lunes, 16 de febrero de 2009

Rachmaninov, la belleza tras la superación

De vez en cuando me gusta hablar sobre personalidades que se han distinguido por sus recursos para enfrentar adversidades, calamidades, enfermedades, sucesos vitales… En fin, avatares diversos de la vida que nos ponen a prueba. Nos desafían, ponen en solfa lo que hasta entonces era una existencia más o menos en equilibrio. Lo que los autores especialistas en resiliencia (capacidad para resistir los impactos negativos y/o traumáticos de la vida) nos enseñan, y lo que también nos aportan multitud de experiencias duras padecidas por muchas personas, es que el ser humano es mucho más fuerte psicológicamente de lo que nos podíamos pensar. Hay personas que nos sorprenden gratamente al ser capaces de mantenerse equilibradas ante las adversidades de la vida, e incluso son capaces de aprender de la experiencia y extraer cualidades que hasta entonces eran insospechadas. El listado de personas y personajes ilustres de la historia que son ejemplo de ello es amplio. A mi me gusta referirme normalmente a gentes del mundo de la música, la literatura, el arte… En fin, intelectuales. Porque la experiencia adversa que marcó sus vidas la transformaron resilientemente en fuerza creadora de obras de gran belleza. 

Hoy quiero disertar en torno a Rachmaninov. Este músico ruso presenta una historia que destaca por la superación de una depresión tras el fracaso de su primera sinfonia (sufrió duras críticas) y una serie de problemas personales (no poder casarse con su prima por el veto oficial que la Iglesia Ortodoxa le impuso) Una vez más, el encontrarse con una persona que le ayudó y le apoyó para salir adelante (el Doctor Nikolai Dahl, quien hizo una psicoterapia con él y su familia) le permitió descubrir en su interior recursos resilientes que le condujeron a la superación de la depresión y el bloqueo mental que le impedían componer. 

Casi había pensado dejar la composición cuando la experiencia terapéutica reparadora le reestableció y gestó una gran joya musical: El Concierto para piano nº 2, que fue un éxito de crítica y público, encumbrando a Rachmaninov al lugar que le correspondía: El Olimpo de los dioses musicales. Cuando uno escucha este concierto y ha leído antes la biografía de Rachmaninov, no puede evitar pensar, quizá condicionado, que en esta obra se pone de manifiesto una arrolladora vitalidad fruto de una experiencia de renacimiento. Rachmaninov rompe su bloqueo mental con una inusitada fuerza expresiva, pues el Concierto nº 2 es de una inmensa belleza. Hay momentos sumamente románticos, otros de tensión, otros de calma… Es como si estuviera condensada la liberación de las cadenas del sufrimiento psíquico en una obra musical extraordinaria. 

Os recomiendo que la escuchéis y que os dejéis invadir placenteramente por la misma, es una experiencia altamente gratificante. Es muy difícil de describir con palabras, es realmente inefable. Os pongo a continuación con el concierto completo, interpretado magníficamente al piano por Anna Fedorova.


Rachmaninoff: Piano Concerto no.2 op.18 - 
Anna Fedorova - Complete Live Concert - HD

viernes, 6 de febrero de 2009

Jornadas Europeas sobre resiliencia, con Jorge Barudy y Boris Cyrulnik, en Barcelona

Os informamos y recomendamos asistir a estas Jornadas que tendrán lugar en Barcelona, el 19 y 20 de marzo de 2009, con la asistencia, entre otros, de dos primeros espadas en el tema: Jorge Barudy y Boris Cyrulnik.

Lo que los afectados por los malos tratos infantiles, violencia machista, el terrorismo u otras calamidades humanas pueden emseñar a los profesionales



Información e inscripción en:

Centro Exil - Andrea Rojas

Tel.: (+34) 93 238 57 60

ifiv2000@yahoo.es

Taller de padres en el Colegio La Salle de Zarauz

El pasado diciembre de 2008 tuve el placer de dirigir una sesión con los padres de familia de la Escuela de Padres del Colegio La Salle de la localidad guipuzcoana de Zarauz.

Invitado por el director del centro, Sr. José Antonio Blanco Marijuan, a través de la psicóloga Sra. Isabel González que también tomó parte, el taller se centró en torno al tema del apego: las relaciones tempranas padres-hijo seguras conducen a relaciones futuras igualmente seguras y sanas. Del mismo modo, se analizaron otros apegos que los niños forman con adultos importantes en sus vidas: cuidadores, profesores, compañeros. Del mismo modo, se expuso la importancia de la teoría del apego en psicología para la labor educativa.

Tras una breve intervención teórica, se procedió al trabajo práctico del taller mediante la discusión, el diálogo y el debate, llegándose a conclusiones importantes que expongo por su utilidad (no puedo dar cuenta de todo, pues fueron dos horas muy intensas, con una altísima participación de todos los asistentes. Expongo aquí lo que creo fue más significativo):

- La responsabilidad de los padres en proveer a los hijos de relaciones de apego seguras, basando éstas en un modelo de buen trato, cuidados, satisfacción de las necesidades, pues ello genera confianza y les hace interiorizar sentimientos positivos y de alta autoestima.


- Mantener unas relaciones basadas en el afecto (implicación personal en la vida de los niños sin invadir) y un adecuado uso de las herramientas de control de la conducta, siendo éstas siempre dirigidas a modificar sus comportamientos negativos, nunca para rechazar a la persona.

- Los modelos de los padres siempre son básicos porque los niños aprenden de sus ejemplos y son las principales figuras a imitar por los menores, pues se identifican con éstas.

- La necesidad de no confundir apego con sobreprotección, pues éste sería un exceso de empatía que no permitiría que los niños pudieran aprender y madurar a través de la experiencia de afrontamiento de los distintos retos y desafíos de la vida.

- Es importante que ambos padres sean coherentes en la transmisión de valores, actitudes y normas, estando implicados los dos y sin que uno de ellos ceda toda la responsabilidad en el otro miembro, o marque pautas contradictorias con las del otro progenitor.

- En la adolescencia, es trascendente el mantenimiento de una relación basada en el diálogo y en la comunicación para poder conocer cuáles son sus problemas y poder aconsejarles. En este sentido, el escaso autocontrol, en ocasiones, de los padres y el exceso de celo con las normas lleva a éstos a proporcionar estímulos aversivos demasiado precipitadamente (broncas, gritos, pérdida de los papeles...) ante una infracción normativa sin antes tratar de serenarse, analizar y reflexionar con el adolescente qué ha ocurrido (y qué le puede suceder, si tiene algún problema, en qué contexto social se desenvuelve y cómo le influye) y por qué se comportó de ese modo y se saltó la norma. Después se puede meditar qué medida educativa adoptar. Es importante comprender al adolescente, escucharle y no sólo reconvenir o sancionar.

- En este sentido, apareció la medida educativa de la reparación como la más acertada para ayudar al adolescente a conectar con el punto de vista del otro, además de poder proporcionarle un medio de arreglar el daño o el malestar que haya podido causar. Es mejor que haga una acción útil para toda la familia (limpiar los cristales de la casa, por ejemplo) que un castigo puesto desde el enfado que luego se retira (por ejemplo, un mes sin videoconsola)

- Hay que dedicar tiempo a los hijos, un mínimo es necesario, si no, a posteriori, surgirán problemas emocionales y del comportamiento. Un niño puede tener los aspectos físicos y materiales cubiertos pero apenas jugar, hablar, sentir, comunicar… con sus padres. Entonces, el apego, ese sentimiento de sentirte sentido y ligado a alguien (que, en suma, te conduce a la interiorización de normas y valores sociales) no se realiza adecuadamente. La calidad del tiempo que les dedicamos es tan importante como la cantidad, pero si no hay casi nada de tiempo es imposible...

- Los adolescentes que crecen con un sentimiento de escaso vínculo afectivo hacia sus padres, se frustran más fácilmente, presentan menos seguridad en sí mismos, sus hábitos y normas están desigualmente instalados, tenderán a ser materialistas e individualistas, pueden tender al egocentrismo y manipularán a los otros (incluidos los propios padres, que le han enseñado en esta vida que lo funcional y material prima por encima de lo afectivo), sus relaciones pueden ser más inestables y también se vuelven más dependientes y menos organizados.

Los padres y madres del Colegio de La Salle de Zarauz, que llevan años formándose con distintos especialistas, demostraron conocimientos, habilidades parentales e implicación en la tarea de educar a sus hijos.

Desde aquí mi reconocimiento y felicitaciones por tomarse en serio y dedicar tiempo a su formación como padres. Y por sus excelentes aportaciones.

Volveremos a este Taller próximamente, y espero recoger aquí, de nuevo, los temas que se aborden, seguro que de interés para todos los educadores y padres.

sábado, 31 de enero de 2009

El trauma de las guerras

“No hay nada más dañino en la vida que la violencia ejercida por el hombre hacia el hombre” Esta frase de Jorge Barudy viene a cuento de la Guerra de Gaza a la cual asistimos impotentes en los últimos meses. También viene en relación a otras muchas guerras que se suceden en el mundo, o a cualquier otra forma de causarse daño unos a otros, de un modo cruel.

La población civil, hombres, mujeres y niños que ni siquiera tienen voz en los conflictos armados, los ciudadanos, alejados de la clase política y de otros poderes fácticos, sufren y padecen las consecuencias de las guerras, de los que toman la decisión de enfrentarse despiadadamente implicando a personas incocentes. Ahora parece que hay decretado un alto el fuego para que se pueda seguir un proceso de paz (que no se respeta, pues hoy leo en los medios de comunicación que se han lanzado cohetes hacia Israel) Este proceso siempre llega cuando ya hay muchas personas muertas o vivas pero destrozadas por el dolor.

El trauma que las guerras, o la violencia, genera en el ser humano puede ser indeleble y de consecuencias devastadoras. Toda ayuda humanitaria será poca, no sólo para cubrir las necesidades físicas sino las psicológicas de unas personas que viven aterrorizadas ante la incertidumbre de ser alcanzados por una bomba.

¿Qué le puede responder un padre o una madre a un niño que pregunta por qué los hombres se hacen tanto daño entre sí y no son capaces de dirimir sus problemas dialogadamente encima de una mesa? ¿Por qué nos llevamos las manos a la cabeza cuando los jóvenes utilizan la violencia para conseguir sus fines? ¿Qué les enseña el mundo adulto?

¿Qué se le puede explicar a un niño que pregunta por qué los adultos se enfrentan a sangre y fuego, por qué no respetan a los niños, mujeres y hombres inocentes? "¿Qué hemos hecho nosotros, mamá?" – dirán muchos niños víctimas de las guerras. Y los niños son clarividentes, mucho más de lo que demuestran ser los adultos que pueden decidir.

La neurosis de guerra fue estudiada en los años cincuenta, comprobándose cómo los supervivientes de la Segunda Guerra Mundial presentaban cuadros de estrés postraumático graves de los cuales no se recuperaban, causando, en muchos casos, daños irreparables en las estructuras cerebrales responsables de codificar las emociones.

Ansiedad crónica, un sistema de alerta hiperactivado, sentimientos depresivos, la sensación de que se están reviviendo (como si volviera a ocurrir realmente) los sucesos que pusieron en riesgo la propia vida o integridad personal (flashback), miedos, fobias, desconfianza, recelo en las personas, síntomas disociativos, agresividad… son manifestaciones de lo que se denomina trastorno por estrés postraumático, el cual arruina la vida de muchas personas inocentes.
Es verdad que las víctimas de las guerras o la violencia nos enseñan mucho acerca de cómo se puede conseguir superar el trauma y mantenerse equilibrado, o incluso aprender de una experiencia tan demoledora (lo que se llaman personas resilientes), pero no es menos cierto que hay seres humanos que no pueden superarlo.

“Puesto que las guerras nacen en las mentes de los hombres, es en éstas donde deben erigirse los baluartes de la paz", reza el preámbulo de constitución de la UNESCO. Trabajemos todos para que esto pueda hacerse realidad, aunque suene a utopía.

viernes, 9 de enero de 2009

Series de TV y niños y jóvenes

El columnista y crítico de televisión José Javier Esparza da cuenta de un estudio llevado a cabo por la periodista y técnica de Igualdad Carmen González Vicente para la Asociación Plaza del Castillo de Usuarios de Medios de Comunicación, en colaboración con el Departamento de Consumo del Gobierno de Navarra.

El estudio versa sobre 50 personajes infantiles y juveniles de las series de televisión, centrándose en las series de producción española emitidas por Antena 3 y Telecinco: “Hospital Central”, “MIR”, “Aída”, "Escenas de Matrimonio”, “Cámera Café”, “Sin tetas no hay paraíso”, “Yo soy Bea”, “Impares”, “Los hombres de Paco”, “Lalola”, “Física o Química” y “El Internado” Como se puede comprobar, las series son de lo más visto en televisión por niños y jóvenes.

Conclusiones del estudio:

1/ En general se trata de personajes que transmiten rasgos de comportamiento demasiado exagerados y estereotipados.

2/ Los personajes actúan como soportes comerciales de una amplia gama de productos que van desde la música hasta las mochilas.

3/ Los jóvenes de televisión carecen de cualquier profundidad; cosas como la cultura, la política, la espiritualidad, por ejemplo, rarísimas veces aparecen en las frases que pronuncian. Lo que más les preocupa son el materialismo y el sexo.

4/ En el caso de los personajes infantiles, éstos aparecen asociados siempre a una gran preferencia por las nuevas tecnologías.

5/ Las series se sitúan en un entorno urbano y “la mejora de la situación individual mediante el esfuerzo, ya sean los estudios o el trabajo, no es considerada como una opción en la vida”

¿Se trataría de prohibir el visionado de estas series o de acompañar a los jóvenes y ayudarles a discernir entre la fantasía y lo real, tratando de que comprendan que el mundo en el que vivimos se rige o se ha de regir por otros valores? ¿Tienen más influencia en los niños y jóvenes estas series o nuestro modelo de actuación como padres que debe encarnar valores, actitudes y normas basadas en lo contrario a la felicidad mediante lo material, el tener y el consumir? Es decir, ¿podemos confiar en que la familia se convierta en el espacio privado que contrarreste estas influencias que deshumanizan a las personas? ¿O hay quien ve con buenos ojos que los jóvenes sean socializados en estos valores porque lo que importa en la vida es el éxito a través de ser atractivo, tener mucho dinero, usar las nuevas tecnologías, dejarte llevar por los impulsos y considerar las relaciones con los otros con un fin funcional?

Que cada uno reflexione y extraiga sus conclusiones.

jueves, 18 de diciembre de 2008

"Me gusta la Navidad"

El año pasado, por estas fechas, estuve comentando lo que muchos pacientes, amigos, conocidos... me transmitían acerca de la Navidad: su sentimiento generalizado de rechazo por muchas razones: por la hipocresía de la sociedad que instrumentaliza la Navidad; por el consumo desbocado (mientras hay quien no tiene nada); por la obligación que el sistema te impone para que te sientas alegre (y si no lo estás, eres un marginado que sólo expresa mal rollo) cuando lo que yo quiero es sentirme de otro modo; porque estas fechas pueden estar asociadas para mucha gente con experiencias dolorosas (pérdidas de seres queridos); y por un sinfin de razones, tantas como personas existen.

El año pasado recomendé a estas personas que partieran del hecho de que no pueden luchar contra lo inmutable: la Navidad está aquí, como dice la canción de la película Love actually, Christmas is all around me!, no podemos hacer nada por evitarla. Por lo tanto, no merece la pena gastar energía en lo que no podemos controlar. Lo que sí podemos controlar es nuestra actitud interior. Por lo tanto, si la Navidad no te gusta, mentalízate de que es desagradable, pero para nada catastrófica. Y no debes de sentirte de ninguna manera, date permiso para sentirte como tú quieras, con independencia de que a los demás les guste o no.

Pero de esto ya hablamos el año pasado, no vamos a ser reiterativos. Este año quiero mostrar la otra cara de la moneda, la de las personas a quienes les entusiasman estas fiestas y te dicen: "Me gusta la Navidad" Experimentan una corriente de emociones positivas que les conducen a transmitir buenos deseos a todos; a ser generosos; a preparar con mimo los christmas para sus amigos, familiares...; a escoger los villancicos; a esperar anhelantes la llegada de los seres queridos ausentes el resto del año; a sentir la experiencia religiosa que recuerda que un Hombre nació en un pobre portal en el seno de una familia humilde, siendo esperanza para muchos desheredados; a disfrutar de los niños y su inefable manera de vivir la Navidad, los regalos… que inyectan magia y alegría a todos… En suma, rezuman optimismo, vitalidad y alegría por doquier, y no piensan que todo es un engaño, sino que tratan de alargar esta actitud todo el año, considerando que el espíritu de la Navidad (la esperanza de un cambio y un mundo mejor para quienes no lo tienen y sufren por ello) debe patentizarse en estas fechas y tratar de extenderlo al resto del año. Para ellos, lo principal es lo que se celebra y los valores que sienten; la consecuencia es todo lo demás: las felicitaciones, la buena mesa y el buen vino, los regalos… Y una vida con valores es una vida plena.

Yo respeto todas las posturas, pero tengo mi opinión y me apunto a la última actitud. Así que, por todo ello, y con verde esperanza,

¡¡FELIZ NAVIDAD!!
¿Qué opináis?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

¿Ignoramos a los otros como personas?

Una persona me ha pasado la siguiente información leída en un diario argentino, La Nación, recogida de un grupo de expertos que debaten en un congreso acerca de las causas que nos llevan a ignorar a los otros. Creo que da en el clavo de los males que nos aquejan:
Expertos en salud mental debaten sobre las razones que llevan a los argentinos a olvidar que los otros son también personas.

Tesy de Biase, Para LA NACION

La clásica ley universal que niega al otro para actuar sin culpa ("ojos que no ven") se ha corporizado con particular intensidad en la argentinidad actual. El otro (el prójimo, el semejante) aparece desdibujado, como si sus fronteras fueran invisibles. "Cuando vas por la calle la gente te atropella como si fueras transparente, te quiere pasar por encima, no existís", se queja la diseñadora gráfica Lorena Szenkier. "Esta impersonalización que transforma al otro en una cosa es hoy una característica de nuestra sociedad, que nos empuja a vivir hacia afuera, con cierta huida de nosotros mismos", dice el psicoanalista Alfredo Painceira, que dictó la conferencia "El mal como la negación del otro ", en el VII Congreso Argentino de Psicoanálisis, realizado en Córdoba. "Los vínculos entre las personas tienden a hacerse cada vez más instrumentales -dice Painceira-. El otro pierde su carácter de semejante para convertirse en cliente, rival o sencillamente en un instrumento para obtener algo." "El automatismo y la anomia de las ciudades superpobladas ceden en pueblos del interior, en donde la trama social se teje con nombres propios, los vínculos son más personalizados y cada uno ocupa un rol irreductible. Sin embargo, la tendencia general es de pérdida progresiva de la capacidad de empatía, de reconocer al otro y armonizarse con sus parecidos y diferencias." "La raíz de muchos males contemporáneos tiene estrecha relación con esta imposibilidad de reconocer al otro", dice Painceira, y rescata una advertencia de Juan Pablo II, quien poco antes de morir dijo que el peor de los males de este tiempo es el de inadvertencia. Pero la conversión del otro en un "objeto/nada", tal como lo definió la licenciada Estela Bichi, que también participó del citado congreso, no lleva patente argentina. Mediante este procedimiento, la civilización ha realizado, a lo largo de su historia, innumerables actos de incivilización y barbarie, aunque no siempre con la premisa del sadismo, sino de lo que la filósofa y pensadora alemana Hannah Arendt llamó "banalidad del mal". "Una de las cosas que más extrañaron a Arendt cuando conoció al genocida Adolf Eichmann, corresponsable de "la solución final" planificada por los nazis contra judíos y opositores, fue que se trataba de un burócrata: despersonalizando a las víctimas, transformándolas en simples números, convertía el Holocausto en un problema matemático". "Tenemos que matar a cinco millones de personas con el menor costo. ¿Cuál es el método más barato?" Sin alcanzar el dramatismo extremo que se ha repetido a lo largo de la historia en infinitas escenas de crueldad acompañada de anestesia, la vida actual multiplica cotidianamente escenas protagonizadas por quienes hacen del otro una nada, hecho que los avala a proceder con la mayor de las libertades sin asumir compromiso alguno sobre su propia conducta. El saber popular lo resume con la frase "La libertad de uno termina donde empieza la del otro". La ecuación es sencilla: si el otro no existe, la libertad de uno se expande. Pero el otro existe. Prohibido hacerse el autista. Uno de los resortes psicológicos que subyacen a este pase de magia que esfuma al otro tiene seguramente una raíz primitiva: "Quien no ha sido percibido, tratado ni sentido como persona en sus primeros años no puede desarrollar él mismo la capacidad de hacerlo", explica Painceira. Las personas con estas características "no sienten, viven desconectadas de sus afectos, en un cuerpo que sienten como un objeto más en un mundo de objetos". Sin embargo, la multiplicación del fenómeno permite pensar en mecanismos sociales que activan los engranajes del individualismo extremo. "En nuestra cultura cada vez es menos frecuente la relación yo-tú, y cada vez es más frecuente el contacto puramente instrumental del otro, que pasa a existir exclusivamente cuando es un obstáculo o cuando lo necesitamos." Para muestra, un estudio reciente realizado por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) detectó que el 70% de los argentinos asume conductas discriminadoras, especialmente hacia las personas pobres. Es decir que la mayoría de nosotros segregamos a quienes no vemos como semejantes, salvo cuando resuelven nuestras necesidades. La manifestación de esta devaluación del otro se manifiesta en hechos cotidianos que, en opinión de Renata Pavani, demuestran "una brutal pérdida de valores y prioridades, además de una despersonalización de nosotros mismos". Desde la experiencia que adquirió invirtiendo tres horas diarias en viajar desde y hacia su trabajo como product manager de una editorial médica, comenta: "Hemos llegado a tal nivel de patetismo, que el otro día en el subte descubrí un cartel, paralelo al oficial, que decía "Prohibido hacerse el dormido", y se veía a una mujer embarazada colgada del pasamanos y a un chico joven sentado, que parecía dormido...". "El mecanismo es similar con las normas de tránsito y tantas otras normas -concluye-. Todos sabemos lo que tenemos que hacer, pero cuando nos toca hacerlo, nos hacemos los autistas"

Para mí, el análisis no puede ser más certero. Apliquémonos todos el cuento...