lunes, 2 de marzo de 2026

Enseñar a los niños/as a decir NO (Y la complacencia como defensa en el trauma complejo)

 ¿Por qué es importante que los niños aprendan a decir “no”?

Es necesario educar a los niños/as para que aprendan a respetar sus límites y los de los demás. Un niño/a que no aprende a decir “no” será complaciente y terminará la mayor parte de las veces comportándose de acuerdo con la expectativa de los otros. Desde el punto de vista del desarrollo emocional, la complacencia oculta mucha rabia reprimida que luego puede devenir en trastornos del estado de ánimo (la depresión puede ser ira volcada contra uno mismo); o puede expresarse en forma de ataques explosivos e inesperados de ira. 

Por otro lado, desde la óptica de la seguridad personal, un niño/a que no dice “no” puede ser influenciable y manipulable por personas desaprensivas, de tal modo que a la larga se convertirá en un adulto que se sentirá utilizado y nunca defenderá sus derechos ni promoverá su respeto y dignidad. Crecerá pensando que los derechos de los demás son más importantes que los suyos propios. Puede desarrollar un autoconcepto muy negativo y un sentimiento de poca valía. Además, si a los niños/as se les enseña la obediencia ciega a los adultos, si no se les dice que hay peticiones de un mayor que pueden ser injustas e incluso abusivas (hay que razonar con ellos sobre cuáles son estas peticiones), actuará conforme a la obediencia debida a la autoridad. Asumirá que los adultos le puedan maltratar y/o abusar como algo normal. Los niños/as tienen derechos y es necesario que se les diga cuáles son. Hay que enseñarles que existe la Convención de los Derechos de los Niños. 


Cuidado con la obediencia debida - Investigación cuyos resultados estremecen

NO DEJES DE VERLO


“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento de la investigación”.


Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)




Errores más comunes de los adultos…

El principal, el que acabo de comentar de la supuesta obediencia debida. Sólo por el hecho de ser niño/a eres invisible en cuanto a tus sentimientos y necesidades, en cuanto a tu valor como persona que eres. Es llevar hasta las últimas consecuencias la norma que les transmite a los niños/as: “te quedas con la persona X, ¡has de obedecerle en todo!” No. Hemos de explicar a los niños/as qué aspectos son los que no deben de obedecer y han de negarse: respeto a los cuerpos, hacer cosas que sientan que están mal, no tolerar insultos ni desprecios, poder hablar y expresarse con libertad, aprovecharse de ellos… Con ejemplos claros. 

Los adultos en seguida mandamos callar a los niños/as sin ni siquiera escucharlos antes de valorar una situación. Sobre todo, con aquellos infantes que previamente tenemos etiquetados como perturbadores u oposicionistas. Pensamos que como niños/as que son no saben, mienten por sistema, no reconocen sus errores y buscan salirse con la suya, sin ni siquiera atender a qué pueden sentir y pensar por dentro. El propio adulto comete otro error y es creer que el niño/a que se niega es un rebelde o un descarado. Cuando en realidad es una expresión sana. Los adultos deberíamos pensar qué le puede ocurrir internamente al niño/a para negarse y valorar (e incluso reforzar) que lo haga, porque es posible que tenga sus buenas razones. 

Lo primero que tenemos que hacer los adultos en pensar si estamos cómodos nosotros mismos diciendo “no” y defendiendo lo que pensamos y sentimos. Así seremos capaces de enseñarles a ser asertivos. Porque si los niños/as no aprenden a ser asertivos, el camino que les queda es ser pasivos y/o agresivos frente a los demás. 

La autoridad debe ser enseñada basándose en el respeto total a la integridad del niño/a, fundamentada en lo que se debe o no se debe hacer, en un razonamiento moral y en lo que es éticamente correcto. El adulto como figura mas fuerte pero por sabiduría. La disciplina inductiva es lo que debemos de promover en la educación de nuestros hijos/as y niños/as, que consiste en:

La disciplina inductiva es un modelo educativo centrado en la razón, la explicación y el diálogo, buscando que los niños/as y adolescentes comprendan las normas y las consecuencias de sus actos, en lugar de solo obedecer por miedo o imposición, fomentando así su autorregulación y autonomía a través del apoyo emocional y la autoridad razonada. Este enfoque se diferencia de la disciplina autoritaria (basada en "porque lo digo yo") y la permisiva, enfocándose en desarrollar habilidades internas para tomar decisiones correctas.

Características clave: 

Explicación de normas: Los padres explican el porqué de las reglas y los riesgos asociados, no solo las imponen.

Diálogo y consenso: Las normas se discuten y se llega a acuerdos, aunque la autoridad de los padres prevalece por su experiencia.

Apoyo emocional: Se acompaña de una relación de cuidado y protección, clave para adolescentes con TDAH, por ejemplo.

Foco en las consecuencias: Ayuda al niño a ver el impacto negativo de su conducta en sí mismo y en otros, promoviendo la reflexión.

Autorregulación: El objetivo final es que el individuo interiorice las razones y sea capaz de controlarse solo, volviéndose independiente de la autoridad externa.

Asimetría de roles: Los padres tienen autoridad y deben guiar, pero lo hacen de forma reflexiva y no coercitiva. 

¿Cómo se aplica?

Al corregir: En lugar de castigar directamente, se conversa sobre el acto, se exploran alternativas y se discuten las consecuencias para que el niño razone.

En la enseñanza: Similar a la educación inductiva, se presentan situaciones para que el niño/a descubra las reglas y el porqué de ellas.

En límites: Se negocian y se justifican, buscando la comprensión y el compromiso, no solo la obediencia ciega. 


Obligar a ciertas convenciones (por ejemplo, besar a un adulto por protocolo al saludar): los niños/as son personas y pueden decidir sobre sus cuerpos




Hay un cuento que se titula “Ningún beso a la fuerza”. Enseña a los niños/as que la expresión del afecto nunca se fuerza. Debe ser un acto de libertad para todas las personas, incluidas los niños/as, que son personas también. El respeto al propio cuerpo y a no invadirlo con acciones indeseadas por parte del otro es un potente mensaje que se le lanza al niño/a: “solo besas si lo deseas”. A los padres les diría que un niño/a que se niega a dar un beso a un adulto es un niño/a que promueve su propio autocuidado y respeto por sus límites. También les diría que fueran valientes y rompieran las convenciones sociales. Parece que si el niño/a no besa a un desconocido o a un vecino o familiar es un maleducado y no es así. La norma social nos dice que seamos educados y saludemos y no faltemos a nadie al respeto. Si un niño/a no quiere besar, no está siendo irrespetuoso con nadie. Simplemente él/ella tiene otros modos de saludar o la cercanía corporal no le gusta, excepto con quien él/ella quiere. Yo a los padres los animaría a reforzar esta conducta, decirle que hace bien, al tiempo que le comenten que con decir “hola” es suficiente para ser amable. Hay que tener especial cuidado con esto con las niñas, que tienen un peso mayor para educarlas en que sean sumisas y complacientes frente a los mayores. Luego no nos podemos llevar las manos a la cabeza si en la adolescencia o vida adulta le cuesta poner límites. ¡Esto se aprende desde niños!

El adulto “no besado” debe de entender que no tiene ningún derecho a obligar al niño/a y que incluso estaría muy bien que le dijera que respeta su conducta. El problema aquí es de los adultos.

Acompañar la frustración ante el límite del otro…

Existe la otra cara de la moneda que es que otro le ponga un límite al niño/a. Aquí es importante ayudarle, primero, a modular sus emociones y validar que se sienta frustrado. Cuando esté más tranquilo y abierto mentalmente (dependiendo de cada niño/a puede llevar más o menos tiempo) es necesario acompañar la reflexión y desafiar su mente para que evolucione y comprenda y acepte el punto de vista del otro. Si a mí me molesta que los demás no acepten mis límites, yo mismo tengo que aprender a regular las emociones propias cuando me dicen “no”. Hay que ser firme y decirle al niño/a: “siento que no te agrade y que te moleste un “no”, pero tu compañero te ha dicho que no le gusta que le toques el pelo. Piensa en lo mal que te sientes cuando a ti te hacen algo que no te gusta”

En ocasiones al niño/a le puede generar culpa manifestarse y decir “no”. Si la relación con la persona es significativa, puede temer perder su amistad, su amor y su reconocimiento. O cree que está mal negarle a un adulto algo inadecuado, tiene miedo de las represalias o de perder su consideración. Es muy importante enseñar a los niños/as que si alguien sólo le aprecia cuando dice “sí” a todo, eso no es una amistad, cariño o consideración sincera y buena para él/ella, sino una esclavitud; y que esa relación no merece la pena. 

La complacencia en los niños/as y adultos que sufren trauma complejo

La complacencia es mecanismo de defensa en el trauma complejo La complacencia, también conocida como people-pleasing, es una conducta que muchas veces se malinterpreta como simple amabilidad o buena disposición hacia los demás. Sin embargo, en personas que han vivido trauma complejo, esta actitud suele ser en realidad un mecanismo de defensa profundamente arraigado, desarrollado como forma de supervivencia emocional.

El trauma complejo generalmente se origina en entornos prolongados de estrés interpersonal, especialmente durante la infancia. Puede incluir experiencias de negligencia emocional, críticas constantes, imprevisibilidad, rechazo o relaciones donde el afecto dependía del comportamiento del niño o la niña. En estos contextos, expresar necesidades, emociones o desacuerdos podía generar conflicto, castigo o abandono. Como resultado, el menor aprende que adaptarse a los demás, no molestar y anticipar las necesidades ajenas aumenta sus probabilidades de estar a salvo.

Con el tiempo, esta adaptación se convierte en un patrón automático. La persona desarrolla una fuerte tendencia a priorizar el bienestar emocional de otros por encima del propio, evitar conflictos a toda costa y decir “sí” incluso cuando desea decir “no”. No se trata de una decisión consciente, sino de una respuesta aprendida por el sistema nervioso, que asocia el agrado y la sumisión con la seguridad, y el desacuerdo con el peligro.



En la vida adulta, esta defensa puede manifestarse de múltiples maneras: dificultad para poner límites, culpa intensa al decepcionar a alguien, miedo excesivo al rechazo, problemas para identificar deseos propios y relaciones desequilibradas donde la persona da mucho más de lo que recibe. Además, quienes viven en este patrón suelen estar tan acostumbrados a ignorar sus propias necesidades que a veces solo notan su malestar cuando ya están emocionalmente agotados.

El problema no es la amabilidad en sí, sino que la complacencia nace del miedo, no de la elección libre. Lo que en el pasado ayudó a sobrevivir, en el presente puede llevar al desgaste emocional, la pérdida de identidad y la dificultad para construir relaciones sanas y recíprocas. La persona no actúa desde la autenticidad, sino desde la vigilancia constante de cómo no incomodar a los demás.

El proceso de sanación implica aprender que tener necesidades no es peligroso, que el conflicto no siempre significa abandono y que poner límites no convierte a alguien en egoísta. Este aprendizaje no ocurre solo a nivel racional, sino también corporal y emocional, ya que se trata de reeducar un sistema nervioso que durante mucho tiempo vivió en estado de alerta relacional.

En conclusión, la complacencia en el trauma complejo no es un rasgo de personalidad superficial, sino una estrategia de supervivencia que alguna vez fue necesaria. Comprender su origen permite mirarla con compasión y empezar, poco a poco, a construir formas de relacionarse más equilibradas, donde la propia voz y las propias necesidades también tengan un lugar seguro.

lunes, 16 de febrero de 2026

La teoría del apego y la separación de John Bowlby, 50 años después.

La teoría del apego y la separación de John Bowlby: revisitando su visión original tras más de 50 años, qué sabemos hoy y hacia dónde ir desde aquí

Resumen de lo más importante de este número


Con motivo de cumplirse los 50 años de la teoría del apego formulada por John Bowlby, que tanto impacto y repercusiones sanitarias, sociales y educativas ha tenido durante todo este tiempo, el blog Buenos tratos -que se dedica a divulgar y aplicar sus postulados- quiere sumarse a esa onomástica y para ello propone un resumen del número correspondiente a octubre de 2025 dedicado a revisitar su teoría, lo que sabemos hoy y hacia dónde ir desde aquí.

En un mundo donde las separaciones forzosas, las guerras, los millones de refugiados, las migraciones obligadas, la persecución a las familias y los niños por motivos de racismo promovidas por el actual presidente de USA... tienen un impacto traumático en muchísimas personas mayores y menores de edad, el apego y el estudio de cómo las separaciones y las pérdidas afectan a la salud y al desarrollo tienen más vigencia que nunca. 

Por otro lado, en nuestra comunidad cada año aumentan los casos de desprotección infantil. También los mecanismos de detección han mejorado y nos permiten identificar las situaciones en las que los niños sufren maltrato, negligencia y/o abuso, que antes eran silenciadas o normalizadas. 

Por ello, instamos desde aquí a las autoridades políticas y educativas a que tomen nota y tengan en cuenta lo que la investigación nos brinda para que podamos cuidar a las familias, porque como dijo John Bowlby:

“Si una comunidad valora a sus hijos, 
debe cuidar a sus padres” (Bowlby, 1951, p. 84).





Attchment and Human Development, Volumen 27, nº 5, octubre 2025





Este número especial de Attachment & Human Development, titulado “La teoría del apego y la separación de John Bowlby:revisitando sus visiones originales tras más de 50 años, qué sabemos hoy y hacia dónde ir desde aquí”, fue concebido para conmemorar el 50.º aniversario del trabajo seminal de Bowlby sobre la separación. John Bowlby (Bowlby, 1973), ampliamente reconocido como el padre de la teoría del apego, puso un énfasis central en los efectos adversos de las separaciones entre el niño y su cuidador, ya fueran impuestas de manera cruel o consideradas necesarias.

Estos riesgos fueron destacados en su propio trabajo empírico (por ejemplo, Bowlby, 1944) y en su influyente monografía Cuidado materno y salud mental, publicada por la Organización Mundial de la Salud en 1951 (Bowlby, 1951). Su conceptualización posterior del apego condujo a la formulación de una teoría que explica los procesos subyacentes a la inclinación universal de los bebés humanos a formar vínculos estrechos con sus cuidadores, impulsados por la necesidad de proximidad y seguridad ante amenazas percibidas, activando así su sistema conductual de apego. 

Monografía de John Bowlby
Cuidado maternal y amor, hoy en día,
lamentablemente, una obra descatalogada


En la actualidad, la teoría del apego ha acumulado un enorme cuerpo de investigación, reflejado en múltiples desarrollos teóricos y en diversos contextos de aplicación. Aunque la investigación se ha centrado predominantemente en las diferencias individuales en la calidad del apego, los acontecimientos globales recientes —como las separaciones forzadas por conflictos armados, migraciones, encarcelamiento parental o medidas de protección infantil— han puesto de relieve el impacto crítico y a menudo devastador de la separación en sí misma.

Este número especial reexamina un principio central de la teoría del apego: los efectos de la separación, considerando factores históricos, culturales y biológicos. Asimismo, se introduce un estudio piloto de una intervención breve, Fostering Relationships, específicamente dirigida a niños en acogimiento familiar, con el objetivo de mejorar las visitas del niño con su progenitor biológico y con la familia acogedora. Finalmente, se presentan psicoterapias individualizadas como posibles respuestas a la separacióninducida por el trauma. Nuestro objetivo es aportar nuevas perspectivas sobre el apego y la separación, así como sobre la aplicación clínica de este principio.

Cómo se desarrolló el trabajo de John Bowlby

El trabajo de Bowlby se desarrolló en diálogo con su formación psicoanalítica, al tiempo que subrayaba la importancia de la separación entre cuidador y niño. Finalmente, Bowlby cuestionó tanto el psicoanálisis como el conductismo, teorías predominantesde su época. El objetivo de este artículo es detallar el viaje que realizó Bowlby, a petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 1950 para investigar las necesidades de niños huérfanos y separados en Europa y en los Estados Unidos.

Más concretamente, este artículo presenta el intento de Van der Horst et al. de reconstruir el viaje de Bowlby a Estados Unidos,durante el cual sus concepciones sobre la separación madre–hijo se vieron ampliadas y enriquecidas a través de sus interacciones con colegas estadounidenses. Aunque no siempre reconocidas, las contribuciones norteamericanas resultaron fundamentales para el desarrollo de la teoría del apego de Bowlby, y su estudio es esencial para una comprensión completa de la teoría.

Revisión de la investigación sobre migración laboral de los progenitores

El segundo artículo, de Constantinescu et al. (2025), ofrece una revisión de la investigación existente sobre la migración laboral de los progenitores, un fenómeno prevalente en economías emergentes de Europa del Este y partes de Asia. Este trabajo explora el impacto de la separación prolongada de las figuras primarias de apego sobre la seguridad emocional de los llamados “niños dejados atrás” (Left-Behind Children, LBC). La revisión sistemática examina la relación entre la migración laboral sustancial en Rumanía y el bienestar de estos niños, revelando una mayor prevalencia de dificultades emocionales y síntomas internalizantes.

Separación del padre en niños desplazados por la fuerza

El tercer artículo, de Eltanamly et al. (2025), se centra específicamente en la separación del padre en niños desplazados por la fuerza. Estos niños fueron separados como consecuencia de la muerte del padre, del reclutamiento forzoso o de la huida paterna en busca de seguridad. Los autores informan que los niños separados de sus padres estuvieron más expuestos a acontecimientos relacionados con la guerra, participaron con menor frecuencia en actividades escolares y vivieron en peores condiciones, mostrando más síntomas depresivos y una menor autoeficacia y autoestima.

Desarrollo socioemocional (6-9 años) en dos grupos de niños adoptados

El cuarto artículo, de Winnette y Abramson (2025), investiga los resultados del desarrollo socioemocional a los 6–9 años en dos grupos de niños adoptados en la República Checa: un grupo que fue inicialmente institucionalizado tras el abandono, y otro grupo que fue ubicado directamente en una familia de acogida estable. Todos los niños fueron adoptados antes de los 15 meses de edad y habían vivido en familias estables desde la adopción.

Los niños en acogimiento familiar presentaron más problemas conductuales que los niños del grupo de comparación, pero significativamente menos problemas conductuales que los niños institucionalizados, lo que pone de relieve la importancia crítica de contar con oportunidades para desarrollar relaciones tempranas de apego, incluso cuando dichas relaciones hayan duradomenos de 15 meses.

Resultados del estudio basado en una intervención breve (Fostering Relationships)

El quinto artículo, de Burtch et al. (2025), introduce un estudio piloto basado en una intervención breve, Fostering Relationships, dirigida específicamente a niños en acogimiento durante las visitas en los Estados Unidos. Burtch et al. sostienen que las visitas están inicialmente concebidas para proporcionar a los niños —separados de sus padres biológicos y ubicados en familias de acogida— un contacto continuado con sus progenitores. Sin embargo, en la práctica, las visitas pueden verse complicadas por las conductas confusas y variables que los niños manifiestan durante la reunificación.

Los autores evaluaron la eficacia de la intervención mediante estudios de caso individuales, comparando a los niños que recibieron la intervención con padres del grupo control. Esta intervención breve ayuda a: a) preparar a los progenitores biológicos proporcionando comprensión sobre posibles conductas confusas (defensivas) del niño y subrayando la importancia de seguir la iniciativa del menor durante las interacciones; b) empoderar a los padres de acogida para ofrecer ánimo y orientación en tiemporeal a los progenitores biológicos; y c) ayudar al niño a experimentar visitas generalmente menos estresantes y más positivas. Los resultados preliminares muestran que los padres biológicos que recibieron esta intervención siguieron la iniciativa de sus hijos con una frecuencia significativamente mayor que los padres del grupo control, lo que indica que esta intervención puede ser prometedora para mejorar las visitas. No obstante, los resultados deben interpretarse con cautela debido al tamaño muestral muy reducido. Aun así, incluso la mejora más modesta en el sistema de acogimiento familiar de Estados Unidos —que afecta a cientos de miles de niños— debe ser bienvenida.

¿Cómo pueden los clínicos ayudar en la recuperación de familias que han experimentado no solo la separación, sino también traumas complejos y multinivel?

Aunque la literatura deja claro el daño causado por la separación, quisimos cerrar este número especial con una nota de esperanza. En consecuencia, el sexto y último artículo, de Jones Mason et al. (2025), aborda la cuestión crucial que surge tras la reunificación familiar: ¿cómo pueden los clínicos ayudar en la recuperación de familias que han experimentado no solo la separación, sino también traumas complejos y multinivel?

Este artículo revisa brevemente décadas de investigación que ponen de relieve las graves consecuencias de la separación familiar repentina sobre diversos resultados en la salud infantil. A continuación, presenta tres estudios de caso que utilizan la Psicoterapia Niño/Padre (Child/Parent Psychotherapy, CPP), una intervención basada en la evidencia y centrada en la relación, cuyo objetivoes fortalecer la confianza, la responsividad y la sintonía dentro de la relación de apego.

La CPP se utilizó con familias que se habían reunificado tras separaciones en la frontera de los Estados Unidos. En estos casos, el uso de CPP difirió del modelo tradicional, ya que se incluyó a niños de mayor edad en el proceso terapéutico. Además, la CPP reconoce la importancia de garantizar la seguridad y la protección de la familia, lo que requiere colaboración con trabajadores sociales, gestores de casos y abogados.

El artículo también ofrece recomendaciones para clínicos, proponiendo intervenciones informadas por la relación con familias quehan experimentado trauma tanto en sus países de origen como tras la separación en sus países de acogida. Una conclusión clave es que estas familias suelen enfrentarse a traumas extremos antes de llegar a la frontera, como presenciar o sufrir tortura, violación, asesinato o la pérdida violenta de seres queridos, ya sea en su país de origen, durante el trayecto hacia los Estados Unidos, o en ambos contextos.

En consecuencia, la atención clínica puede necesitar proporcionarse sin restricciones rígidas de tiempo. Asimismo, puede ser necesaria una colaboración interdisciplinar adicional con profesionales de ámbitos como el derecho y el trabajo social para garantizar la eficacia del tratamiento. La atención informada por el trauma resulta, por tanto, esencial.

Los autores también subrayan que este enfoque debería integrarse en todas las instituciones que interactúan con estas familias. Finalmente, el artículo destaca que la forma más eficaz de abordar la separación familiar es prevenirla desde el inicio y ofrece varias sugerencias para adoptar políticas migratorias más centradas en la familia.

De una u otra manera, los autores que contribuyen a este número especial dejan claro que la investigación y la práctica deben resistir activamente la fractura o brutalización de las familias.(que no es otra cosa que  la deshumanización y normalización de la violencia en el entorno doméstico, a menudo exacerbada por conflictos, exclusión social o desequilibrios de poder patriarcal que incluyen maltrato físico, psicológico, abuso sexual y separación forzosa de menores). Bowlby viajó por todo el mundo recopilando información de múltiples países y escuchando a otros investigadores y clínicos sobre el impacto de la separación forzada en los niños, aunando años de trabajo para articular una de las teorías del desarrollo más influyentes de la historia.

La revisión de la literatura realizada por Constantinescu et al. informa de que el impacto de la migración parental en los llamados “niños dejados atrás” (LBC) es mixto y complejo, pero también aporta un hallazgo de importancia crítica: el impacto de la separación parental por migración económica puede diferir en función de las etapas del desarrollo. Esta información puede ayudara clínicos y responsables políticos a formular planes de intervención y políticas que permitan a los padres permanecer con sus hijos durante ventanas desarrollativas especialmente sensibles.

Winnette y Abramson contribuyen al creciente cuerpo de literatura que demuestra el efecto perjudicial de la institucionalización, incluso en niños adoptados relativamente pronto, así como el efecto protector de una buena atención en acogimiento familiar, orientando a responsables políticos y defensores en la configuración de opciones de tratamiento y ubicación para niños separados.

Eltanamly et al. subrayan que la separación del padre, incluso cuando la madre está presente, también puede producir resultados negativos en el desarrollo, e instan a seguir investigando el impacto a largo plazo de la separación padre-hijo. Burtch et al. yJones-Mason et al. detallan cómo las intervenciones clínicas pueden ayudar a las familias a recuperar su sentido de seguridad y a desarrollar relaciones saludables en general.

De especial interés para clínicos y profesionales de la salud resulta una nueva línea de investigación citada por Jones-Mason et al., que identifica una relación entre el tratamiento con Psicoterapia Niño-Padre (CPP) y la mejora de resultados de salud a nivel celular. En conjunto, aunque la prevención de la separación padre-hijo constituye un objetivo compartido, el foco se sitúa también en ayudar a las familias a recuperarse del trauma derivado de separaciones ya ocurridas.

No obstante, en última instancia, debe recordarse un punto fundamental: todos estos estudios reconocen la necesidad de que la sociedad apoye a la familia en su conjunto, reafirmando la antigua pero vigente advertencia de Bowlby —citada por Jones-Masonet al.—: “si una comunidad valora a sus hijos, debe cuidar a sus padres” (Bowlby, 1951, p. 84).

Se espera que los artículos seleccionados en este número especial inspiren a los lectores con nuevas perspectivas sobre la separación. La obra de John Bowlby sobre la separación y el apego, pese a tener más de medio siglo, sigue siendo extraordinariamente relevante. A pesar de los importantes cambios sociales —desde transformaciones políticas y ambientaleshasta la evolución de las relaciones—, las separaciones, ya sean elegidas o forzadas, continúan afectando profundamente a las personas. Esto subraya una vez más el papel crucial de las relaciones de apego ininterrumpidas en la configuración del bienestar.

Cerramos este número especial con un llamamiento a una mayor investigación sobre la separación, ya que existen innumerables poblaciones en contextos diversos a las que aún no hemos llegado y no podemos vislumbrar un final próximo del trauma inducidopor la separación. 

Referencias

Bowlby, J. (1944). Forty-four juvenile thieves: Their characters and home-life. International Journal of Psychoanalysis, 25, 19–53.

Bowlby, J. (1951). Maternal care and mental health. World Health Organization.

Bowlby, J. (1973). Attachment and loss: Vol. 2. Separation: Anxiety and anger. Basic Books. Burtch, E. N., Macera, E., Shauffer,C., Gupta, A., & Dozier, M. (2025). Enhancing visitation in the child welfare system for children separated from their birth parents: Pilot results of fostering relationships. Attachment & Human Development, X, 761–774.

Constantinescu, N., Sandnes, R., & Bacro, F. (2025). The psychological impact of parental work migration and left-behind children in Romania: A literature review. Attachment & Human Development, X, 684–714.

Van der Horst, F., van Rosmalen, L., & van der Veer, R. (2025). The American contribution to attachment theory: John Bowlby’sWHO trip to the USA in 1950 and the development of his ideas on separation and attachment. Attachment & Human Development, X, 662–683.

Eltanamly, H., Mayla, A., McEwen, F., Karam, E., & Pluess, M. (2025). Father-separation and well-being in forcibly displacedSyrian children. Attachment & Human Development, X, 715–735.

Jones-Mason, K., Reyes, V., Noriega, M., & Lieberman, A. F. (2025). Parent-child border separation and the road to repair:Addressing a global refugee phenomenon. Attachment & Human Development, X, 775–810.

Winnette, P., & Abramson, L. (2025). Behavioral problems, dissociative symptoms, and empathic behaviors in children adopted in infancy from institutional and foster care in the Czech Republic. Attachment & Human Development, X, 736–760.

lunes, 2 de febrero de 2026

"¿Es el abandono la primera forma de amenaza?" Resumen en español del artículo de Karlen Lyons-Ruth publicado en la revista Attachment and Human Development (Apego y Desarrollo Humano)

Uno de los últimos números de la revista Apego y Desarrollo Humano está dedicado a rendir tributo a la Dra. Karlen Lyons-Ruth y a toda una vida profesional destinada a la investigación sobre la enorme trascendencia que tienen los dos primeros años de vida del ser humano, y a las complejas intersecciones entre apego y desarrollo del cerebro. La Dra. Karlen Lyons-Ruth es una eminencia en su campo de trabajo y sus contribuciones, científicas, son de una enorme trascendencia para la psicoterapia individual, la psicoterapia padres/hijos y la protección a la infancia. 

Dra. Karlen Lyons-Ruth

En el año 2022, la Dra. Karlen Lyons-Ruth aceptó nuestra invitación para participar como ponente en las V Conversaciones sobre Apego y Resiliencia que bianualmente celebramos en San Sebastián desde el año 2013. Fue un privilegio poder aprender con ella directamente, aunque al final un accidente le impidió viajar y estar físicamente con nosotros, participó online. Pero su cercanía y trato atento y amable facilitaron el encuentro y la conexión entre nosotros. 

El blog Buenos tratos, con motivo de su visita a San Sebastián (España) le entrevistó y dejamos constancia de ello en esta entrada:

http://www.buenostratos.com/2022/03/entrevista-la-dra-karlen-lyons-ruth.html

Buenos tratos se quiere sumar a este homenaje que le rinde la revista Apego y Desarrollo Humano traduciendo al español la introducción que esta realiza sobre ella, con unas palabras de Howard Steele. Y también dando a conocer un resumen de un artículo escrito por Karlen Lyons-Ruth que recoge una exhaustiva investigación sobre los efectos del abandono en el desarrollo del bebé y su impacto neurobiológico y transgeneracional.

Considero que los resultados y conclusiones son muy relevantes, y su difusión verdaderamente importante porque su conocimiento nos puede conducir a promover políticas preventivas y protectoras de la infancia. Por encima de visiones familiaristas, que priman el mantenimiento (o el retorno) del bebé o del niño a toda costa con sus padres o cuidadores, artículos como el de Lyons-Ruth, a nuestro juicio, ponen el acento en que si esto no es posible (porque está en riesgo la integridad y la salud del bebé y el preservar su sano neurodesarrollo) es necesario neuroprotegerlo. El Derecho a un buen vínculo es lo que debería de primar, y el interés superior de la persona menor de edad radica en la defensa de este derecho.

También creo que debe de alertarnos en cuanto a que el abandono, tal y como lo describe la Dra. Karlen Lyons-Ruth, es una de las formas de maltrato que repercuten de manera severa en el neurodesarrollo. Un maltrato físico y emocional moviliza a los adultos que rodean al niño y se notifica a los servicios sociales más fácil y rápidamente su situación, cuando es detectada. Pero las secuelas que el abandono o la negligencia dejan en los niños (si no conllevan síntomas externalizantes, y a veces sucede así) pueden generar síntomas internalizantes (que pueden no asociarse con el abandono) o incluso sobreadaptaciones valoradas socialmente como la complacencia, el perfeccionismo u otros rasgos obsesivos. La Dra. Karlen Lyons-Ruth pone el acento precisamente en la falta de cuidado, en lo que no se hace, para dar a conocer los efectos que dicha falta tiene en el cerebro. La sociedad no tiene interiorizado que descuidar es una de las principales amenazas que un bebé puede sufrir, ni tampoco las consecuencias que tiene para su desarrollo. Espero que este artículo entregue los fundamentos científicos y motive a todos los agentes políticos, sociales, sanitarios y educativos que lo conozcan a promover los cuidados de calidad en el bebé. Si nos ocupamos de los bebés, contribuimos a crear una sociedad mejor en el futuro. 

Los datos del último informe de la Fundación ANAR, de noviembre de 2025, nos alertan de unas cifras muy elevadas de personas menores de edad que sufren violencia:

59.616 niños/as y adolescentes fueron ayudados por el Teléfono/Chat ANAR de la Familia y los Centros Escolares entre 2019 y 2024, gracias a las 89.411 peticiones de ayuda realizadas por parte de personas adultas. En estos 5 años se registró un incremento del 17,3% de los casos.

Para poder ayudarles se requirieron 16.865 intervenciones por situaciones de emergencia y extrema gravedad, así como 209.290 derivaciones a recursos de infancia de toda España.

Los menores de 10 años suponen el perfil más vulnerable, ya que el 70% sufren algún tipo de violencia (maltrato físico, maltrato psicológico/emocional, abandono, agresión sexual, violencia de género, entre otros).

Principalmente llaman las mujeres (78,2%), destacan las madres, que suelen contactar preocupadas por la violencia que padecen sus hijos/as.

El 69,1% de los/as menores de edad por quienes piden ayuda las personas adultas no recibe ni ha recibido tratamiento psicológico, dato que se agudiza en los menores de 10 años (hasta el 75,5%).

La mayoría de los problemas detectados presentan alta cronicidad y severidad.

Os dejo con el artículo de la Dra. Karlen Lyons-Ruth.

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Introducción de Howard Steele

The New School for Social Research

En la Conferencia Internacional sobre Apego, celebrada en julio de 2024 en Rouen, Francia, Karlen Lyons-Ruth fue ponente principal y recibió un premio a la trayectoria profesional otorgado por la Society for Emotion and Attachment Studies (SEAS). Este número de Attachment and Human Development incluye, como primer artículo, un recorrido por la destacada carrera de Karlen a lo largo de décadas en Boston. La propia Karlen ofrece aquí una visión de conjunto de una trayectoria brillante que permanecerá como testimonio de su mente creativa, su perseverancia y sus importantes hallazgos sobre el apego, las experiencias adversas en la infancia y las medidas neurobiológicas que ponen de relieve cuán vulnerables son los dos primeros años de la vida humana, así como el impacto del abandono tóxico en la vida infantil.

Karlen muestra, a partir de datos de más de 175 madres, que aquellas que descuidaban a sus bebés se asociaban con respuestas de estrés elevadas y con volúmenes aumentados de la amígdala en sus hijos durante la infancia. Este hallazgo converge con un número considerable de estudios en roedores que respaldan la relevancia de un cuidado materno bajo o impredecible en el desarrollo de una respuesta de estrés elevada que persiste hasta la edad adulta. Esta trayectoria evolutiva adversa contrasta con cinco décadas de investigación en apego, que han subrayado reiteradamente la necesidad del bebé de recibir respuestas rápidas y adecuadas por parte del cuidador ante su malestar, de modo que se promueva la seguridad del apego y se establezca una regulación óptima de la respuesta al estrés infantil, con beneficios a largo plazo en el bienestar social, emocional y cognitivo a lo largo del ciclo vital.

Karlen concluye sugiriendo que los patrones alterados de respuesta al estrés infantil y de desarrollo cerebral observados podrían ser prevenibles si se implementan intervenciones de apoyo dirigidas a mujeres maltratadas durante el embarazo y se mantienen a lo largo del periodo posnatal. Afortunadamente, existen múltiples intervenciones basadas en el apego, validadas y adecuadas para lograr este cambio esperanzador en la vida de padres e hijos. En resumen, esta revista tiene la fortuna de contar con un relato exhaustivo de la carrera vital de Karlen Lyons-Ruth, algo de lo que muchos colegas a los que ha mentorado con éxito no albergan duda alguna.

Para aquellos lectores que deseen conocer más sobre Karlen y su trayectoria, pueden consultar el libro de acceso abierto (gratuito) de Duschinsky (2025), Developments in Attachment Research, recientemente publicado, en el que dedica más de cien páginas a describir a Karlen Lyons-Ruth, el Harvard Family Pathways Study y el estudio Mother–Infant Neurobiological Development (MIND). Así pues, este artículo de Karlen puede considerarse una muestra representativa de todo lo que puede aprenderse de los dos estudios longitudinales que ha desarrollado y publicado ampliamente

Resumen ampliado del artículo

“Is neglect the first form of threat?”
Karlen Lyons-Ruth (2025)





El artículo “Is neglect the first form of threat?” de Karlen Lyons-Ruth constituye una contribución teórica y empírica de gran relevancia para la psicopatología del desarrollo, la teoría del apego y la psicotraumatología relacional. Su tesis central cuestiona de manera directa los modelos clásicos del estrés y la amenaza, tradicionalmente centrados en el daño físico, el ataque o la violencia explícita, y propone que durante los primeros años de vida la forma de amenaza más saliente para el sistema de estrés del ser humano es la falta de cuidado.

Desde una perspectiva evolutiva, Lyons-Ruth argumenta que la supervivencia del lactante depende absolutamente de la disponibilidad física y emocional del cuidador. En este contexto, la indisponibilidad, la retirada o la imprevisibilidad del cuidado no constituyen una adversidad secundaria, sino una amenaza directa para la vida. Esta premisa lleva a la autora a replantear el estatuto de la negligencia temprana, situándola como una amenaza primaria y fundacional, anterior en el desarrollo a la amenaza de ataque.

El artículo se apoya en los hallazgos del estudio longitudinal Mother–Infant Neurobiological Development (MIND), diseñado para examinar los mecanismos de transmisión intergeneracional del maltrato infantil a través de vías neurobiológicas, hormonales, conductuales y relacionales. Uno de los aportes centrales del trabajo es la diferenciación sistemática entre abuso y negligencia en la historia infantil materna, mostrando que ambas experiencias generan firmas psicobiológicas distintas tanto en la madre como en el lactante.

Los datos del estudio MIND indican que la negligencia sufrida por la madre durante su infancia se asocia, en la siguiente generación, con alteraciones tempranas y persistentes del sistema de respuesta al estrés del lactante. En concreto, se observa una mayor producción de cortisol, tanto basal como a lo largo de situaciones de estrés relacional moderado, así como volúmenes aumentados de la amígdala y el hipocampo durante los dos primeros años de vida. Estos efectos aparecen de manera consistente a lo largo del rango de edad estudiado, lo que sugiere que la negligencia materna infantil impacta en procesos neurobiológicos muy tempranos y sensibles al contexto.

Estos hallazgos convergen con una amplia literatura procedente de estudios experimentales en roedores, en los que un cuidado materno bajo, impredecible o inconsistente durante los primeros días de vida se asocia con una activación sostenida del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal y con alteraciones estructurales en regiones límbicas implicadas en la evaluación de la amenaza. Lyons-Ruth subraya que, aunque los modelos animales no son directamente extrapolables al desarrollo humano, ofrecen una base sólida para comprender cómo la falta de cuidado temprano puede organizar de manera duradera los sistemas de estrés.

Eje HPA


En contraste, el abuso materno en la infancia muestra un patrón psicobiológico diferente. Cuando se controla estadísticamente la negligencia, el abuso se asocia con una menor producción de cortisol infantil en contextos de cuidado negativo-intrusivo y con una reducción del volumen de la amígdala derecha que emerge principalmente durante el segundo año de vida. Este patrón sugiere la posible existencia de un periodo temprano de hiporreactividad al estrés frente a la conducta materna adversa, interpretado como un mecanismo adaptativo orientado a preservar el vínculo de apego con un cuidador potencialmente peligroso pero necesario para la supervivencia.

Uno de los aspectos más relevantes del artículo es el análisis detallado de las alteraciones tempranas de la interacción madre–lactante. Las madres con historias infantiles que incluyen negligencia, especialmente cuando esta se combina con otras formas de maltrato, muestran con mayor frecuencia conductas de retirada, desorientación afectiva y confusión de rol. Estas formas de disrupción interactiva se diferencian claramente de la conducta negativa-intrusiva, más estrechamente asociada a historias de abuso.

La retirada y la desorientación materna tienen un impacto particular sobre el lactante, ya que interfieren de manera directa en la comunicación afectiva contingente. El lactante se encuentra entonces con un cuidador que no responde de manera predecible ni sintonizada a sus señales, lo que limita su capacidad de regular el estrés a través de la relación. Los datos del estudio MIND muestran que estas formas de cuidado desorganizado se asocian con niveles elevados de cortisol infantil y con alteraciones en el desarrollo de regiones cerebrales sensibles al estrés.

A partir de este conjunto de resultados, Lyons-Ruth propone el Modelo de Saliencia Evolutiva del Desarrollo de la Amenaza. Este modelo amplía los enfoques clásicos de la amenaza al postular que distintas formas de peligro adquieren saliencia diferencial a lo largo del desarrollo. En la infancia temprana, la amenaza derivada de la falta de cuidado es prioritaria para el sistema de estrés, mientras que la amenaza de ataque o lesión adquiere mayor relevancia en fases posteriores del desarrollo, cuando el niño dispone de mayores recursos de autonomía.

Un elemento clave del modelo es que cada tipo de amenaza requiere respuestas adaptativas diferentes. Las respuestas clásicas de lucha, huida o congelación resultan inadecuadas ante la amenaza de abandono. En su lugar, el lactante despliega conductas de llamada, protesta, búsqueda de proximidad e hiperactivación del sistema de apego, orientadas a restablecer la disponibilidad del cuidador. Esta distinción permite comprender por qué la negligencia temprana se asocia con patrones relacionales caracterizados por hipervigilancia interpersonal, dependencia forzada o inversión temprana de roles.

El artículo tiene implicaciones profundas para la teoría del apego, en particular para la comprensión del apego desorganizado. Lyons-Ruth muestra que la desorganización puede emerger más tempranamente en contextos de retirada y falta de implicación que en contextos de hostilidad abierta. Esto sugiere que el miedo al abandono puede constituir un organizador más temprano y fundamental de la desorganización que el miedo al ataque.

Desde una perspectiva clínica, el trabajo subraya la necesidad de reconocer la negligencia temprana como una forma central de trauma relacional, a menudo invisibilizada tanto en la evaluación como en la intervención. Asimismo, destaca la importancia de identificar y apoyar a mujeres con historias de negligencia durante el embarazo y el periodo posnatal, dado que existen intervenciones basadas en el apego capaces de modificar la calidad del cuidado temprano y prevenir alteraciones duraderas en la regulación del estrés infantil.

En conjunto, el artículo propone un cambio de paradigma: comprender el trauma temprano no solo como exposición a eventos dañinos, sino como exposición a la ausencia de las condiciones relacionales necesarias para la supervivencia y la regulación. En este marco, el miedo al abandono emerge como una amenaza primaria, profundamente inscrita en la biología del desarrollo humano.

lunes, 19 de enero de 2026

"El desierto del pequeño Abdou", un cuento de Patricia Rodríguez Mejías, psicóloga, para acompañar a los niños/as en el duelo migratorio.

El desierto del pequeño Abdou

Un cuento de Patricia Rodríguez Mejías, psicóloga


Entrevista a Patricia Rodríguez Mejías



Para adquirir el cuento, clic AQUÍ


Presentación, por José Luis Gonzalo

Gracias, Patricia, por El desierto del pequeño Abdou, un cuento que nace del encuentro auténtico con la infancia y del acompañamiento respetuoso al dolor que deja la migración y la pérdida. Desde el primer momento en que conocí esta historia, sentí con claridad que debía acompañarla y no lo dudé: había en ella una verdad profunda, una delicadeza poco frecuente y un enorme respeto por el mundo emocional de los niños y niñas. 

Tu manera de dar forma al desierto —al silencio, a la ausencia, a las preguntas sin respuesta y a las emociones que desbordan— ofrece un lugar seguro donde poder reconocerse sin prisa ni exigencias. El cuento no solo nombra el duelo migratorio, sino que lo sostiene desde el vínculo, la presencia y el cuidado, recordándonos que en el sufrimiento infantil no hacen falta respuestas perfectas, sino adultos disponibles que acompañen. 

Ha sido un honor escribir el prólogo de una obra tan honesta y necesaria, profundamente comprometida con la infancia y con la reparación emocional, y que ofrece refugio allí donde tantas veces solo hay desierto.

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Patricia Rodríguez Mejías. Soy psicóloga y acompaño especializada en infancia, género y contextos de migración. Nací en Villanueva de la Serena (Badajoz) en 1993 y, desde muy pequeña, he sentido una profunda conexión con el mundo emocional, con las historias que no siempre encuentran palabras y con los silencios que dejan huella.

Me formé en Psicología en la Universidad de Granada y realicé el Máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Córdoba. A lo largo de los años he seguido ampliando mi formación, hasta que tras muchas vueltas, decidí realizar el Diplomado de Traumaterapia Sistémica, formando parte de la promoción Apega 3 de Madrid, un enfoque que hoy atraviesa tanto mi manera de trabajar como mi forma de estar con las personas a las que acompaño.

En 2018 comencé a trabajar como psicóloga en el Programa ÖDOS de la Fundación EMET, en Córdoba, acompañando a infancias y adolescencias en situación de alta vulnerabilidad: mujeres, niños y niñas migrantes. Fue allí donde mi camino empezó a entrelazarse con el mar y con las realidades migratorias, con mujeres, niños y niñas que emprendían viajes marcados por la esperanza, el miedo y la búsqueda de refugio.

Mujeres, niños y niñas que transitan el 
duelo por la pérdida de sus padres y familiares


Entre septiembre de 2024 y noviembre de 2025 formé parte del equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones en Senegal. Durante ese tiempo viví y trabajé en Senegal acompañando a mujeres, a niños y niñas que transitaban el duelo por la pérdida de sus padres y familiares en el contexto de la migración irregular. En ese acompañamiento nació El desierto del pequeño Abdou, utilizándolo como herramienta terapéutica en sesiones individuales y grupales.

Fueron los propios niños y niñas quienes le dieron vida al cuento. A través de sus miradas, sus silencios, sus dibujos y sus emociones, la historia fue creciendo y tomando sentido. Ver cómo se reconocían en ella, cómo les ayudaba a expresar lo que sentían y a sentirse acompañados, fue lo que me impulsó a apostar por este proyecto y a lanzarlo al mundo, con el deseo de que pudiera llegar a otros niños y niñas que también atraviesan su propio desierto.

En las cajas de arena de los niños y niñas
siempre aparecen embarcaciones con personas
que naufragan


Ese periodo marcó profundamente mi forma de comprender la infancia, el duelo y la presencia. El cuento surge de la práctica, del encuentro real y del cuidado compartido, como un espacio seguro donde el dolor puede ser nombrado y acompañado.

Es importante acompañar en el dolor



Actualmente he regresado a España, desde donde continúo mi trabajo y mi compromiso con el acompañamiento emocional, la infancia y las realidades migratorias. Escribo y acompaño desde la escucha, la presencia y la incondicionalidad, convencida de que cuidar la infancia es cuidar lo más sagrado que tenemos.

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El por qué de este cuento, por Patricia Rodríguez Mejías

El desierto del pequeño Abdou cuenta la historia de un pequeño león que pierde a su padre y, sin saber cómo ni por qué, comienza a caminar por un desierto que nadie le había explicado. Un desierto hecho de silencio, de preguntas sin respuesta, de miedo, de tristeza y de una ausencia que lo ocupa todo.

El cuento pone palabras y formas a aquello que muchos niños y niñas no saben —o no pueden— expresar. Valida el dolor, legitima cada una de las emociones y ofrece un espacio seguro donde transitar el duelo. El desierto del pequeño Abdou introduce además estrategias de regulación emocional y resalta la importancia del vínculo, la presencia y el acompañamiento de las figuras de referencia en los procesos de duelo.

Al mismo tiempo, el cuento habla a los adultos que los rodean. Les recuerda la importancia de la presencia, de la escucha y del cuidado emocional. Porque cuando un niño sufre, no necesita respuestas perfectas, sino brazos que sostengan, miradas que comprendan y palabras que rompan sus silencios.

El desierto del pequeño Abdou no es solo un cuento: es un lugar de encuentro, cuidado y reparación, donde cada niño y niña puede empezar a transitar su propio desierto interior para, poco a poco, encontrar refugio y resiliencia.

Este cuento nace para acompañar a la infancia en uno de los momentos más difíciles que puede atravesar: la pérdida de una figura fundamental. A través de una historia sencilla y simbólica, El desierto del pequeño Abdou ofrece un espacio seguro donde los niños y niñas pueden verse reflejados y consigan transitar su propio desierto para poco a poco, encontrar refugio y resiliencia.

El desierto del pequeño Abdou es más que un cuento. Es un lugar.

Un lugar donde reconstruir lo más sagrado del mundo: la infancia.