lunes, 19 de noviembre de 2012

Psicoeducación para familias adoptivas y acogedoras: desarrollar respuestas consistentes por parte del cuidador (I)


Esta semana retomamos el tema de la psicoeducación para familias adoptivas y acogedoras que está teniendo muy buena acogida entre vosotros.

Antes, quiero agradecer a la Dra. en psicología de la Universidad de Sevilla, Maite Román, el detalle que ha tenido (me puse en contacto con ella para pedirle permiso para publicar una reseña en este blog sobre su tesis doctoral) conmigo al responderme, darme su autorización, felicitarme por el blog y atender a mi petición de algunos materiales que a nivel profesional le solicité. No es frecuente encontrar en el ámbito universitario a profesores tan amables y dispuestos. Maite Román lo ha sido, y público hago mi agradecimiento. Os sigo recomendando que leáis su tesis doctoral por la enorme calidad que atesora y porque sus resultados son muy reveladores. Apoyan el camino que desde aquí nos proponemos: trabajar con estos niños de acuerdo a segurizarles, tener paciencia, respetar su ritmo y no presionarles a una normalidad que no pueden alcanzar debido al peso de sus muchas veces traumática historia.

Dentro del bloque destinado al APEGO, avanzamos en los temas de esta psicoeducación que estamos proponiendo para las familias adoptivas y acogedoras y nos centramos en el referido al desarrollo de respuestas consistentes por parte de los cuidadores (padres, madres… adoptivas y acogedores)

Como viene siendo habitual, tomo como referencia el libro titulado: Treating Traumatic Stress in Children and Adolescents, de las autoras Blaustein y Kinniburgh

La idea principal es que la familia adoptiva o acogedora debe de desarrollar respuestas predecibles, seguras y apropiadas a las conductas de los niños, de tal manera que tenga en cuenta (sea sensible y reconozca) el papel que las experiencias pasadas tienen en las conductas actuales.

¿Por qué es importante la consistencia?

Una parte importante en la construcción de un ambiente seguro para el niño es que el cuidador desarrolle respuestas predecibles a sus conductas.

Para los niños que han experimentado trauma por parte de sus cuidadores primarios, los límites han podido históricamente estar asociados a falta de poder (una de las tareas de la psicoterapia suele ser devolver el poder que a la víctima infantil se le arrebató con el maltrato) e intensa vulnerabilidad. Los cuidadores han podido ser percibidos fuera de control, punitivos y atemorizantes.

Incluso para los niños que no han sido dañados por sus cuidadores primarios, el trauma en sí mismo es a menudo percibido como una amenaza impredecible del ambiente.

Un entorno que cuida a los niños les provee de respuestas seguras y predecibles a sus conductas. Esto les reasegura en que hay reglas y consecuencias significativas, tanto positivas como negativas. Fijaos bien que hablamos de consecuencias y no premios o castigos. La idea es ser consistente en nuestras actuaciones de tal manera que el niño entienda que la consecuencia enseña. Palabras como castigo tienen una carga peyorativa y el niño (traumatizado por la violencia o los malos tratos) interpretará como un ataque o como que se le quiere hacer daño. El castigo también gatilla la memoria traumática y dispara la cólera que se sintió ante el maltratador. El premio a menudo lleva a estos niños a chantajear a los cuidadores. ¿Cómo hacerlo? Dos ejemplos adecuados vistos esta semana en mi consulta en dos familias adoptivas. La primera le dice al niño que en la vida hay que aprender a hacer un buen uso de las cosas. Como él no respeta el tiempo de uso de la consola, los padres se la van a guardar (es suya) hasta mañana donde probarán de nuevo a ver si es capaz de apagarla cuando se comprometió a hacerlo. Le dicen que sabe hacerlo y que puede hacerlo, tienen esa expectativa. “Sabemos que te sientes enfadado, pero esto es lo que tienes que aprender” - le dicen. La segunda familia me informa en sesión de terapia, delante del niño (estoy trabajando con la misma), que éste ha hecho muy bien sus deberes escolares durante la semana. Y que han pensado que, para celebrarlo, se van todos juntos a cenar esa noche. La consecuencia enseña que cuando se cumplen con las responsabilidades, vienen cosas positivas. Es una manera natural de hacerlo y de enseñarlo.

Conductas traumáticas que desafían a las respuestas consistentes

Ante la impredecibilidad y el caos (no olvidemos que muchos niños adoptados o acogidos han vivido esta ausencia de poder desarrollar un sentimiento de control ante las amenazas de golpes, abandonos, rechazos… pues éstos no eran claramente predecibles; el niño queda sumido en una paradoja sin solución pues muchas veces no puede huir ni escapar) que vienen asociados al trauma, los niños, posteriormente, a menudo tratan de controlar su medio ambiente y a los demás. Este control es el esfuerzo que el niño hace por alcanzar la seguridad en lo que se percibe como un mundo impredecible y peligroso. Antes de pretender cambiarlo, hay que entenderlo así y no como desobediencia o desafíos del niño al adulto. Y para que el niño lo pueda cambiar y entregar el control al adulto, éste le ha tenido que mostrar que en su vínculo es incondicional. También, por supuesto, ha tenido que ser consistente en sus respuestas. La predecibilidad le dará seguridad y poco a poco el niño estará en disposición de cambiar y ceder parte de este control.

Si son claros, los límites consistentes ayudan a los niños a sentir la seguridad y son cruciales para un desarrollo sano. Muchos niños tienen una historia en la que los límites no se vivieron de un modo consistente o fueron amenazadores de su integridad personal. Los niños pueden mostrarse reactivos ante nuestros límites (y pueden actuar como disparadores de emociones traumáticas vividas en el pasado) e inicialmente percibirlos como una amenaza a su propio control.

La semana próxima nos centraremos en proporcionar una guía sobre cómo dar respuestas consistentes apropiadas para este tipo de niños.

Antes de terminar, quiero anunciaros que mi amiga y colega Pepa Horno presenta el próximo martes 4 de diciembre un coloquio en el que su último libro titulado: Un mapa del mundo afectivo: el viaje de la violencia al buen trato” servirá de base para poder charlar sobre estos temas que tanto nos apasionan. El encuentro tendrá lugar en la librería Tipos Infames (C/San Joaquín, 3 – junto al metro Tribunal), a las 20:00h. Pepa ya tiene nuevo libro (será tan bueno como son todos los que publica), y desde aquí os animo a todos los que vivís en Madrid y alrededores a que acudáis a esta cita pues charlar con Pepa es siempre un gusto. Desde estas líneas le felicito por la publicación de esta nueva obra.

Cuidaos / Zaindu

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por esa visión del control que pueden/quieren ejercer algunos niñ@s. Me ayuda a entender un poco mejor a mi hija.
Maria

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Gracias a ti María, me alegra que te haya dado una nueva visión. Saludos cordiales.

Chedi dijo...

Magnífica reflexión José Luis, para entender ese estado de "alerta" y "defensiva" permanente en mi hija.
Necesita controlarlo todo porque hay mucha ansiedad en ella.
Grácias de nuevo por tu aportación valiosísima. Te aseguro que cada entrada es de gran ayuda para mí y, como consecuéncia, para mi querida hija Elena.

Chedi

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Encantado de la vida Chedi, que te esté sirviendo de ayuda y de aportación valiosa me llena de satisfacción. Saludos cordiales,

Pepa dijo...

Gracias, Jose Luis, por hacerte eco y por tu generosidad, como siempre! Yo no paro de recomendar este blog a familias y profesional, es raro encontrar esta mezcla de rigor y claridad en un blog sobre nuestros temas. Es un lujo de verdad.
Un abrazo y te echaré de menos el día cuatro, qué pena que los kilómetros no puedan desaparecer por arte de magia! :-)
Pepa

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Gracias a ti Pepa, es una pena que no pueda estar físicamente pero si me acordare del evento en ese preciso momento y estaré con mi pensamiento. Te agradezco las palabras de felicitacion por el el blog. Enhorabuena por tu libro, estoy deseando leerlo. Un abrazo!