno de los que utiliza con los niños que necesitan este abordaje antes de pasar por una psicoterapia.

Todos los niños adoptados en los que se presume que no ha habido experiencia suficientemente buena de contacto con los padres o cuidadores primarios, necesitan crear redes neurales que contengan elementos de seguridad y calma. Si no se crean, los niños no pueden recurrir luego a ningún lugar seguro en el que encontrar tranquilidad cuando se sientan frustrados, tensos o tristes. El mejor lugar para poder vivir e instalar esta experiencia son los brazos de los papás o mamás. Y cuando estén en los mismos, se les pregunta si se sienten bien y dónde lo sienten en el cuerpo. Y que lo noten mientras les damos el abrazo cálido y contenedor. Los niños de apego evitativo o con fobia al apego no podrán hacer esto y hay que comprenderlo. Se desactivan de las señales de apego no por rechazarnos sino porque se sienten amenazados. Estos niños deben ir conectando y sintonizando con los padres o cuidadores poco a poco y por aproximaciones. Ante una duda, nunca hay que forzar un contacto ni rechazar al niño porque no quiera. Hay que comprenderlo. Esto ayudará mucho más. Muchas veces hay que evaluarlo mediante el asesoramiento de los profesionales de la psicoterapia del apego y el trauma.

1) Construir lugares en la psicoterapia o en casa donde los niños se puedan sentir (a cualquier edad, desde los tres años) más contenidos e incluso ir cuando no quieran hablar con nosotros o prefieran hablar de algo que les abruma desde ese sitio. Un simple paraguas puede servir para crear “la casa paraguas” Los niños del taller de resiliencia infantil que desarrollamos para la Asociación de Familias Adoptivas de Gipuzkoa Ume-Alaia, espontáneamente crean sus casas y sus contenedores físicos con el suelo de goma que usamos para sentarnos. 

2) Utilizar muñecos, marionetas, juguetes que los etiquetamos como nuestros ayudantes en nuestra labor de preguntar y hablar sobre aspectos que pueden ser sobrecargantes y abrumadores para el niño. Crean una atmósfera de seguridad y apoyo al niño. 

3) Uso de unos walkie-talkies. Este sencillo pero útil juego me lo enseñó una niña que había sufrido abuso sexual y además presentaba retraso mental leve. Ella misma pedía de regalo siempre este juguete. Le pedí que los trajera a terapia y para mi sorpresa, me hablaba (ella en un sitio y yo en otro, sin vernos) y me contaba sus pensamientos y emociones de una manera increíble. Cara a cara, era imposible que verbalizara nada. Si el niño necesita una distancia del terapeuta o de la persona con la que interactúa, el walkie-talkie puede proporcionársela. 

4) También favorece la creación de límites normativos el que creemos una estructura predecible y ordenada de hábitos, así como aprender a frustrar a los niños de una manera que les estructure. Hemos de tener muy claro qué se puede hacer y qué no se puede hacer. Explicitarlo y actuar con el ejemplo propio. Cuando haya que actuar para poner el límite, el "no" se le dice al niño y se mantiene la norma previamente acordada. En ese mantenimiento del "no" el adulto ha de ser firme y consistente (no permitir unas veces y otras no) y mantener la aceptación del niño y no amenazarlo con no quererle o dejarle solo en un cuarto. El respeto por el niño es fundamental. La disciplina ha de ponerse siempre desde el respeto mutuo y el no hacernos nunca daño. Cada familia debe estudiar cuáles son las normas a respetar y hacer cumplir por todos. Los niños pueden alterarse emocionalmente o enrabietarse cuando nos mantenemos en el "no", pero la frustración que estructura es aquella que mantiene el límite pero el adulto es capaz de calmar al niño y le hace sentir y saber que le quiere. Ejemplo: "Mamá, ¿me puedo quedar más a jugar y no ir a la cama?" "No, sabes que no" (consistencia) "¡Jo, pero es que nunca me dejas!". "Te he dejado más tiempo por ser sábado pero ya es la hora y has de ir" (firme pero amable) El niño accede y va a la cama. Cuando se está yendo, la madre le llama y le dice: "¡Eh, una cosa!: te felicito por cumplirlo, y te quiero". El niño ha obedecido porque desde el principio vio firmeza, consistencia y amor (y aceptación, incluso cuando muestra su cólera a los padres) Los límites sin amor y respeto a la figura del niño, es difícil que se asimilen. Se pueden acatar pero no aceptar. En nuestra guía para padres adoptivos ¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo? nos extendemos en este tema, y ofrecemos orientaciones según el perfil de apego de los niños.

Espero que os haya gustado y que os sea de utilidad en vuestra tarea y labor de acompañamiento a vuestros/as niños/as.

Esta semana he sufrido una triste noticia de la cual, por privacidad, no puedo publicar. Ello me ha dado mucho que pensar, desde la tristeza y el replanteamiento de todo (lo hacemos, precisamente, cuando conectamos con la tristeza, ésta sirve, si no es patológica, para ayudarnos a ordenar el interior), de dónde está lo esencial e importante en esta vida. Y me ha hecho recordar a fuego uno de los mejores post o entradas que he leído en mi vida profesional y que quiero que guardéis en vuestro techo, pintado con pintura o spray, para cuando os levantéis, lo tengáis siempre presente. Es la “picada” de hoy. Con la que siempre tenemos a bien despedirnos y terminar el tema que nos toca. Es de mi amiga y colega Conchi Martínez y os ruego que aunque os cueste Dios y ayuda, la sigáis. La cuenta en su excelente e imprescindible blog: Los niños necesitan más nuestra atención y cariño cuando menos lo merecen sus actos.

Hasta dentro de quince días. Cuidaos / Zaindu

8 comentarios:

Ana dijo...

Muchas gracias, como siempre toda la información y los consejos que nos aportan tus entradas son muy útiles para los que estamos aprendiendo a ser padres adoptivos.

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias a ti, Ana, me satisface mucho saber que es útil tu aprendizaje como madre adoptiva. Saludos cordiales

Concepcion Martínez Vázquez dijo...

José Luis muchas gracias por la "mención de honor" que haces sobre mi entrada (que en realidad recoge las aportaciones de Aletha Solter).

Tu entrada de hoy me parece magnífica porque ilustra a la perfección la realidad con la que nos encontramos: existen chicos y chicas dañados pero también profesionales y no profesionales que pueden/podemos ofrecerles oportunidades para sanar su herida emocional, para hacerles sentirse valiosos y dignos de amar y ser amados. Tus propuestas me parecen de lo más práctico, muy útiles (la del walkie-talkie me ha encantado).
Gracias de nuevo por acercarnos tus conocimientos, de tu mano son aún más enriquecedores.

Un abrazo

José Luis Gonzalo dijo...

Muchísimas gracias, Conchi, por tu comentario. Para mí tu entrada (que recoge las aportaciones de Aletha) ha sido todo un descubrimiento y merece esa mención de honor y mucho más. He considerado que debe de dársele difusión y por ello la he incluido. Tu blog es una joya, y aprendemos con él y contigo y los valores que atesoras como persona, entrada a entrada. Un abrazo

Anónimo dijo...

Llevo más de un año leyendo el blog. Desde junio tendré a un niño en acogimiento permanente y todos los consejos, libros sugeridos y comentarios resultan muy útiles, muchas gracias

José Luis Gonzalo dijo...

Gracias por agradecerlo, un saludo cordial.

Vane Uruñuela dijo...

Hola, estamos muy preocupados con nuestro hijo de 5 años. Desde los 2 años ha tenido el problema de pulsion. Luego desde la entrada en este colegio le han etiquetado los adultos y ya no hay manera de corregir eso. Nos estamos planteando cambiar de colegio para el año que viene que su hermano tambien tiene que comenzar y así aprovechar.
Le estamos llevando a clases de psicomotricidad (por cierto muy caras) porque nos han recomendado que le van a venir bien.
Tema limites, yo creo que de tanto ponerle y tantas consecuencias lo único que hacemos es reforzar lo negativo.
Yo me siento agotada, preocupada,...
Muchas gracias

José Luis Gonzalo dijo...

Estimada Vane: Los casos particulares siempre os comento que el blog no es lugar para exponerlos porque se hace muy complicado poder valorarlos sin conoceros directamente. No obstante, y aún a riesgo de equivocarme, considero que deberiais acudir a una psicoterapia en la que se trabaje la relación padres/hijo porque es un niño pequeño y puede cambiarse la dinámica. Los niños, cuanto más pequeños, más fácil es intervenir con ellos. Tenéis que ver otro modo de contenerle sin tener que estar continuamente con las consecuencias. Además creo vosotros necesitáis apoyo emocional y orientaciones.Un cordial saludo.