lunes, 22 de junio de 2020

Maltrato infantil: periodos de exposición sensible e importancia del tipo y duración del abuso, por Martin Teicher.



Diploma de postgrado en 

Traumaterapia Sistémica Infanto-juvenil

 

13ª Promoción Apega 13 Barcelona 2020-2022

7ª Promoción Apega 7 Donostia 2020-2022

2ª Promoción Apega 2 Madrid 2020-2022

7ª Promoción Apega 7 Chile 2020-2022

 

Abierto el plazo de pre-inscripción:

http://www.traumaterapiayresiliencia.com


 


Texto elaborado por Rafael Benito a partir de la conferencia impartida por el profesor Martin Teicher el 5 de Octubre del 2019 en las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia celebradas en San Sebastián.

Martin Teicher, psiquiatra, profesor de 
la Universidad de Harvard.

Fiel a su palabra, Rafael Benito ha dedicado su tiempo libre a traducir y elaborar la conferencia que el profesor Martin Teicher pronunció en San Sebastián el día 5 de octubre de 2019. Le agradezco de corazón en nombre de todos y todas el gran trabajo que ha realizado para que nos podamos beneficiar de este conocimiento especializado en neurobiología. 

En la segunda conferencia de las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia, celebradas en San Sebastián en Octubre del 2020, el profesor Teicher expuso la gran importancia que tiene la edad en la que se produce el abuso y el tipo de maltrato (negligencia, abuso emocional, abuso físico, abuso sexual), cuando valoramos las consecuencias que la adversidad temprana tiene para el neurodesarrollo. Al incidir en un sistema nervioso en evolución, el impacto del maltrato es más grave, extenso y duradero que el de los acontecimientos vitales que afectan al cerebro del adulto, ya desarrollado. Además, como el cerebro se desarrolla por fases, el daño traumático afectará de manera diferente a las distintas capacidades mentales según el momento en que se produzca; porque dañará más a las áreas del cerebro que estén creciendo de un modo más activo en esa época. 

Ilustración 1. La proliferación neuronal durante los primeros años
de vida se extiende hasta los dos años. Posteriormente se irá produciendo
una poda que reduce el número de conexiones
aumentando notablemente su eficiencia.
El desarrollo de los núcleos y áreas cerebrales y los circuitos que los conectan se efectúa a través de procesos de proliferación y poda (ilustración 1). Durante los primeros, las neuronas desarrollan numerosas prolongaciones que buscan contactar, lo que vuelve las redes cerebrales enormemente frondosas; en los períodos de poda, estas ramificaciones y conexiones reducen su número, pero aumentan su calidad y eficiencia. Las experiencias moldean el desarrollo cerebral promoviendo neurogénesis y proliferación; pero sobre todo, seleccionando las conexiones que van a preservarse y las que van a desaparecer. Teniendo en cuenta que los diversos núcleos y áreas del cerebro se van desarrollando de modo fásico, en distintas etapas, su sensibilidad a las influencias del ambiente va a ser máxima en los períodos de proliferación y poda más activos. Esto hace que podamos distinguir periodos sensibles, en los que esas áreas y núcleos están desarrollándose, por lo que se van a ver muy influidos por las circunstancias; y periodos críticos, en los que la influencia del ambiente no solo es importante, sino crucial para el desarrollo de esas zonas; hasta el punto de que, si no reciben la estimulación adecuada, puede haber capacidades que no lleguen a desarrollarse

Como ya vimos en la primera conferencia, el estudio ACE (Dube, Felitti, Dong, Giles, & Anda, 2003) nos ha mostrado que la cantidad de acontecimientos adversos en la infancia correlaciona con las probabilidades de padecer depresión, de hacer intentos de suicidio y de caer en la dependencia de drogas por vía intravenosa. Otros estudios demuestran asimismo que la adversidad temprana aumenta el riesgo de padecer trastornos de ansiedad, trastornos psiquiátricos infantiles (Green et al., 2010); también se sabe que aumenta las probabilidades de caer en el abuso de drogas, de tener una dependencia del alcohol y de consumir drogas por vía intravenosa. (Dube, Felitti, Dong, Chapman, et al., 2003)

El uso de psicofármacos también es mayor en quienes han vivido experiencias de maltrato en la infancia. Cuando la puntuación ACE es mayor o igual a 5, la probabilidad de consumir ansiolíticos se multiplica por 2; de antidepresivos por 3, antipsicóticos por 10 y estabilizadores del humor por 17.

La adversidad temprana va a perjudicar la salud física y psíquica desde la concepción hasta el fin de la vida, por la alteración que produce en el neurodesarrollo (Ilustración 2). El daño que esto va a producir en el sistema nervioso desencadenará alteraciones conductuales, afectivas y cognitivas que predisponen a la adopción de comportamientos de riesgo para la salud (consumo de drogas, promiscuidad sexual) que aumentarán la morbilidad y mortalidad de las personas, acortando su vida. Además, va a perjudicar al sistema inmunitario haciéndolo más propenso a respuestas inflamatorias. Esta facilidad para la inflamación se ha relacionado con enfermedades autoinmunes y con otros problemas de salud como la obesidad y la depresión. 

Ilustración 2. El maltrato produce una serie de reacciones en 
cadena que acaban afectando a la salud física y 
psicológica de la persona a lo largo de la vida.


El profesor Teicher abordó las siguientes cuestiones en su segunda conferencia:

1. ¿Qué estructuras cerebrales se ven afectadas por el maltrato?
2. ¿Importa el tipo de maltrato, o actúan todos como estresores inespecíficos?
3. ¿Importa también el momento en el que se produce el abuso?

Importancia del momento en el que se produce el maltrato

El profesor Teicher nos muestra que las consecuencias del maltrato infantil para la salud psíquica de los adultos que lo han sufrido varían en función del sexo y la edad en la que se produjo.

Para investigar estos problemas, el profesor Teicher y su equipo han desarrollado la escala MACE  (Maltreatment and Abuse Chronology of Exposure Scale) (Teicher & Parigger, 2015). Es una escala válida y fiable para estudiar las diferencias en la afectación producida por distintas formas de maltrato en diversos momentos del neurodesarrollo; con una puntuación que indica el número de adversidades sufridas (MACE multi); y otra que indica la severidad global de la exposición (MACE sum).

En su estudio de una población de jóvenes de entre 18 y 25 años descubren que entre chicos y chicas no hay grandes diferencias en el tipo de maltrato sufrido y su cronología, salvo:

Las chicas sufren más frecuentemente abuso verbal parental entre los 10 y los 15 años.
Los chicos sufren con más frecuencia acoso escolar entre los 6 y los 18 años, con una frecuencia máxima entre los 9 y los 16.
El abuso sexual es mucho más frecuente en las chicas desde los 11 años en adelante.
Los varones han visto más violencia entre los padres de los 7 a los 12 años.
Las chicas ven más violencia hacia sus hermanos de los 9 a los 16 años.

Hay determinados problemas en los que parece más importante la severidad global del maltrato, y la cantidad de formas en las que el niño/a es maltratado/a; como es el caso de los síntomas disociativos y de la irritabilidad del sistema límbico; sin embargo, en otros trastornos, el estudio realizado con este instrumento nos muestra que la predisposición a ciertos problemas psiquiátricos varía en función del tipo de maltrato y el patrón cronológico en el que se produce. En chicas, por ejemplo, la depresión mayor se asocia sobre todo a abuso emocional por los iguales y a negligencia emocional parental, máxime cuando se produce tras la pubertad y a lo largo de toda la adolescencia. En chicos, la depresión mayor se asocia a abuso y negligencia emocionales, siendo especialmente sensible el periodo que va de los 11 a los 16 años. Parece que los síntomas actuales de depresión o ansiedad se asocian a exposición a maltrato en la pubertad y los primeros años de la adolescencia. 

La ideación suicida se asocia a abuso emocional por los iguales entre los 10 y los 15 años, el abuso sexual en torno a los 15 años, el abuso verbal entre iguales alrededor de los 5 años, y el abuso emocional no verbal entre los 13 y los 15 años.

También parece que diferentes tipos de abuso en distintas edades predisponen de manera preferente a la adicción a ciertos tipos de droga.

Estructuras cerebrales afectadas por el maltrato

Las investigaciones indican que el maltrato en la infancia perjudica el neurodesarrollo, alterando el volumen y la actividad de distintas áreas y núcleos cerebrales. Como cada estructura tiene su propia fase de desarrollo, hay un periodo de la vida en el que va a ser máximamente sensible a la influencia de las circunstancias ambientales y, sobre todo, de las relaciones interpersonales.  

En su conferencia, el profesor Teicher hizo una revisión del modo como se ven afectadas alguna de estas estructuras, en función del tipo de maltrato y la edad a la que se produce.

Amígdala

Entre los núcleos más afectados por los malos tratos está la amígdala, situada en el interior del cerebro, con un tamaño y forma parecidos a los de una almendra (de ahí su nombre) (ilustración 3) 

Ilustración 3. La amígdala y el hipocampo, dos 
áreas fundamentales en el funcionamiento
del sistema límbico.

La amígdala se activa cuando experimentamos sensaciones de miedo, de terror o de pánico; aunque no sólo, ya que se ocupa del aprendizaje condicionado en general. A través de esta forma de aprendizaje, nuestra mente va asociando situaciones de importancia emocional con datos del entorno no directamente relacionados con la emoción que provocan. Por ejemplo, si asociamos el sonido de una campana al dolor producido por una descarga eléctrica y repetimos suficientes veces la asociación, la amígdala va a acoplar el sonido de la campana a la sensación dolorosa; de modo que el mero sonido generará un estado fisiológico que anticipará esa experiencia y desencadenará un comportamiento destinado a evitarla. De ahí que la actividad de la amígdala tenga tanta importancia en la respuesta a las amenazas y en la reacción de miedo porque, si la amígdala se activa lo suficiente por estímulos que indican amenaza o peligro, puede tomar el control de todo el cerebro desencadenando una respuesta inmediata de lucha o huida.

Los estudios sobre la influencia del maltrato en el volumen de la amígdala llegan a conclusiones diversas; y parece que el tipo de maltrato sufrido contribuye a esta disparidad en los datos. El profesor Teicher expuso en su conferencia un estudio que demuestra que adultos con trastorno límite de personalidad o trastorno disociativo de la identidad (también conocido como trastorno de personalidad múltiple) que han sufrido ABUSO sexual o maltrato físico tienen una amígdala de menor volumen; mientras que es más frecuente encontrar un aumento del volumen cuando los antecedentes no son de abuso, sino de negligencia o ABANDONO, como ocurre por ejemplo en niños/as con madres crónicamente deprimidas y en niños negligidos procedentes de instituciones.

Esto ha hecho pensar que quizá las diferencias en la evolución de este núcleo cerebral tienen que ver con el tipo de maltrato y con la edad; lo que parece confirmarse a través de los estudios de Karlen Lyons-Ruth. Esta investigadora halla diferencias en el desarrollo de ambas amígdalas en función del tipo de maltrato (abuso o abandono) y la edad a la que se produce (Pechtel, Lyons-Ruth, Anderson, & Teicher, 2014).  La amígdala derecha se vería afectada sobre todo por el abuso en los años previos a la pubertad (10-12 años), como ocurre en muchos casos de acoso escolar; mientras que la amígdala izquierda parece especialmente sensible a la calidad del cuidado en la infancia, particularmente hasta los 18 meses.

Las investigaciones de Jianjun Zhu encuentran también diferencias en el volumen amigdalar en función de la edad en la que se produce el maltrato y las características de este (Zhu et al., 2019). El maltrato físico prepuberal parece asociarse a una disminución bilateral de la actividad amigdalar; mientras que el abuso emocional pospuberal por bullying se asocia a un aumento bilateral de dicha actividad.

Combinando los descubrimientos de estos investigadores se ha propuesto la hipótesis de que las modificaciones de la estructura cerebral como consecuencia del maltrato son adaptaciones destinadas a conseguir el funcionamiento cerebral óptimo en determinadas circunstancias. Las distintas trayectorias de la evolución de la amígdala estarían destinadas a conseguir la mejor respuesta posible ante la situación que se nos plantea. Por ejemplo, en la primera infancia, el abuso o el abandono producen cambios en la amígdala destinados a minimizar las respuestas de lucha o huida, ya que en esa época de la vida es vital mantener el vínculo. Los estudios de la Dra. Lyons-Ruth sugieren que, ante una amenaza de abandono, se activa de manera predominante la amígdala izquierda porque desencadena respuestas de aproximación y búsqueda; mientras que la amígdala derecha se activaría más ante el abuso, especialmente en la preadolescencia, desencadenando respuestas de lucha-huida. Los descubrimientos del Dr. Zhu refrendan las mismas conclusiones al hallar que durante la infancia, ante unos padres abusivos, la amígdala infantil reduce su tamaño y su actividad con el fin de no luchar ni huir de ellos, y así mantener el vínculo; por el contrario, cuando el maltrato se produce durante la adolescencia, es más adaptativo que la amígdala crezca y esté más activa para pelear o escapar.

Cuerpo calloso

Ilustración 4. El cuerpo calloso está constituido
por un haz de fibras que comunica
ambos hemisferios.
Varios órganos de nuestro cuerpo están duplicados: tenemos dos pulmones, dos riñones, dos ojos, dos oídos…y también tenemos en nuestro cerebro dos amígdalas, dos hipocampos y dos hemisferios cerebrales. Esas dos mitades de nuestra corteza cerebral son aparentemente iguales, pero en realidad tienen una visión completamente diferente de nosotros mismos y del mundo. El hemisferio derecho tiene un desarrollo más temprano, se ocupa habitualmente de lo novedoso y está más en contacto con nuestras sensaciones corporales y por ende, con nuestras vivencias emocionales. Su hermano, el hemisferio izquierdo, se ocupa de las situaciones conocidas, familiares; es el responsable de las emociones más formales y estereotipadas, y también se ocupa de catalogarlas y nombrarlas; algo que el hemisferio derecho no puede hacer porque no domina el lenguaje como su hermano izquierdo. Podríamos decir que el hemisferio derecho vive las emociones y el izquierdo elabora cuentos que las explican.

Como vemos, no podemos prescindir de ninguno de ellos; y necesitamos que se coordinen de un modo armónico e integrado para aprehender la realidad de un modo completo. Para servir a esa colaboración imprescindible, la naturaleza ha dispuesto un ancho puente de interconexión entre ambos: el cuerpo calloso (ilustración 4).

El cuerpo calloso está constituido por prolongaciones neuronales (axones) que conectan la cortezadeambos hemisferios cerebrales; se divide en varias áreas, cada una de las cuales comunica zonas concretas de ambos hemisferios y se desarrollan en momentos diferentes. Para mejorar la eficiencia y la velocidad en la conducción del impulso nervioso, las prolongaciones que constituyen el cuerpo calloso están recubiertas por una vaina grasa construida por las células gliales, denominada mielina (ilustración 5).  En las fases iniciales del neurodesarrollo, los axones están en su mayoría desprovistos de esta cobertura; y uno de los logros más importantes que debe conseguir el cerebro infantil para convertirse en adulto es precisamente mielinizar sus vías de conexión.

Ilustración 5. Las células de la glía envuelven los axones en una
vaina de mielina para facilitar la conducción del impulso nervioso.

Esta mielinización puede complicarse cuando hay circunstancias adversas como el maltrato, porque el estrés produce cambios hormonales que perjudican la división de células de la glía, esenciales para la mielinización. Y una de las zonas que puede acusar más estos problemas es precisamente el cuerpo calloso; no es extraño que, tal y como expuso el profesor Teicher, la reducción en el desarrollo del cuerpo calloso sea el hallazgo neurobiológico más constantemente replicado en los diversos estudios sobre las consecuencias del maltrato (ilustración 6).

Ilustración 6. El cuerpo calloso es una de las 
estructuras que más sufre como consecuencia del maltrato.

En crías de primate de 2 meses cuidadas en una enfermería hasta cumplir el año, se observa una reducción en el desarrollo del cuerpo calloso cuando se las compara con crías que vivieron en un ambiente social casi normal (Sánchez, Hearn, Do, Rilling, & Herndon, 1998). También en seres humanos, se ha comprobado que la negligencia precoz, el abuso físico y el abuso sexual producen atrofia del cuerpo calloso (Teicher et al., 2004).

Si se compara el desarrollo del cuerpo calloso en niños/as que han sufrido abuso y negligencia, con niños/as que sufren trastornos psiquiátricos y con un grupo de niños/as sanos/as, se observa en los primeros un menor volumen de las zonas centrales de esta área del cerebro  (Teicher et al., 1997)

El tipo de maltrato y la edad a la que ocurre influyen de un modo muy específico en las áreas del cuerpo calloso afectadas. El abuso verbal parental después de la pubertad (entre los 13-16 años) afecta sobre todo a las porciones anteriores y centrales del cuerpo calloso; mientras que si se produce antes de la pubertad (7-10 años), afecta a las regiones posteriores. El abuso físico en torno a los 5-6 años, daña el desarrollo de las zonas anterior y central; y el que se produce en torno a la pubertad y después, afecta sobre todo a las zonas posteriores. El abuso emocional no verbal y el abuso emocional entre iguales es especialmente dañino para todas las áreas del cuerpo calloso cuando se produce entre los 7 y los 10 años.

Hipocampo

Ilustración 7. El hipocampo del cerebro humano
se asemeja mucho a la forma del caballito de mar.
El hipocampo es una estructura cerebral que debe su nombre a su parecido con un caballito de mar, cuyo nombre científico es Hippocampus hippocampus (ilustración 3 y 7). Inicia su desarrollo durante el segundo año tras el nacimiento; y una de sus tareas fundamentales, aunque no la única, es contribuir a la consolidación y recuperación de los recuerdos de datos y hechos. El hipocampo no es la sede de los datos que constituyen nuestra memoria; pero sí es el responsable de evocarlos, solicitando la activación de las áreas cerebrales en las que residen.  Con el tiempo, el hipocampo se va convirtiendo en nuestro Google, el buscador que tiene codificados los recuerdos, y localizará los lugares del cerebro que, al activarse, nos devolverán determinados hechos, imágenes o conceptos.

La enorme sensibilidad de sus neuronas a las concentraciones de cortisol (la hormona del estrés), hace que las circunstancias adversas en la infancia lo dañen de una manera muy especial. Se ha comprobado que el estrés suprime la formación de neuronas en algunas áreas del hipocampo (el giro dentado), y produce remodelación de las prolongaciones neuronales en otra zona de esta región, denominada el cuerno de Ammon. 

Aunque cualquier forma de maltrato perjudica el neurodesarrollo del hipocampo, el trabajo de Carl M. Anderson encuentra diferencias en la magnitud del daño en función del sexo y de la edad en la que se produce el daño (Teicher, Anderson, & Polcari, 2012). El hipocampo de los varones es más sensible a la negligencia sufrida en la época que va desde el nacimiento hasta los 8 años; mientras que el hipocampo de las niñas es más sensible al abuso en el periodo que va de los 9 a los 17 años.

Córtex sensorial

Ilustración 8. El tipo de maltrato
afecta de manera selectiva a distintas zonas
de la corteza cerebral.

Las investigaciones realizadas por el equipo del profesor Teicher indican que el tipo de maltrato va aafectar a áreas del córtex relacionadas con el canal sensorial a través del cual se produce el  abuso (Teicher, Samson, Anderson, & Ohashi, 2016) . Por ejemplo, el maltrato verbal afecta a zonas relacionadas con la percepción del lenguaje; el abuso sexual con las áreas somatosensoriales que se ocupan de las sensaciones genitales, etc. (Ilustración 8). 

Conclusiones

Parece claro que las situaciones de maltrato en la infancia provocan un daño en el neurodesarrollo que afectará a la salud mental y física de los niños y niñas a lo largo de su vida.

Como ocurre con todos los órganos, el daño producido durante el crecimiento tiene unas repercusiones más graves que el ocasionado cuando las estructuras han completado su desarrollo. 

El desarrollo del sistema nervioso se diferencia del de otros órganos y sistemas corporales en dos aspectos. En primer lugar, se produce por fases; lo que implica que las diferentes áreas y circuitos cerebrales (y por tanto las capacidades mentales asociadas a ellos) se desarrollan en periodos distintos. Por ejemplo, las zonas corticales encargadas de la producción del lenguaje no inician su desarrollo hasta dos años después del nacimiento; cuando ya llevan un tiempo creciendo núcleos como la amígdala y otras zonas encargadas del procesamiento perceptivo y el control motor.

En segundo lugar, el crecimiento por fases de estas estructuras se realiza a través de periodos de proliferación, en la que aumenta mucho la cantidad de conexiones; y periodos de poda, en la que estas conexiones se refinan a través del efecto que tienen las experiencias sobre la actividad cerebral.

Esto hace que hablemos de periodos sensibles y críticos; momentos en los que ciertas áreas del cerebro están atravesando por periodos de proliferación y poda que incrementan enormemente la influencia de las circunstancias ambientales. Es en esos periodos cuando el maltrato y otras circunstancias adversas pueden hacer el máximo daño; en consecuencia, el maltrato infantil va a tener diferentes repercusiones según la edad en la que se sufra.

En su conferencia, el profesor Teicher expuso el resultado de investigaciones que lo demuestran. Tanto la amígdala como el cuerpo calloso tienen periodos en los que son máximamente sensibles a los malos tratos; además, las consecuencias no son las mismas para los niños y las niñas.

En particular, las diferentes evoluciones de la amígdala según la edad y el tipo de maltrato nos hacen pensar que las desviaciones del neurodesarrollo podrían tener un valor adaptativo: en los primeros años de vida, el maltrato daría lugar a unas amígdalas hipoactivas porque conviene evitar la lucha o la huida para preservar el vínculo; mientras que en la pubertad y la adolescencia se produciría más bien un aumento de su volumen para favorecer reacciones de defensa más activas.

El progreso de estas líneas de investigación nos ayudará a entender mejor las trayectorias de desarrollo neuropsicológico de los niños y niñas que han sufrido malos tratos; y contribuirán a la creación de programas de prevención y tratamiento más específicos.

Bibliografía

Dube, S. R., Felitti, V. J., Dong, M., Chapman, D. P., Giles, W. H., & Anda, R. F. (2003). Childhood abuse, neglect, and household dysfunction and the risk of illicit drug use: The adverse childhood experiences study. Pediatrics, 111(3), 564–572. https://doi.org/10.1542/peds.111.3.564

Dube, S. R., Felitti, V. J., Dong, M., Giles, W. H., & Anda, R. F. (2003). The impact of adverse childhood experiences on health problems: Evidence from four birth cohorts dating back to 1900. Preventive Medicine, 37(3), 268–277. https://doi.org/10.1016/S0091-7435(03)00123-3

Green, J. G., McLaughlin, K. A., Berglund, P. A., Gruber, M. J., Sampson, N. A., Zaslavsky, A. M., & Kessler, R. C. (2010). Childhood adversities and adult psychiatric disorders in the national comorbidity survey replication I: Associations with first onset of DSM-IV disorders. Archives of General Psychiatry, 67(2), 113–123. https://doi.org/10.1001/archgenpsychiatry.2009.186

Pechtel, P., Lyons-Ruth, K., Anderson, C. M., & Teicher, M. H. (2014). Sensitive periods of amygdala development: the role of maltreatment in preadolescence. NeuroImage, 97, 236–244. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2014.04.025

Sánchez, M. M., Hearn, E. F., Do, D., Rilling, J. K., & Herndon, J. G. (1998). Differential rearing affects corpus callosum size and cognitive function of rhesus monkeys. Brain Research, 812(1–2), 38–49. https://doi.org/10.1016/S0006-8993(98)00857-9

Teicher, M. H., Anderson, C. M., & Polcari, A. (2012). Childhood maltreatment is associated with reduced volume in the hippocampal subfields CA3, dentate gyrus,and subiculum. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 109(9). https://doi.org/10.1073/pnas.1115396109

Teicher, M. H., Dumont, N. L., Ito, Y., Vaituzis, C., Giedd, J. N., & Andersen, S. L. (2004). Childhood neglect is associated with reduced corpus callosum area. Biological Psychiatry, 56(2), 80–85. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2004.03.016

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Teicher, M. H., & Parigger, A. (2015). The “Maltreatment and Abuse Chronology of Exposure” (MACE) scale for the retrospective assessment of abuse and neglect during development. PLoS ONE, 10(2). https://doi.org/10.1371/journal.pone.0117423

Teicher, M. H., Samson, J. A., Anderson, C. M., & Ohashi, K. (2016). The effects of childhood maltreatment on brain structure, function and connectivity. Nature Reviews Neuroscience, Vol. 17, pp. 652–666. https://doi.org/10.1038/nrn.2016.111

Zhu, J., Lowen, S. B., Anderson, C. M., Ohashi, K., Khan, A., & Teicher, M. H. (2019). Association of Prepubertal and Postpubertal Exposure to Childhood Maltreatment with Adult Amygdala Function. JAMA Psychiatry, 76(8), 843–853. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2019.0931

lunes, 15 de junio de 2020

Acompañamiento en el duelo infantil. Una reflexión contracultural, por Alma Serra, psicóloga.

Firma invitada:
Alma Serra
Psicóloga


Alma Serra. Psicóloga y antropóloga. Actualmente ejerzo como psicóloga en la cooperativa Rumbos. Recursos Educativos Especializados, centro que fundé hacer casi ocho años para trabajar con niños y adolescentes desde el ámbito terapéutico y psicoeducativo con enfoques humanistas y de tercera generación. Soy psicoterapeuta Gestalt especializada en bioenergética y, en los últimos años, me he centrado en el acompañamiento de duelo a través de mi formación, hace casi diez años, en el Proceso M.A.R. (Movimiento hacia el Agradecido Recuerdo) con su creador, Carlos Odriozola, y Teresa Garcés. Máster en Neurociencias, Mindfulness y enfoques de Tercera Generación, Posgrado en Técnicas Gestálticas y Bioenergéticas, formación en Musicoterapia modelo Benenzon, nivel Proto y I en terapia Transpersonal del Dr. Claudio Naranjo (Programa SAT), formación en Programación Neurolingüística, nivel avanzado el modelo SHEC con Maruxa Hernando. Actualmente me estoy formando en Técnicas Sicodramáticas, modelo Rojas Bermúdez, con Graciela Moyano.También licenciada en Antropóloga Social y Cultural, certificada con el Diploma de Estudios Avanzados (doctorado) en la misma diciplina, habiendo trabajado como investigadora en contextos socioculturales desfavorecidos, menores y población migrante.

Mi formación inicial fue como docente especialista en música, lo que me permitió trabajar con niños y niñas en escuelas y centros de formación como complemento a mis años de formación en el conservatorio.

Dirijo, junto al catedrático de psicología Jose Antonio Sánchez Medina, el Máster de Educación Emocional de la Universidad Pablo de Olvide, en Sevilla. Directora del curso de verano de la Universidad Pablo de Olavide “Neuroeducación, mindfulness y conflicto en el aula. Una aproximación desde el enfoque sistémico’. Fundadora y presidenta de la Asociación Española de Educación Emocional y colaboradora de universidades españolas en diferentes masters de trastorno de conducta, educación y enfoques de tercera generación. Y fundadora del Centro de Psicología Humanista de Sevilla a través del cual imparto, junto con otros compañeros, el título en Terapia Gestalt y Bioenergética. 

Colaboro con los Centros de Formación del Profesorado de la Junta de Andalucía y la Consejería de Educación en la formación y asesoramiento educativo a equipos de trabajo específicos, equipos directivos o claustros en todo el ámbito de la educación emocional, trastorno de conducta, innovación educativa y duelo. 

Autora de diferentes libros sobre el ámbito social, hace unos años me centré en la publicación de materiales psicoeducativos con “Un pellizco en la Barriga” sobre el duelo infantojuvenil, y “Ahora me veo” sobre la transexualidad infantojuvenil”.

Actualmente estoy inmersa en la investigación académica sobre el duelo a través de la realización de la tesis doctoral. En la elaboración de un tercer cuento para el trabajo con los miedos infantiles y terminando el diseño metodológico de material proyectivo a través de juegos para el psicodiagnóstico y elaboración del duelo.  

Me podría definir como una persona buscadora. Desde que inicié mis estudios cómo maestra, he estado buscando explicaciones a una idea que uno de mis profesores nos planteaba en clases de Historia de la Antropología: “por qué la gente es tan rara”. Considero que mis padres han sido los causantes de esta vocación incansable en la búsqueda explicaciones. Mi madre, maestra, siempre ha estado vinculada al ámbito de la exclusión social, trabajando desde hace muchos años en la cárcel de hombres de Sevilla. Y mi padre, profesor de fisiología médica en la facultad de medicina, siempre nos ha presentado la vida desde un enfoque absolutamente diferente a lo que los niños están acostumbrados a entender. Por eso, y porque la música ha sido la raíz de todo el desarrollo de mi creatividad, considero que toda mi formación etnopsicológica y docente, me aporta una mirada amplia que pongo en práctica a la hora de acompañar y formar a otras personas. Madre de tres hijos en las tres etapas educativas obligatorias (secundaria, primaria e infantil), y con unos maestros a los que admiro y que me guían en cada paso profesional y personal que doy, Carlos Odriozola y Teresa y Carolina Garcés, me aporta el contacto con la realidad y el compromiso que tengo con la sociedad para intentar mejorarla un poquito.

Presentación

Solamente unas palabras para agradecer profundamente la participación de Alma Serra en el blog Buenos tratos. A su brillante carrera profesional y completa formación, se le une una especial sensibilidad hacia las personas. Una gran profesional con un corazón grande y tierno. Le conocí hace unos años, cuando me envió un ejemplar del cuento titulado "Un pellizco en la barriga" y me encantó su trabajo para acompañar a los niños durante el proceso de duelo. Hace tiempo que leo sus aportaciones sobre este tema y sobre el modelo explicativo y de trabajo del duelo MAR© (Movimiento hacia el Agradecido Recuerdo), en el que Alma se ha formado, el cual aporta un marco comprensivo diferente en el que se tiene en cuenta, entre otros aspectos importantes, el contexto cultural y de creencias de las personas. Alabo los modelos terapéuticos innovadores, con miradas amplias y que incorporan la valoración del contexto que rodea a las personas, teniéndolo en cuenta antes de entrar con ninguna intervención. Creo que el modelo con el que trabaja Alma Serra sintoniza muy bien con el paradigma de los buenos tratos. 

Estando en época de duelo por la situación que atravesamos con la emergencia mundial por la pandemia del COVID-19 y la cantidad de seres humanos que han fallecido y fallecen a diario, me pareció que había que escribir sobre este tema para ayudar a las familias y a los profesionales menos familiarizados con el tratamiento del duelo. Por ello, pensé en Alma Serra, por su experiencia y formación especializada y también por cómo es ella. Se lo propuse y aceptó entusiasmada y emocionada. Muchísimas gracias, Alma Serra, por regalarnos tus expertos conocimientos y tu tiempo generosamente. Os dejo con su artículo.


Portada del cuento "Un pellizco en la barriga"


Acompañamiento en el duelo infantil. Una reflexión contracultural
Por Alma Serra

Hablar del duelo, duele. Duele porque supone un encuentro, cara a cara, con una de las paradojas, “hecho aparentemente contrario a la lógica” (RAE, 2019), más profundas de la vida. ¿Cuál es esa lógica? Que todos debemos morir cuando nos hacemos mayores, que la muerte forma parte de la vida, que la vida son dos días, que todo tiene un fin… Sí, pero el contrasentido surge cuando la despedida llama antes de tiempo, a veces sin avisar, y rompe todo el ciclo que la vida entiende por “natural”.

Si, además, hablamos de duelo infantil, el encontronazo es mayor. Ya que no sólo asumimos la variable “antinatural” como uno de los elementos básicos en la necesidad de elaborar el duelo, sino que surge otra consustancial: un cerebro con dificultad para entender un hecho tan abstracto como es el de la irreversibilidad.



Caracuel (1983) argumentaba que, hasta mediados del siglo XX, la muerte solía afrontarse en el domicilio familiar y esto hacía que, hasta los niños, la vivieran como algo normal o natural dentro del proceso vital. En los últimos cincuenta o sesenta años, a nivel social, se ha relegado todo el complejo emocional de la despedida a espacios hospitalarios y tanatoriales (para adultos). Esto ha hecho que, sobre todo en zonas urbanitas, los tiempos y espacios en los que antes participaban los niños, y que suponían rituales muy necesarios para procesar e integrar el proceso de duelo, han ido desapareciendo. Además, con la desnaturalización de la sociedad y la enseñanza, cada vez se habla menos de la muerte, se ven menos animales morir… convirtiéndose en un tabú pedagógico, con la asombrosa contradicción de entender que estamos en un momento de la historia con la mayor exposición mediática y diaria a muertes accidentales, asesinatos (sólo hay que pensar en cuántas veces han puesto -en horario infantil- la escena del policía asfixiando a George Floyd en EEUU). Todas, generalmente, muy traumáticas. Y esto agrava la situación: “si no me acompañan a entender o integrar este concepto tan difícil y me exponen a mucha información de ese tipo, tenderé a insensibilizarme o a crear fantasías que me generen mucho miedo”. “Si me hablasen del tema, omitieran escenas tan horrorosas, se pudiera conversar en las aulas y en mi familia, donde le dieran un sentido a lo que siento y me pudiera expresar, quizás me facilitaría elaborar una despedida cuando me encuentre con ella”. 

Esta argumentación es una de las razones por la que el duelo es, para mí, uno de los nexos más férreos que entre la psicología y antropología. Superando el debate biologicista o culturalista, la antropología y la psicología hacen un tándem indisoluble. La forma en la que culturalmente abordamos la muerte actualmente va en contra, radicalmente, de una pedagogía que ayude a entender a los más pequeños, un tema tan complejo. Si desde que comenzamos a socializarnos, nos enseñasen que la muerte forma parte de la vida, los niños tuvieran espacios y tiempos para elaborarla, acompañados por adultos sostenedores capaces de dar explicaciones comprensibles y sanadoras… no tendríamos las consultas llenas de padres y madres (y otros profesionales) desconcertados porque no saben qué explicaciones dar o cómo acompañar a los niños. Además, el hecho de haberlos erradicado de los rituales de despedida dificulta el proceso psicológico de elaboración, aunque la tuviéramos más integrada. La pedagogía de la pérdida es una forma de prevenir mucho sufrimiento, pero se le ha olvidado a nuestra sociedad occidental.

En otras culturas, la forma en la que se integra la muerte en la vida es muy diferente. La participación de toda la sociedad (niños y niñas incluidas), los ritmos de las despedidas, la música, las oraciones, los silencios… hacen que las consecuencias psicológicas sean muy diferentes a la de una población que evita hablar del tema, pese a estar expuesto continuamente. Siempre pongo el ejemplo de la película “Coco” (2017), como ilustración de una cultura en la que la muerte está integrada con la vida. 



Esta es una de las primeras ideas que trabajo con mis alumnos y alumnas de las formaciones sobre acompañamiento en el duelo infantojuvenil. Es fundamental conocer la cultura, religión, ideario o filosofía de vida de la familia del niño o niña al que vamos a acompañar. Como profesionales, tenemos que hacer un ejercicio de descentración cultural si la familia que tenemos delante no comulga con nuestra forma de entender la muerte. Y es que el abordaje desde el que yo hago el acompañamiento tiene cinco componentes básicos: emocional, intelectual, corporal, sistémico y espiritual. Considero que, si me falta alguna de estas “patas”, el acompañamiento no está completo. 

El proceso M.A.R.® (Movimiento hacia el Agradecido Recuerdo), creado por el psicólogo vasco Carlos Odriozola, es, de todo en lo que me he formado e investigado, el modelo que más respuestas da a mis inquietudes como profesional y la forma en la que entiendo los procesos psicológicos de despedida (y la vida en general). Fusiona la antropología y la psicología de una forma difícilmente distinguible y centraliza, como elemento esencial que dificulta la despedida sana, el trabajo con las culpas. En el trabajo con el duelo, hay tres indicadores que aportan una información básica a la hora de realizar el acompañamiento: los sentimientos de culpa, si hubo despedida o no, y el tipo de relación que se tuviera con la persona fallecida.

Desde este enfoque, no se le da tanta importancia a identificar las fases del duelo que tantos autores y autoras han clasificado (precisamente por las razones antropológicas que antes he argumentado: cada persona es un mundo y no tiene porqué pasar por las mismas fases, ni de la misma forma), sino que se centra en la elaboración, el proceso, los pasos que hay que ir dando para resolver esas tres variables, y terminar con el objetivo final del trabajo: la capacidad de recordar a la persona perdida sin ningún tipo de culpa y bajo un profundo agradecimiento.

¿Cuáles son las etapas desde las que se orienta el acompañamiento? La aceptación de la irreversibilidad a través de la conexión con el dolor; la identificación de los motivos de culpa y su elaboración/saneamiento; la elaboración del legado psicológico con las cosas que la persona fallecida considero que desearía para mí; el agradecimiento; y la devolución de lo aprendido y vivido a la sociedad. Cada una de ellas implica una serie de ejercicios que van a ayudar a conseguir los objetivos que he planteado a modo de etapa. 

En niños, esta propuesta es como el timón del barco que guía mi trabajo. Si son duelos simples (no traumáticos), la aceptación de la irreversibilidad la trabajo realizando un álbum de recuerdos de la historia de la relación con la persona; los motivos de culpa (si hay), los trabajo como “secretos” que el niño alberga y que le hubiera gustado decirle mientras vivía; creamos un legado psicológico con aquellas cosas que el niño desearía que la persona fallecida desee o hubiera deseado; hacemos un manifiesto del agradecimiento con cosas o situaciones muy concretas que queremos expresar y, finalmente, vemos de qué forma podemos ayudar a las personas que tenemos cerca, si se encuentran en una situación parecida. Todo ello con juegos, cartas proyectivas, collage, murales, caja de arena, vídeos, muñecos, telas, canciones, cuentos… Me he encontrado con situaciones absolutamente mágicas que me han embargado, hasta el punto de dedicarme, prácticamente en exclusiva, a la psicoterapia del duelo. Cada experiencia en la consulta o en centros educativos, ha sido un halo de esperanza para entender que, elaborar algo tan difícil como la muerte es posible, si se tiene claro cómo hacerlo. Y digo “claro” porque considero que el acompañamiento en el duelo requiere una formación muy específica para el que no todo el mundo está preparado profesional y emocionalmente. Dedicarme a esto ha supuesto elaborar mis propios duelos, formarme de forma incansable y, sobre todo, ir adquiriendo mucha experiencia y dedicar tiempo a supervisarme. Sin formación ni experiencia, se puede -como todo en la vida- hacer mucho daño a las personas que acompañamos. Sobre todo, en lo que concierne a los motivos de culpa. Una praxis inadecuada puede dar lugar a situaciones en la que, lejos de elaborar, generemos más sentimientos de culpa, a través de juicios o instauración de “mandatos” o “responsabilidades”, que generen más angustia que paz. Normalmente suele ocurrir cuando hay un desconocimiento del proceso o cuando el terapeuta no ha elaborado previamente sus duelos y surgen transferencias psicológicas que se instauran y dificultan el proceso. 



Aunque todas las pérdidas no naturales (todas las que no son por muerte natural) tienen un componente traumático, es importante diferenciar el duelo “simple” del duelo “complejo.” Nos encontramos con un duelo complejo cuando una o todas las variables anteriores están muy activas: hay negación de la irreversibilidad o disociación, no ha habido despedida y la relación era muy compleja o abandónica. En estos casos, el trabajo con el duelo se convierte en una etapa dentro del proceso terapéutico bajo protocolos de trauma. De esta forma, he acompañado el duelo tras mucho trabajo de desensibilización, integración y estabilización; pero lo he trabajado como parte del proceso. 

También puede ocurrir que, siendo un duelo en el que ha habido aceptación de la irreversibilidad, la relación que se tenía era sana y ha habido despedida; la persona fallecida era una figura de apego primario o secundario esencial. Si ha habido despedida y ha sido amorosa (se ha acompañado con madurez), podemos sentir el alivio de un gran parte del trabajo psicológico realizado. Pero, pese a que todas estas variables fueran favorables, el hecho de haber perdido a una figura de sostén principal es profundamente desorganizante. En palabras de Bowlby, la pérdida produce un desequilibrio en la homeostasis del sistema comportamental de apego y desestabiliza los mecanismos y cimientos psicológicos que regulan la relación entre el individuo y el mundo. Todo ello puede llegar a condenar la vida de un niño o niña, si no se hace un acompañamiento adecuado y sistémico en el que se ayude en el proceso de reelaboración de la identidad individual y relacional. 

Pero no me gustaría reducir la psicología del duelo exclusivamente a la muerte. El Proceso M.A.R., como enfoque psicológico, aborda otras situaciones que consideramos también duelos porque implican procesos de despedida-elaboración-integración. Duelo evolutivo, afectivo, laboral, material, social, espiritual, corporal, mediático, de género (identidad de género o sexual), anticipado, migratorio y por suicidio. Las variables desde las que se establece esta clasificación son diferentes, pero me sirve a modo de resumen para transmitíroslo. Es el amplio abanico en el que se ha demostrado que este enfoque tiene un efecto absolutamente transformador, llegando incluso a aplicarlo como proceso psicoeducativo en situaciones de acoso escolar, cambios de etapa educativa, cierres de actividades… en centros en los que he intervenido.



Como decía S. Rimponché (1992) en su “Libro tibetano sobre la vida y la muerte”, aprender a vivir es aprender a desprenderse. Pero, para aprender a desprenderse de una forma sana y agradecida, hace falta que nuestra cultura recupere esa mirada, cargada de rituales, en la que la muerte se integraba con la vida. Desarrollar una pedagogía del duelo es algo imperante para prevenir muchas dificultades con las que nos encontramos día a día a nivel psicológico. Supone comenzar por aceptar que cuanto más negamos la muerte, menos disfrutamos de la vida. Es un cuestionamiento óntico sobre cómo queremos vivir y, cuando comenzamos a entenderlo, la fluidez en el acompañamiento psicoterapéutico y educativo es mágica, los recursos afloran y las personas con las que trabajamos, se sienten seguras. Esa es la clave.

Referencias

Real Academia Española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.3 en línea]. https://dle.rae.es 

Caracuel, M. (1983). Actitudes ante la muerte y los enfermos terminales en los estudiantes de 
Enfermería de la Escuela Universitaria de Córdoba. Tesis de licenciatura. Univ. de Córdoba.

S. Rimponché (1992). Libro tibetano sobre la vida y la muerte. Urano.


sábado, 13 de junio de 2020

La traumaterapia de las consecuencias de los procesos discriminatorios y racistas en las personas, las familias y la comunidad, por Jorge Barudy, psiquiatra.


Diploma de postgrado en 

Traumaterapia Sistémica Infanto-juvenil

 

13ª Promoción Apega 13 Barcelona 2020-2022

7ª Promoción Apega 7 Donostia 2020-2022

2ª Promoción Apega 2 Madrid 2020-2022

7ª Promoción Apega 7 Chile 2020-2022

 

Abierto el plazo de pre-inscripción:

http://www.traumaterapiayresiliencia.com


 

La traumaterapia de las consecuencias de los procesos discriminatorios y racistas en las personas, las familias y la comunidad


Autor: Jorge Barudy
Director de la Red apega.

En memoria y en homenaje a George Floyd y todas las víctimas del racismo.

Querido hermano blanco: 

Cuando yo nací era negro
Cuando crecí era negro
Cuando me da el sol soy negro 
Cuando estoy enfermo soy negro
Cuando muera seré negro 
Mientras tanto tu 
Cuando naciste eras rosado
Cuando creciste fuiste blanco
Cuando te da el sol eres rojo
Cuando sientes frio eres azul
Cuando sientes miedo eres verde 
Cuando estas enfermo eres amarillo
Cuando mueras serás gris
Entonces cual de nosotros dos
es un hombre de color  

Leopóld Sedar Senghór (Poeta senegalés)

Introducción 

Millones de personas a través de todo el mundo se han vuelto a despertar para mirar de nuevo a través de la niebla impuesta por los detentores del poder, ya que la discriminación y en particular el racismo que afecta a millones de personas en el mundo nunca desapareció. Cientos de miles de personas en todo el mundo salimos a la calle participando en una de las mayores protestas por la justicia racial, al grito de “las vidas negras importan” (“The Black Lives Matter”), al conocer las imágenes del cobarde asesinato de George Floyd ocurrido el 25 de mayo de 2020. Un hombre, un ser humano, cuyo color de piel era negro, era ahogado bajo la rodilla de otro ser humano, un policía blanco, durante ocho minutos y 46 segundos que transcurrieron desde su detención hasta su muerte en una calle de la ciudad de Mineápolis en Estados Unidos. "¡Por favor, por favor, por favor, no puedo respirar. Por favor!", fueron las ultimas palabras de George Floyd, mientras agonizaba. 

Funeral por George Floyd. Foto: elpais.com
Funeral de George Floyd. Foto: elpais.com


Para sumarnos como Red Apega a este movimiento queremos compartir este artículo. Su contenido emerge de nuestras investigaciones y nuestro trabajo traumaterapéutico para reparar las consecuencias de la violencia organizada –siendo el racismo una de sus manifestaciones- sobre las personas, las familias y las comunidades. 

Retomando la definición del Comité de Derechos Humanos de la ONU, el racismo es parte de lo que se define como discriminación (1) y sigue siendo una forma de violencia que no reconoce fronteras. Durante años, pasados y recientes, hemos visto esclavizados (2) a pueblos enteros a partir de una creencia de superioridad de los esclavistas.  En el caso de las mujeres, la discriminación racista ha tenido múltiples dimensiones. Así, han sufrido la supremacía masculina impuesta por los hombres y sostenida por la ideología patriarcal; pero, además, por el color de su piel y sus rasgos cuando no corresponden con la clase dominante. 

En términos históricos la discriminación y el racismo han provocado enormes atrocidades, millones de personas judías aniquiladas por el nazismo, por el régimen estaliniano… O en fechas no tan lejanas, los africanos en los genocidios por pertenecer a una etnia determinada. O más reciente aún, la persecución del pueblo rohinyá en Birmania. Pero situaciones como estas las tenemos mucho más cerca; por ejemplo, en los campos de refugiados en las islas italianas, en Grecia o en Turquía. Las condiciones de vida discriminatorias y racistas de esas poblaciones constituyen una vergüenza para los estados que componen la Unión Europea que gestionan estas situaciones a través de una retórica que camufla y justifica la indolencia y el derecho a la asistencia humanitaria.   
 
Poblaciones enteras han sido esclavizadas por su color de piel debido a la superioridad racista, apoyada por creencias e instituciones religiosas. El caso mas vergonzante y no tan lejano fue la esclavitud de las poblaciones africanas por las potencias europeas y por el país que aún se jacta de ser una democracia que da lecciones al mundo, como los Estados Unidos de Norteamérica.  En la actualidad, este país como otros de la parte rica del planeta, ha reciclado esta esclavitud por la explotación de cientos de inmigrantes de los países pobres –mejicanos, centro americanos, africanos, sudamericanos, magrebíes, etc.- que cuando logran entrar a estos países viven como inmigrantes ilegales explotados trabajando en condiciones inhumanas, como lo hacían los y las esclavas de antaño, por ejemplo, en las plantaciones de siempre, o en las nuevas como las de Andalucía en España.  

Hoy gracias a las luchas de los movimientos sociales de defensa de los derechos humanos y en particular los que luchan contra el racismo, la situación no es tan brutal ni legitimada como antaño, pero hay que seguir atento en la actualidad a las nuevas maneras en que esta se ejerce, disfrazada por nuevas formas de micro racismo cuya tarjeta de presentación es la sutileza. Son los gestos cotidianos de violencia racial y que es tan corrosiva como cualquier agresión que va desde la pregunta a un inmigrante si realmente es español o las agresiones invisibles en la calle con gestos o miradas de desprecio. Todas ellas se retroalimentan y se hacen fuertes en una España donde existen movimientos políticos que legitiman el racismo, por eso hay que insistir “una sociedad es racista o no lo es, no hay grados de racismo” Frantz Fanon (3).


Las esclavitud de las poblaciones africanas por las potencias Europeas
Foto: cadenaser.com

La etiqueta de “país racista” incómoda a muchos, que por lo general definen a España como un país receptor, hospitalario y acogedor de culturas y razas. Desgraciadamente no es así para todos, por ejemplo, el pueblo gitano, lleva cinco siglos siendo discriminado, estigmatizado, criminalizado y obligado a encerrarse en guetos. 

No podemos dejar de reconocer en este articulo que históricamente el grupo social más discriminado ha sido la infancia, a su vez el grupo más vulnerable por su dependencia total para su sobrevivencia del mundo adulto, y el que tiene menos posibilidades de defender sus derechos y contar con posibilidades de acceder libremente a alguna instancia para denunciar la discriminación que sufre y ser protegido.  Su pertenencia a un grupo étnico diferente como ser hijo o hija de una familia inmigrante, de una clase social desfavorecida o haber sido adoptado por una familia española en África subsahariana, Asia o en un país del Magreb, aumenta las posibilidades de ser víctima del racismo cotidiano en la escuela y en el barrio. Existe actualmente otro tipo de discriminación racista que está produciendo mucho sufrimiento en la infancia y adolescencia: el de los chicos y chicas que sufren diariamente los insultos y vejaciones de algunos de sus compañeros por ser, simplemente, diferentes.  

"La infancia es el grupo que menos puede defender sus derechos"
(Jorge Barudy)

Lo más preocupante no es solamente que el racismo siga vivo, sino que es mantenido por los sistemas de dominación y que desgraciadamente hoy están globalizados porque el racismo es parte central de las ideologías y prácticas políticas que sostienen el modelo económico neoliberal de mercado. 

El racismo es una forma de violencia organizada porque está constituida por un conjunto de agresiones intencionales, por acción y omisión, estudiadas, programadas y ejecutadas por seres humanos con poder e ideológicamente alienados, por una cultura que se define como superior, que legitima, banaliza y justifica el asesinato, la humillación, la violación de los derechos humanos de otro grupo de seres humanos considerados diferentes por sus rasgos y el color de su piel. 

Desde otra perspectiva, todo gesto o acto racista es un atentado a la dignidad humana o el derecho que tiene cada ser humano, por el solo hecho de existir, de ser respetado incondicionalmente  y valorado como ser individual y social, es decir, como una persona cualesquiera que sean sus características y condiciones particulares. Por esta razón todos los actos de discriminacion racista dirigidos a las personas provocan sufrimiento y en los casos más graves trastornos traumáticos de diferentes contenidos, duración y gravedad. 

Un modelo comprensivo de la discriminación: una lectura ecosistémica

Este modelo consiste en considerar la discriminación racista como una producción social donde intervienen diferentes personajes, contextos y circunstancias (Bronfenbrenner, 2002).  

La aplicación de este modelo nos permite considerar el racismo desde una lectura que evite el reduccionismo lineal y que incorpore la complejidad creada por las múltiples personas y sus interacciones entre ellas y los diferentes factores que determinan los contextos en que estas interacciones se producen. El racismo se explica desde esta mirada como una producción social donde intervienen diferentes personajes, contextos y circunstancias. Esto le da sentido a su existencia. Desde los múltiples seres humanos en interacción y sus sistemas de pertenencia, que por activa y por pasiva intervienen en la producción del fenómeno (afectados, perpetradores directos, los terceros-cómplices y los y las terceras-activistas sociales que tratan de apoyar a los y las afectadas y realizar intervenciones de defensa de los derechos humanos para prevenirlo). Este conjunto de personas e instituciones con sus creencias motivaciones y conductas crean un sistema social que desde el punto de vista histórico y en el presente juegan un papel que produce y mantienen los fenómenos racistas o al contrario hacen que disminuyan o no ocurran.

El impacto de las conductas y las narrativas racistas 

Los proyectiles que cargan las armas del racismo son los prejuicios que se entienden como una actitud, expresados por conductas y expresiones verbales denigrantes hacia los miembros de un grupo que por ser diferente es considerado inferior y/o peligroso. Los gestos y actos discriminatorios son estímulos que el cerebro de las personas afectadas percibe como estresores o estímulos amenazantes porque violan la necesidad fundamental del ser humano de ser respetado en su dignidad, es decir, bien tratado en las relaciones interpersonales. Estas agresiones racistas cuando son graves y permanentes pueden causar dolor, sufrimiento y respuestas de estrés que por su intensidad y duración pueden agotar los recursos naturales tanto individuales como familiares y sociales que cada ser humano posee para hacer frente a la adversidad. Los dolores, el sufrimiento y el impacto de las respuestas de estrés se interiorizan como memorias traumáticas que se expresan como síntomas y síndromes diversos. En los casos mas extremos provocan la muerte de los afectados como es el caso de George Floyd. Actualmente, la discriminación racista se está convirtiendo en una violencia que se generaliza en Europa. En muchos países, el racismo está alimentado por unas respuestas a la inmigración de millones de personas que buscan sobrevivir, por parte de los estados de los países ricos con partidos políticos que son cada vez más xenófobos y que se camuflan con retoricas que banalizan o niegan el contenido racista de sus proclamas.

El racismo como una transgresión a la neurobiología del amor

La discriminación racista puede ser entendida como una transgresión a la neurobiología del amor que, según los biólogos y neurocientíficos chilenos Maturana y Varela (1984) define la naturaleza humana. (4) Esto se corresponde con la conectividad como imperativo neurobiológico propuesta por Porges (2017).

La discriminación puede ser entendida aplicando las ideas de estos autores, por la paradoja que crea la emergencia primitiva en los hombres y las mujeres consistente en la posibilidad de simbolizar en palabras y signos la experiencia y la realidad donde ocurre esta experiencia. La capacidad de simbolización abre también el camino a la producción de ideas y creencias que permiten la representación o consciencia de sí mismo y de los demás. Esta capacidad debería estar solo al servicio de la vida, o de la conectividad interpersonal, pero desgraciadamente esto no siempre es así. El racismo nos muestra dramáticamente la capacidad de los seres humanos de destruir a otros seres humanos a partir de representaciones ideológicas, religiosas u otras, todas posibles gracias a esta capacidad de representación de sí mismo y de los otros y del mundo que nos rodea. Esta posibilidad de existencia en "un relato" emerge de la experiencia y la consciencia de pertenecer a un grupo, a una especie particular y singular, distinta de otras especies, o de otros grupos de la misma especie. Esto proporciona al individuo la vivencia de grupo, de masa y como consecuencia la experiencia de no estar solo en el mundo y de sentirse seguro frente al vacío y el misterio de lo desconocido y lo incontrolable. El sentimiento de pertenencia a un grupo surge como fenómeno social inevitable, ligado al hecho de poder representarse la realidad transformándose en una necesidad vital pues aquel proporciona a los miembros individuales una experiencia de fuerza y de poder. La pertenencia a una familia, a un grupo, a una colectividad, amplifica por una parte las capacidades de adaptación al medio porque el "nosotros" posee más recursos y poder que el "yo" y el "tú"; pero, por otra parte, la perversión de este fenómeno por grupos de poder introduce el peligro de que el otro u otra diferente pueda ser vivido, en determinados momentos, como un peligro que cuestiona y amenaza este sentimiento de cohesión y de unidad. Esto puede llevar a dinámicas de control, sometimiento, maltrato y/o destrucción de otro ser humano por el sólo hecho de que éste sea diferente. Estas ideas pueden ser la base de la neurobiología del racismo, profundamente enraizada en el grupo de los perpetradores y los instigadores de las practicas racistas. 

Cada vez que un sujeto o un grupo humano cree que sus "formas" de ver y comprender el mundo (sistema de creencias, ideología, teorías científicas…) son verdades absolutas para defender a cualquier precio, aun destruyendo otras formas de vida y por ende otros seres humanos, estamos en la zona límite donde comienza la violencia organizada y una de sus manifestaciones: el racismo.  

En esta situación, las ideas o las creencias defendidas son más importantes que la condición humana del otro. Estas mismas creencias servirán para legitimar la discriminación y los racismos cuyas expresiones más atroces son la esclavitud, las guerras, los genocidios, la tortura, la violación y la mutilación genital de las niñas, la violencia a la mujer, los malos tratos a la infancia… 

No hay nada mas opuesto al racismo que las relaciones interpersonales de buenos tratos que tanto en la infancia como en la vida adulta permiten el desarrollo de las capacidades resilientes.  

El modelo de traumaterapia sistémica: una posibilidad de reparar el daño de la violencia racista   

El modelo de la traumaterapia sistémica es sistémico porque permite comprender el impacto traumático del racismo, considerando la relación entre el sujeto afectado, con sus contextos vitales y los entornos donde se produjeron las agresiones.  

Su base teórica científica está basada en los aportes de las neurociencias, los resultados de las investigaciones relacionadas con el impacto de los traumas en la personalidad y en el paradigma de la resiliencia. De este último hemos integrado que ninguna experiencia por muy traumática que sea tiene el poder de determinar la vida de los afectados, siempre y cuando estos reciban el apoyo solidario que merecen, es decir que conozcan el valor terapéutico de la reparación de la dignidad por el afecto y la solidaridad. Para que esto se produzca, los profesionales de la terapia tienen que servirles como una red humana donde cada uno con sus competencias y formaciones se impliquen para vincularse afectivamente con ellos y ellas asociándose a sus recursos, reconociéndoles como afectados, aportándoles apoyo y acompañamiento social y psicológico, mostrándoles alternativas realistas y esperanzadoras, creando climas de humor y ternura. Las intervenciones basadas en el apoyo y la promoción de la resiliencia individual, familiar y grupal tienen que asociar el realismo con la esperanza. El realismo es reconocer que cuando el daño es muy severo se puede aliviar el sufrimiento y el dolor pero como las heridas en la piel que cicatrizan, estos traumas resultado de la discriminación racista intensa y crónica pueden volver a doler en determinados contextos. Realista en el sentido de que las leyes y el sistema judicial que deben garantizar la restitución y la reparación social están como todos los sistemas humanos formados por personas que tienen sus propias visiones del mundo y es posible que sus creencias sean racistas en relación a los inmigrantes o a las personas de otros orígenes. Hay que ayudar a las personas discriminadas por el racismo a hacer la diferencia entre "la justicia" como un valor fundamental para garantizar los derechos humanos y "el ejercicio del poder judicial" que no siempre es justo, lo que da todo el sentido al combate, para que este responda a los valores que fundamentan el ejercicio de una justicia justa. 

El modelo de la traumaterapia sistémica está legitimado por más de 30 años de atención de personas afectadas por violaciones de los derechos humanos donde el fenómeno de la discriminación racista está presente de manera transversal. 

El racismo como experiencia traumática

Es toda aquella acción u omisión realizada por personas, grupos o instituciones que produce y reproduce desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades tan disímiles como comida, servicios de salud, trabajo, educación o empleo, en favor o en contra de otras personas, grupos o instituciones. O el acto de separar o formar grupos de personas a partir de criterios determinados. O la violación de la igualdad de los derechos humanos por edad, color, altura, capacidades, etnia, familia, género, características genéticas, estado marital, nacionalidad, raza, religión, sexo u orientación sexual producen experiencias traumáticas o traumas.  

Las conductas racistas como estresores que activan el sistema de respuesta al estrés: una mirada traumaterapéutica 

Todos los actos y discursos enunciados y otros que forman parte de las pragmáticas de la discriminación racista son en el modelo traumaterapéutico considerados como estresores.  

Los estresores corresponden al conjunto de estímulos que pueden provenir del interior del organismo o del entorno exterior a él y que movilizan los recursos naturales del cerebro y del sistema nervioso para responder a ellos a través de lo que se conoce como respuestas de estrés, destinadas a mantener el funcionamiento sano o la homeostasis del conjunto de sistemas que componen el organismo humano.

Según su contenido, duración e intensidad se pueden distinguir: 

a) Estresores saludables internos como la sed, que conduce a la respuesta de hidratarse; o estímulos del entorno necesarios para el desarrollo de la mente, como los estímulos educativos.

b) Estresores que producen sufrimiento o dolores internos. Por ejemplo, un dolor de cabeza. O externo, como un acto o experiencia única de discriminación racista. O a nivel más personal, la pérdida de un ser querido. Estos estímulos pueden ser modulados con los recursos del organismo y el apoyo social. 

c) Estresores traumáticos o mórbidos. Internos, como una enfermedad grave. Externos, como un asalto, un secuestro, actos terroristas, malos tratos, procesos de discriminación prolongados como el racismo, la homofobia o el machismo etc. que provocan sufrimientos, trastornos y/o enfermedades. Porque sobrepasan o agotan los recursos naturales de las persones y sus redes sociales de apoyo. 

d) Estresores mortales. Son los que producen una amenaza a la vida y en muchos casos conducen a la muerte, como el caso del asesinato que inspira este articulo 

Foto: psicoactiva

Los estresores que producen sufrimiento -más aun los traumáticos o los mortíferos- son estímulos que por su contenido duración e intensidad desafían el equilibrio y amenazan la homeostasis del organismo humano -en este caso conductas y discursos racistas-. El cerebro activa de preferencia al sistema nervioso autónomo que tiene dos ramificaciones: el sistema simpático y el parasimpático, que a menudo producen reacciones coordinadas pero antagónicas. El Sistema Nervioso Simpático (SNS) responde a las situaciones que producen amenazas de alarma activándose: con miedo, lucha, huida y/o respuestas sexualizadas (Sapolsky y otros, 1990). En cambio, el Sistema Nervioso Parasimpático (SNPS) lleva a la inhibición. Ambos no pueden funcionar a la vez, la activación de un sistema hace que el otro se desactive. A estas respuestas se las conoce como respuestas al estrés y pueden producirse en cualquier momento de la vida cotidiana y desaparecen cuando la situación amenazante finaliza. Este conocimiento científico tiene una gran importancia para la comprensión de los malestares y de los síntomas psíquicos de personas afectadas por eventos o procesos de discriminación racista.

Los trastornos de estrés postraumático

Un acto, un insulto o un discurso racista es percibido por el cerebro como una amenaza. El cerebro registra la señal de alarma en un núcleo nervioso que se llama amígdala cerebral (hay una en cada hemisferio cerebral), la cual estimula el hipotálamo, otra región importante del cerebro llamado sistema límbico o emocional que produce una descarga de neuroquímicos: cortisol, epinefrina, norepinefrina y otros neuropéptidos, que activan intensa y repentinamente al Sistema Nervioso Autónomo (SNA) a través del Sistema Simpático, todo esto para hacer frente al estímulo (Perry 1994a). Cuando la amenaza es la consecuencia de estresores traumáticos severos, casi en la frontera con los estresores mortales, se puede activar bruscamente e intensamente el Sistema Parasimpático, llegando a producir una paralización global del organismo que puede llegar hasta un estado de petrificación o sideración que en los casos más severos algunos le llaman reflejo cadavérico. 

La activación del Sistema Nervioso Autónomo, con su rama simpática y parasimpática frente a las agresiones, resultado de la discriminación, es una respuesta adaptativa para hacer frente a estos estresores. Por las perturbaciones que produce puede generar un trastorno de estrés post traumático.

Las respuestas a las agresiones discriminatorias racistas, dependen de su contenido y duración, de cómo estaba la persona antes de sufrirlas y de la existencia o no de fuentes de apoyo afectivo social, jurídico y terapéutico que encuentre en sus redes familiares y sociales. Esto explica que las consecuencias pueden ser desde un malestar hasta un trastorno traumático de la personalidad o trauma complejo. 

En general, el contenido del acto de discriminación es vivido como una amenaza que implica un riesgo tanto para la vida como para la integridad psicológica de la persona. Por ejemplo, una mujer inmigrante es amenazada de muerte con un cuchillo, en un tren de cercanías, casi vacío, por una banda de sujetos racistas. Un ejemplo de amenaza psicológica o amenaza a la integridad o dignidad de la persona sería el de un hombre de origen africano que reclama porque la cajera de un supermercado le tira el ticket de compra a la par que le responde: “¡que me vienes a reclamar a mí, este es mi país, vuélvete al tuyo donde seguro recién están aprendiendo a bajarse de los árboles!”. En los dos casos el organismo de la persona puede responder con las manifestaciones que corresponden a los trastornos de estrés post traumático. 

El racismo base de trastornos traumáticos que pueden reactivarse en el tiempo

Cuando las agresiones de discriminación racistas corresponden a estresores traumáticos que produjeron trastornos de estrés postraumático en el pasado, aunque fueran tratados, es posible que, en el presente, al enfrentarse a nuevas situaciones de racismo -aunque sean de una modalidad diferente- puedan volver a presentar una sintomatología, como si estuvieran reviviendo en la actualidad lo que les sucedió en el pasado. Esto se explica por mecanismos neurobiológicos que son la base de lo que Boris Cyrulnik (2003) llama el “el murmullo de los fantasmas” y que corresponden a reviviscencias traumáticas. En situaciones reales o en las reviviscencias gatilladas por la activación de las memorias traumáticas, el cuerpo se prepara para defenderse o luchar. Lo que hemos aprendido que los estímulos o situaciones en el presente, con un parecido aunque sea pequeño, a situaciones de amenazas en el pasado, activarán el Sistema Nervioso Autónomo, que a su vez activará múltiples áreas cerebrales desde el bulbo raquídeo, pasando por el mesencéfalo (parte del encéfalo cuya tarea es conducir e impulsar los impulsos motores de la corteza cerebral de vuelta al tronco encefálico), el tálamo, el sistema límbico y las áreas corticales.  Es en este viaje donde emerge la sensación de malestar traumático que se expresa por los diferentes componentes de los trastornos de estrés traumático. 

Si la nueva amenaza en el presente es igual o peor a la vivida en el pasado, junto con las manifestaciones descritas, la respuesta de lucha, que puede manifestarse por desconfianza, criticas u hostilidad -dirigida incluso en contra de los suyos, o a los profesionales que les quieren apoyar-, la otra posibilidad es la activación de los mecanismos de huida o evasión. 

Cuando las amenazas desaparecen y/o las o los afectados se sienten de nuevo en seguridad por las acciones de otra persona o grupo de personas, que con una actitud afectiva y contenedora les aportan protección y acciones para que recuperen la confianza, el Sistema Parasimpático se activará normalmente, desconectando la activación simpática y permitiendo recuperar el estado de funcionamiento mental y la seguridad que existía antes de la amenaza. 

A título de conclusión 

Esto ultimo nos permite concluir este articulo afirmando que el mas valioso antídoto contra el racismo son las conexiones genuinas entre los seres humanos, a partir del respeto de sus diferencias y la reparación del daño sufrido por las agresiones traumáticas mediante la traumaterapia sistémica basada en los buenos tratos, la promoción de la resiliencia y en el  valor terapéutico del amor y la solidaridad.

Referencias

(1) El racismo es una de las tantas formas de discriminación que existen que están definidas por Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que recoge el término en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966: "... Cualquier distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en determinadas razones, tales como raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otro tipo, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social, y cuyo objetivo o resultado sea cancelar o subrayar el reconocimiento, disfrute o ejercicio en condiciones de igualdad. , los derechos humanos y las libertades fundamentales de todas las personas”.

(2) Para saber mas sobre el impacto de la esclavitud ver “L´esclavage: quel impact sur la psychologie des populations? De Aimé Charles-Nicolas y Benjamin Bowser. Editorial Idem Campus, 2018. 

(3) Nació el 20 de julio de 1925 en Fort-de-France. A los diecisiete años se unió al Ejército Francés de Liberación para luchar contra la Alemania nazi. Volvió de la guerra indignado por la discriminación racial que existía en sus propias filas. Joven doctor en medicina psiquiátrica, jefe de servicio del hospital psiquiátrico de Blida (Argelia), donde pone en marcha un «servicio abierto» a disposición de europeos y argelinos. En noviembre de 1954, se incorpora al Frente de Liberación Nacional argelino (FLN) y las autoridades francesas lo expulsan de Argelia. En su primer libro titulado: ”Peau noire, masques blanc” [“Piel negra, máscaras blancas”], publicado en 1952, denuncia el racismo en Francia y en sus colonias.

(4) Ver El árbol del conocimiento. Maturana y Varela, 1984. Editorial Universitaria, Santiago de Chile. 

Bronfenbrenner, U. (2002). La ecología del desarrollo humano. Paidós Ibérica: Barcelona.

Cyrulnik, B. (2003). El murmullo de los fantasmas. Barcelona: Gedisa.

Perry, B. D. (1994a). Neurobiological sequelae of childhood trauma: post-traumatic stress disorders in children. In M. Murberg (Ed.). Catecholamines in Post-traumatic Stress Disorder: Emerging Concepts. Washington, D.C.: American Psychiatric Press.

Porges, S (2017). The Pocket Guide to the Polyvagal Theory. Norton: New York.

Sapolsky, R. M. (1990). Hippocampal Damage Associated With Prolonged Glucocorticoid Exposure in Primates. Journal of Neuroscience, 10 (9), 2897-902.

martes, 9 de junio de 2020

Curso internacional on line con Stefano Cirillo, organizado por Humaniza Santiago.

Curso internacional on line
17 - 24 de junio - 1 - 8 julio 2020


Stefano Cirillo
Información e inscripciones:


El desafío del trabajo terapéutico con adolescentes y jóvenes adultos.

¿Cuál es la mejor intervención posible?

Elección entre terapia familiar, terapia individual y terapias paralelas (paciente y familia).

Presentación

Stefano Cirillo nos presentará el modelo clínico de terapia individual y familiar desarrollado por la Scuola Mara Selvini Palazzoli en el trabajo con adolescentes, jóvenes adultos y sus familias. Esta perspectiva, que releva la importancia de una comprensión y abordaje relacional del adolescente con su sintomatología y sufrimiento, integra conceptualizaciones ligadas al apego y la personalidad que favorecen el desarrollo de una terapia sistémica compleja en la cual es posible abordar al adolescente y su familia, saliendo del “tabú terapéutico” que señala que la terapia indicada con el adolescente es una terapia individual e inhibe que el terapeuta genere otro tipo de sesiones conjuntas, ya sea a nivel diagnóstico o una terapia familiar, con la presencia del adolescente, sus padres y hermanos.

En el marco de la celebración de nuestros 20 años de existencia es, para el Instituto Humaniza Santiago, una inmensa alegría contar nuevamente con la presencia de Stefano Cirillo, a quien valoramos como un notable maestro sistémico del cual hemos aprendido sobre psicoterapia en diferentes contextos y de sus posibles intervenciones.

Stefano Cirillo es psicólogo, terapeuta familiar y formador de terapeutas, Co-Director de la Escuela de Psicoterapia Mara Selvini Palazzoli de Milán, Italia. Se ha dedicado por más de treinta años a la terapia familiar, la investigación y la formación de terapeutas sistémicos, y se ha especializado en temas como el cambio en contextos no terapéuticos y la aplicación del modelo sistémico en servicios sociales y de protección.

Ha publicado constante y rigurosamente las reflexiones que despierta su trabajo clínico y psicosocial, por mencionar alguno de ellos podemos nombrar: “Niños maltratados: diagnóstico y terapia” (1991), “La familia del toxicodependiente” (1999), “Malos padres: Modelos de intervención para recuperar la capacidad de ser madre y padre” (2005), y recientemente junto a la autoría de Matteo Selvini y AnnaMaria Sorrentino, el libro “Entrar en terapia. Las siete puertas de la Terapia sistémica” (2016).

El profesor Cirillo se ha dedicado de manera ininterrumpida a la atención clínica, la formación de terapeutas y la asesoría y capacitación de equipos, compartiendo con gran generosidad, sencillez y empatía sus aprendizajes con terapeutas sistémicos alrededor del mundo.

Dada las condiciones sanitarias actuales es que el Instituto Humaniza Santiago ha organizado el curso para dictarse de manera online, integramente en idioma español, a realizarse durante 4 miércoles en jornada de mañana hora de Chile: 17 y 24 de junio, 1 y 8 de julio de 2020.

Dirigido a psicólogos, psiquiatras y profesionales de la salud mental que trabajen en espacios públicos o privados.

El curso se realizará íntegramente en idioma español.

lunes, 8 de junio de 2020

Seminario: Cómo promover la resiliencia en psicoterapia infanto-juvenil, impartido por José Luis Gonzalo en el COP de Madrid, 18 y 19 de septiembre de 2020.


Seminario: Cómo promover la resiliencia 
en psicoterapia infanto-juvenil
(18 y 19 septiembre 2020)

Fuente foto: educayaprende.com

Imparte: 
José Luis Gonzalo Marrodán


Organiza: Colegio Oficial de la Psicología de Madrid

Información e inscripciones:


OBJETIVOS 


• Conocer el concepto de resiliencia y la diferencia entre resiliencia primaria y secundaria.

• Aprender de una manera aplicada los modelos de intervención en resiliencia infanto-juvenil.

• Acercarse al conocimiento de la terapia ecosistémica.

• Compartir diferentes experiencias fomentadoras de la resiliencia.

CONTENIDOS

• Concepto de resiliencia.
• La resiliencia primaria: resiliencia familiar.
• La resiliencia secundaria, de Jorge Barudy.
• Cómo promover los recursos de los niños y jóvenes para favorecer un proceso resiliente.
  - La rueda, de Bernardt
  - La casita, de Vanistendael
  - La bicicleta, de Forés y Grané
  - Factores de resiliencia, Grotberg
  - La tutorización de resiliencia (vínculo y sentido), Cyrulnik
• La traumaterapia ecosistémica de Barudy y Dantagnan.
• Experiencias
 - Resiliencia en acogimiento residencial
 - Resiliencia en el deporte (ciclismo)
 - Resiliencia en adopción
 - Los talleres fomento resiliencia infantil
 - Resiliencia en acogimiento familiar
• Otras