lunes, 25 de noviembre de 2013

Jóvenes adoptados o acogidos que no recuerdan


Como le sucede al protagonista de la mítica película "Recuerda" (Sinopsis: a un psiquiátrico llega un joven y atractivo director -Gregory Peck-, pero con el paso de los días una doctora -Ingrid Bergman- observa en él un extraño comportamiento que está relacionado con un hecho de su pasado que no consigue recordar),  a lo largo de mi carrera profesional son varios los jóvenes a los que he tratado en mi consulta que padecen una amnesia parcial o total de su, en general, dura infancia. Por mucho que quieran no recuerdan nada o a veces periodos concretos. Y les genera confusión y rabia consiguiente, porque hay muchos episodios traumáticos en su vida pasada pero no recordar nada o tener un conocimiento difuso de su biografía es como si su mente fuese un desierto. Además, cuando se sabe que han ocurrido cosas dolorosas pero no las recuerdas, altera mucho porque como dice Cyrulnik: “El horror de lo imaginario es terrible, el horror de lo real tiene un punto de esperanza”

Uno de esos jóvenes manifestó una agresividad inusitada -repentina pero liberadora- cuando, pasado un año de terapia y con una relación terapéutica ya cimentada, expresó que él no había tenido infancia, que había sufrido mucho y que lo había pasado terriblemente mal. Una vez liberada y contenida esa rabia por mi parte, haciendo una función de holding (sostener), pudo empezar a expresar lo que sentía sobre recuerdos implícitos que siempre había tenido pero que no sabía atribuir a qué se debían, sentía sin ser consciente de que eran recuerdos registrados en su cuerpo (rabia, ansiedad que nota en el pecho…) pero no explícitos (no se almacenó ninguna información verbal o episódica) en su memoria, con lo cual no hay nada que recuperar conscientemente (posiblemente, su cerebro hizo una adaptación y el flujo de información que contiene lo traumático quedó disociado) Y no es problema de que su edad fuera demasiado temprana, pues hasta ser adoptado este joven estuvo hasta bien entrada su segunda infancia en su familia biológica (extremadamente maltratadora) Existe una amnesia porque sufrió un trauma relacional grave y es una defensa ante esas amenazas. Este joven sufrió malos tratos de extrema crueldad, maltrato emocional y abuso sexual. Lo sabe porque le dijeron en su familia adoptiva que sufrió maltrato, pero no recuerda nada. Y el sentido del self (sí mismo), como dice Siegel, a lo largo del tiempo no está construido. No hay una conciencia clara de él mismo situándose en el tiempo.

Otros chicos que he tratado en mi consulta, como digo, presentaban esta amnesia. Todos habían sufrido traumas brutales (incluido el abuso sexual por parte de progenitores) Vivencias durísimas e insoportables para la mente en desarrollo. Presentaban síntomas de agresividad, robo, experiencias disociativas, apego desorganizado (desapegado o controlador), suspicacia, desconfianza, síntomas depresivos, de alimentación, ansiedad, flashbacks (los flashbacks son experiencias corporales de sucesos traumáticos los cuales incluyen activación o arousal psicofisiológico, estimulación sensorial y el impacto emocional de la experiencia traumática. De alguna manera, la víctima de un flashback es transportada atrás en el tiempo hacia el suceso y por lo que al cerebro respecta, le parece que está ocurriendo de nuevo)

Hacer un tratamiento de este tipo de pacientes con la palabra puede ser sumamente retraumatizante e imprudente (como ya he explicado en otra ocasión) porque puede situar a la persona fuera de la ventana de tolerancia a las emociones y descompensarle seriamente. No hay más que ver cómo se alteró el joven del que os he hablado cuando él por su propia cuenta comenzó a decirme que no recordaba nada pero le habían dicho que su infancia había sido muy dura. Solamente mediante un abordaje progresivo en un entorno terapéutico seguro y contenedor se puede abordar la integración de contenidos traumáticos tan devastadores como los que vivieron estos jóvenes.

¿Por qué esta ausencia de recuerdo verbal? Además de que el cerebro puede encargarse para sobrevivir de disociar y apartar por así decirlo lo traumático vivido, Cozolino tiene una explicación que nunca había conocido con anterioridad que me ha atraído mucho y me parece muy sugerente. Dice este autor que “en los flashbacks, la amígdala (ese pequeño órgano como una almendrita en el sistema límbico responsable de las reacciones emocionales rápidas y que registra las emociones de miedo, ira… durante un suceso traumático) y las redes neurales que van hacia el hemisferio derecho (predominantemente emocional) y los sistemas subcorticales (responsables de sistemas de acción más inferiores como correr, huir, luchar…) llegan a ser dominantes. Las densas conexiones de la amígdala con los sistemas visuales dan cuenta de la presencia, a veces, de alucinaciones visuales como parte de los flashbacks (la persona ve, por ejemplo, en una alteración de la percepción a la figura de su maltratador) Esto contrasta con la presencia de alucinaciones en la esquizofrenia que implica a los lóbulos temporales del cerebro y son normalmente auditivas. Una hipótesis tentativa para explicar el porqué de esa ausencia de recuerdo verbal es un descubrimiento en pacientes que sufrieron trastorno por estrés postraumático: había un decremento del flujo de sangre alrededor del Área de Broca (un área del córtex frontal inferior que controla el lenguaje) Estos descubrimientos sugieren una inhibición activa de los centros del lenguaje durante el trauma. Basándose en estos descubrimientos, el “terror sin discurso”, a menudo expresado por las víctimas (es habitual que en consulta se sientan activados o experimenten episodios de intenso terror cuando creen estar en peligro de nuevo) de un trauma tiene correlatos neurobiológicos consistentes con lo que sabemos de la arquitectura cerebral y las relaciones cerebro-conducta”

“Este efecto inhibidor del Área de Broca puede perjudicar la codificación de la memoria semántica (consciente) para sucesos traumáticos. Ello luego interferirá con el desarrollo de narrativas que sirvan para procesar la experiencia y conducirla hacia la integración de las redes neurales y la sanación (healing) psicológica”

En consecuencia, es normal que las áreas del lenguaje estén desconectadas durante un trauma, pues si nos paramos un momento a reflexionar sobre el particular, que las áreas del lenguaje queden infraactivadas durante un evento traumático tiene mucho sentido adaptativo: el lenguaje no sirve para la supervivencia, sino más bien lo contrario: las áreas subcorticales toman el mando del cerebro para tratar de huir/luchar.

Por ello, en la psicoterapia para niños y adolescentes adoptados o acogidos con historias donde han vivido maltrato y episodios traumáticos en forma de castigos desproporcionados, sádicos, descalificaciones, miedos y amenazas a su seguridad, violencia… lo prioritario es, en el espacio de la psicoterapia, trabajar el apego terapéutico. La relación sintonizada con el terapeuta, la resonancia emocional, el sentirse sentido. Además, abordar con técnicas específicas que el paciente se presentifique, se estabilice emocional y conductualmente. Hay muchos niños cuyos flashbacks pueden ser más sutiles, pero los tienen. Recuerdo a una niña que se descompensaba agresivamente ante la frustración y reaccionaba de una manera tan violenta que había que practicarle una contención física. Durante esos episodios, hablaba a la persona que tenía delante llamándole con el nombre de uno de sus maltratadores en el pasado.

Para hacerse una idea del terror que se vive durante los flashbacks, hay muchas películas que los reflejan. En la última que se estrenó en septiembre, “The railway man”, el actor Colin Firth trabaja magníficamente y representa un flashback (haciendo al espectador partícipe de las alucinaciones visuales) que tiene el día de su boda cuando, ante un disparador, cree que viene  (para la persona está pasando eso realmente) su antiguo y cruel torturador japonés de la Segunda Guerra Mundial para dañarle de nuevo salvajemente. El actor nos transmite y nos hace sentir (gracias a las neuronas espejo), compartiéndonos, el horror intenso que se siente ante una experiencia de ese tipo.

Una vez que está consolidada la estabilización, el apego con el terapeuta está consolidado (también hemos trabajado el vínculo con los padres adoptivos), el niño con ello está ya bastante integrado a nivel cerebral. A continuación, es cuando acometemos el trabajo de integración resiliente, en el que, fundamentalmente, trabajamos la narrativa. La construcción del relato es muy importante porque favorece la coherencia de la mente. De este modo, es cuando se empieza a activar toda esa área del lenguaje que estuvo desconectada (parcial o totalmente) durante los episodios traumáticos.

Cuando utilizamos la herramienta EMDR (siguiendo con rigor el protocolo de valoración e intervención y el abordaje progresivo con pacientes con trauma complejo) ésta de alguna manera pienso que apela a esa Área de Broca cuando, durante los sets de estimulación bilateral, el terapeuta le indica al paciente que es un recuerdo, es memoria, es pasado, ya terminó; y que está en la consulta, con el profesional, a salvo. Mientras el paciente está procesando un recuerdo del pasado traído al presente -traído al ahora-, la voz del terapeuta también le presentifica (le trae al presente y el cerebro aprende de una manera natural que el evento traumático terminó) a aquél; mientras tiene, para entendernos, un ojo en el pasado otro está en el presente. Y eso favorece mediante la abreacción, la integración del recuerdo traumático que se esté trabajando.

El mismo relato extenso de una historia de vida, una reconstrucción narrativa verbal, también incide en la integración porque estimula el hemisferio izquierdo que da sentido, simboliza y contiene las cataratas emocionales (miedo, angustia…) que inundó el derecho durante los eventos traumáticos. Y además sucede ahora, en la terapia, para que el cerebro procese, de manera natural, que todo ya acabó.

Así va, por ejemplo, progresando la niña que siente ver a su antiguo maltratador en la figura adulta que le cuida o se ocupa de ella. Está consolidando el vínculo con su familia adoptiva, le proporcionan contención cuando la necesita y en la terapia está aprendiendo psicoeducación sobre el trauma. Se va presentificando y su cerebro va dándose cuenta de que aquello ya pasó y que sus padres adoptivos no van a hacer con ella las cosas tan terribles que le hicieron en su país de origen. Cuando ya se encuentre fortalecido el vínculo con el terapeuta, y también con la familia, y consiga una estabilidad que nos sugiere que sus reacciones ya no ponen en marcha el sistema de defensa que tuvo que activar para sobrevivir, será el momento de entrar en la fase de la narración.

Sin embargo, con los pacientes jóvenes que he mencionado al principio, el proceso es mucho más largo. Las fases de estabilización y tratamiento de las patologías conductuales y mentales asociadas al trauma llevan más tiempo e intervención. La psicoeducación supone una parte larga del tratamiento también, y el vínculo con el profesional psicoterapeuta debe ser trabajado sesión a sesión. Una vez estabilizado y empoderado, es entonces cuando recogiendo lo que sabemos de su historia, y con un fuerte apoyo, y muy progresivamente y comprobando cómo lo van procesando, trabajamos el relato junto con otras técnicas que favorezcan la integración resiliente.

Para terminar, lo hago, como viene siendo habitual, ofreciéndoos una excelente picada: me refiero a un libro que salió el pasado verano. Uno de sus ejemplares me lo regaló la directora de la editorial Hilo Rojo, Marga Muñiz, a quien se lo agradezco. Estoy aludiendo a la obra “Entre hipocampos y neurogénesis ¿Por eso le cuesta tanto aprender a mi hijo?”, de la profesora de la Universidad de la Coruña y madre adoptiva, Rosa Fernández. El libro me ha gustado muchísimo y os lo recomiendo desde ya. ¿Por qué? Por lo siguiente: ¿Qué me diríais si os propongo un libro breve, riguroso científicamente pero comprensible y accesible para todos, del cual puede sacar aprendizaje y aprovechamiento el papá y la mamá de un niño o niña adoptivo/a pero también un profesional (está trufado de numerosas referencias bibliográficas para profundizar en los estudios científicos en los que se basa), escrito por una madre adoptiva y a la vez experta en neuropsicología, que explica, con numerosos ejemplos por qué a los menores que han vivido experiencias de maltrato y abandono en los primeros años de vida les cuesta tanto aprender? Estoy seguro que responderíais que sí, que os parece un libro completísimo. Pues eso mismo es lo que ofrece Rosa Fernández desde su libro “Entre hipocampos y neurogénesis”

Cuáles son las estructuras cerebrales clave que maduran con una experiencia de cuidados sensibles y empáticos en el contexto de una relación de apego seguro y cuál es la importancia que tienen, se va explicando entre ejemplos y explicaciones científicas expuestas con rigor pero accesibles para todos (la trascendencia del hipocampo en el aprendizaje y cómo el apoyo maternal durante los primeros años predice un mayor volumen en el hipocampo, las alteraciones en la mielina…) La visión que tiene la autora diría que es de un optimismo realista  (en el hipocampo, órgano cuyo protagonismo es central en el aprendizaje del niño pues está implicado en los procesos de memorización, hay neurogénesis) porque aunque las alteraciones que se producen en el sistema nervioso -por efecto del impacto de estas adversas experiencias en unas edades clave para el neurodesarrollo del menor- dejan una huella profunda, lo que la ciencia nos dice, de la mano de la profesora, es que con trabajo y apoyos, los niños pueden mejorar e incluso recuperarse.

Personalmente, lo que más me ha gustado y atraído del libro es el punto de vista sobre el déficit de atención con hiperactividad que a menudo suelen diagnosticar a los niños y niñas víctimas de las experiencias de abandono y maltrato. Es posible que algunos niños no presenten este trastorno sino una alteración en la vinculación y respuestas mediadas por el trauma que se manifiestan mediante síntomas similares a la hiperactividad sin serla. No os la expongo porque quiero que la leáis en el libro de Rosa. Ella lo explica y expone todo mucho mejor que yo, que para eso es experta en neuropsicología.

Está editado por Hilo Rojo Ediciones, os dejo un enlace para que podías verlo y adquirirlo, lo cual os recomiendo vivamente. Enhorabuena a la autora y a la editorial: http://www.hilorojoediciones.com/

Hasta la semana próxima, cuidaos / zaindu