lunes, 23 de mayo de 2011

La técnica de la caja de arena: cómo ayudar a narrar a niños traumatizados

Sigo leyendo “El amor maternal” y pronto volveré con más contenidos y aplicaciones prácticas de lo que estamos aprendiendo con este libro. Hoy os propongo –es bueno variar los temas- que regresemos sobre una técnica de la que ya os hablé hace un tiempo pero que quiero retomar de nuevo porque me está aportando nuevas posibilidades.

Me refiero a la técnica de la caja de arena (sandplay, en inglés) La utilizo desde hace cinco años, cuando me formé en la misma en el diplomado de formación especializada para psicoterapeutas infantiles, de Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan.

 
La técnica la impulsa Dora Kalff, animada por el psicoanalista Jung, y la desarrolla y aplica desde este enfoque psicoterapéutico. En un anterior post hablé de esta técnica, y podéis remitiros al mismo (o a esta dirección de esta excelente página que la explica:http://www.adepac.org/P06-97.htm) para conocer con detalle aspectos concretos.

 
La uso desde la concepción y metodología propuestas por Eliana Gil (autora que me fue descubierta por la psicóloga chilena Josefina Martínez, de la Universidad Católica de Chile, con quien tuve la suerte de recibir formación en el diplomado), cuyos libros son todo un pozo de sabiduría para todo aquel que quiera trabajar eficazmente con niños y adolescentes traumatizados.
 
 
Precisamente la técnica me parece la más idónea para trabajar contenidos traumáticos cuando existen bloqueos emocionales que impiden al niño la verbalización. O para niños que no son hábiles o presentan un retraso del lenguaje de etiología diversa. El juego, por lo general, es el lenguaje del niño y aporta una narrativa que le permite liberar, expresar y simbolizar, desarrollando sentimientos de control, lo que le sucede y lo que vive en su interior. La caja de arena es como un juego aunque tiene matices diferentes. Los niños, generalmente, no dominan el lenguaje verbal como lo pueden hacer los adultos. Jugar con ellos, en cambio, es acercarse a la manera que ellos tienen de hablar y contar. La caja de arena podría insertarse dentro de este propósito porque es un lenguaje no verbal que aporta numerosos símbolos universales, y al niño se le hace fácil y accesible. Pero la técnica no sólo son los símbolos (muñecos, figuritas, miniaturas y todos aquellos elementos que también se convierten en símbolos como casas, puentes, árboles, vehículos, etc.) que equivaldrían a las palabras del diccionario. Es también una escenificación de todos esos elementos que suponen la gramática de la técnica. El niño, además, se sitúa en una postura que le convierte en sujeto que crea y construye (visión muy resiliente): un mundo imaginario, una escena, una historia, un cuento, una secuencia… Y la gramática supone narrar. Y ya sabemos la importancia que la narrativa tiene sobre todo para los niños que necesitan reconstruir su historia. Especialmente cuando lo que se narra está cargado de emociones dolorosas que permanecen disociadas, como en el caso de los niños traumatizados por la violencia u otros acontecimientos duros y sobrecargantes para la mente en desarrollo. La técnica ayuda a la integración del trauma.

 
He aquí, por tanto, lo mejor: que facilita, de un modo no invasivo y retraumatizante, la expresión, la narración y la integración de hechos muy difíciles de contar con las palabras por lo dolorosos que son. Además, el uso de un tercer elemento -como son los símbolos usados en la gramática de la caja-, le proveen al niño de un espacio seguro en el que proyectarse. Y aún más: le permiten representar (dar sentido y significado) en un mundo, en un universo, de fantasía o realidad, o a caballo entre los dos. Es resiliente desde el momento en que el niño transforma su dolor y lo expulsa, simbolizado, para que no le explote dentro. A la par, el terapeuta, con su facilitación, con su yo auxiliar para el niño, le acompaña en este proceso: ayudándole a poner palabras a lo representado, si puede (o no, pues no es estrictamente necesario) Pero lo que sí hace es auxiliar al niño en la creación y validar su trabajo. Y juega con él en la caja, si el niño se lo pide.

 
¿Os imagináis lo difícil que le puede resultar a un niño contar en palabras un maltrato sufrido? ¡Lo dolorosas que son las palabras, se clavan como cuchillos! Y además, el niño se puede alterar emocionalmente y hasta puede desregularse de una manera totalmente negativa. Es por ello (porque es un medio mucho más seguro y no retraumatizante) por lo que uso esta técnica. Porque permite representarlo de un modo que al niño le resulta más accesible y menos doloroso. El niño que ha vivido maltrato puede crear una escena –por ejemplo- en la que un T-Rex ataca a un poblado donde unos niños están, en una tienda de campaña, protegidos por unos soldados que tratan de matar al dinosaurio. Con esta metáfora –y conociendo la biografía del niño- ya sabemos que este mundo agresivo refleja el sentimiento de amenaza por la violencia temida y sufrida. Y desde aquí, desde esta escena, es más fácil para el niño expresar las emociones que sienten los personajes (miedo, rabia, vergüenza…) e, incluso, jugar con los elementos de la caja y observar qué dicen, cómo interactúan, qué final le da al niño a la historia (si se lo da), y muchos otros aspectos que pueden surgir.

 
Utilizo una variante personal de esta técnica –que no es la técnica en sí, conviene derjar claro- que me ha dado buenos resultados: usarla como herramienta auxiliar en la que apoyarse para crear un escenario que ayude al adulto a contarle al niño su historia de vida. Por ejemplo, en los niños adoptados, para narrar cómo era la vida de la familia antes de la adopción, cómo fueron en su búsqueda, cómo llegó a la familia… Es parecido a lo que algunos padres y madres adoptivos suelen utilizar -contarle al niño una historia o un cuento que, al final, es la propia historia del niño-. Sólo que escenificada y representada en la caja de arena. Es una manera de apoyar el relato que los padres hagan al niño. Antes de hacerlo, los padres han de saber que se pueden remover emociones y que han de estar preparados para contenerlas adecuadamente. En caso de duda, mejor ser precavidos y no hacer nada.

 
Los niños que presentan retraso mental o tienen un daño neurológico u otra patología que afecta al lenguaje, la atención, la regulación emocional o a las funciones ejecutivas, pueden beneficiarse también de esta técnica. He obtenido buenos resultados con ella para los que no pueden hacer una terapia verbal por estos motivos u otros. Y estos niños necesitan también que adecuemos nuestros modelos terapéuticos para poder beneficiarse de un tratamiento.

 
Guardo, como tesoros, cientos de fotografías de escenas de cajas de arena creadas por distintos niños, niñas y también adolescentes. Ninguna es remotamente parecida a otra. Refleja la singularidad propia de cada persona, que es todo un mundo. Y la que hace cada niño en distintos momentos de su vida puede ser completamente distinta. Refleja el proceso que lleva cada niño. Existe un libro que -desde la técnica de la caja de arena- explica el proceso de cada niño: desde las primeras cajas, donde se expresan los conflictos, pasando por las cajas en las que se enfrenta dicho conflicto para terminar en resoluciones en las que puede quedar patente que está haciendo un proceso resiliente, de rehacerse. El libro se llama Images of resiliency Lo podéis ver en esta dirección. No existe -que yo sepa- edición en español: http://www.amazon.com/Images-Resiliency-Troubled-Children-Language/dp/0966235703

 
Como toda técnica, hay que elegir bien el momento de su aplicación teniendo en cuenta las características, edad madurativa y proceso que el niño está realizando. Y sobre todo, el niño debe estar bien estabilizado sintomática y conductualmente y los padres o cuidadores dispuestos y preparados para poder contener adecuadamente las emociones que puedan surgir y cómo las puede expresar (estallidos de rabia, reacciones agresivas, de ansiedad...) Los niños que presentan características que hacen pensar en la existencia de un trauma, o bien están muy embotados e hipoactivados o presentan hiperactivación de sus emociones. Como dicen los expertos en trauma, antes de exponer al niño al trabajo de los contenidos traumáticos para integrarlos en su historia, es necesario BAJO TODO CONCEPTO, estabilizarlos primero y no proceder a esta tarea hasta que no hayan desarrollado recursos autorregulatorios de sus estados internos.


8 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Me ha encantado esta entrada¡
Una de las cosas que me preocupa con relación a hablar o a tratar temas dolorosos con mi hija es que a veces puedes remover o despertar emociones dolorosas... y luego ¿qué haces con ello, con el revuelto de emociones?
Esta terapia me ha dejado sorprendida.
Entonces ¿Crees positivo crearnos una caja para relatar la historia de su adopción, aunque ya la sepan? Nuestros hijos necesitan oir su historia una y otra vez. Y esta caja da otra dimensión a la historia.

Una pregunta cotilla ¿todas esas figuritas que tienes detrás de tí, en la foto, son para la caja de arena?
un abrazo
Itsaso

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Itsaso: La pregunta que haces es muy pertinente.
Yo creo que debemos diferenciar al niño que presenta características que nos hacen pensar que puede sufrir un proceso de traumatización (con manifestaciones de desregulación emocional, ansiedad, alteraciones del comportamiento…), con lo cual lo prioritario es estabilizar sintomática y conductualmente al menor. Sólo después es conveniente trabajar los contenidos traumáticos y NUNCA antes, cuando el niño haya desarrollado recursos internos para regularse, y sobre todo que sus padres o cuidadores sean capaces de poder contenerle adecuadamente. En estos casos los niños necesitan tratamiento psicológico y seguir las pautas del profesional acerca de cómo trabajar esa historia.
El niño que no presenta traumatización y que se encuentra más estable pero debe acercarse al trabajo de su historia de vida, con ese niño se puede proceder trabajando con la técnica. Es una manera de ir ayudándole a que pueda expresarse. Pero los padres han de estar preparados para poder hacerse cargo de las emociones que van a surgir, tienen un vínculo seguro, el niño confía en ellos y este niño, además, se encuentra en un buen momento.
La técnica de la caja de arena puede remover también emociones pero es un medio más seguro porque es indirecto y provee un espacio donde depositar y unos terceros elementos en los que proyectarse. Hay que obrar con cautela y en caso de duda, no hacer nada y consultar a un profesional. No es lo mismo trabajar con niños traumatizados que no (hay niños que pese a todo, nos demuestran su resiliencia frente a los impactos de la vida y no están traumatizados o no tan severamente, al menos), la edad madurativa, los hechos que han vivido, el contexto actual de vida, el momento del niño, la seguridad que siente hacia sus padres, etc.
A los padres no les recomiendo trabajar con la técnica en sí, pues requiere formación y preparación y también situarse como profesional. Situarse con la técnica como padre es muy difícil. Otra cosa es que para ayudarle a acercarse a su historia, con unos muñecos, unas casas, unas figuritas, etc., creemos un escenario que nos ayude a él y a los padres a narrar. Es una adaptación de la técnica, no la técnica en sí que tiene otro procedimiento y sólo la pueden usar profesionales que se hayan formado en la misma.
Las figuritas que se ven al fondo, en mi fotografía, en efecto son las que uso en mi consulta para la caja de arena.
Saludos cordiales,
José Luis Gonzalo

ALEXIA dijo...

Me parece muy interesante esta técnica y todo lo que dices. Es cierto que reproducir a modo de juego lo que ha vivido el niño debe de ser dificil, traumático para él pero a la vez quizás liberador porque expresa sus sentimientos más ocultos, los que seguramente no quiere ver resurgir porque le hace daño, consciente o inconscientemente.

Hace tiempo que no me paso por tu blog y me estoy poniendo al día poco a poco pero ya ves que sigo aquí.

Un abrazo fuerte.

Anónimo dijo...

Qué interesante entrada, en verdad gracias José Luis, cada vez que te leo encuentro algo que aplicar a nuestra historia, o que me hace reflexionar, o con lo que nos identifico.

Preguntaré a la terapeuta de mi hija si ella trabaja con la caja de arena, me pareció una manera maravillosa de reconstruir su historia.


La maternidad adoptiva es un tema que me apasiona, siempre ando leyendo información al respecto, encontrar tu blog me ha servido de mucho.

Muchas gracias otra vez. Ta mando un saludo afectuoso desde México.

Alejandra

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola, Alexia: Hace tiempo que no te pasabas por aqui -o si has pasado pero no dejado huella-, encantado de saludarte. En efecto, es doloroso para el niño hablar de muchos aspectos de su historia. La caja de arena facilita esta tarea al niño pues se le hace mas familiar, accesible y cercano. Un abrazo y hasta pronto.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola, Alexia: Hace tiempo que no te pasabas por aqui -o si has pasado pero no dejado huella-, encantado de saludarte. En efecto, es doloroso para el niño hablar de muchos aspectos de su historia. La caja de arena facilita esta tarea al niño pues se le hace mas familiar, accesible y cercano. Un abrazo y hasta pronto.

José Luis Gonzalo Marrodán. dijo...

Hola Alejandra: estoy feliz de que este blog te aporte cosas nuevas. Gracias por tus palabras y un abrazo para ti y tu hermosa tierra. Jose Luis

Osito Calitos Ortega V. dijo...

Que tal soy la mamá de Osito Calitos desde Guadalajara en México me quedo encendida para capacitarme. Muchas gracias por las letras que ilustran.