lunes, 9 de septiembre de 2019

El apego en niños mayores adoptados. Conclusiones de un estudio longitudinal.

Regreso a la actividad bloguera después del descanso veraniego. Espero que estéis todos muy bien y os saludo cariñosamente. Este inicio del curso, además, doblemente contento porque empezamos de nuevo con el blog y porque en menos de un mes nos vamos a ver muchos de nosotros en las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil. Me hace una ilusión enorme volver a coincidir y compartir un fin de semana con todos/as los/as que os habéis apuntado. Nos esperan unas jornadas de aprendizaje con grandes y eminentes profesionales del ámbito del trauma y el apego, y a la vez espero que vibremos emocionalmente todos/as juntos/as porque se sucederán las sorpresas y las celebraciones resilientes.

Si aún no te has apuntado y deseas acudir, date prisa porque quedan pocas plazas. Te dejo el enlace a mi web desde la cual podrás inscribirte. Sigue bien todos los pasos que se indican. www.joseluisgonzalo.com/eventos.


Peine del Viento, escultura de Chillida en la ciudad de San Sebastián
donde se celebrarán las IV Conversaciones sobre apego y resiliencia infantil

Comienzo con el post de hoy. Este verano he estado echando un vistazo a revistas científicas acumuladas durante el curso, pues aún no había tenido tiempo de hacerlo. Una de ellas, a la que estoy suscrito, es Attachment and Human Development (Apego y Desarrollo Humano), en la cual escriben académicos y profesionales prestigiosos en el ámbito de la teoría del apego.

Me he encontrado con un artículo sobre apego y niños adoptados a edad tardía. Es un estudio longitudinal (se sigue a un grupo, una muestra de sujetos, a lo largo del tiempo y se va comprobando su evolución en las variables que se investigan, para ver qué ocurre con los resultados) Me ha parecido que es un tema que aquí no hemos tocado en exceso: los niños y niñas que son adoptados a la edad de 8 años en adelante. ¿Qué tipo de apego presentan? ¿Cuál es el tipo de apego de los padres? ¿Cómo es su evolución en la adolescencia? ¿Dé qué depende que esta sea favorable? Es interesante el estudio para quienes son padres adoptivos monoparentales, pues dicho estudio se ha hecho con madres adoptivas y sus hijos.

Trato en mi consulta a varios niños y adolescentes que están en terapia de manera diríamos permanente, porque el mantenimiento del vínculo con el profesional les ayuda a sostenerse y encontrar a una figura de apego alternativa con quien tienen confianza, pueden reflexionar y discutir sus problemas y elaborar sus historias de vida. También acompaño a padres y madres que tienen el desafío de criar y vincular con chicos y chicas adoptados tardíamente: Ellos hacen terapia conmigo y trabajan sus habilidades y capacidades parentales (su estilo de apego, su capacidad empática, sus habilidades de crianza) para mejorar su competencia, pero también porque ellos mismos necesitan un espacio donde ser escuchados, apoyados y comprendidos en el ejercicio de una crianza terapéutica con sus hijos a menudo complicada (también muchas veces gratificante, hay que decirlo)

Por eso creo que nos interesa esta investigación, porque los resultados que obtienen los podemos comparar con lo que nosotros vivimos (yo desde el ámbito de la terapia y vosotros y vosotras desde vuestro rol de padres/madres. Los profesionales que seguís el blog podéis reflexionar también desde lo que experimentáis y aprendéis desde vuestro ámbito concreto de trabajo)

Paso a resumiros lo más importante del artículo. Voy a adaptar el contenido al formato del blog para que resulte más fácil su lectura (obviaré las citas y referencias bibliográficas a las que recurren los autores para elaborar su trabajo y elimino toda la parte de justificación estadística y análisis de datos. El lector interesado puede acudir al artículo original y consultarlo. Está en inglés) Al final haré un comentario valorando la investigación. Por supuesto que podéis dejar aquí vuestros comentarios o en redes sociales donde también se difunde el blog.

Título: Lated-adopted children grown up: a long term longitudinal study on attachment patterns of adolescent adoptees and their adoptive mothers.

Niños mayores adoptados tardíamente: un estudio longitudinal de larga duración de los patrones de apego de los adolescentes adoptados y sus madres adoptivas.

Autores: Cecilia Serena Pace, Simona Di Folco, Viviana Guerriero and Stefania Muzi.

Referencias: Attachment and Human Development 2019, Vol. 21, nº 4, 372-388.

Revisión previa de la literatura científica sobre el tema


Los niños adoptados, especialmente los que han sido adoptados a edad tardía, tienen un riesgo más alto para desarrollar apegos inseguros o desorganizado, debido al padecimiento de experiencias adversas como abandono, pérdida, negligencia, abuso y maltrato en su familia de origen o por parte de instituciones. 

Sin embargo, las experiencias positivas con los padres adoptivos podrían habilitarles para modificar sus modelos internos de trabajo [Nota del autor del blog: modelo interno de trabajo explicado de una manera sencilla es la representación mental que contiene la expectativa de cuán segura o insegura es para una persona la relación con una figura de apego] inseguros o desorganizados hacia la seguridad. De acuerdo con la noción de Bowlby de que los cambios en la trayectoria del desarrollo del apego son siempre posibles y que pueden ser activados por eventos significativos, la adopción puede ser definida como un “experimento natural” y quizá la intervención más radical posible en la vida de un niño. Hay alguna evidencia significativa de cambios positivos en el apego hacia la seguridad en niños adoptados comparados con los iguales en acogimiento familiar o residencial. Pero para un niño más mayor la adopción aparece como el cambio más desafiante.

Las trayectorias del apego en familias adoptivas


Los estudios longitudinales sugieren que tiempo después de la adopción un buen número de niños adoptados tienen más probabilidades de ganar seguridad, especialmente cuando han sido asignados a padres adoptivos que muestran alta calidad en los cuidados. También estos padres tienen estados de mente seguros con respecto a sus propias historias de apego

El estudio más relevante sobre adopción es el Estudio de Adoptados ingleses y rumanos. En este, 48 niños adoptados tardíamente mostraron una reducción de los síntomas del trastorno de apego dos años después de su adopción y esta disminución continuó durante siete años después de la adopción, a través de su evaluación continua desde la edad de once años. 

En el estudio sobre adopción realizado por el Anna Freud Center, los niños adoptados tardíamente a quienes les fue administrada una tarea de apego (A Doll-play Story) mostraron alta desorganización, agresión y evitación en su modelo interno de trabajo en el momento de la incorporación a la familia. Un año más tarde, todos los niños adoptados tardíamente mostraron un aumento en las representaciones de los padres como más disponibles y responsivos. Sin embargo, las reducciones significativas en los temas negativos, incluyendo agresión y desorganización, disminuyeron, pero solo en aquellos niños adoptados que habían sido asignados a padres adoptados, ya sea madre o padre, que mostraron estados de mente autónomo-seguro en respuesta a la Entrevista de Apego Adulto en el momento en el que fueron valorados como candidatos a la adopción.

En otras palabras, los niños pueden acceder a nuevas presentaciones positivas a partir de las nuevas experiencias, pero las experiencias adversas antiguas pueden mantenerse, a menos que los padres adoptivos seguros ayuden a sus hijos a dejar marchar y expresar sus pensamientos y sentimientos negativos sobre sus adversas historias. 





El presente estudio


En el estudio que presentan estos autores, participaron 22 adolescentes adoptados tardíamente con edades comprendidas entre los 11 y los 16 años y sus 15 madres adoptivas (entre los 45 y 59 años) Hay menos madres que chicos/as porque algunas adoptaron hermanos. 

Establecieron tres fases en la recopilación de los datos:

La primera fase (T1) Infancia. Fue al principio de la adopción (aproximadamente 40 días en la familia), cuando la influencia de las experiencias previas adversas está probablemente activa.

La segunda fase (T2) Niñez tardía. Ocurrió seis meses después de la primera (7-8 meses desde la fecha de la adopción)

La tercera fase (T3) Adoptados adolescentes. 5-8 años después de la fecha de la adopción.

Conclusiones

Más de la mitad de los adoptados tardíamente cambiaron significativamente sus conductas de apego inseguro en la infancia hacia representaciones [Nota del autor del blog: Conductas de apego son comportamientos observables emitidos para reclamar la proximidad con la figura de apego y pueden variar según las situaciones y personas. Las representaciones en cambio, tienen un aspecto interno y estructural: cómo la persona simboliza en su mente las relaciones de apego, cuál es el modelo mental relacional que ha construido. Son más estables que las conductas] seguras en la adolescencia. El cambio en los patrones de apego se vio apoyado por los cambios a lo largo de las escalas dimensionales, como observamos en el incremento de la seguridad y la disminución de la inseguridad (conductas de apego evitativas) de las conductas de apego en T1 a representaciones en T3

Este estudio apoya la hipótesis de que los niños adoptados tardíamente continúan la revisión positiva en sus patrones de apego inseguro tiempo después de la adopción, tal y como se ha revelado en otros estudios (por ejemplo, del de los niños adoptados ingleses y rumanos)

Nosotros sugerimos que los niños adoptados tardíamente, asignados a un entorno estable de cuidados y rico en afecto y seguridad, modifica gradualmente las estrategias de apego necesarias para sobrevivir en los contextos previos a la adopción. Habiendo establecido una relación confiable duradera con sus madres adoptivas, estas estrategias de apego no se necesitaron más y fueron modificadas por otras representaciones más positivas y coherentes, en las que los niños podían expresar sus necesidades con la confianza de que ellos recibirían atención y cuidado de sus responsivos padres.

Sugerimos que, experimentando la continuidad de un contexto familiar seguro durante un largo período, como 5-8 años, los niños adoptados tardíos (ya adolescentes) tenían tiempo para mejorar sus patrones de apego no sólo en términos de conductas, sino también de representaciones. Dada su “ganada” seguridad para explorar diferentes partes de su entorno y sus relaciones, ellos podían crear modelos internos de trabajo más integrados.

Sorprendentemente, no se encontraron clasificaciones de apego desorganizado en T1 y en T3, aunque se debería esperar entre los participantes adoptados tardíamente, pues habían sufrido abuso y negligencia. Esto puede explicarse en el grupo T1 a causa de que estos chicos/as habían convivido poco tiempo con sus padres adoptivos como para desarrollar estrategias controladoras punitivas o cuidadoras; y en el grupo T3 lo explicamos porque puede ser la consecuencia positiva de que los niños/as hayan sido cuidados en un entorno estable amoroso y sensible, con cuidadores disponibles. También explicamos esta ausencia de clasificación de apego desorganizado como una potencial debilidad de un sistema de codificación [valoración] de una prueba para valorar el apego [Se refieren a La Entrevista de Amigos y Familiares]

Finalmente, observamos en la muestra de niños adoptados que aquellos que tenían apegos seguros tenían madres con estados de mente con respecto al apego de tipo seguro. Mientras que las madres de niños inseguros tenían mucha más probabilidad de ser clasificadas como inseguras o no resueltas [Nota del autor: equivalente al apego desorganizado en el niño] en la Entrevista de Apego Adulto, tanto en la T1 como en la fase T3. Muchos estudios han aportado que ambas -madres adoptivas o biológicas- clasificadas como seguras en la Entrevista de Apego Adulto son capaces de promover la seguridad y la exploración del entorno en sus hijos, conduciéndoles a un apego más seguro. 

Las madres que proveen un contexto adoptivo seguro eran capaces de integrar coherentemente sus propias memorias biográficas, así podían ayudar a sus hijos a organizar y elaborar sus experiencias negativas previas de una manera coherente, favoreciendo la seguridad en sus representaciones de apego. Esto es particularmente útil para adolescentes, pues están implicados en la reorganización de las conductas de apego y en la definición de su identidad, lo cual es un reto especial para adolescentes adoptados, pues deben de afrontar memorias biográficas dolorosas.

Además, los padres adoptivos con estados de mente seguros eran capaces de tolerar y apoyar las necesidades de separación y exploración de sus hijos, que son hitos en el desarrollo normal del adolescente. 

La seguridad en los modelos internos de trabajo maternos puede tener un rol protector en el ajuste de los adoptados adolescentes, especialmente en lo que concierne a la seguridad del apego. 

Por lo tanto, es clínicamente significativo promover la construcción de un apego seguro desde el principio de la adopción.

Desde una perspectiva clínica, nuestros resultados sugieren que aunque la Entrevista de Apego Adulto no es apropiada para un diagnóstico dirigido a seleccionar “buenos” padres, utilizar esta entrevista en las fases de pre y post adopción podría ser útil para identificar y monitorizar los factores de riesgo asociados a la inseguridad parental o a los estados de mente relativos al apego desorganizado, tales como sentimientos maternales no elaborados acerca de la pérdida, traumas, separaciones y experiencias de rechazo las cuales podrían afectar a las relaciones de apego con los niños adoptados.

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Valoración personal

Aunque se trata de una investigación con una muestra pequeña y las conclusiones no pueden generalizarse, observo que existen coincidencias con lo que vivimos en el día a día en nuestro trabajo con los niños y las familias. Os comento algunos aspectos del estudio en relación a mi experiencia clínica:

1/Coincido con que es necesario que los padres que van a adoptar se preparen, pero no acudiendo a cursos o formaciones preadoptivas, que también, sino que revisen en terapia sus propias historias de apego y reflexionen sobre las mismas. Además, han de cuestionar sus modelos de crianza y en qué medida tienen plasticidad, es decir, capacidad para responder a las necesidades de niños muy probablemente con gran inseguridad o desorganización. Porque solamente si los padres y familias alcanzan un estado de mente con respecto al apego seguro, podrán segurizar y reparar las representaciones de apego de sus hijos, las cuales tienen potencial para ser recalificadas por experiencias familiares favorables. Esta conclusión (lo avala la investigación y lo vemos en la práctica profesional) lo deja meridianamente claro: es necesario hacer un trabajo personal, si queremos llevar adelante una parentalidad terapéutica. 

2/ El estudio no dice nada sobre si las madres recibieron ayuda o apoyo profesional. Estiman en ocho años el tiempo necesario para que un niño mayor pueda ir alcanzando cotas de seguridad en el apego. Este tiempo es largo -a veces yo diría que hay chicos/as a quienes les cuesta más tiempo- y requiere de un trabajo continuado por parte de los padres. Es todo un desafío y produce gran desgaste y estrés. Por ello, considero el acompañamiento profesional de los padres imprescindible, sobre todo cuando adoptan niños mayores, como es el caso del presente estudio.




3/ Los padres y las familias que tienen historias de apego inseguro y sobre todo desorganizado (con traumas no resueltos, pérdidas no elaboradas…) influyen negativamente en los niños y no contribuyen a la sanación sino al contrario, retraumatizan. Estos padres no pueden reflexionar sobre cómo el ejercicio de su parentalidad incide decisivamente en el desarrollo de sus hijos, incapaces de ver su mente y manteniendo una visión del niño exclusivamente en términos de trastornos o conductas-problema. La Entrevista de Apego Adulto debería ser administrada en los procesos de selección de familias porque es un importante instrumento para detectar estos factores de riesgo que, unidos a otros, pueden desembocar en fracasos en la adopción. 

4/ En mi opinión, incluso en las familias cuyos hijos -a pesar de que los padres han trabajado su modelo de apego y su historia de vida y de crianza- no evolucionan favorablemente sino que al contrario, desarrollan patologías y trastornos varios, o no son capaces de recalificar el modelo de apego y modificarlo porque la fuerza de lo que se grabó tempranamente en sus mentes les conduce a repetir su historia y los patrones relacionales tempranos, el hecho de que los padres se mantengan empáticos, con límites coherentes, disponibles y sensibles y no se rindan en mantenerse al lado de sus hijos pese a todo, creo que es un factor protector de un desenlace más dramático aún. Quizá estos chicos y chicas presentan un trastorno del apego que no es reversible (hacia la seguridad, pero quizá sí hacia otras formas menos severas de presentación) o que necesita de más tiempo de experiencias relacionarles sanas para lograrlo (por ejemplo, los veinticinco años, incluso más, que es una etapa donde se termina de configurar el cerebro y en concreto el lóbulo frontal) Hay que seguir con paciencia y perseverancia siendo cercanos, sensibles y disponibles con ellos, volver a empezar y retomar, porque se puede alcanzar seguridad o formas menos desadaptativas de vincularse, al menos. 

Hay que ofrecer ayuda profesional a los padres y a los/as chicos/as desde el principio de la adopción, en especial a los padres/madres que adoptan niños mayores. Estos han vivido considerables traumas a edad temprana, durante periodos sensibles en la construcción de las relaciones de apego y en la conformación del neurodesarrollo, el cual es orquestado por el ambiente y en particular por relaciones y entorno sano. No podemos dejarles solos en una crianza tan compleja. La administración en concreto está llamada a ofrecer programas postadoptivos para todas las familias, sobre todo para las que adoptan a chicos/as mayores, pues el riesgo de fracaso y abandono es mayor. En este sentido, profesionales como Silberg apuntan a que la atención profesional no solo debe ser temprana (o desde el inicio) sino especializada (debe de detectar el apego desorganizado y la disociación, trastornos que habitualmente se confunden con otros).

3 comentarios:

Unknown dijo...

Excelente!

sandra giampaoletti dijo...

Me interesa mucho seguir leyendo sobre este tipo de vínculos, ya que si Dios quiere mis hijas llegarán a nuestras vidas con 9 y 10 años, quiero tener herramientas para ayudarlas a sanar y estar a la altura, me fue muy útil leer este artículo. Graciass

José Luis Gonzalo Marrodán, psicólogo dijo...

Hola Sandra:

En este blog tienes muchos artículos gratuitos.
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