lunes, 25 de marzo de 2019

"Autolesiones, las cicatrices del trauma", por Ana Isabel García Arpa, psicóloga y traumaterapeuta.

Diez meses, diez firmas IV

Profesional invitada en el mes de marzo de 2019: 

Ana Isabel García Arpa

Psicóloga y Traumaterapeuta de IFIV

Título de su artículo: 
"Autolesiones, las cicatrices del trauma"

Presentación

No he coincidido apenas con Ana Isabel García Arpa, nos hemos conocido en el marco del Postgrado de Traumaterapia Infanto-juvenil sistémica de Barudy y Dantagnan, en Barcelona. Sin embargo, como dice Cyrulnik, "un encuentro puede ser significativo". Vaya que sí. Es motivo de orgullo que las nuevas generaciones de traumaterapeutas pertenecientes a la Red Apega de profesionales colaboren con el blog mostrando y compartiendo su saber y conocimientos y que, además, brillen, como lo hace Ana Isabel con este magnífico trabajo. Me llena de satisfacción su generosidad al entregar sin pedir nada a cambio su esfuerzo intelectual para elaborar este excelente artículo con el fin de que todos/as (padres, madres, familias, profesionales...) aprendamos sobre las autolesiones, un tema que nunca se había abordado desde este blog y que era necesario tocar porque es un fenómeno que ha aumentado e indica la gravedad del estado psicológico en el que se encuentran cada vez más jóvenes. En el contexto de unos mails que nos intercambiamos con motivo de una investigación que junto con IFIV Ana Isabel García va a emprender sobre la eficacia científica de la traumaterapia, surgió la posibilidad de que ella escribiera sobre este preocupante tema. Dicho y hecho. Muchísimas gracias de todo corazón, Ana Isabel García, por participar desinteresadamente, por hacer y construir Buenos tratos. Ya formas parte del ilustre elenco de colaboradores y colaboradoras (la nómina aumenta mes a mes y año a año) contribuyendo con este completo, riguroso, emotivo y a la vez clínico artículo. 


Ana Isabel Garcia Arpa. Viví mi infancia en un pequeño pueblecito de la provincia de Valladolid, libre como un pajarito y ágil como una rana. Me encantaba ir en bici y esconderme en unas eras, mi campo de juego era todo el pueblo. Sin embargo, un día ese pueblo se le quedó pequeño a mi mente y me marché a estudiar psicología. Desde el primer día que entré por la puerta de la facultad de Salamanca supe que yo quería trabajar con niños y me enfoqué en ello.

Desde hace 5 años vivo y trabajo en Barcelona. En mi trayectoria profesional he trabajado en diferentes centros educativos y de la salud, interviniendo a nivel individual, con niños y adolescentes, jóvenes y personas en situación de violencia y a nivel familiar, asesorando a padres y promoviendo una parentalidad positiva. He colaborado con el Hospital Sant Joan de Déu. Gestiono e imparto talleres de prevención para niños, padres y profesores y soy formadora del proyecto “Eduquem en Familia” de la Diputación de Barcelona. Actualmente trabajo a nivel privado y me encargo del área de infanto-juvenil en el centro Psicoemocionat en Barcelona. 



Además de la clínica, disfruto mucho con la investigación y en 2014 llevé a cabo un proyecto sobre violencia en el noviazgo a través de las nuevas tecnologías.



Por casualidad, como todas las cosas buenas de mi vida, descubrí a Jorge y Maryorie hace dos años, comencé la formación en Traumaterapia y desde el primer día supe que aquel era mi lugar. Tanto la formación como mis compañeras han hecho que pueda comprender el mundo desde los ojos de los niños traumatizados. Del mismo modo, he integrado en mi vida tanto profesional como personalmente el paradigma de los buenos tratos, y allí donde voy trato de difundirlo. Estaré eternamente agradecida a la Red Apega por este regalo.

Autolesiones, las cicatrices del trauma

Se retrasa unos minutos, siempre necesarios para que me dé tiempo a pensar si hoy habrá podido salir de la cama. Llega a mi consulta, su estilo es moderno y jovial.

Viene tapada por un sin fin de capas de ropa que van desapareciendo poco a poco a lo largo de la sesión. Me hace pensar si ese movimiento realmente refleja cómo me va enseñando su mundo interior. 

Tiene 19 años y no ha tenido una vida sencilla, ha sufrido mucho. 

Hoy tiene ganas de enseñarme un poco más de ella, y quiere leerme un texto que ha escrito. 

Yo en silencio intento conectarme con su emoción. Ella lee:

No es cómoda mi piel.

Sentir que no puedo ni con mi propio cuerpo. Quiero, necesito hacerme daño, sentir el dolor físico sobre mi piel y sobretodo, verlo, ver brotar la sangre, apretarlaherida hasta que la sangre roja fluya y se deslice por mi cuerpo. Me veo desnuda y me imagino heridas por todo mi cuerpo, las veo en mi mente y sé que necesito sentirlas de verdad sobre mi piel. Sentir como la cuchilla atraviesa y abre la piel en dos. A lo largo de los brazos, de los muslos, las manos y la tripa, por el pecho e incluso por la cara, desde los ojos hasta las mejillas. Lo necesito, siento que lo necesito, y así lo llevo a cabo. Sin olvidarme, claro está del fuego, que tantas veces me ha acompañado, un pequeño dolor intenso al principio y una silenciosa calma al final. 

Mi inquieta, algo me inquieta al estar sola, al sentirme sola, al estar en la oscuridad, algo que no me deja dormir. Siento frío y calor, y escalofríos y siento como todo mi cuerpo tiembla y se retuerce. Solo quiere liberarse, pero, ¿de qué?

Y lloro y me siento impotente, quiero hacer tantas cosas y a la vez no hago nada. Quedarme todo el día en casa, noche y día enrollada en una manta que parece que me va a proteger de aquello que ha de venir y miro, miro a la nada, la mirada se queda perdida mientras el cigarro se va consumiendo lentamente. 

No soy capaz de ponerle palabras a la mayoría de cosas que me pasan y siento. Solo quiero cerrar los ojos y no volverlos a abrir. ¿Qué me pasa? ¡Esta no soy yo!

No debo quedarme sola. Eso me provoca querer hacerme más daño, más heridas, así que debo salir de casa, enfrentarme a la realidad. Pero no, no puedo, no quiero. Solo quiero, aunque suene contradictorio, quedarme sola, encerrada, bajo las sábanas, sumergida en la oscuridad. Y todo me da miedo, la realidad, mi mente, mi incapacidad… así que solo pienso en hacerme daño, en que cortarme es lo mejor, me hace sentirme bien. Y mi mente se ve así misma saltando desde el balcón… pero no lo haré, sé que no lo haré, no es lo quiero. ¿Pero qué me pasa?

Estoy inquieta, mi cuerpo me molesta, no es cómoda mi piel. Y no puedo respirar y solo me ahogo al pensar. 

Ella tiene una historia de trauma y se autolesiona. A pesar de estar sobrecogida, me maravilla su capacidad para expresar su dolor. Por ella y por much@s más me decido a escribir este artículo

¿Qué son las autolesiones?

Cuando hablamos de autolesiones nos referimos a todas esas conductas que dan lugar a un daño físico o herida en el propio cuerpo o partes del mismo. 

Las autolesiones se caracterizan por realizarse de manera intencional, la persona es consciente del daño que se quiere ejercer, son reiteradas, es decir, en la mayoría de los casos se dan en más de una ocasión. Por último, su objetivo no debe ser el suicidio. 

Para que podamos hablar de autolesiones, éstas no deben aparecer como respuesta a alucinaciones o en presencia de diagnósticos como autismo o retraso mental grave.

Asimismo, las autolesiones suelen ir ligadas a la falta de control de impulsos y a la sensación de alivio resultado del acto agresivo.

Cuando nos referimos a autolesiones debemos excluir cualquier otro daño provocado de manera indirecta como el consumo de drogas, o los cambios en la superficie de la piel que están aceptados socialmente, véase tatuajes, piercings o autolesiones en el contexto de un ritual religioso. 

Un incremento progresivo de las autolesiones en las últimas décadas

En los últimos años, muchos profesionales y la población en general están poniendo su interés en las autolesiones. Esto se ha debido al incremento progresivo de estas prácticas entre adolescentes y adultos jóvenes en las últimas décadas y a las terribles consecuencias a las que pueden estar asociadas. El aumento de las autolesiones es un indicador alarmante de la pérdida de salud mental en la población en general. Después de años intentándolo, por fin, el último DSM-V ha incluido la autolesión no suicida como una nueva entidad diagnóstica que requiere más estudio. Será muy importante que se convierta en un diagnóstico definitivo en versiones futuras.

Un estudio reciente muestra que en Europa 1 de 4 jóvenes refiere haberse autolesionado alguna vez en su vida. Además, y lo que es más preocupante, en la mayoría de los casos estas lesiones son recurrentes.

Igualmente, en un estudio llevado a cabo en España se determinó que un 22% de los estudiantes evaluados se habían autolesionado alguna vez en su vida. La mayor parte de ellos refirieron que lo hacían para regular sus emociones. 

En la población general, los cortes en las muñecas y antebrazos constituyen el método más prevalente.

Las autolesiones pueden darse a lo largo de todo el ciclo vital

Al hablar de autolesiones lo relacionamos con adolescentes y gente joven, sin embargo, las autolesiones pueden darse a lo largo de todo el ciclo vital, aunque es cierto que la proporción es más alta en esta franja de edad. Es conveniente conocer que ocurre a las diferentes edades para poder detectar precozmente los actos autolesivos. 

En la infancia, las autolesiones son poco habituales y su aparición se asocia a síndromes más complejos como la esquizofrenia o el autismo. 

La adolescencia es el periodo de más vulnerabilidad, la edad de inicio se encuentra entre los 10 y los 15 años, y normalmente, entre los 12 y los 16 años es cuando existe más probabilidad de autolesionarse. Probablemente, porque en esta época existen niveles elevados de impulsividad y reactividad emocional asociados a grandes cambios cerebrales. Las autolesiones disminuyen a partir de los 17 años, aunque en los casos que continúan se eleva exponencialmente el riesgo suicida. 

Estamos hablando de un fenómeno que afecta principalmente a niños y adolescentes muy jóvenes, es decir, durante el periodo entre los últimos años de primaria y los primeros de la ESO. Se debería prestar especial atención a las conductas de los jóvenes de entre 11 y 13 años y poder concienciarlos sobre la existencia y las consecuencias de este tipo de prácticas. Hasta el momento se trata de una práctica bastante oculta o por la que los jóvenes no suelen pedir ayuda. Esto es una pena, porque en general los jóvenes que se autolesionan suelen presentar algún trastorno psicopatológico, y muchos de ellos necesitarían ayuda psicológica. Según los estudios hechos hasta el momento el 35% de los adolescentes que se autolesionan presentan alguna patología clínica. 

La prevalencia de autolesiones decae en la edad adulta, sobre todo a partir de los 29 años donde el cerebro está más formado. Sin embargo, pueden darse en personas con depresión crónica. 




Diferentes tipos de autolesiones

Cuando nos referimos a autolesiones no suicidas encontramos que los cortes en la piel, especialmente en los brazos y en los muslos, son los más frecuentes. A este tipo de autolesiones se las conoce como cutting.

Sin embargo, también se incluyen como autolesión otras muchas conductas que a veces no se tienen en cuenta como, rascarse en exceso, golpes autoinflingidos, inserción de objetos en el cuerpo (self-embedding), introducción o aspiración de objetos extraños a través de los orificios corporales y automutilación. Nader y Boehme (2003) además incluyen otras conductas que normalmente se atribuyen más a la torpeza o a la manía, como arrancarse costras, rascarse en exceso, devorar las cutículas y pieles, tricotilomanía...

Las autolesiones se promueven a través de foros y hashtags

La expansión de internet nos ha aportado muchas comodidades, pero también nos trae nuevos peligros. 

Alrededor de los movimientos pro-ana y pro-mia, páginas, redes sociales y foros dedicados a promover la anorexia y la bulimia, ha aparecido en los últimos años el movimiento Pro-SI (Self-Injury), que propone autoinflingirse dolor como forma de afrontar el malestar emocional. En este tipo de páginas podemos encontrar a adolescentes refiriendo haber comenzado a autolesionarse a los 7 u 8 años, sin saber muy bien lo que hacían, pero como modo de calmar su malestar. 

Las primeras aportaciones aparecieron en las páginas pro-anorexia y pro-bulimia, donde recomendaban ocasionarse algún tipo de daño para perder peso, es decir, promovían que el dolor ayudaba a adelgazar. A continuación, se presentaba el dolor como una manera de generar autocontrol sobre la sensación de hambre y como una manera de autocastigarse por haberse pasado en la ingesta. 

Actualmente, las páginas Pro-Si, plantean el dolor y las autolesiones como una forma de aliviar los sentimientos de angustia, inestabilidad anímica, rabia contenida, sentimientos de despersonalización y disforia. El mayor problema llega cuando está conducta autolesiva se hace de manera repetitiva y se convierte en una adicción.

Asimismo, a través de internet hace poco tiempo se propagaron una serie de juegos como el juego de "la ballena azul" que estimulaba el comportamiento autolesivo entre los más jóvenes hasta llegar al suicidio, las autoridades acusan 130 muertes debidas a seguir este juego. 

Además de estas páginas, en las redes sociales y más concretamente en Instagram, existe un lenguaje "secreto" que los adolescentes utilizan para referirse a estados de ánimo negativos que unen a las autolesiones. Según un estudio (Moreno, 2015), los hashtangs que suelen utilizar los jóvenes son los siguientes, #selfinjury, #selfharm, #mysecretfamily, #mysecretsociety123, #blithe, se trata de una palabra que los adolescentes utilizan cuando discuten sobre la depresión, cutting o trastornos de la alimentación, #cat, #deb, que significa depresión, #annie, que significa ansiedad y #olive, relacionado con el trastorno obsesivo compulsivo y #secretsociety123. El uso de estos pequeños hashtags les sirve para pertenecer a una comunidad muy extensa. La comunidad ejerce un efecto reforzador haciendo que las conductas autolesivas se fijen en su vida. 

Las autolesiones se están expandiendo cada vez más entre los jóvenes, vivimos una situación alarmante. Este tipo de conductas nos debería advertir de que los jóvenes están teniendo serias dificultades para gestionar su malestar. Se sienten solos (aunque estén acompañados), sienten abandono emocional y no tienen estrategias saludables que les ayuden a resolver sus problemas. Por ello, están encontrando cierto alivio en las conductas autolesivas. 

Como sociedad debemos dejar de mirar a otro lado y atender a las necesidades que los jóvenes actuales están planteando. 

Autolesión como forma de calmar el malestar emocional. Funciones de las autolesiones

En los últimos años, muchos profesionales se han dedicado a encontrar el porqué del uso de las autolesiones. Las conductas autolesivas pueden utilizarse como mecanismos de defensa para sobrellevar una determinada situación o cumplir otras funciones a niveles personal o social. A continuación, verás 4 de las principales funciones de las conductas autolesivas del modelo tetrafactorial de Nock y Prinstein (2004).

1. Evitación experiencial o refuerzo negativo intrapersonal. Las autolesiones se utilizan para regular emociones que les desbordan. Es tal el malestar y dolor que sienten que tratan de reducirlo a través del daño autoinflingido. La autolesión les alivia el malestar.

2. Refuerzo intrapersonal positivo. También se pueden utilizar las autolesiones como generadoras de placer ante sentimientos de abulia. Las autolesiones aportan sensaciones nuevas y diferentes que les ayudan a salir de su apatía. 

3. Refuerzo social positivo. La autolesión sirve para mostrar fuera, en su propio cuerpo como si de un lienzo se tratara, el gran malestar que están sufriendo por dentro. A través de sus marcas pueden buscar apoyo, atención, amor o protección de sus personas cercanas

4. Control intrapersonal o refuerzo negativo social. Los jóvenes que se autolesionan pueden ser exonerados de ciertas responsabilidades propias o externas. Esto se deben a la dificultad que como sociedad tenemos para gestionar el malestar de una persona que se autolesiona. Así, se opta por proteger e intentar apartarle de todo lo que le pueda generar más malestar.

Para otros autores como Taboada (2007) las autolesiones cumplen básicamente una función expresiva. Se utilizan para mostrar lo que no se puede decir con palabras. 

"Yo creo que soy adicta a las autolesiones, cada vez que me siento mal cojo una navaja y en mi piel marco cicatrices de soledad y del vacío que siento, creo que nunca lo dejaré"




El trauma y las autolesiones

Las autolesiones se han relacionado con el traumadesde el principio. Se ha hablado mucho de la relación de los actos autolesivos con el trastorno límite de personalidad. Aunque la relación es muy alta y las autolesiones se han considerado una característica del TLP, no solo se dan ante este trastorno. Tanto el TLP como las autolesiones pueden explicarse por una historia de trauma. Hay evidencias de la relación entre los ambientes abusivos, disfuncionales y ultraexigentes con el daño autoinflingido. En este tipo de ambientes los niños no son capaces de generar estrategias para afrontar las situaciones de estrés o tensión. Para que estas estrategias se desarrollen es necesario que exista un apego seguro, que vendría precedido por la sincronización y marcación de las emociones con cuidadores que puedan manejarlas de manera efectiva y positiva. 

Aunque, es cierto, que no todas las personas que se autolesionan han sufrido algún tipo de trauma, en muchas ocasiones es suficiente con la invalidación de sentimientos o aprender que sus sentimientos son malos o no son permitidos, para que aparezca la estrategia de la autolesión.

Las autolesiones se han vinculado con personas que han sufrido abusos físicos y sexuales (Villalobos Parra,2013) o bullying (Mendoza y Pellicer, 2002). Mediante las autolesiones los jóvenes intentan disolver el trauma que sufrieron y que no pueden manejar internamente (Ansermet, 2015). Las heridas físicas les ayudan a alejarse de los recuerdos traumáticos, permitiéndoles, al representar el trauma, manejarlo externamente. En este caso, las autolesiones funcionan como un modo de control, de autocastigo, o como forma de evitar el suicidio. Al trasladar el trauma mental a lo físico las personas pueden reorganizarse mentalmente, evitando la depresión o la locura. 

"Exacto, muchos dicen que nos queremos suicidar, pero en realidad solo es un escape a nuestro dolor"

Por esta razón, cuando acompañamos a niños traumatizados que utilizan las autolesiones para gestionar su malestar debemos tener mucho cuidado al confrontar este mecanismo, ya que puede que sea su única manera que tienen actualmente de regularse.

Como acompañar a una persona que se autolesiona

Desde la sociedad Internacional de Autolesión nos ofrecen una guía de tratamiento para poder ayudar a las personas que se autolesionan. 

En primer lugar, es importante entender el porqué de las autolesiones, a través de las siguientes preguntas. 

¿Le sirve principalmente para aliviar tensión?
¿Es una forma de concretizar una emoción?
¿Lo utiliza para sentir que está vivo?
¿Está tratando de comunicar algo?
¿Está buscando alivio de una experiencia dolorosa?

En muchas ocasiones tratar como primer objetivo que las personas se dejen de autolesionar puede ser contraproducente. Si el paciente no tiene otras estrategias para gestionar su malestar le estaremos desposeyendo de su única estrategia, dejándole completamente desamparado. 

Por otra parte, el terapeuta deberá encargarse de dotar al paciente de un plan para poder manejar los impulsos autolesivos y de estrategias de gestión emocional que le permitan abordar sus conflictos de una manera más saludable. El terapeuta le abastecerá de herramientas para manejar las situaciones estresantes o angustiantes.

El terapeuta debe asegurarse de que el paciente que se autolesiona este protegido en un contexto mínimamente seguro antes de comenzar a confrontar este mecanismo de defensa. Igualmente, buscaremos un contexto de buenos tratos ofreciéndole atención médica que no ponga en juego su dignidad o autonomía. La hospitalización debe de utilizarse como último recurso y únicamente cuando el paciente está en riesgo del suicidio o de una autolesión severa (Dallam, 1997).

Para ayudar al paciente que se autolesiona podemos utilizar técnicas como el mindfulness para enseñarle a tener una conciencia plena sobre su propio cuerpo. Asimismo, a poder hacer una lectura de su cuerpo sin tenerle miedo a las sensaciones físicas. 

Desde la Sociedad Internacional de autolesión se sugiere el uso de la relajación hipnótica siguiendo los siguientes pasos Malon y Berardi (1987) 

1. Conteo de la respiración: se le pide que observe su respiración, contando lentamente cada inhalación profunda. 

2. Imágenes positivas: se pone al paciente en estado de trance y se le pide que se visualice en un lugar tranquilo, agradable y relajante, haciendo algo que disfruta. Se mantiene esta imagen por un rato.

3. Efecto puente: después de que se ha conseguido el trance, se le pide al paciente que utilice sus sentimientos desagradables actuales para recordar otros tiempos de su vida en que se sentía de esta forma. Los recuerdos demasiado angustiosos como para hablar de ellos en un estado normal, a veces se pueden hablar durante un estado de trance.

Así mismo, es muy conveniente con personas que se autolesionan enseñarles técnicas de resolución de problemas y habilidades sociales, que les permitan afrontar las relaciones sociales de una manera más adaptativa. 

Las autolesiones pueden tener diferentes funcionalidades, pero, sea cuál sea la función, deberíamos tomarlas como señal de alarma, para darnos cuenta que la persona que tenemos al lado está sufriendo un malestar que no está pudiendo expresar ni gestionar de otra manera. Nunca lo deberíamos ver como que únicamente quiere llamar la atención. Estas personas nos están queriendo expresar su dolor y como sociedad no podemos mirar hacia otro lado. 

A pesar de la dificultad de este tema, debemos hablarlo con más libertad, sobre todo con los más jóvenes, para así, poder prevenir su utilización. Los jóvenes y especialmente las personas que han sufrido algún tipo de trauma necesitan ser vistos, acompañados y guiados para fomentar su resiliencia. Todos deberíamos poder sentir nuestro cuerpo como fuente de amor y placer. 

“Las pesadillas se han ido, los miedos y las inseguridades se han diluido, ya puedo vivir sin que sean ellas las que viven por mí mientras yo simplemente intento sobrevivir día tras día. Ahora no, aquí me planto y pienso comenzar a hacer las cosas que yo quiero. Pienso salir, disfrutar del día mientras el sol calienta mí piel; un día de lluvia con esas pequeñas gotitas que acarician mi rostro y lo refrescan. Me siento viva. Después de tanto tiempo, puedo decir que estoy viva. Vuelvo a ser yo”

REFERENCIAS

Mónica Díaz de Neira, Rebeca García-Nieto, Victoria de León-Martinez, Margarita Pérez Fominaya, Enrique Baca-García, Juan J. Carballo.Prevalence and functions of self-injurious thoughts and behaviors in a sample of Spanish adolescents assessed in mental health outpatient departments(2015) Revista de Psiquiatría y Salud Mental (English Edition), Volume 8, Issue 3, 137-145

Sánchez Sánchez, T. (2018). Autolesiones en la adolescencia. Significados, perspectivas y prospección para su abordaje terapéutico. Revista De Psicoterapia, 29(110), 185-209. https://doi.org/10.33898/rdp.v29i110.196

Llull-Carmona, J., Francés-Sanjuán, N., Pascual-Calatayud, C., Roselló-Miranda, R., Morant-Luján, Y. y Ibáñez Soriano, E. (2017). Conductas autolesivas no suicidas: breve revisión. Conceptualización clínica y causas. XVIII Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría. Recuperado de: http://www.interpsiquis.com

Moreno, M.A., Ton, A., Selkie, E. y Evans,Y. (2015) Secret Society 123: Understanding the Language of Self. J Adolesc Health. 2016 Jan;58(1):78-84. doi: 10.1016/j.jadohealth.2015.09.015.

Vega D, Sintes A, Fernández M, et al (2018) Revisión y actualización de la autolesión no suicida: ¿quién, cómo y por qué? Actas Esp Psiquiatr 2018; 46: 146-55.


http://www.autolesion.com/guia-autolesion/para-el-psicologo/tratamientos/

martes, 19 de marzo de 2019

"El talisman de Luna", nuevo Senticuento para explicar el trauma a los niños/as, por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan, será presentado en Barcelona y Madrid.


El Talisman de Luna / Lunaren talismana
Trauma, duelo y resiliencia en la infancia
También en euskera y catalán

Autores del cuento:

Jorge Barudy
Maryorie Dantagnan
María Jesús Santos Heredero

Presentaciones del cuento en:

Madrid: lunes, 6 de mayo a las 18,00h 
Libre Espacio Librería
c/ Joaquín María López, 25




Barcelona: jueves, 4 de abril a las 18,00h
Abbacus Librería
C/ Córcega, 269



PRESENTACIÓN DEL CUENTO


A Luna le gusta mucho jugar y divertirse, pero le ha ocurrido algo terrible. ¿Quieres averiguar cómo se siente? ¿Quieres ayudarle a sentirse mejor? ¿Te ha ocurrido alguna vez algo difícil? Elige las pegatinas y dibuja las cosas que te hacen sentir mejor.

Los niños y niñas afectados por traumas necesitan y tienen derecho a que los adultos de su entorno les brinden cariño, seguridad y comprensión reconociéndoles la injusticia de ser afectados por sucesos en los que ellos no tienen culpa.

Para ver un avance del cuento, haz click aquí.

Los autores de este cuento son Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy. 

Maryorie es psicóloga y psicoterapeuta infantil, experta en psicoterapia adaptada al sufrimiento, a los daños traumáticos y a los trastornos de apego de niños maltratados. Es responsable del programa de psicoterapia del Centro EXIL para niños traumatizados, coordina el programa terapéutico para hijos de madres víctimas de violencia de género y es codirectora del IFIV de España. 

Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy con un ejemplar
cada uno de su cuento "El talismán de Luna"

Jorge es director y fundador de la Asociación EXIL. Es también neuropsiquiatra, psiquiatra infantil y terapeuta familiar, establecido en Barcelona desde hace varios años. Fue docente en terapia familiar sistémica en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), es profesor invitado a varias universidades españolas y chilenas, y es autor de diversas publicaciones.

Este cuento se recomienda a niños y niñas entre 4 y 8 años, proporciona un lenguaje claro, sencillo y divertido al mismo tiempo, contiene elementos que ayudan a entender la difícil situación por la que pasa la protagonista, Luna, y permite sacar a la luz parte del universo interior del pequeño/a lector/a a través de:

Preguntas que fomentan la reflexión y el desarrollo 
Elemento de transición a buscar por las páginas del cuento
Pegatinas relacionadas con la historia
Páginas para dibujar
Recomendaciones para adultos

lunes, 18 de marzo de 2019

Entrevista a Rafael Benito Moraga, psiquiatra y traumaterapeuta, ponente en las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil, San Sebastián, 4 y 5 de octubre de 2019


IV CONVERSACIONES SOBRE 

APEGO Y RESILIENCIA 

INFANTIL

SAN SEBASTIÁN, 4 y 5 DE OCTUBRE 2019


Damos a conocer al cuarto ponente que participará en las Conversaciones impartiendo una conferencia plenaria.

Mes a mes, iremos conociendo a todos/as los/as ponentes, mediante una entrevista.

El día 6 de mayo de 2019 se abrirá el plazo de inscripción.

Rafael Benito Moraga




Mi amigo y colega Rafael Benito Moraga, psiquiatra, compañero de docencia en el Postgrado de Traumaterapia Infanto-juvenil Sistémica de Barudy y Dantagnan, con quien colaboro estrechamente, y a quien muchos ya conocéis por su participación en múltiples conferencias y formaciones, y por las colaboraciones en el blog Buenos tratos, es el cuarto ponente invitado en las IV Conversaciones.

Rafael Benito Moraga es especialista en neurobiología del apego, el trauma y el desarrollo. Ha participado desde la primera edición de las Conversaciones. Rafael, además de atesorar múltiples conocimientos en las materias en las que es especialista, tiene la gran virtud de saberlo contar y transmitir. Aúna pasión, conocimientos, experticia en su ámbito y capacidad docente. Algo que no está al alcance de cualquiera.

Siento un gran cariño por Rafael Benito Moraga porque además de colega es amigo, y lo ha demostrado siempre estando ahí, incondicional, disponible cuando le necesitas. Por todo lo que nos comparte siempre generosamente. 

Ha sido siempre uno de los ponentes más valorados de las Conversaciones, por eso repite, porque todo el mundo lo desea y todos aprendemos mucho con él.

Con motivo de esta IV edición de las Conversaciones, para que todos sepamos de qué nos hablará esta vez, y para que le conozcamos un poco más profundamente, ha accedido a concedernos esta entrevista.

Muchas gracias, Rafael Benito Moraga, por tu generosidad, una vez más.

1. A estas alturas de recorrido en el tiempo del blog, la mayoría de los que nos citamos aquí te conocemos. No obstante, para las personas que acceden por primera vez, y para los que ya te conocen lo hagan un poco más, preséntate en unas líneas por favor.

Me llamo Rafael Benito Moraga y soy psiquiatra desde hace ya treinta años (¡Cómo pasa el tiempo!). Nací en San Sebastián por casualidad, y a los pocos meses de vida el trabajo de mi padre obligó a que nos trasladáramos a Alcalá de Henares, donde viví hasta finalizar la carrera de Medicina; después regresé a San Sebastián, la preciosa ciudad en la que vivo y trabajo.

2. ¿Por qué decidiste hacerte psiquiatra?

Desde que era un niño quería ser médico, y cuando llegué a la adolescencia tenía clara mi vocación por la psiquiatría. Me interesaba mucho todo lo relacionado con la filosofía, las humanidades, los interrogantes clásicos: “¿quiénes somos?”, “¿de dónde venimos?”, “¿hacia dónde vamos?”; además, quería ser médico y no encontré mejor modo de combinar ambos intereses que a través de la psiquiatría. Me apasiona mi trabajo, aunque a veces resulte duro; y me fascina el misterio que encierra la relación entre el funcionamiento del sistema nervioso, la mente y el cuerpo.

3. El estudio del neurodesarrollo tanto en su evolución normal como en las alteraciones que se pueden dar es uno de tus campos de interés. ¿Por que consideras que este ámbito es tan importante?

El hecho de que vengamos al mundo con un sistema nervioso a medio hacer es nuestra gran ventaja como especie; pero también es nuestra maldición. Nacemos con un sistema operativo básico para apegarnos a un miembro de nuestra especie; todo lo demás lo vamos construyendo sobre la marcha, a partir de los cuidados recibidos y de nuestras experiencias. Si los cuidados y las experiencias son suficientemente favorables, conseguimos un desarrollo neurobiológico flexible y adaptado; si, por el contrario, sufrimos circunstancias adversas tempranas y duraderas, nuestro sistema nervioso experimentará alteraciones en el desarrollo que pueden afectar a la salud mental a lo largo de toda la vida; y no sólo a la salud mental. En realidad, el sistema nervioso no surge a lo largo de la evolución para ser servido, sino para servir. Nace cuando los organismos se vuelven cada vez más complejos, con diversos sistemas especializados (cardiovascular, digestivo, hormonal, inmunitario) que deben integrar su funcionamiento para asegurar la supervivencia en un ambiente cada vez más complejo. Y el sistema nervioso es el regulador maestro de las funciones corporales (tensión arterial, temperatura, peso, etc.); el mediador entre las circunstancias ambientales y nuestro medio interno. Por tanto, cualquier perjuicio para el crecimiento del sistema nervioso supone un riesgo para la salud física.

4. Estarás en San Sebastián en las IV Conversaciones. Tu ponencia versará sobre trauma en la infancia y neurodesarrollo en la adolescencia. ¿Puedes hacernos un resumen de lo que vas a abordar? Trata de que quien te lea se motive a ir a escucharte...

Aunque lo dicho anteriormente nos puede sobrecoger y asustar, tenemos también motivos para la esperanza. La naturaleza nos ha regalado tiempo: un crecimiento muy prolongado de nuestro sistema nervioso, que no se completa ¡hasta los 25 años! Y uno de los periodos en los que hay más cambios, y más posibilidades de enriquecimiento personal, es la adolescencia. Esta fase no es una etapa de inmadurez que los adultos deben soportar; sino una etapa de desarrollo personal. El cerebro de los/las adolescentes experimenta muchas modificaciones a lo largo de los años que van desde la pubertad hasta el inicio de la vida adulta, pasada la veintena. Muchas de las características emocionales y conductuales típicas de este periodo (inestabilidad emocional, emotividad, impulsividad, rebeldía) dependen justamente de los cambios que se están produciendo en el cerebro.

Se trata de una etapa enormemente sensible a las influencias del entorno. Un tiempo en el que se pueden consolidar, o bien “torcer”, los logros del neurodesarrollo alcanzados durante la infancia; y en el que también se pueden corregir los daños producidos por unas circunstancias adversas tempranas.

5. Aún hay determinados ámbitos donde se niega que el maltrato afecte al neurodesarrollo. Incluso hay quien ve al castigo físico como necesario para disciplinar. ¿Cómo se puede argumentar científicamente que el maltrato, en cualquiera de sus formas, es dañino para el ser humano y aún más para el niño?

En este momento tenemos suficientes pruebas como para afirmar con rotundidad que el maltrato en la infancia produce un daño en el neurodesarrollo que puede afectar a la salud física y mental a lo largo de la vida. Tenemos evidencias científicas de ello a través de estudios que correlacionan los antecedentes de adversidad en la infancia con problemas psíquicos como la depresión o la esquizofrenia, así como con problemas orgánicos como la diabetes, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares. Otras pruebas emanan de estudios de neuroimagen, que nos han permitido identificar alteraciones anatómicas y funcionales del sistema nervioso provocadas por el maltrato en la infancia.

6. Tempus fugit es el lema del congreso. Con ello queremos aludir a lo que tú nos has enseñado en tus clases y ponencias, a que el neurodesarrollo no espera y que un niño necesita los nutrientes físicos y afectivos necesarios para un pleno desarrollo físico y psicológico. ¿Crees que existe una verdadera concienciación social sobre estos periodos sensibles del desarrollo o por el contrario aún estamos muy lejos de darnos cuenta de ello y actuar en consecuencia y protegiendo al niño?

Efectivamente, el tiempo transcurre inexorable en el desarrollo del sistema nervioso infantil. Las distintas fases del neurodesarrollo se inician con un programa genético imparable, abriendo ventanas de oportunidad y vulnerabilidad, en las que, en función de las circunstancias ambientales, el enriquecimiento o el daño pueden ser máximos. Por ello, ante una situación de maltrato, tanto por acción como por omisión, se debe procurar la protección del niño/a lo antes posible; y sobre todo durante los primeros dos años de vida, en los que se producen numerosos acontecimientos en el sistema nervioso que cementan el crecimiento y la maduración posterior del mismo.

Desgraciadamente no siempre se actúa con esta rapidez; a veces por la complejidad de algunos casos; otras veces porque no se tiene en cuenta ese carácter imparable del neurodesarrollo.

7. Hay algunos niños que se recuperan mejor que otros de un trauma relacional o complejo. Desde tus conocimientos y experiencia profesional, ¿de qué factores depende?

Esta cuestión nos remite al concepto de resiliencia, es decir, la capacidad para superar el daño producido por el trauma. Todos los que hemos tenido contacto con chicos y chicas afectados por circunstancias traumáticas, nos hemos asombrado muchas veces de la capacidad resiliente que muestran a pesar de su corta edad. La explicación puede estar en que nuestro sistema nervioso muestra una tendencia natural a adaptarse lo mejor posible a las circunstancias dadas, aunque sean adversas o traumáticas. Además, se sabe que niños y niñas que nacen con determinados genes, tienen un cerebro más resiliente.



8. El tratamiento farmacológico es muy denostado por algunos sectores para los síndromes asociados al maltrato infantil. Sin embargo, hoy en día dentro de un programa integral de intervención, sabemos que tiene la función incluso de favorecer la restauración de la afectación neurobiológica que el maltrato puede dejar en el cerebro de los niños. ¿Es así?

El trauma temprano supone un daño para el neurodesarrollo que afecta al funcionamiento de las células nerviosas, las neuronas, produciendo problemas psíquicos que pueden ser tratados con fármacos. Hoy día disponemos de medicamentos muy seguros y eficaces, que logran aliviar el sufrimiento de los niños y niñas afectados por estas circunstancias. Me gusta decir que el fármaco no siempre es necesario y nunca es suficiente por sí sólo; pero sí puede mejorar mucho el estado de los niños y las niñas, facilitando también la intervención psicoterapéutica o educativa.

9. ¿Qué consideras que las familias, educadores, maestros, psicólogos, médicos... que acompañan y trabajan con los niños deben tener presente en su día a día en su mente y no olvidar?

En primer lugar, que el vínculo y una relación interpersonal que proporcione buenos tratos modifican de un modo muy profundo el funcionamiento y el desarrollo del cerebro; aunque hay que tener paciencia, ya que a este órgano le cuesta más lograr los cambios y estabilizarlos. Esto nos lleva a la necesidad de mantenernos presentes para ellos y ellas de un modo constante y coherente.

Y, en segundo lugar, creer en la tendencia natural de nuestro sistema nervioso hacia la salud y la felicidad. Luchar contra el desánimo, mantener la esperanza y confiar en que el efecto de lo que hacemos se notará tarde o temprano.

10. ¿Tu cita favorita?

No una sino dos. Las he escogido porque tienen mucho que ver con nuestra labor:

'La palabra progreso no tiene ningún sentido
mientras haya niños infelices' (Albert Einstein).
'Es más fácil criar niños fuertes
que reparar hombres rotos' (Frederick Douglas).





lunes, 11 de marzo de 2019

La postura mentalizadora (1)

Maryorie Dantagnan -como sabéis amiga, colega y formadora, mi referente en psicoterapia infantil- lleva unos años estudiando e investigando -como sólo ella lo hace: con total dedicación y trabajo exhaustivo- sobre el paradigma de la mentalización para mejorar y actualizar su Modelo de intervención en traumaterapia infanto-juvenil.

En consecuencia, en la formación del Postgrado en traumaterapia de Barudy y Dantagnan, Maryorie ya ha incorporado para los nuevos alumnos/as el estudio de la evaluación e intervención en mentalización. 

Norka Malberg, psicoanalista experta en este ámbito, nos impartió, el pasado octubre de 2018, una formación en un encuentro en la localidad de Vilanova i la Geltrú para los profesionales egresados del Postgrado en traumaterapia (red apega de profesionales) sobre mentalización. Ella es miembro del equipo que ha creado, estudiado e impulsado este paradigma, y recientemente han estado todos en una jornada celebrada en Pamplona y organizada por la Fundación Xilema.

El pasado día 1 de marzo pude disfrutar de un seminario formativo con Peter Fonagy, quien nos cautivó no sólo por sus conocimientos (eso está fuera de toda duda) sino por la sencillez y el sentido del humor, fino e inteligente, del que hizo gala. Nos regaló una serie de frases antológicas que merecen estar en la entrada de muchos centros educativos y terapéuticos.

En este post ofrezco, nuevamente, a las familias adoptivas, acogedoras, biológicas… y a los profesionales de la educación y protección a la infancia lo que considero que deben saber sobre este paradigma y por qué es importante en su vida, trabajo y/o crianza con los niños/as. 

En otras ocasiones hemos hablado de la mentalización en el blog. Aquí tenéis un listado de los artículos más relevantes. (Los últimos escritos con motivo de la visita y formación que nos impartió Norka Malberg)





Hoy quiero describir otros aspectos no mencionados en los post anteriores, o hechos muy de pasada. Utilizo para la elaboración de este post los apuntes que pacientemente tomé en la formación que recibí con Norka Malberg en el Encuentro de profesionales de la red apega de Vilanova i la Geltrú.

Recordando qué es la mentalización 

La capacidad imaginativa para interpretar el sentido de la conducta de otros considerando sus estados mentales y sus intenciones, así como comprender el impacto de nuestros afectos y conductas en los otros (Fonagy et al. 2002).


Peter Fonagy durante el seminario que impartió
en Pamplona invitado por la Fundación Xilema.

Sería la capacidad de comprendernos y comprender a otros, basándonos en lo que nos pasa por dentro.

Tiene componentes interpersonales: "¿qué le puede ocurrir por dentro?" Y tiene componentes reflexivos: "Y ahora, ¿cómo lo hago?"

Los niños/as que han sufrido maltrato o abandono pueden presentar problemas con la mentalización.

Muchos padres y familias adoptivas y de acogida, y también educadores, observan que estos niños y jóvenes presentan dificultades en comprender el impacto de sus afectos y conductas en los otros. La frase más escuchada en consulta es: “parece no tener empatía, nosotros es como si no existiéramos” También es habitual que parezca que hagan razonamientos excelentes, promesas de buena conducta o de superación de un problema… pero no están comprendiendo realmente nada, no están reflexionando. Lo que hacen es un proceso de imitación o expresión de aquello que intuyen queremos oír.

El paradigma de la mentalización ha supuesto una aportación inestimable y las alteraciones en este proceso nos dan una idea del daño tan profundamente arraigado (pero a veces muy escondido o maquillado) y temprano que presentan las personas menores de edad maltratadas.

Evaluar la mentalización, estimar el nivel en el que el menor de edad puede situarse y tratarle desde este marco -o incorporando las técnicas e intervenciones que nos ofrece el mismo- para intentar paliar, reparar o atenuar los déficits que presente en este dominio, adquiere un gran relieve en un marco de trabajo educativo y terapéutico.

De nada nos servirá poner solamente consecuencias a una conducta negativa del niño o joven cuando hay, por poner un ejemplo, una negación de la misma; o una elaboración mental que simula una realidad de modo que se aleja de un reflejo más ajustado a los hechos. “Yo agredí gravemente a un educador porque él intentó pegarme” [NOTA: solamente le rozó al pasar sin querer ] Y he aquí precisamente, donde está el núcleo del problema: en la interpretación de esa intención (hace una inferencia sin fundamento de la misma).

Trabajar con la mentalización supone “bajar” o descender a los niveles de desarrollo primeros, a la edad bebé, a la etapa de los tres primeros años, en la cual contar con unos padres o cuidadores que hicieran una labor de ver al infante como un sujeto intencional (con una mente que tiene pensamientos, emociones, imaginación…) y mentalizarle sus afectos de una manera reflexiva, es primordial.

Winnicott, el gran psicoanalista infantil, ya decía que para poder mentalizar has de haber sido mentalizado por la madre. Lo explicamos hace tiempo en este post.

Para Peter Fonagy es, además, lo que define un apego seguro. Las madres mentalizadoras (que fueron mentalizadas por sus propias madres, o desarrollaron esta capacidad a posteriori) a pesar de tener historias de vida duras a sus espaldas, criaron con más probabilidad hijos con apego seguro. Como dice Wallin (2012), lo importante no es haber padecido un trauma sino haber podido trabajarlo, tomar conciencia y cambiar la actitud.

Apego y desarrollo de la capacidad de mentalización 

La gran mayoría de nosotros estamos más familiarizados con las funciones del apego que clásicamente hemos estudiado:

1. Nos da una base de seguridad y sentimiento de protección ante las amenazas.

2. El apego y la regulación. Aprendemos a desarrollar la capacidad de modular nuestras emociones, impulsos y conductas.

3. El apego y la regulación de la atención. La figura de apego es lo primero en lo que el niño se fija y su ausencia o presencia le ayuda a diferenciar qué es figura y fondo, qué es atencionalmente relevante y qué no, a conectar y sintonizar emocionalmente fijando la mirada y los sentidos en la figura de apego que calma y modula y evita así que el infante tenga que estar pendiente del exterior.

Peter Fonagy y equipo (2002) han añadido una función más, menos conocida y que está empezando a emerger con fuerza, y que debe ir incorporándose en todas las intervenciones:

4. Función de mentalizar. Esto es, la figura de apego nos ayuda a entender nuestras reacciones internas, y con ello nos hace experimentar e ir dándonos cuenta, en un proceso evolutivo, que tenemos una mente. Y que esa mente la vivimos como propia y productora de pensamientos, sentimientos, intenciones, deseos… porque nos la han marcado y hecho vivir como propia de manera reflexiva.

Cómo se desarrolla la capacidad de mentalización. Aspectos importantes en los padres 

Para desarrollar la capacidad de mentalización los padres deben poder imaginarse qué puede ser un bebé. Los padres suficientemente buenos descubren la subjetividad del bebé y hacen una inferencia de lo que le pasa. Alguien está curioseando sobre lo que pasa en mi mente.

Para ello los padres deben de haber desarrollado a su vez esta capacidad. Si no, no podrán mentalizar adecuadamente a sus hijos.

Dos maneras de mentalizar: 

1/ Reflejo del afecto marcado: reflejar la reacción afectiva del bebé de manera marcada. El bebé ve sus propios afectos representados. 

En el clásico vídeo del experimento de la cara congelada “still face” podemos ver en la primera parte un claro y excelente ejemplo de una madre que mentaliza a su bebé adecuadamente. Este video tiene una lectura en este sentido también. 



Cuando la madre hace un gesto muy marcado con la cara, amplificando la emoción del infante, este la vive como propia al verla representada. Para que el bebé vaya reconociendo sus estados mentales deben ser reflejados por la madre.

Por eso el bebé se angustia tanto cuando la madre interrumpe la estimulación. 

Esto promueve el sentido temprano de uno mismo.

Y como vemos en el vídeo, la mentalización tiene un componente implícito (sensorial, no-verbal…) muy claro. Por ejemplo, cuando la madre recorre con la mano la piernita, en el vídeo, del bebé, le está haciendo entender que entiende que ese es uno de sus juegos favoritos, pero lo hace de una manera implícita. O cuando el bebé le señala algo a la madre y esta mira y exagera el gesto diciéndole implícitamente algo así como: “sí, ya sé que te interesa mucho eso, a mí también” 

Hay una congruencia entre la vivencia expresada por el niño y la respuesta reflejada de la madre. El bebé vivencia que tiene un control sobre la conducta materna y surge un primer sentido de uno mismo como agente regulador. 

2/ Modulando los afectos inquietantes del bebé devolviéndoselos de manera reflexiva: como afirma Wallin (2012: “Fonagy sugiere que los padres pueden contener los afectos inquietantes del niño comunicando (afectivamente y mediante el lenguaje del cariño físico) que: (1) entienden la causa de la angustia y su impacto emocional; (2) pueden afrontar la angustia y aliviarla; y (3) pueden reconocer la postura intencional emergente del niño, entendida como su capacidad de inferir las intenciones que subyacen a la conducta (y en particular a la conducta del padre o de la madre)” 

En este gráfico, extraído de mis apuntes de la clase con Norka Malberg, podemos ver que los padres o cuidadores crean la postura mentalizadora cuando estos comienzan la sintonización (flecha circular de arriba) y el niño baja la activación; y, de nuevo, vuelve a subir (flecha circular de abajo) y necesita volver a sintonizar, si los padres entran a ello. 


El círculo de seguridad

¿Y cuando el yo se desorganiza? 

Para poder mentalizar el clima que los padres o cuidadores han de crear ha de ser cálido y afectivo, haciendo de filtro estabilizador y de contención de las amenazas inquietantes del bebé (tanto externas como internas) No puede existir un clima estresante y de excitación intensa y contínua del bebé que no le lleve a un estado óptimo de activación, a una zona templada. Esto impide el desarrollo de una adecuada mentalización.

Por eso, en estados de muy alta activación, situaciones traumáticas, contextos de apego inseguro entre bebé-cuidador, cansancio físico o privaciones… puede llevar a errores en la mentalización. 

El bebé activará el sistema de apego, las conductas programadas genéticamente que le conducen a llorar, pedir brazos, mirar… a la figura de apego con el fin de usar el contacto y la interacción con esta para regularse. Pero si la persona que es figura de apego crea estrés mediante conductas de amenaza, el niño inhibirá tempranamente la función reflexiva. Tal y como sostiene Siegel (2007): "Si la situación es muy sobrecargante para el niño, se postula que se produce en el cerebro el bloqueo de las fibras de un órgano llamado cuerpo calloso (es como el puente que interconecta la información de los dos hemisferios del cerebro) Esto es un mecanismo que corta la mentalización (el niño no sintoniza con el adulto) Este mecanismo permite impedir la visión mental como forma de adaptación a ciertas situaciones sobrecargantes. Si las comunicaciones con los progenitores son emocionalmente vacías o terroríficas, un niño se adapta a un contexto relacional particular inhibiendo o cortando la función reflexiva de la que hemos hablado". 


"No hemos de decir de un niño pequeño 'pienso luego existo', sino 'alguien
piensa en mí, luego existo" (Peter Fonagy)

Cuando el yo está desorganizado, las fallas en la mentalización se dan a tres niveles. También se denominan Modos de subjetividad prementalizadora, anteriores al surgimiento de la capacidad mentalizadora. Los explico de un modo sencillo y con un ejemplo:

1/ Estado de equivalencia psíquica. Lo que yo siento es lo que la otra persona siente: “si yo estoy irascible, él está irascible”. Se percibe la realidad en bruto, tal y como se siente. 

Marta cada vez que un chico le atrae siente que él también se siente atraído. Su desregulación y excitación emocional es intensa. Le escribe múltiples mensajes a través del whataap, cada vez que le gusta un vídeo de Youtube se lo manda, le va a buscar sin avisar… el chico se siente atosigado. Su madre adoptiva le deja caer que quizá esas conductas a él le hagan sentirse un tanto asfixiado, se acaban de conocer… ella obvia todo esto y continúa con su discurso sobre él y sobre lo que siente por él y lo que se gustan… Al final el chico termina sintiéndose agobiado y le bloquea por el móvil diciéndole que le deje en paz. Tras ello, la joven no se lo explica y se siente abandonada y deprimida. 

2/ Modo de pretender o simular. El niño construye una realidad mental que no refleja de  un modo ajustado los hechos o el mundo externo. Son niños denominados hipermentalizadores (se construyen una realidad mental desligada del mundo externo) y se observa mucho en el ámbito del maltrato. También los niños o jóvenes pseudomentalizadores: parece que reflexionan adecuadamente sobre su mente y la de los demás pero no es auténtica sino falsa o incongruente con sus actos. Puede parecer mentalización, pero no lo es, aunque pueden llegar a aparentar, como digo, una pseudomentalización. No hay coherencia y congruencia entre lo que se dice y hace. 

Manuel le cuenta al terapeuta que ha estado con su padre, han ido a ver un partido de fútbol y después a cenar juntos. Le ha prometido que irán en verano a Eurodisney. Cuando el terapeuta se lo transmite a los educadores del centro en el que reside para contrastar este relato, le dicen que su padre le ha visto apenas un par de veces en siete años… 

Fredy Mercury (también The Platters) con la famosa y bella canción titulada "The great pretender" ("El gran farsante") recoge y canta a este tipo de personas que se crean una falsa realidad, un self falso o "alien self", como dice Fonagy (2002):



Oh si, soy el gran farsante (ooh ooh) 
Fingiendo que me va bien (ooh ooh) 
Mi necesidad es tanta que aparento demasiado 

Estoy solo pero nadie se da cuenta 
Oh si, soy el gran farsante (ooh ooh) 
Un vago en un mundo propio (ooh ooh) 
Juego mi juego pero para mi desgracia 
Me dejaste para soñar solo. 

3/ Modo teleológico. La persona necesita desesperadamente ver para creer. Es un “si no lo veo, no lo creo” 

Roberto es un paciente adulto que pide atención inmediata a las llamadas y los mails que le envía entre sesiones a su terapeuta. Si no recibe una respuesta rápida, entonces no es un profesional que se preocupa por sus pacientes. El terapeuta le explica que no puede responder a esa inmediatez y entonces Roberto se siente como atacado y de un modo irascible le responde que le va a obligar abrirle un expediente en su colegio profesional. 

En el siguiente post nos adentraremos en cómo ayudar y trabajar estos aspectos con los niños. Cuanto antes se detecten, mejor pronóstico tenemos pues podemos intervenir tempranamente. 

Todo requiere de paciencia y perseverancia, no hay ninguna terapia ni intervención que supla el trabajo de toda una red de personas en torno al niño: los padres y madres, los profesores, el terapeuta y otros significativos son los que pueden aprender sobre esto y tratar de aplicar posturas mentalizadoras en la relación con los niños dañados por los malos tratos y con trastornos en esta capacidad. 

Ya os imaginaréis que como padres y madres hemos de haber desarrollado una suficiente capacidad de mentalización. No buscamos ni mucho menos, pediros que lo hagáis de una forma perfecta porque no existe. Si no de una manera consciente: todos podemos desconectarnos de la capacidad de mentalizar al niño en un momento dado, por efecto de un enfado, del estrés, del agotamiento, del queme... pero podemos luego, como dice Maryorie Dantagnan, mentalizar en diferido y reparar estas acciones. Lo que es negativo, a veces fatal, es tener una capacidad de mentalizar afectada, ausente o distorsionada en alguno de los modos que hemos presentado de manera permanente. 

REFERENCIAS

Fonagy, P. Gergely., Jurist, E. & Target,M (2002). Affect regulation, mentalization, and the development of the self. NY: Other Press.

Siegel, D. (2007) La mente en desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Wallin, D.J.(2012) El apego en psicoterapia. Bilbao: Desclée de Brouwer.