lunes, 28 de noviembre de 2022

El alumnado con trastorno de apego en el limbo escolar. Voces de las familias y profesionales que los y las acompañan, artículo de las profesoras Beatriz Garai Ibáñez de Elejalde, Gema Lasarte Leonet, Alaitz Tresserras Angulo e Irune Corres-Medrano


El alumnado con trastorno de apego en el limbo escolar. 
Voces de las familias y profesionales que los y las acompañan



Revista de Investigación en Educación, 2022, 20(2), 71-90 DOI: https://doi.org/10.35869/reined.v20i2.4217 
ISSN 1697-5200 | e-  ISSN 2172-3427


Presentación

Existe una frustrante constatación: en general, la atención especializada por parte de los profesionales escolares a los alumnos y alumnas que presentan adversidad temprana y que pueden presentar Trastorno del Apego (TA) es (casi) nula. Exceptuando algunas islas que las constituyen colegios cuyos profesionales se han formado en apego, trauma y desarrollo, lo cierto es que los niños y niñas no se encuentran con Escuelas Sensibles al Trauma. No nos olvidemos que estos y estas han sufrido muchas veces el peor de los traumas que se puede padecer: que las mismas personas de las que dependen para crecer y desarrollarse y que se supone deben quererle y enseñarle con respeto (sus padres u otros significativos), son las mismas que les han maltratado activa o pasivamente (dañan). 

Son alumnos y alumnas que necesitan aprender (por parte de toda la red psicosocial de apoyo) a restaurar la confianza en el ser humano, a establecer relaciones sanas y constructivas, modular sus emociones, interiorizar cuáles son los límites de su cuerpo y respetar los del otro; y a recibir un proceso de enseñanza-aprendizaje basado en la valoración de sus déficits y de sus fortalezas y recursos, dentro de una relación segura y contenedora con su tutor y profesores.




Lejos de esto, la mayoría de las familias se han encontrado, por parte de muchos de los profesionales escolares, con desconocimiento, incomprensión, nula respuesta, empecinamiento en actuaciones que generan iatrogenia en los alumnos y alumnas, etiquetado, soledad, desamparo, frustración… Muchas familias me han confiado que han recurrido -removiendo Roma con Santiago- a profesionales psicólogos o psicoterapeutas -también especializados en apego, trauma y desarrollo- para ayudar a reparar el daño de los niños y niñas, orientarles como familia y apoyarles en su relación con los tutores, para que estos puedan entender qué les ocurre a sus hijos/as y por qué se comportan del modo en el que lo hacen. Pero otras familias no han encontrado a estos profesionales de la psicología, porque en su ciudad no existen y se han refugiado, por ejemplo, en la lectura de blogs especializados. Algunos papás y mamás me han escrito agradeciéndome la aportación que ha supuesto, entre estos, el blog Buenos tratos. Algo que les agradezco infinito, es el motor que me mueve a mantenerlo activo.




Algunos y algunas profesionales llevamos, no obstante, unos cuantos años promoviendo un cambio de mirada y una nueva manera de atender a estos chicos y chicas, conscientes de que este entorno es muy importante que genere procesos resilientes y no que amplifique y aumente el dolor que de por sí ellos y ellas ya sufren, por la multitud de secuelas que el trauma les ha generado o genera. 

Promovemos conferencias, cursos, másteres, acudimos a los colegios a dar talleres y seminarios... Y cuando recibimos a un niño o niña en nuestra consulta ofrecemos en nuestro servicio la coordinación con los profesionales escolares. También porque muchos de estos lo agradecen; y hemos de decir en su descargo que, a una gran mayoría, nunca nadie les habló de la mirada traumaterapéutica y de la adversidad temprana para explicar los problemas de los niños y niñas en el aula y en al aprendizaje.

Entre estos profesionales, hoy quiero -sobre todo a las familias- presentaros la excelente labor que está realizando este equipo de mujeres, profesoras universitarias de la Facultad de Educación y Deporte de la Universidad del País Vasco para dar a conocer la importancia de la influencia de la adversidad temprana en el alumnado. Ellas están introduciendo ese cambio de mirada y extendiendo la necesidad de que se trate en la escuela debidamente a los chicos y chicas que presentan Trastornos del Apego como consecuencia de los traumas que han sufrido en forma de abuso sexual y/o maltrato y/o negligencia. Ellas han dado voz a las familias, y son:


Beatriz Garai Ibáñez de Elejalde

Gema Lasarte Leonet

Alaitz Tresserras Angulo

Irune Corres-Medrano


En concreto, comparto con vosotros y vosotras este artículo que es “parte de un proyecto de investigación más amplio en el que se quieren conocer los procesos de escolarización del alumnado con TA. Se plantea con la intención de responder a un compromiso de la investigación con la sociedad. Se parte de una demanda social real, sin resolver actualmente (Ballestín y Fàbregues, 2018; Sandin, 2000). Se quiere conocer y dar a conocer un hecho social, la desatención al alumnado con TA en las escuelas de nuestro país, con el objetivo de incidir en un cambio y, al menos, impulsar la reflexión y toma de conciencia de las y los profesionales del ámbito escolar”

Existe todo un movimiento, nos dicen las autoras, en el mundo anglosajón, de Escuelas Sensibles al Trauma que se plantean incluir en sus programas al alumnado que ha experimentado adversidades (hoy en día se puede decir, a tenor del Estudio ACE, que es altísimo; por lo que cualquier escuela que quiera tener futuro como empresa educativa deberá de aceptar este reto, pues vamos a necesitar, ante los desafíos que se enfrenta el ser humano, promover el humanismo y la solidaridad) tempranas y atenderles adecuadamente en sus necesidades educativas. Solo las escuelas basadas en un modelo tribal tendrán más posibilidades de sobrevivir. 

El artículo de las profesoras presenta “un estudio netnográfico de análisis de los blogs que utilizan las familias con hijas e hijos que han vivido experiencias adversas tempranas (Craig, 2016), y que pueden derivar en trastornos de apego o de vinculación (Gonzalo-Marrodán, 2009). Pretende así, recoger e interpretar las voces que en su gran mayoría no llegan a la comunidad escolar y por ende no trascienden, es decir, repercuten sólo en los foros de las personas afectadas. Las llamadas de auxilio de dichas familias parten del desamparo y enfado a partes iguales y se dirigen a toda la comunidad educativa, pero especialmente al profesorado. Este trabajo busca un impacto tanto personal, como social y científico (Flecha, 2018), entendiendo el conocimiento en términos prácticos y morales, es decir, de solidaridad (Sandín, 2000). La dificultad que supone la dispersión de la población que abordamos, así como la impotencia de las familias ante la falta de respuestas y atención a esta situación, conforma la singularidad de esta investigación”.

Creo que muchas familias adoptivas y acogedoras os vais a sentir identificadas con este artículo y con lo que en él se recoge. Creo que es importante que lo deis a conocer en todos los ámbitos educativos en los que trabajéis y os desenvolvéis, con el fin de que sigamos construyendo entre todos y todas el cambio de mirada. Antes de dejaros con el enlace al artículo para que os lo descarguéis, he de dar las gracias a las profesoras por llevar a la Universidad este necesario tema, pues desde esta institución se pueden hacer muchas cosas y promover muchos cambios. Y también mi agradecimiento por incluir en su artículo, entre otras, la fuente de este blog, Buenos tratos, al que muchas familias habéis recurrido y recurrís. Un blog que se mantiene en activo desde el año 2007. 

Para acceder al artículo:


REFERENCIAS 

Nota: Son las referencias usadas por las autoras del artículo de los textos que literalmente he transcrito provenientes de este.

Ballestín,  B.  y  Fàbregues,  S.  (2018).  La  práctica  de  la  investigación  cualitativa  en  ciencias  sociales y de la educación. UOC.

Flecha, R. (2018). Evaluación del impacto social de la investigación. Revista de Fomento Social, 73, 3-4, 485-502.https://doi.org/10.32418/rfs.2019.291-292.1514

Gonzalo-Marrodán, J.L. (2009). Guía para el apoyo educativo de niños con trastornos de apego. LibrosenRed.

Craig,   S.E.   (2016).   The   Trauma-Sensitive   Teacher.   Educational   Leadship,   74(1),   28-32. Recuperado de: https://eric.ed.gov/?id=EJ1112050 

Sandín Esteban, M. P. (2000). Criterios de validez en la investigación cualitativa: De la objetividad a la solidaridad. Revista de investigación educativa, 18(1), 223-242.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Juntos podremos con eso, por Jose Luis Gonzalo / Sin prisa, con pausas, por Dolores Rodríguez

Llevo una temporada descubriendo en profundidad a Philip Bromberg, un psicoanalista relacional entroncado dentro de lo que llamaríamos la corriente intersubjetiva, basada también en los postulados del neuropsicoanálisis, cuyo principal representante es Alan Schore. Bromberg y Schore colaboraron y desarrollaron una gran amistad; y puede decirse que el primero llevó a la práctica clínica muchos de los aspectos neurobiológicos del segundo.

Portada de uno de los libros de Bromberg


El tema es complejo y no quiero abrumar al lector de tal manera que abandone el artículo en el tercer párrafo. Porque este blog, aunque lo siguen profesionales, tiene como prioridad divulgar el conocimiento científico relacionado con el apego, el trauma y la resiliencia y hacerlo digerible a los padres, madres y personas que no sean especialistas en psicología clínica y psicoterapia especializada. Por eso, voy a coger algunas ideas de Bromberg que me han parecido interesantes y útiles para ejercer la parentalidad terapéutica, las contaré de una manera sencilla -espero superar el reto porque Bromberg no es un autor fácil de entender y de aplicar- y comentaré su utilidad en nuestro trabajo diario con los niños y niñas.

Un proceso de regulación interactiva

La diada madre (cuidador) niño o niña es fundamental, y la "sincronía afectiva" (Schore, 2011) que se establece entre ambos durante los dos primeros años de vida es muy importante porque conduce al bebé a aprender a regular los estados internos altamente desregulados. Para que esta regulación interactiva sea eficaz, “la madre debe de modular los grados de estimulación excesivamente altos o bajos que inducirían en el niño niveles de activación sobre elevados o excesivamente reducidos. Funciona como una matriz interactiva en la que ambos interlocutores equiparan sus estados y de forma simultánea ajustan su atención social, la aceleración y la estimulación de la activación en respuesta a las señales del interlocutor”. (Schore, 2011)

Parece ser que el sentido de un self (sentido de quién soy yo, de mí mismo) "fluido y firme al mismo tiempo, depende de hasta donde se haya logrado la capacidad para la regulación y la competencia afectiva" (Schore, 2011). Esto proporciona unos fundamentos estables para la regulación emocional.

Cuando un bebé es maltratado física o emocionalmente, esta regulación interactiva ya no ayuda al bebé a manejar la activación interna, sino que se produce una inundación (un tsunami, en palabras de Bromberg) que afecta a todo el hemisferio derecho (predominante durante los tres primeros años de vida y sede de ese protoself fluido y a la vez estable) y que genera una ruptura en la continuidad de dicho self. Esto se experimenta como estados "no-yo" (en palabras de Bromberg, 2011) y el bebé lo vive como rupturas en la conexión con la figura de apego que hacen que entre en disociación. Para Schore (2011), la disociación “más que una alteración de procesos mentales, implica una desconexión mente-cuerpo” "La defensa disociativa, esa desconexión, supone el último intento del niño/a para bloquear el dolor emocional". 

Para entender estas rupturas en el sentido fluido y firme de uno mismo (el self) yo me imagino una orquesta bien sincronizada y armonizada que, de repente, entra en emitir, durante un tiempo, sonidos estridentes, duros (como el recuerdo del trauma) o a destiempo. No parece la orquesta de siempre. Eso es el sentido del "no-yo". No te reconoces. O como una película antigua de celuloide que avanza de manera continua a 24 fotogramas por segundo para, de repente, empezar a verse entrecortadamente; o verse en blanco, o a trozos sueltos y delavazados, para luego recuperar la continuidad y volver a visionarse a 24 fotogramas por segundo.

Fijaos en la "mala entrada" de esta orquesta, como ese estado "no-yo" inicial es "recuperado" por la reparación del director:

Una orquesta entra mal

Si volvéis a ver el vídeo del experimento Still face, creo que entenderéis mejor este concepto. Cuando la mamá del vídeo ayuda al bebé a manejar los estados internos (a través del lenguaje no verbal, hemos de resaltar que esto sucede en una etapa en la que el niño o niña no puede simbolizar estas experiencias a través del lenguaje, quedan grabadas en el hemisferio derecho, son subsimbólicas) ambos son un sistema de regulación mutuo, interactivo, y pleno de disfrute. Cuando la mamá congela la cara y desaparece de la diada, el niño se queda sin la figura “sabia y fuerte” que decía Bowlby, para comunicar y sostener las emociones. Queda en el vacío, y esto produce dolor y ruptura en esa continuidad estable que proporciona el cuidador al infante, fundamental a esa edad. Con lo cual el bebé sufre una inundación de afecto altamente desrregulado que le conduce, tras la protesta, a la disociación como defensa de algo abrumador. Si se repite de manera continuada en el tiempo y no hay reparación, la sombra de ese tsunami le perseguirá siempre, y la posibilidad de caer en estados disociativos es alta.

Experimento del "Still face"


Consecuencias de la disociación

Como dice Schore (2011), si bien es una defensa eficaz (por eso la disociación nunca se elimina en ambientes desprotectores, porque el niño/a la necesita para sobrevivir), a largo plazo “impide la exposición a experiencias potenciales de aprendizaje relacional, implícitos en los contextos intersubjetivos íntimos que son necesarios para el crecimiento personal”. Aquí tenéis, padres y madres adoptivos y acogedores, una de las causas por las cuales es tan complicada la crianza de nuestros niños y niñas: el "bloqueo de los cuidados" (del que habla Hughes, 2019) y que no es otra cosa que la entrada del niño o niña en disociación, cuando empieza a comportarse de maneras en las que rechaza o incluso ataca a las personas que ahora le quieren ayudar con afecto y límites. Mientras no se trabaje la disociación, todos y todas a una, será complicado que el niño o niña salga de ahí. El o ella se defenderá así cuando perciba en su interior que se acerca la sombra de la devastadora ola que sufrió en su interior cuando nada podía entender ni manejar. Esto es importante como padres y madres. Hay que tenerlo presente porque ayuda mucho a no tomarlo como algo personal. La ruptura en el sentido de uno mismo es una experiencia terrible. 

Cómo sabemos que un niño/a entra en estados no-yo

A partir de los cinco o seis años, muchos padres y madres adoptivos y acogedores que criais a niños o niñas de esta edad, sabéis de qué estoy hablando. Lo vivís -y a veces sufrís- en vuestras carnes, incluso los y las que -la gran mayoría- ejercéis una parentalidad suficientemente buena y competente. Los niños y niñas realmente no quieren comportarse así, pero la fuerza de lo que internamente vivieron (tsunami) es tan fuerte y desrreguló tanto su hemisferio derecho que no pueden evitar pasarlo al acto. Es lo que técnicamente Bromberg y Schore (2011) llaman en inglés los enactment (enactuaciones o pasos al acto) Fijémonos bien que antes de la palabra “actuaciones” está el prefijo “en”, para enfatizar que el adulto contribuye también sin quererlo o queriendo, a que estas enactuaciones empeoren, aumenten o disminuyan. Estamos en una matriz relacional donde el papel del adulto como figura reguladora y reparadora es fundamental. “La disociación patológica, una defensa primitiva contra los afectos abrumadores, es una característica clave del trastorno del apego reactivo en la infancia, trastorno por trastorno maltrato infantil, trastorno por estrés postraumático…” (Schore, 2011) Con estos enactment los niños y niñas y los adultos nos comunican esos estados subsimbólicos “no-yo”. Los síntomas del trastorno sugieren esa comunicación; por ejemplo, algunos de los síntomas: frialdad y distanciamiento afectivo; conducta violenta; no sentirse íntimamente ligado a nadie; inestabilidad emocional alta; hacer daño al otro, incluso intencionadamente; quedarse como congelado durante tiempo; combinar épocas de alta intensidad en la actividad diaria con épocas de apagamiento y falta de energía; indiscriminadamente afectuoso con las personas o, por el contrario, inhibición y aislamiento; conducta antisocial (robos, mentiras, engaños, inventarse historias que son reales en su imaginación, pues esta se confunde con la realidad); déficit en la capacidad de permanecer de manera autónoma y adecuada a la edad; no recordar aspectos de lo ocurrido y fácilmente tener olvidos y amnesia; frecuentes e intensas quejas somáticas; hablar de uno mismo en tercera persona. 

La violencia de un niño/a, sobre todo la súbita o desproporcionada, 
sin motivo aparente puede ser la expresión de un estado "no-yo"


Algunos apuntes sobre cómo contribuir a la reparación y favorecer un proceso de recuperación positivo

No podemos decir que no existe remedio ni sanación para estos niños y niñas. Podemos aspirar a la adaptación (a que esquiven "el destino fatal", como diría Cyrulnik, 2020) y en algunos casos a la sanación (superan lo traumático y se abren al amor, al vínculo y la integración de los estados disociativos, Hughes, 2019) Muchas veces, las etiquetas diagnósticas, mal usadas, perjudican mucho porque no nos ayudan a que veamos posible una mejora. He visto, en casi mis treinta años de carrera profesional, evoluciones hacia la fatalidad, pero también recuperaciones increíbles en niños y niñas a los que se les había sentenciado. “Es un psicópata” “No hay nada que hacer” “Ingrésalo en un centro”- se dice de ellos y ellas. Un día dedicaremos una entrada a explicar cómo contribuimos a conseguir evoluciones adaptativas, a largo plazo, en chicos y chicas muy dañados y sentenciados desde niños/as al estigma de la no recuperación, tomados por unos indeseables. No quiero engañar a nadie: han sido evoluciones que han evitado lo peor, las peores consecuencias en estos chicos y chicas: que terminen autodestruyéndose. Y han requerido mucho trabajo de manera continuada, pero ha sido posible. La clave: no tirar la toalla. 

Lo primero, hay que detectar el problema cuanto antes. Si se detecta la disociación patológica cuando se es muy pequeño/a, lo primero y más urgente es proporcionar a ese bebé o niño/a pequeñito/a un entorno de cuidados y reparación interactiva adecuado, con unos padres adoptivos o acogedores bien apoyados, formados y con sus propias infancias sanadas. Personas maduras y estables emocionalmente, fuertes y seguras. Y hasta que no haya un cambio real en las personas que favorecen y causan los estados disociativos, no tener contacto con esos adultos es clave; porque su presencia y modo de interactuar consolida neurobiológicamente el trauma en el cerebro. Recordar, como dice Rafael Benito, es reconsolidar. Lástima que no prime el derecho de los niños/as a ser neuroprotegido, por muy padres que sean. 

Si se detecta más tardíamente (suelen ser niños y niñas con muchas historias de rupturas de contextos de cuidado, con antecedentes tempranos de figuras de apego que les han dañado en forma de maltrato y abandono extremo, y que después han sufrido el síndrome del peloteo, tan perjudicial, del que habla Jorge Barudy, 2005), lo prioritario es que se les proporcione un contexto de cuidados lo más estable posible, con las figuras parentales o educadores conscientes del origen y naturaleza del problema. La reformulación de los síntomas (Barudy y Dantagnan, 2005) es imprescindible, porque las lecturas comportamentales llevan a ciclos de conducta negativa+consecuencias que sabemos que no reparan porque el niño o niña no aprende de la experiencia, la disociación crónica lo impide. 

Juntos seremos más fuertes que la sombra del tsunami


Estos cuidadores han de pedir ayuda profesional especializada. Sabiendo y siendo conscientes de que espera un trabajo largo, arduo y lento. Todos (padres o referentes del niño o niña, traumaterapeuta, tutor escolar, psiquiatra y otras personas significativas) seremos la poderosa red que se entretejerá en torno al niño/a para ayudar a regularse y sostenerle. Es clave que este equipo tenga experiencia en trabajar juntos, sobre todo el traumaterapeuta y el psiquiatra, que compartan un lenguaje y un marco común de intervención. En nuestro caso, la ©Traumaterapia infanto-juvenil sistémica de Barudy y Dantagnan nos ha dado excelentes resultados, por su modelo comprensivo y adaptado al sufrimiento de los niños y niñas. Los padres o cuidadores reciben ayuda especializada, pues la necesitan, tanto porque ellos son protagonistas co-terapeutas como porque necesitan espacio propio de cuidado. 

En la traumaterapia llamamos bloque I al primer bloque de trabajo que busca, sobre una buena base de cuidados, que podamos ayudar al niño/a a "recuperar un estado de bioregulación basal" (Barudy y Dantagnan, 2005); estimular la capacidad de autobservación, para de ahí progresar a la autoconciencia; trabajar la sintonización con sus estados internos y finalmente potenciar desde la corregulación, la autorregulación. Es un trabajo que puede llevar unos cuantos meses, quizá años, y en el que la farmacología juega también un papel coadyuvante.

Para ayudar al niño/a a abordar estos estados "no-yo", disociativos, nos iremos moviendo entre la seguridad y la confrontación (autoridad calmada pero firme), que dice Bromberg (2011). En el marco de la traumaterapia, en la sala de valientes, la psicoterapia especializada supone un cambio de paradigma de lo que como profesionales estamos acostumbrados a hacer. Como dice Schore (2011), de poner énfasis en los contenidos y en las interpretaciones, hemos de subrayar los procesos y ayudar a que las experiencias terapéuticas susciten la emoción en el niño/a y podamos desde ahí -y desde un inconsciente relacional (Schore, 2011) presente en las sesiones-, ayudar al niño/a a que la sombra del tsunami (lo traumático: el terror, la vergüenza, la humillación… sufridas, tan terribles) pierda fuerza, porque hay un tercer elemento (la relación) que es más fuerte que esa sombra. Ponemos más énfasis en el afecto que en las cogniciones, y las técnicas pierden fuerza o quedan supeditadas a las experiencias y lo relacional. Al final la psicoterapia debe ofrecer al niño/a experiencias que pueden modificar el cerebro afectado por el trauma y favorecer su integración desde abajo hacia arriba (Benito, 2020)

Dice Bromberg (2011): "El enactment es un evento disociativo compartido. Se trata de un proceso de comunicación inconsciente que se dirige a aquellas áreas de la experiencia del self del paciente donde el trauma, (ya sea del desarrollo o de inicio en la edad adulta) ha afectado, en un grado u otro, la capacidad de regulación del afecto en un contexto relacional, y por tanto, al desarrollo del self al nivel del procesamiento simbólico de pensamiento y lenguaje. Por lo tanto, una dimensión central de la utilización terapéutica del enactment es aumentar la competencia en la regulación de estados afectivos, lo cual requiere que la relación analítica se convierta en un lugar que permite el riesgo y la seguridad al mismo tiempo – una relación que permite la dolorosa reexperimentación del trauma temprano, sin que el revivir sea solo una ciega repetición del pasado. Es, en el mejor de los casos, una relación que he descrito como “segura pero no demasiado segura” (Bromberg, 2011), con lo cual me refiero a que el analista está comunicando tanto su constante preocupación por la seguridad afectiva del paciente, como su compromiso con el valor del inevitablemente doloroso proceso de reexperimentar". Así conseguiremos reducir el tsunami.

Por eso, la sintonización con los estados internos y ayudar al niño/a a reconocer e identificar esos momentos "no-yo" y ofrecerle reparación interactiva, se convierten en elementos clave a menudo no considerados en la psicoterapia. Del mismo modo, los padres o cuidadores, de la mano del profesional, bien guiados, aprenderán a reconocer las disociaciones, para en el conflicto que surja, mantenerse con consistencia, pero a la vez no abandonando y estando presentes para que el niño o niña no sea devorado o arrastrado de nuevo por la sombra del tsunami. Juntos, niño y niña y figuras de apego, podremos con ello. 

Esta es la esperanza, que puede ser real. 

Para concluir con algo bello, os ofrezco un bello escrito realizado por la psicóloga y traumaterapeuta sistémica Dolores Rodríguez, que refleja bellamente cómo es este proceso de estar presente para contribuir a la sanación de estos estados disociativos que son reflejo de la discontinuidad del self. No puede estar mejor expresado, tan bella y hondamente, como acostumbra a hacerlo Dolores, colaboradora habitual del blog. Creo que este poema refleja muy bien lo que Bromberg denomina salud mental: que el paciente pueda llegar a sentirse yo entre los yoes.

"Sin prisa, con pausas"
Dolores Rodríguez, psicóloga


-Sin prisa, con pausas-

Si pretendo mirar con mis ojos acostumbrados a la luz, 
no alcanzaré a ver lo que aguarda a ser visto en la espesa oscuridad.
Si aspiro a oír con mis oídos acostumbrados al ruido y a las voces,
no lograré escuchar a quien susurra en el silencio.

Junto a ti permaneceré en calma
mientras mis pupilas se adaptan a la ausencia de claridad, 
mientras mis oídos sucumben a la búsqueda de alguna voz en el silencio.

Sin prisa, con pausas. 

Y entonces,
lograré sentir tu miedo por abandonar la oscuridad,
pues en ella encuentras cobijo.
Se me rebelará tu resistencia a iluminar la habitación, 
pues en su penumbra te sientes acogido.
Comprenderé que no debo arrancarte de tu dolor,
pues de él obtienes abrigo.

Sin prisa, con pausas.

Invítame a transitar por tu laberinto interno,
por tenebroso que pueda parecer.
Permíteme acompañarte por cada sendero,
por temeroso que pueda parecer sentir mi compañía.

Sin prisa, con pausas. 

Nos detendremos en cada rincón agrietado por el dolor,
un dolor vivido en soledad, 
protegido por la oscuridad. 
Sentados a su vera,  
nuestra respetuosa presencia dará voz a ese dolor, a tu dolor,
liberándolo de la soledad,
sintiéndose acompañado en la oscuridad.

Y entonces,
tu ira, tu tristeza, tu llanto aflorarán con fuerza desde lo más profundo de tu ser, 
abriéndose camino desde una solitaria penumbra,
logrando alcanzar la claridad que aporta la presencia del otro frente a nosotros, 
frente a nuestro dolor, 
velando por él,
quebrando la eterna soledad que te mantenía en esa inmensa oscuridad.

Sin prisa, con pausas



REFERENCIAS

Barudy y Dantagnan (2005). Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa. 

Benito, R. (2020). Bases neurobiológicas y desarrollo en la infancia y la adolescencia. Madrid: El Hilo Ediciones.

Bromberg, P. (2011). La sombra del tsunami y el desarrollo de la mente relacional. Madrid: Ágora relacional.

Cyrulnik, B. (2020). Escribí soles de noche. Literatura y resiliencia. Barcelona: Gedisa.

Hughes, D. (2019). Construir los vínculos de apego. Cómo despertar al amor en niños profundamente traumatizados. Barcelona: Eleftheria.

Schore, A. (2011). Prólogo. En La sombra del tsunami y el desarrollo de la mente relacional. (pp 18-55). Madrid: Ágora relacional. 

sábado, 12 de noviembre de 2022

El acogimiento familiar hoy: recuperación del trauma en el presente y esperanza para el futuro, por Cristina Herce Sellán, psicóloga

 

Cristina Herce Sellán

Psicóloga y co-directora del Centro Lauka

Título de la conferencia: 
El acogimiento familiar hoy: recuperación del trauma 
en el presente y esperanza para el futuro

Os ofrecemos el vídeo con la grabación de la conferencia pronunciada por Cristina Herce Sellán*, psicóloga del Centro Lauka, co-responsable del programa técnico de apoyo al acogimiento familiar en la provincia de Gipuzkoa, España, junto con la Diputación Foral. 

La conferencia la pronunció el pasado día 9 de noviembre de 2022 desde el Palau Macaya de Barcelona, invitada por la DGAIA (Dirección General de Atención a la Infancia y Adolescencia de Catalunya) a través de su Directora General, Ester Cabanes. 

Es una magnífica síntesis entre neurociencia, protección a la infancia y parentalidad terapéutica en acogimiento familiar, además de un valiente ejercicio de activismo en favor -como ella dice- de nuestros verdaderos clientes: los niños y las niñas, pensando valientemente en ellos y ellas y su superior interés.

Una conferencia unánimente aplaudida que los y las que no tuvisteis oportunidad en su día podéis seguir cómodamente desde vuestros dispositivos electrónicos en el lugar que gustéis. ¡No os la perdáis, en especial todas las familias acogedoras que seguís el blog!


*Licenciada en Psicología por la Universidad del País Vasco. Máster de Terapia Familiar y de Pareja. Diplomatura E.P.U. sobre Asesoramiento en Materia de Adopciones por la Universidad de Valencia. 1ª Promoción del Curso de especialización en Psicotrauma para la Intervención con Víctimas de Malos Tratos a la infancia impartido por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Socia fundadora de Lauka Centro de Estudios e Intervenciones Psicológicas que desde 1995 desarrolla el Servicio de Apoyo Técnico al Acogimiento Familiar bajo contrato con la Diputación Foral de Gipuzkoa.

lunes, 31 de octubre de 2022

"Terapia avanzada de la caja de arena", de Homeyer y Marshall, un excelente libro traducido y editado por Desclée de Brouwer

 

Terapia avanzada de la caja de arena
Linda Homeyer y Marshall Lyles


Nuevo libro

Para adquirirlo, haz click en este enlace:


Para que os hagáis a la idea de las novedades que aporta este libro, os copio aquí el prólogo que he escrito, ha sido todo un honor ejercer de opening act de dos grandes como Homeyer y Marshall.

PRÓLOGO

Redacto entusiasmado el prólogo de este excelente libro titulado: Terapia avanzada de la caja de arena, cuyos autores son Linda Homeyer y Lyles Marshall. Una gran obra cuya lectura acabo de concluir y que me ha dejado una sensación y opinión muy favorables, porque realmente hace nuevas contribuciones y aportes significativos a la terapia con la caja de arena. En algunas ocasiones nos ocurre que, al terminar la lectura de un libro de psicología, no nos quedamos demasiado satisfechos, porque nos deja una impresión como de déjà vu. Sin embargo, en este caso, no ha sido así. Al contrario, los autores hacen honor al título y, en efecto, nos presentan los nuevos avances en esta terapia tan fascinante que es la de la caja de arena. Para los que se acerquen por primera vez al tema, este abordaje terapéutico consiste básicamente en proveer a un paciente de una caja de plástico o madera cubierta de arena hasta aproximadamente la mitad de su cabida (se ofrece tanto arena húmeda como seca) y de una estantería con miniaturas que «simbolizan los seres animados e inanimados que pueblan el mundo interno y externo de las personas» (Rae, 2013). Y sin más reglas que guardar silencio y no arrojar la arena fuera del recipiente, estas tienen total libertad de hacer lo que deseen, es un espacio «libre» y «protector» (Kalff, 1980). Como la misma Linda Homeyer ha afirmado: «la caja es más que un contenedor de la arena, es un contenedor de la psique» (Homeyer y Sweeney, 1998). 

Un libro hace que miremos quién o quiénes son sus autores. Conocerlos y saber de ellos nos otorga confianza porque nos informamos sobre su carrera, trayectoria y pericia en la materia. En este caso, ellos son expertos en el ámbito que nos ocupa. A Linda E. Homeyer la conozco sobradamente porque su libro Sandtray Therapy. A practical Manual es una referencia clave en la literatura especializada y me sirvió como base para escribir Construyendo puentes. Ni más ni menos que treinta años de experiencia acumula Linda Homeyer como terapeuta de juego. Ella es terapeuta sandtray y profesora emérita en la Universidad de Texas y está semi retirada, pero, como vemos, aún escribe. Lyles Marshall es consultor certificado en terapia EMDR y tiene veinte años de experiencia como consultor. Ambos autores trabajan en el estado de Texas, en Estados Unidos.

Esta obra nos ofrece novedades en el uso de la caja de arena y, además, muy reveladoras porque los autores realmente hacen crecer este ámbito del trabajo terapéutico especializado que es la terapia con la bandeja de arena; y fomentan su desarrollo y aplicaciones porque profundizan en cuestiones y aspectos que hasta ahora no les habíamos prestado demasiada atención y que son relevantes. Un libro sobre psicología -concretamente sobre psicoterapia- merece la pena que forme parte de nuestra biblioteca cuando se constituye en un recurso muy útil, tanto porque fundamenta sus técnicas, es decir, se sustentan en un modelo, como porque ofrece un buen número de aplicaciones y propuestas de trabajo válidas y beneficiosas para el tratamiento de los pacientes. Cuando un libro lo tenemos in mente y recordamos en qué lugar lo hemos dejado -nos ofrece seguridad consultarlo porque encontramos respuestas-, entonces ese libro se nos hace necesario. Se convierte en la clásica obra de psicoterapia que comentas con tus colegas de profesión en los encuentros que tienes con ellos y se lo recomiendas vivamente. Pues bien, Terapia avanzada de la caja de arena es de este tipo de libros. 

Cuando el director editorial de Desclée de Brouwer, Manuel Guerrero, me pidió opinión sobre traducir o no este libro al español, tras mirar con detenimiento el índice y hojear algunos capítulos no lo dudé. Tras terminar su lectura -la cual no pude parar hasta concluir- le escribíratificándome en lo acertado que era que colegas de habla hispana pudiéramos disponer de este libro en nuestra lengua. Así pues, le damos la más calurosa bienvenida al mismo. En este prólogo desgranaré por qué considero que es necesario hacerse con él.


Vídeo donde se resume lo esencial de la terapia sandtray

Primero, desde mi conocimiento ya experto de la caja de arena, he de decir que la propuesta que Homeyer y Marshall nos hacen es dentro del ámbito del sandtray y no del sandplay. Para el lector menos familiarizado con esta terapia, le recordamos que el sandplay es un acercamiento genuinamente analítico, el uso del cajón de arena tal y como lo desarrolló Dora Kalff, analista y discípula del psiquiatra suizo Carl Jung. El sandtray, en cambio, supone una visión más amplia y dentro de ella se incluyen un conjunto de metodologías diversas de trabajo con la caja de arena. Sin dejar de respetar y honrar el origen y mantenimiento de los principios básicos del sandplay, los autores amplían el foco y nos proponen un abanico enorme y rico de posibilidades de abordaje terapéutico con niños y adultos utilizando la caja de arena y las miniaturas, en base a muy diferentes métodos y dirigido a distintas poblaciones de pacientes. Además, su propuesta de sandtray la fundamentan en diferentes modelos teóricos como lo son el modelo neurosecuencial de Bruce Perry (2017); la teoría del apego (Bowlby, 1989); los modelos terapéuticos informados por el trauma y las aportaciones que el dominio de la resiliencia (Cyrulnik, 2003) nos brinda. Encuentro una gran coherencia entre el planteamiento teórico y metodológico de los autores y la manera que he aprendido de utilizar esta terapia y que he expuesto con detalle en los dos libros en español que los lectores interesados en este enfoque terapéutico conocen hasta la fecha: Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena y La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (en coautoría con Rafael Benito), ambos publicados también por la editorial Desclée de Brouwer. En ellos se dice sin ambages que todo abordaje terapéutico debe de descansar sobre la base de un modelo teórico que lo sustente. En este sentido, Homeyer y Marshall son de la misma opinión y proponen los marcos teóricos que ya hemos mencionado y sobre los que fundamentan el uso del sandtray. No en vano hay un capítulo en el libro dedicado a esto y titulado: La importancia de la teoría en la clínica e integración de las teorías sobre el desarrollo. En este capítulo nos aportan, además, otros enfoques terapéuticos de uso de la caja de arena -y a mi juicio menos extendidos y conocidos- como la terapia adleriana, el método Sátir y el centrado en solución de problemas. Y un método de valoración, desde la psicología evolutiva, del estadio de desarrollo del niño en base a la caja de arena desde el clásico autor Piaget

Segundo, Linda Homeyer y Lyles Marshall nos recuerdan que la caja de arena es un abordaje terapéutico basado en la evidencia. Estos años he asistido con no poca frustración a equivocadas afirmaciones de colegas acerca del estatus científico de la terapia con la caja de arena, catalogándola como pseudoterapia porque no está basada en la evidencia. Esta etiqueta que persigue a la psicoterapia no deja de ser un corsé muy férreo que constriñe el campo de lo que es o no es científico. Sin ánimo de entrar en discusiones epistemológicas, quiero recordar que la terapia con la caja de arena tiene un Journal y que existe amplia investigación al respecto, donde se pone en evidencia la eficacia de esta. Los autores de este libro se encargan de recordarnos y exponernos muchos estudios donde se ha demostrado la utilidad de la bandeja de arena como abordaje terapéutico. Pienso que esto es fundamental para que tanto los colegas como el público en general sepan que estamos ante una terapia que lleva más de cien años de aplicación. La caja de arena no es, pues, un invento de unos cuantos aficionados o diletantes, sino una terapia bien fundamentada y con un cuerpo de investigación a sus espaldas que la avala. En este sentido, los autores aciertan al presentarnos también las aportaciones de la moderna ciencia del cerebro al sandtray y para ello incluyen diferentes estudios en los que se demuestran aspectos tan interesantes como que el color azul con el que está pintada la caja de arena favorece la relajación de los pacientes; al igual que evidencias de que, efectivamente, el cerebro se transforma positivamente y se favorece la neuroplasticidad cuando trabajamos con la caja de arena. Esto no era tan nuevo para nosotros, porque en el libro de La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia, el co-autor Rafael Benito Moraga ya nos regaló un precioso e interesantísimo capítulo donde nos exponía con detalle qué ocurre en el cerebro cuando hacemos una caja de arena. En esta ocasión, Homeyer y Marshall se encargan de presentarnos los más recientes estudios sobre neurobiología de la caja de arena; lo cual considero importantísimo porque le otorga a este abordaje una gran evidencia empírica, ratificando que estamos ante un terapia con un poder sanador y transformador del paciente como ninguna otra, pues ofrecemos a este una vía de acceso a su cerebro/mente basada en la integración de la imagen, los pensamientos, las emociones y las sensaciones corporales; a la par que paciente y terapeuta se mantienen estrechamente conectados en el aquí y ahora seguros de la relación terapéutica y el espacio de la sala de la terapia.

Tercero, el planteamiento de uso de la caja de arena de Homeyer y Marshall es relacional, dándole una relevancia fundamental a la relación terapéutica y a que paciente y terapeuta se mantengan durante todo el proceso, como decimos, estrechamente conectados. Si en el libro La armonía relacional ya decíamos que este aspecto era lo más importante, y por ello lo pusimos como título, los autores de Terapia avanzada de la caja de arena refuerzan nuestra visión y señalan a esta experiencia de acompañamiento y conexión emocional -que puede ser reparada si sufre disrupciones- como lo más relevante de todo el proceso en sandtray. Accedemos de este modo a la memoria implícita y a ese conocimiento relacional implícito (Lyons-Ruth, 2008) que reside atemporalmente en aquella desde la conexión con el mundo en la caja; pero también y, sobre todo, desde la conexión paciente-terapeuta, que evoca el apego temprano y que puede ser sanado -si fue alterado- desde la validación emocional, el reflejo del terapeuta, las preguntas abiertas y respetuosas, el empoderamiento al paciente como experto en su caja y la seguridad de la relación terapéutica. El énfasis está puesto en esto más que en la interpretación de las escenas de las cajas (tarea que el paciente solo hace, acompañado del terapeuta, usando todos los componentes de la experiencia, después de que aquel sepa qué se experimenta haciendo una caja. Es algo que hay que vivir) y siempre tratando de co-construir una narrativa que désentido a sus experiencias presentes y pasadas, utilizando preguntas abiertas y no concluyentes. Es una co-interpretación, como ya hemos dicho en otro libro (Gonzalo, Cáseda y Benito, 2021).

Esta obra tiene muchas más novedades, por eso se convierte en un imprescindible. A continuación, me centraré en presentar estas y lo haré siguiendo el índice del libro, ya que me parece la forma más lógica y fácil de seguir para el lector.


Dora Kalff explica la terapia de los mundos en la arena

En el primer capítulo, Homeyer y Marshall nos exponen el origen de este abordaje. Los autores recopilan el estado del arte en la materia, es decir, hacen una revisión exhaustiva de los principales protagonistas de la terapia con la caja de arena, rescatando la figura de su inventora, Margarett Lowenfeld, como la principal autora, pues con ella comenzó todo. Poner en valor a la creadora de este enfoque y asistir en este capítulo al relato de cómo ella fue dándole forma y diseñando de la mano de los niños esta terapia, es una delicia. Pero la gran novedad estriba en que los autores nos dan a conocer las aportaciones no sólo de terapeutas más conocidas como Dora Kalff, sino de otras también relevantes y que han hecho excelentes contribuciones en el desarrollo y consolidación de este abordaje y que no suelen ser tan mencionadas: De Domenico, El método Erika, el The Dramatic Productions Test, las aportaciones de colegas australianos a través del Emotional Release Couselling; hasta la propuesta de una revolucionaria y moderna aplicación llamada Virtual Sandtray App, desarrollada por Ewin y Stone, lo cual nos sugiere que el sandtray entra de lleno en el siglo XXI y que no puede ser ajeno a la influencia de las nuevas tecnologías, a cómo llevar parte de esta terapia a este ámbito. En este sentido, creo que lo más importante es no perder la esencia de lo que su creadora nos transmitió: el paciente es el experto de su creación. Y que es una experiencia kinestésica y sensorial, lo cual las aplicaciones no pueden aún proporcionar; aunque no por ello pueden tener cierta utilidad en determinadas circunstancias y con personas concretas.

En el capítulo segundo, los autores centran sus esfuerzos en subrayar, como ya hemos dicho anteriormente, que se trata una terapia basada en la evidencia, dejando claro que la investigación comienza hace 100 años, cuando Margarett Lowenfeld desarrolla este abordaje. Un buen número de estudios y varios metaanálisis -uno muy reciente del año 2021- se incluyen en este capítulo para poner de relieve que los estudios sobre sandtray crecen día a día. La conclusión general de estos es que esta terapia es un método eficaz de tratamiento con niños y adultos y puede utilizarse para una muy diversa variedad de trastornos, abarcando tanto los internalizados como los externalizados, y para los síntomas del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad-Impulsividad). Así pues, espero que los diferentes colegios profesionales de la psicología tomen nota, así como las facultades de psicología, donde la caja de arena aún hoy en día es inexistente en los programas temáticos de la asignatura de psicoterapia.

En el tercer capítulo, Homeyer y Marshall profundizan en un aspecto en el que nos aportan suculentas novedades, que personalmente no había considerado con la suficiente relevancia hasta que ha aparecido este manual: los materiales, los cuales son explorados en profundidad en el libro. Los autores analizan exhaustivamente los tipos de bandejas a tener (de plástico y madera, ambas pueden ser útiles) en la sala de terapia y el tamaño de estas -hasta ahora me posicionaba en una ortodoxia en cuanto a una determinada dimensión métrica de la bandeja-, que puede variar según la intención terapéutica que persigamos, y ello es argumentado cuidadosamente por los autores. Otros elementos que hasta la fecha no habíamos considerado, como son disponer de bordes externos en las cajas para contar con espacio adicional para colocar elementos que puedan habitar en esa zona, tienen su papel en el mundo en la arena; asícomo disponer de algún gancho que nos permita situar símbolos en el aire, tales como aviones, sol, nubes… que algunas veces han salido a colación en los talleres de la caja de arena, y para los que no había una respuesta tan clara como la hay ahora. 

Siguiendo con los materiales, los autores se detienen en la arena y nos llaman la atención sobre la elección cuidadosa de esta, dándonos a conocer los tipos de arena existentes (en su composición y color) y los usos terapéuticos, además de detallar cuáles son los beneficios neurobiológicos de la arena. La intuición que Margarett Lowenfeld y otros autores tuvieron sobre que la manipulación de la arena con las manos dentro del cajón relajaba el self y preparaba al paciente para crear el mundo, se corrobora en recientes estudios de neuroimagen cerebral. 

Asimismo, otro asunto al que no le he dado nunca excesiva relevancia -aunque sí habíamos hablado de él en los talleres de la caja de arena, pero no teníamos respuesta, porque al menos yo no conocía nada sobre el particular- es al orden de colocación de las miniaturas e ítems en las estanterías. Sí era consciente de que se puede producir un sesgo en función de lo que el paciente tenga como preferente en su campo visual y que puede tender a elegir unas miniaturas más que otras, simplemente porque las ve antes, ignorando el resto. Me limitaba a animar al paciente a que mirara la estantería completa, y eso es lo que transmitía a los alumnos en los talleres. Sin embargo, esto cambia a partir de este libro. Los autores sugieren no sólo tratar de controlar este factor, sino que además plantean un orden de colocación de las figuras en la estantería de acuerdo con cómo el cerebro realiza la lectura (de izquierda a derecha, de arriba a abajo), argumentando por qué unas miniaturas e ítems deben estar en las zonas superiores de la estantería y otras en las inferiores. 

Llegamos al capítulo quinto donde los expertos dedican este a lo que hemos comentado en párrafos anteriores: la importancia nuclear de contar con un modelo integrador. Considero que esto es crucial, y es algo en lo que, en mis libros anteriores, y coincidiendo con Homeyer y Marshall, he puesto mucho el acento, de tal modo que mi propuesta la fundamento en el Modelo de Traumaterapia de Barudy y Dantagnan (Barudy y Dantagnan, 2017), como sustento teórico, precisamente porque este está basado en los mismos dominios en los que se basan los autores de este libro: la teoría del apego, el trauma, la mentalización y la resiliencia, proponiendo seguir un orden neurosecuencial (Perry, 2017) en la aplicación de toda la terapia; porque el cerebro sigue este mismo orden en su desarrollo, y cuanto más se aproxime aquella a replicar el mismo, más cerca estaremos del éxito terapéutico con el paciente. Precisamente en este capítulo Homeyer y Marshall incluyen una excelente y útil tabla donde, en base al modelo neurosecuencial de Bruce Perry, podemos saber qué área del cerebro estamos trabajando; cuáles son los síntomas clínicos; el dominio funcional -cuál es la funcionalidad que perseguimos, por ejemplo, favorecer la regulación emocional- y una propuesta de ejemplos de temas y actividades a hacer con la caja que potenciarían todo esto. Es una herramienta verdaderamente muy útil y muy bien fundamentada, que nos permite saber qué estamos haciendo y además hacerlo con base neurobiológica. La propuesta de estos autores se alinea y está en total congruencia con la que expuse en La armonía relacional; y esto es de agradecer porque nos ratifica en que autores tan prestigiosos como Homeyer y Marshall están recurriendo a las mismas fuentes epistemológicas. Finalmente, terminan este capítulo poniendo el acento en la necesidad de trabajar con la persona del terapeuta y explican con gran detalle y de manera práctica cómo hacerlo. Justamente esta necesidad de que el terapeuta se forme y experimente y se trabaje su propia persona e historia de vida usando la caja de arena, ha quedado enfatizada en el último libro que he publicado -junto con otros colegas- titulado Traumaterapeutas en la caja de arena. Observo que ambas propuestas coinciden y esto nos ratifica en que nos movemos por territorios epistemológicos comunes. 

Avanzamos hacia el capítulo sexto y aquí nos encontramos con importantes novedades que cambian nuestro modo de entender la caja de arena con determinadas personas. El capítulo trata sobre la neurodiversidad y el uso de la caja de arena con personas pertenecientes a esta población. Hasta ahora, con personas que se incluyen en el ámbito de la neurodiversidad, como las que presentan trastorno del espectro autista, la recomendación era, en general, de no utilización de esta terapia debido a las dificultades que estas personas tienen habitualmente con la teoría de la mente, las ficciones de imaginación y la tendencia rígida a repetir obsesivamente determinadas temáticas. El hecho de que el mundo interno y el mundo externo no estén diferenciados en estos pacientes contraindicaba el uso de esta terapia. No obstante, Homeyer y Marshall tienen nuevas perspectivas y nos proponen que, con las debidas cautelas y previa valoración psicológica, el sandtray se pueda utilizar con ellas con determinados fines. Nos dan a conocer un protocolo reciente creado por el autor Grant de uso de la bandeja de arena con estas personas, dirigido a que desarrollen el concepto de pretend play (juego de pretender ser) y el desarrollo de habilidades comunicativas y sociales. Del mismo modo, los autores plantean el uso del sandtray con otra población de personas neurodiversas, como lo son las que sufren demencia, ámbito para el que nunca había pensado que la bandeja de arena pudiera usarse, mostrándonos un programa desarrollado por un autor llamado Peters

Los capítulos que vienen a continuación, el séptimo, el octavo y el noveno, se adentran aún más en los dominios en los que se sustenta y sobre los que puede usarse la caja de arena para ayudar a los pacientes: en el capítulo séptimo, Homeyer y Marshall nos muestran cómo los materiales y los procesos de la caja conectan con los constructos de la teoría del apego. Tras exponer los conceptos principales de esta teoría, los autores de este libro nos llevan de la mano para que conozcamos junto con ellos cómo se trabaja con los pacientes con la caja de arena y la teoría del apego, viendo las sinergias que se pueden producir. Porque la terapia sandtray, como ya avanzamos en el libro de La armonía relacional, tiene el privilegio de que externalizamos las imágenes -a través de las miniaturas- que habitan en el hemisferio derecho del cerebro y estableciendo la distancia óptima con el paciente, podamos conectar con las partes internas de nuestra mente, mientras obtenemos soporte emocional del terapeuta para crear nuevos significados. El sandtray posee como ningún otro abordaje terapéutico la capacidad para acceder al modelo operativo interno de las personas (Bowlby 1989) y mediante el uso de la función reflexiva, recalificar estos modelos a la luz de los recursos que como adulto poseen los pacientes. Trabajar con la caja de arena invita a que emerja de manera amable el mundo implícito -la información de los recuerdos del apego temprano está codificada en la memoria implícita de un modo no verbal y sensorial- y que tome forma simbólica a través de las miniaturas y el relato que surgirá después. Realmente es un capítulo excelente, que desarrolla magníficamente cómo trabajar con estas memorias implícitas de las representaciones tempranas de apego, para las cuales parece haber sido creada la terapia sandtray.


Caja de arena de un niño ha sufrido trauma por abandono

El octavo capítulo se centra en el dominio trauma y, al igual que con el capítulo del apego, las primeras páginas se focalizan en darnos a conocer los desarrollos teóricos sobre este tema y los vínculos existentes con la neurociencia, pues el trauma es uno de los conceptos con más apoyatura neurobiológica. Homeyer y Marshall explican paso a paso y con detalle el protocolo de trabajo de sesión con un paciente que tiene una historia traumática, lo cual se agradece mucho porque es una guía que permite no perderse. La caja de arena puede trabajar las secuelas que el trauma complejo deja en el sistema nervioso de las personas, porque estas pueden visualizar sus patrones de respuesta autónomos a través de objetos y metáforas y mediante la historia que emerge; de este modo pueden entrar a conocer sus respuestas autonómicas. Otro capítulo brillante, riguroso, pero a la vez práctico, trufado de numerosos recursos para que los terapeutas trabajen los contenidos traumáticos de las diferentes partes del self fragmentado de estos pacientes.

Finalmente, los autores de esta obra, en el capítulo noveno, no podían obviar las contribuciones del modelo de la resiliencia, esa capacidad para rehacerse y crecer desde la adversidad que todas las personas tienen, si se encuentran con un entorno psicosocial de apoyo. Las cajas de arena, en la medida que muestran los recursos de los pacientes frente a estas adversidades, y si les envolvemos de una mirada autocompasiva, hacen que cuerpo y mente conecten y se produzca una reintegración resiliente (Puig y Rubio, 2011) de lo traumático vivido. El capítulo es completo porque explica qué es la resiliencia, la neurociencia y la resiliencia, el uso de la caja de arena para identificar la resiliencia -con resultados de investigación en diferentes lugares del mundo- y cómo desarrollar esta capacidad. Especialmente útil es el Test de Evaluación de la Resiliencia mediante la caja de arena, que ofrece indicadores claros de la presencia de elementos resilientes en las producciones en la arena de los pacientes. 

Otra de las grandes contribuciones de este libro es un amplio anexo con contenidos de trabajo prácticos que serán de gran utilidad al terapeuta sandtray. Aporta numerosas herramientas útiles que sin duda harán las delicias de los terapeutas sandtray, incluyendo las siempre necesarias direcciones para hacerse con miniaturas; cuestiones que a menudo suelen preguntar los profesionales que asisten a los talleres formativos de la caja de arena.

El libro cuenta muchas experiencias del trabajo clínico de los autores con la caja de arena -incluidas sus vivencias personales-, que denotan su gran pericia con la técnica. Está, además,explicado en un lenguaje claro y directo, con unos recuadros en los márgenes que permiten ir quedándose con lo fundamental de cada capítulo. La lectura resulta entretenida y ágil, y puede palparse la pasión de los autores por su trabajo, se percibe que ellos viven y sienten profundamente su labor terapéutica; y que saben de lo que hablan, no es un trabajo académico, sino que es puro reflejo del día a día con los pacientes. 

Imitando la expresión de los autores al acabar el libro, nuestro viaje en relación con el prólogo concluye aquí, compartiendo con Homeyer y Marshall la pasión que nos une por este fascinante, poderoso y terapéutico abordaje, capaz de ayudar a los pacientes como ningún otro, de una manera delicada y profunda, al autoconocimiento y sanación de las heridas emocionales personales. Espero haberos contagiado esta pasión y que, amigos lectores, os decidáis a que, en vuestra biblioteca, física o virtual, no falte este imprescindible libro que marca un antes y un después y que reactualiza la terapia sandtray y la coloca, decididamente y por derecho propio, en el siglo XXI entre las neuroterapias. Si Margarett Lowenfeld viviera, estoy seguro de que sonreiría de gozo al comprobar que lo que comenzó como rudimentario apparatus -así denominó ella inicialmente a la primera bandeja de arena-, ha logrado un espectacular desarrollo y ha tenido una enorme trascendencia y beneficio en la salud de tantas y tantas personas. 

José Luis Gonzalo Marrodán

Psicólogo Especialista en Psicología Clínica

Traumaterapeuta sistémico y Terapeuta sandtray


REFERENCIAS



Barudy, J. y Dantagnan, M. (2017). Prólogo. En La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia (pp.13-22). Bilbao: Desclé de Brouwer.

Benito, N., Cáseda, T., Gonzalo, J.L. y profesionales de la red apega (2021). Traumaterapeutas en la caja de arena. Una técnica para sanar las heridas emocionales de los profesionales que trabajan con niños. Madrid: Sentir Editorial.

Bowlby, J. (1989). Una base segura: aplicaciones clínicas de la teoría del apego Barcelona: Paidós Ibérica.

Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa.

Gonzalo, J.L. (2013). Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Benito, R. y Gonzalo, J.L. (2017). La armonía relacional. Aplicaciones de la caja de arena a la traumaterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Homeyer y Sweeney (1998). Sandtray Therapy. A practical Manual. Second Edition. NY: Routledge.

Kalff, D.M. (1980). Sandplay. A psychotherapeutic approach of the psyque. Santa Monica, CA: Sigo. A revision with a new translation of (1971) Sandplay: Mirror of a child´s psyque, San Francisco: Browser.

Lyons-Ruth, K. (2008). Contributions of the mother-infant relationship to dissociative, borderline, and conduct symptoms in young adulthood. Infant Mental Health Journal, 29: 203-218.

Puig, G. y Rubio, J.L. (2011). Manual de resiliencia aplicada. Barcelona: Gedisa.

Rae, R. (2013). Sandtray: Playing to heal, recover and grow. Jason Aronson: Plymouth.

lunes, 24 de octubre de 2022

Taller sobre "Resiliencia en el ámbito de la intervención psicosocial con los menores y sus familias", online 3 y 4 de febrero de 2023



Desde el Centro LMPSICÓLOGOS de HUELVA
CENTRO CANO PSICÓLOGOS de MADRID 

Para inscribirte, haz click AQUI


Os invitamos al taller de

RESILIENCIA EN EL ÁMBITO DE INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL CON LOS MENORES Y SUS FAMILIAS

Conductor del taller: 
José Luis Gonzalo Marrodán


Objetivos del Curso


Enriquecer las herramientas necesarias para intervenir con menores.

Conectar con los menores a través del hemisferio derecho.

Aprender a promomer los recursos de los niños y adolescentes para favorecer su resiliencia.


¿A quién va dirigido?


Dirigido principalmente a profesionales que trabajen con menores.

Como psicólogos, psiquiatras, educadores, trabajadores sociales, profesores, pediatras y otros profesionales afines.

Profesionales del ambito público o privado que trabajen con niñ@s que están en centros, adoptados y/o acogidos, en sanidad, educación y a todos aquellos que deseen incrementar sus herramientas para intervenir con niñ@s y adolescentes.


lunes, 17 de octubre de 2022

Presentamos las "Escalas de Conductas de Apego en la Infancia", por Vicent Prieto y Ana Albert

PRESENTAMOS LA PRIMERA PRUEBA EVALUAR CONDUCTAS DE APEGO INFANTIL

ECAI - ESCALAS DE CONDUCTA DE APEGO INFANTIL

Autores: Vicent Prieto y Ana Albert
Con prólogo de Maryorie Dantagnan y José Luis Gonzalo

Para adquirirlo haz click AQUÍ

Para Latinoamérica, puedes consultar un listado de distribuidores haciendo click AQUÍ



Publicado el ECAI, Escalas de Conductas de Apego Infantil, cuyos autores son Vicent Prieto y Ana Albert. Por fin Editorial Sentir publica el ECAI, prueba que apoyamos Maryorie Dantagnan y servidor, José Luis Gonzalo, escribiendo el prólogo. En la construcción y validación de este test, hecho con denuedo por dos expertos en el ámbito, muy cercanos a los niños y niñas, pues con ellos trabajan, han participado los mejores expertos en apego a nivel nacional e internacional, y cuyo listado figura en el libro.

Al fin contamos con un test de screening que puede ser un elemento coadyuvante en la detección temprana de los apegos inseguros y de los contextos familiares donde estos se producen.


«El ECAI es un hito en la historia de los instrumentos de evaluación psicológica puesto que es la primera vez que se editan unas escalas para medir conductas de apego en niños y niñas en edad escolar desde la particular visión de sus maestras»


Maryorie Dantagnan y José Luis Gonzalo


Psicólogos clínicos

Red Apega de profesionales

 

 


Gracias a Editorial Sentir por apoyar y publicar este trabajo, con ello demuestra su compromiso con la infancia y con la tarea de la prevención primaria, tan necesaria.

Presentación

La teoría del apego se está erigiendo como un nuevo paradigma comprensivo no solo de las personas con problemas emocionales y sociales, sino también de aquellas otras de cualquier edad, que llevan una vida emocional y socialmente adaptada. No se centra exclusivamente en lo patológico, sus principios son válidos para la comprensión profunda de todos los seres humanos.

Es hora de extender y aplicar sus aportaciones a ese espacio natural del desarrollo humano como son las escuelas, porque pueden tener un papel fundamental en la prevención de la violencia (incluida la de género), la delincuencia, las conductas autolíticas (incluido el suicidio) y en la aparición de muchos trastornos mentales. A tal efecto, el ECAI propone un «Nivel Estimado de Riesgo» de incurrir, en un futuro más o menos próximo, en alguna de estas situaciones, pero debe interpretarse como un mero indicador del grado de atención que necesita un niño o una niña de las instancias sanitarias, educativas y sociales para que pongan el máximo interés en implementar medidas que permitan revertir los patrones de apego inseguros lo más precozmente posible.

El ECAI es un instrumento dirigido a la identificación inicial de los cuatro tipos de apego (Seguro, Ambivalente, Evitativo y Desorganizado) a partir de los comportamientos observables en la escuela tanto en contextos formales (aulas) como informales (patio, fiestas, salidas extraescolares, etc.). Además, ofrece cinco niveles de intensidad para cada uno de ellos, lo que permite conocer cuál o cuáles de ellos son los dominantes en el momento actual y cuáles los secundarios.

A partir de los resultados obtenidos ofrece una propuesta fundamentada del grado de necesidad de derivación a psiquiatras y psicólogos clínicos especializados para que establezcan el correspondiente diagnóstico diferencial. La corrección telemática incluye, aparte de los resultados, un informe con un análisis básico de estos. Para acceder a la corrección telemática es imprescindible obtener los créditos desde www.editorialsentir.com.

«Ningún otro marco de investigación nos arroja más luz que la teoría del apego para comprender cómo llegamos a ser quienes somos»

 

David J. Wallin

 

Psicólogo clínico por el Harvard College

Doctor por el Wrigth Institute de Berkeley


El objetivo prioritario del ECAI no es otro que ayudar a conseguir un mayor bienestar a lo largo de todo el ciclo vital.

Sobre los autores

Vicent Prieto Rubio es catedrático de Orientación Educativa. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universitat Central de Barcelona), licenciado en Psicología (Universitat de València). Maestro de Enseñanza Primaria y de Educación Especial. Miembro de la International Attachment Network-España. Miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Pedagogos y Psicopedagogos de la Comunitat Valenciana, entre otros cargos.

Ana Albert Pérez es licenciada en Psicología (Universitat de València). Doctora en Psicología con una tesis doctoral titulada Evaluación del aprendizaje autorregulado: validación española del Motivated Strategies Learning Questionnaire en Educación Secundaria, con calificación cum laude. Máster sobre «Necesidades educativas especiales y atención temprana», de la Universitat Internacional de València. Es miembro de la International Attachment Network-España, entre otros méritos.