lunes, 2 de diciembre de 2013

Jóvenes adoptados o acogidos con un falso self (sí mismo)

Hay algunos jóvenes adoptados o acogidos (con historias de abandono y maltrato sobrecargantes para la mente en desarrollo y no elaboradas, que además las padecieron en etapas vitales para el establecimiento del apego seguro) que he tratado en mi consulta los cuales externamente muestran unos comportamientos pero internamente sienten y piensan de maneras muy diferentes a lo que exteriorizan. Las personas que les rodean no les llegan a conocer verdaderamente. Tienen, para entendernos, como una capa externa, que es la que muestran, muy diferente de la interna. Por poner algunos ejemplos: cuando sienten miedo pueden sonreír complacientemente. Cuando sienten rabia, pueden llegar a contenerla y mostrar silencio. Si se les inquiere por las razones de su comportamiento cuando han actuado de una determinada manera, inadecuada para el adulto, no expresan lo que sienten verdaderamente. Se quedan en silencio, o si se les insiste te piden que les dejes en paz, que no saben. Y si se sigue indagando, o se van o ya se muestran hostiles e incluso violentos echándole la culpa al adulto por lo pesado que es y lo que le agobia sin asumir ninguna responsabilidad. Con los compañeros de su edad sus conductas tampoco se corresponden con lo que sienten internamente. Pueden sentirse tristes pero mostrarse alegres; pueden pensar que no tienen ganas de quedar, pero salir con los amigos; pueden querer decir “no” pero terminan diciendo “sí”; pueden sentirse inestables emocionalmente y exhibir comportamientos de tranquilidad. Jamás muestran lo que sienten y piensan auténticamente. Su rostro y su cuerpo me recuerdan


a las caras del actor Clint Eastwood en algunas de sus películas: quietos pero internamente agitados, la mirada un tanto lejana, como controlando, el cuerpo en tensión muscular, como esperando a entrar en acción en cualquier momento ante un peligro real o imaginario… También pueden llegar a mostrarse aparentemente autosuficientes y no querer -o decir no necesitar- la ayuda de los demás. Muestran muchas dificultades para regular esos estados internos porque a veces no los conocen suficientemente. Y si los conocen, no los dominan. Pretenden estudiar pero, de repente al tener el móvil cerca, su mente hizo otra cosa (se dejó llevar por la distracción, por ejemplo) Y repito: aunque parezca que nos toman el pelo o nos desconciertan, no siempre es actitud negativa sino que viven una confusión, más aún en la adolescencia donde una de las tareas es construir nuestra identidad. Y qué difícil es construirla cuando en la infancia (cuando más vulnerable se es) ha habido experiencias graves que ponen en riesgo la propia integridad y seguridad personales.

Si tienen un alto grado de introspección, pueden llegar a ser conscientes de su funcionamiento. Saben que son sus estrategias de presentación social, son como otros -diríamos- estados del yo distintos de los internos. Si no son conscientes de ese funcionamiento y de esa división entre unos estados internos y otros externos del yo, viven ignorando las emociones y pensamientos que disocian o apartan, los cuales pueden contener afectos negativos como la ira, la agresividad, el miedo, la tristeza, la inseguridad, la baja consideración de sí mismos, el desprecio… No se atreven a ser auténticos y se muestran así de defendidos porque sienten una desconfianza de base hacia las personas. Manifestar lo que internamente sienten puede ser para ellos un síntoma de debilidad, temor a que les hagan daño, se aprovechen de ellos o les hieran.

Un autor (entre otros) que puede aportar luz al por qué de estos dos estados del yo tan contrapuestos y que puede considerarse un adelantado preclaro a lo que la neurociencia actual plantea en relación al impacto de trauma temprano, es el gran Winnicott. Cuando hablamos de psicoanálisis, todo el mundo probablemente mencionaría a Freud. Pero hay una gran cantidad de autores que hicieron desarrollos posteriores (se desmarcaron de las teorías tan rígidas con la ortodoxia freudiana para hacer sus propias aportaciones) que se insertan dentro de lo que se llama la corriente psicoterapéutica psicodinámica como son Winnicott, Jung, Adler, Ferenczi…

Winnicott describe el papel central de la madre como proveedora al niño de un entorno que apoya y contiene (holding), lo cual requiere, por parte de ésta, tanto el uso de habilidades empáticas como el respeto por la autonomía del niño (no respetar la autonomía del niño y sobreprotegerle sería una forma de maltrato también con consecuencias negativas para el desarrollo) La dedicación de la madre hacia su hijo le permite ofrecerle un andamiaje que constantemente se adapta a las necesidades cambiantes del bebé y a sus características. Winnicott definía el temprano e intenso foco de atención que la madre pone en el niño como la preocupación materna primaria. Ello incluye el hecho de que la madre debe de estar en sintonía con las experiencias del bebé captando y resonando sus estados primitivos internos.

Otro concepto importante desde la perspectiva de Winnicott es que la madre debe de desarrollar la habilidad para reflejar (mirroring, hacer de espejo) al niño. Mirroring es el proceso en virtud del cual una madre sintoniza con el mundo interno del niño y le da forma a sus fantasías, pensamientos y necesidades. El niño entonces aprende así acerca de ese mundo interno a través de esa relación. Winnicott estaba describiendo un proceso que hacía referencia al descubrimiento actual de las neuronas espejo y que se apoya en esta profunda sintonización entre madre e hijo. Winnicott fue un adelantado a la neurociencia actual y merece un reconocimiento.

Son muchas más las aportaciones de este autor que enfatizó la enorme importancia de la función maternante en los primeros años de vida. He resaltado los aspectos más importantes, pero quiero ahora centrarme en otro concepto -muy útil desde el punto de vista clínico- que nos ayudará a entender el por qué algunos jóvenes tienen ese mundo interno de emociones que no se atreven a revelar con autenticidad mostrando otro que es falso. Me refiero al concepto de falso o verdadero self (sí mismo)

El apego seguro (del que hemos hablado en este blog tantas veces) y la sensación de un mundo seguro crean el entorno para el desarrollo del verdadero self, el cual representa aquellos aspectos del self que se desarrollan en el contexto de impactos menores que son manejables gracias al apoyo, ánimo y adecuado significado por parte de los cuidadores. Por lo que respecta a la independencia y la autonomía del niño, éstas motivan a los padres a descubrir los intereses del niño en vez de imponérselos. El verdadero self refleja nuestra habilidad para tolerar emociones negativas e integrarlas en nuestra conciencia y nos ayuda a buscar qué sentimos en nuestra actividad y en nuestras relaciones con los otros. El verdadero self que propone Winnicott es obviamente uno en el cual el desarrollo de las redes neurales ha sido maximizado, el afecto es bien regulado y las emociones y cogniciones están bien integradas. El verdadero self refleja una apertura y un diálogo continuo entre el corazón, la mente y el cuerpo.

Lo que Winnicott denominaba falso self resulta o proviene de graves impactos o traumas para los cuales el niño no está preparado. Los impactos prolongados pueden generar desregulación emocional crónica. Por ejemplo, la negligencia, el abuso o continuos estados de pena o culpa que pueden afectar al desarrollo natural del niño y conducirle a la dominancia de las defensas. No hay un adulto competente cuidador que haga la función maternante de calmar, dar forma y sostener los afectos e impulsos indeseados del niño. Como en los jóvenes que he descrito al principio de este post, en ellos dominan las defensas externas de mostrar muchas veces lo contrario de lo que sienten o de proyectar en otros sus aspectos indeseables por temor a ser dañados. Vivieron fuertes impactos en su vida, como lo es el abandono (y aquí me refiero también a esa negligencia que consiste en que algunas de las instituciones en las que los menores tuvieron que convivir -los llamados orfanatos- no les dispensaron los nutrientes físicos ni afectivos necesarios para desarrollarse sanamente, es decir, a la tipología del abandono como forma de maltrato) prolongado. Esta experiencia crónica estresante que también puede inhibir la neurogénesis y afectar al desarrollo del cerebro.

La psicoterapia para Winnicott trata de ser un proceso de regresión controlada a estados infantiles (donde se gestó ese falso self) con el propósito de tener éxito en el desarrollo de un verdadero self en el presente. Con estos jóvenes, tras lograr generar una relación de confianza (no se fían de nadie), algo que es costoso, poco a poco, y aportando grandes dosis de seguridad, vamos co-explorando las emociones internas (mediante técnicas adecuadas) y tratando de averiguar a qué recuerdos de experiencias están asociadas para ayudarles a desensibilizar el dolor y reprocesar los mismos.

En el contexto de una relación segura donde vamos co-explorando ese mundo interno, normalizamos los estados del yo o falso self -como queramos conceptualizarlo- tratando de que tomen conciencia de que para no descomponerse o desestructurarse psicológicamente, estas defensas o mecanismos adaptativos tuvieron un sentido. Cuando las estrategias o defensas disminuyen, puede salir el dolor y las emociones. Hay que tratar de modificar aquellas estrategias que sean claramente desadaptativas y aprender a utilizar otras que les permitan atreverse a mostrarse como ellos son.

El verdadero self, para mí, equivale al apego seguro. Y los apegos inseguros se pueden corresponder -o cabe establecer un paralelismo- con el falso self. Los perfiles evitativos, preocupados o desorganizados en el apego (con sus estrategias y manifestaciones) son adaptaciones que el niño tuvo que hacer ante el patrón conductual relacional que sus cuidadores le ofrecieron. Cuando un niño va regulándose emocionalmente, vive una relación sintonizada y resonante con el terapeuta, se va fomentando el apego seguro con los cuidadores (padres adoptivos o familia de acogida) y accede a su historia para encontrarle un sentido, tratando de integrar lo traumático vivido, van emergiendo manifestaciones de apego ganado a la seguridad; o lo que es lo mismo, los trajes de los apegos inseguros (falso self) dejan que haga acto de aparición el verdadero self. 

Cuidaos / Zaindu

1 comentario:

  1. Muy interesante su articulo...yo me he dado cuenta que mis hijos (a quienes adopte a los 8 y 9 años) se rien cuando los regañamos, cuando realmente estamos enojados.....

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