sábado, 5 de junio de 2010

Entrevista de Lidia Bosch, estudiante de periodismo, sobre el trastorno de apego (III y final)

Lidia (L): ¿Cómo nos podemos comunicar con ellos? -Se refiere a los/as niños/as-
Algunos no tienen disponibles las palabras, por trauma o porque hay un retraso del lenguaje. O temen hablar. Es muy bueno ofrecerles un rico abanico de modos de expresión más seguros como el juego, el dibujo… Es necesario escucharles o atender a sus expresiones, comprendiéndolas y aceptándolas. Ser empáticos con ellos, recoger lo que sienten. Resonarlo, que ellos perciban que sentimos lo que sienten. Así les ayudaremos a conocer su mundo emocional y se harán más reflexivos. Hay que evitar las críticas y las descalificaciones. A la vez, hay que ser firmes. Firmes pero amables. Y definir un marco previo de relación y comunicación donde se expliciten los límites y las normas a respetar. La más importante es que nunca nos haremos daño. Y es que estos niños suelen tener problemas, como ya hemos apuntado, con los límites normativos.

Es muy importante un enfoque positivo: estos niños tienen sus cualidades y no siempre se resaltan. Hay que apreciarles más que premiarles. Se tiende a criticarles por todo y muchas veces. Además, no hay que olvidar que nos han dado una lección que los adultos olvidamos con frecuencia: han sobrevivido a entornos hostiles y eso tiene un mérito tremendo que debemos valorar: reconocerles lo que han sufrido y que tienen derecho a sentirse como se quieran sentir (enfadados, tristes…) por lo vivido. Pero que han demostrado un coraje para salir adelante inmenso y que ahora van a mejorar más con nuestra ayuda. Esta idea de reconocer el dolor y el sufrimiento a la persona maltratada es de Jorge Barudy y es una gran aportación que alivia y ayuda a muchas víctimas.

El tema del trastorno del apego está poco estudiado, es desconocido. ¿Por qué? ¿Por desinterés? ¿Porque afecta a poca gente? ¿Porque se quiere esconder? ¿Por qué esta ignorancia?

En realidad sí está estudiado, y mucho, y desde hace mucho tiempo. Bowlby fue el pionero cuando estudió la importancia del apego y el fundamento seguro que aportan los padres y su trascendencia para la supervivencia. Estamos hablando de los años 50. Spitz, otro autor, estudió a los niños abandonados y observó que aquéllos que eran institucionalizados y recibían alimentación pero se les dejaba solos, sin ningún nutrimiento afectivo, enfermaban e incluso algunos llegaban a morir. Posteriormente, años 70, Ainsworth, una autora, investigó y descubrió qué características tenía un apego seguro y describió los apegos inseguros de los que hemos hablado. Y muchos más. Autores actuales podríamos citar: Fonagy, Crittenden, Barudy, Dantagnan, Siegel, Rygaard, Cassidy, Ibáñez, Torres, Yarnoz, Marrone, Van der Hart... y no he hecho más que empezar.

Pero es cierto que este saber parece haberse quedado en el mundo universitario y no existen demasiados profesionales que utilicen el modelo del apego sobre el cual tratar los casos, por lo menos en mi zona de trabajo, Gipuzkoa. El impulso de profesionales como Barudy y Dantagnan, en España, para sensibilizar sobre este modelo está empezando a dar sus frutos y comienza a extenderse. Yo creo que pronto va a llegar y a calar más entre los profesionales, y hasta es posible que asistamos a un boom. El desafío está en trasladarlo de manera comprensible y práctica a padres, profesores y otros profesionales.

En mí recogida de información y visitas a distintos centros educativos dónde se trabaja con niños de integración, se puede confirmar que más de la mitad de los niños que sufren estas discapacidades son adoptados. ¿A qué se debe este hecho? ¿Qué cambia si son adoptados?

Es que los niños adoptados pueden provenir de orfanatos o centros de acogida donde carecen de casi todo: de comida, de ropa, de personal, de juguetes… de todo lo necesario para estimular a un niño, pero sobre todo, de la presencia continuada de un cuidador al lado del niño que lo proteja, temple sus emociones, calme su malestar, satisfaga sus necesidades, le haga interiorizar el cariño y la sensación de sentirse seguro… En suma, que le dé lo que merece: un buen trato. Si esto falla, el niño tiene altas probabilidades de padecer un trastorno de apego ya desde el primer año que es cuando el bebé registra en su memoria emocional cómo le trataron. Y si falla entre los 0 y los 2 años, aun peor. Y hay muchos niños que son adoptados a los 4, 5, 6, 7 y hasta con 8 años. Ya traen pues, un trastorno del apego (que conlleva una mochila de dolor y sufrimiento) si en su vida estuvo presente el abandono, el maltrato o el abuso. Vemos que hay una gran diferencia entre dos niños adoptados en la misma familia, que no son hermanos biológicos, dependiendo que uno haya tenido más satisfechas sus necesidades que el otro. El que menos satisfechas las ha tenido, normalmente acumula un mayor sufrimiento y un trauma mayor. Y no digamos si al abandono se le suma el maltrato…

Si son adoptados, todo cambia para esos niños. Todos mejoran, para ellos es la salvación, su alegría, lo mejor que les ha podido pasar... Pero ocurre que no pueden, normalmente, ir al mismo nivel que los demás. Siempre tienen ese handicap. Y lo que ocurre es que los padres los comparan con los que no han tenido esas duras experiencias y es muy injusto. Estos niños tienen un desarrollo, normalmente, más lento y maduran más tarde. La exigencia desmedida de los padres puede conducirles a la incomprensión y a la frustración permanente porque por mucho que avancen, no llegan al punto que los padres quieren. Y esto no les deja ver todas las cualidades positivas que estos niños tienen. Los padres piensan que como el niño se recupera de la motricidad, también lo hará en el área de las emociones y del comportamiento. Pero no suele ser así porque para que el niño pueda regularse en estas áreas ha debido de recibir cuidados empáticos (dentro de una relación de apego seguro) que inciden directamente sobre las áreas cerebrales que se encargan de modular las emociones. Estamos diciendo que la relación con unos padres modela el cerebro en su estructura y función, y así es. Se sabe que el cortex orbitofrontal, una parte que interviene como un catalizador, regulando las emociones, se modula en la relación de apego. Fíjense la trascendencia que tiene todo esto. Para recuperarse de esta modulación emocional hace falta maduración y tratamiento psicológico. Hay que tener paciencia con los niños, además.

Los trastornos de apego que tienen algunos niños son tan severos que pueden hacer de la convivencia con sus padres un auténtico infierno para todos, sobre todo en la adolescencia, cuando no controlan sus reacciones agresivas físicas y verbales. Los padres culpan al hijo y se culpan ellos, y el hijo lo mismo. Es importante poner un tratamiento psicológico e incluso psiquiátrico a un niño con trastorno de apego (si éste es grave) lo antes posible, no esperar a la adolescencia. Los padres adoptivos se encuentran con niños que no esperan. Los padres pueden ser más o menos habilidosos pero, en general, son competentes (han pasado por un proceso de valoración) y no causan el problema. Las causas están en el daño que ha sufrido el niño en edades clave para el establecimiento del apego sano y seguro. Pero sí es verdad que unos padres concienciados y que colaboran con los profesionales (no rígidos), permeables al cambio (no han de educar desde sus premisas sino desde lo que necesitan estos niños) pueden mejorar las cosas o empeorarlas terriblemente.
Para terminar, ¿qué futuro les espera, dentro de sus posibilidades, a estos niños?

Es muy difícil saberlo. Depende de muchos factores. Si al trastorno de apego se le une psicopatología grave, el futuro se complica. Si el trastorno de apego es el desorganizado, el pronóstico es peor en principio, pues el subtipo de apego más vinculado con los trastornos mentales.

Con tratamiento psicológico, psiquiátrico si es preciso, y apoyo educativo y socio-familiar (cuanto antes) la perspectiva de futuro no tiene por qué ser negativa. Pero hay que ayudarles mucho y tener paciencia porque maduran más tardíamente. Mi visión es positiva. Con ayuda profesional y las dos “p”, que dice Jorge Barudy: paciencia y perseverancia, la mayoría de los niños puede salir adelante, con sus más y sus menos, pero salen. Insisto en lo de las ayudas y apoyos, es crucial.

¿Se podrán adaptar a nuestra sociedad, tener trabajo?

Los casos más graves son los que no se pueden adaptar porque al trastorno de apego se le ha asociado además un trastorno de personalidad u otro mental. Para Rygaard, el trastorno de apego desorganizado severo (él lo llama trastorno de apego reactivo severo) sería una forma de minusvalía y precisaría de todas las ayudas sociales que necesiten para insertarse.

2 comentarios:

  1. La claridad con la que has expuesto el tema me ha permitido acabar de entender algunos conceptos que no tenía claros. Tengo una pregunta ¿cuál es el trabajo que el psicólogo hace con estos niños? Dices que es complejo y largo Pero ¿en qué consiste? ¿qué tecnicas son las adecuadas: se utiliza la palabra, el juego, teatralización...?
    No tengo ni idea del tema.

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  2. Hola: La verdad es que el tema daría para largo y es dificil de condensar en un breve mensaje. El trabajo de los psicólogos especializados en psicoterapia basada en el modelo del apego trata fundamentalmente de brindar al niño una experiencia reparadora del sufrimiento que acarrean como consecuencia de las experiencias traumáticas vividas. Se trabaja con la relación y desde la relación terapéutica desde el principio y en todo el proceso, creando un lazo afectivo sólido desde el cual hacer el trabajo. La propia relación con el terapeuta, si es contenedora y en empática, ya regula a estos menores. A partir de aquí se comienza a trabajar áreas específicas: las emociones (su discriminación y regulación), el modelo representacional de apego que han interiorizado, los síntomas y comportamientos negativos y dañinos para él y los demás, la historia de vida y el tratamiento del trauma. Todo va por fases y según el contexto que el niño o niña viva se avanza más o menos. Entre las técnicas, se usan las que mencionas y otras.

    Bueno, gracias por tu aportación y recibe un cordial saludo.

    José Luis

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