martes, 31 de mayo de 2016

Resumen de las dos ponencias de Boris Cyrulnik en el reciente Congreso de Norbera titulado: “La adolescencia, una estación para la oportunidad"

Recojo las aportaciones más interesantes que Boris Cyrulnik nos entregó -correspondientes a sus dos conferencias- en el reciente Congreso organizado por Fundación IZAN-Programa Norbera celebrado el 27-28 mayo en San Sebastián-Gipuzkoa.

Boris Cyrulnik es un hombre que tiene alma, cuando te encuentras con él sientes la calidez y la serenidad de una persona que ha renacido tras un trauma (la muerte psíquica, tal y como él la define), junto con una educación y un trato exquisito a todo el que se le acerca a preguntarle algo, pedir que le firme alguno de sus maravillosos libros o hacerle una pregunta, o simplemente departir con él…

Habida cuenta de que es un hombre muy inteligente y con una capacidad y fluidez verbales impresionantes, tomé todas las notas que pude y que alcancé a escribir a mano. Voy a recoger algunas de las ideas principales que desgranó en sus dos intervenciones. En las dos ponencias hizo gala de un finísimo y respetuoso sentido del humor. Ello unido a su experiencia y capacidad para conectar con el público, hizo que se metiera a éste en el bolsillo. En mi opinión, además, apostaría a que un hombre que es admirador de la belleza (y más cuando esta surge del sufrimiento) también le cautivaría San Sebastián y sus respetuosas gentes. Donostia, una ciudad resiliente como pocas, que superó un incendio y el asesinato de buena parte de sus moradores en el siglo XIX (1813). De esa destrucción, de ese trauma, vino la bella reconstrucción posterior.

Boris Cyrulinik en un momento de una de las dos ponencias que
impartió en el congreso. Foto: programanorbera.org
Paso a contaros todo lo que pude recoger de las dos ponencias de Boris Cyrulnik.

Sobre el adelanto de la adolescencia de las mujeres: Las niñas tienen sus primeras reglas antes que hace unos años. Hay niñas que con 9 años ya han tenido la primera menstruación. Esto conlleva un adelanto en su capacidad neuropsicológica, están dos años de media de adelanto con respecto a los hombres. Ello tiene una influencia en la aparición de la ansiedad y las convierte en más responsables con los estudios. Los hombres, en cambio llevan dos años de retraso por término medio con respecto a las chicas.

Sobre la diferencia de sexos y la manera de comunicarse: las chicas en general son más felices porque necesitan comunicar más y estar presentes en las experiencias, compartiéndolas emocionalmente. Los hombres, en cambio, se desconectan mucho más y son más felices así.

Disociación entre autonomía e independencia: esta distinción fue una idea muy interesante expuesta por Cyrulnik: un niño puede muy pronto afirmar sus propios procesos, sin embargo se retrasa su independencia. Nosotros, a los 12 años, tras un certificado educativo, ya podíamos trabajar. Ahora las cosas han cambiado mucho. Hay una disociación clara entre autonomía e independencia porque el joven puede ya pensar, decidir y actuar en muchas cuestiones por sí mismo pero no será independiente de sus padres hasta 15 años después.

Socializadores de hoy en día: la escuela e internet. La escuela para muchos, antiguamente, fue la felicidad. Nos permitió integrarnos. A día de hoy la escuela ya no cumple esta función. Antes existía un número mucho más alto de personas pobres en la escuela; hoy en día hay muchos menos. Y sin embargo la escuela se convierte en un elemento de discriminación. ¿Por qué la escuela se convierte en un elemento de discriminación más grande que antes?

Internet es el lugar ahora donde el joven se escapa a la autoridad de los padres. Surge una contracultura con valores que se escapan de los padres. Muchas veces no sabemos qué es lo que los jóvenes trasladan a internet. Internet es al mismo tiempo un gran caudal de información pero a la par un depositario de una gran basura (por ejemplo, hay difamación en internet, y es muy difícil controlar eso)

La adolescencia cuando ha habido un trauma psíquico: En el cuerpo, en su cerebro, en su historia hay una herida psíquica. ¿Qué tipo de adolescencia se puede tener? Este adolescente tiene que abandonar a su familia, se siente vulnerable, débil, inseguro. Se ve en el dilema de seguir queriéndoles pero a la vez, si no me voy, seguiré siendo siempre el niño y no maduraré.

La epigenética: sin duda estas aportaciones nos revelaron aspectos fascinantes de la síntesis entre biología (genes) y ambiente. Hay un ratón que está en alerta, cuando hay un estímulo amenazante que puede desencadenar esta alerta hay un efecto en el ratón, es un efecto causal lineal. Pensamos que es una respuesta del ratón. En cambio, si se conoce que se estresó  a la madre (fue agredida en el embarazo), se sabe que esta respuesta de alerta fue impresa y trasladada al ratón. Este ratón “enfermo” de ansiedad estaba ya “enfermo” alrededor de él. No es algo lineal, es un sistema global alrededor de él responsable de esta respuesta, todo un ambiente estresante. Hemos de cambiar los puntos del sistema para modificar esta conducta. La alteración del ratón que refleja un trauma prenatal se puede modificar si modificamos el nicho sensorial que rodea al mismo. Esto, aunque con las lógicas reservas porque no es investigación con humanos, puede trasladarse a los humanos: hemos de hacer modificaciones en los puntos del sistema que rodea al niño, en ese nicho sensorial para poder producir modificaciones epigenéticas.

Sobre el maltrato: cuando se maltrata de forma regular a un niño (se grita, se rompen platos…) es una agresión. El peor de los maltratos, en cambio, es la falta de afecto. Lo que esto produce (el abandono más puro y duro, la ausencia total del otro para el bebé) es la atrofia cerebral de los dos lóbulos prefrontales. Cuando no se les habla, cuando no se juega con los niños, cuando no se comunica con ellos… el cerebro se atrofia. A los niños que se les maltrata han aprendido a protegerse, a adaptarse; por eso su conducta es luchar, huir, oponerse, cargar contra el otro. A los niños a los que se les priva de una alteridad en cambio, se autoagreden. Porque su cerebro no ha recibido nutrimiento afectivo.

¿Es posible la resiliencia?: La resiliencia es posible si hay un entorno afectivo. El niño llega con lo que ha aprendido en sus contactos anteriores. El niño llega a un entorno seguro que le desconcierta. Pero si los acogedores, las familias adoptivas… comprenden que han de ser seguros (a pesar del desgaste que suponen sus graves alteraciones de conducta) y se les apoya, estas conductas en 1-2 años pueden mejorar.

En la adolescencia los menores reactivan lo vivido. Si hay apego seguro, habrá buena base. Se verá en las relaciones afectivas. El joven puede sufrir un desengaño amoroso y decirse: “me dejas, no me quieres, estoy triste; pero te entiendo” No hay violencia. Pero una falta de afecto y de seguridad graves que no se han curado hacen que llegue a la adolescencia con un bagaje desadaptativo (agresividad, autolesiones, automutilaciones…)

Uno de cada tres que no ha contado con los procesos de resiliencia habiendo vivido un traumatismo, sus cerebros serán diferentes. Un niño que fue maltratado llegará a la adolescencia sin ser capaz de regular sus emociones y sus impulsos (en las relaciones, en la regulación de las emociones e impulsos en general)

Los procesos sociales tienen una enorme importancia. Los primeros años es muy importante un entorno familiar sólido o si no, un sustituto en este sentido que dé seguridad y afectividad. Si además nos encontramos con un entorno social muy competitivo, la cosa se complica más. Por ejemplo, la escuela. En Japón y China es una forma de maltrato (es muy exigente) y hay una alta tasa de suicidio. En el Norte de Europa, en cambio, la escuela es diferente. Sostienen que si una niña o niño que nace ahora puede llegar a vivir 100 años, ¿para qué agobiarse si lleva dos años de retraso?

Las consecuencias de los malos tratos son neurológicas y psicoafectivas.

Diferencias entre sexos al interactuar con bebés: Los bebés tienen una memoria de trabajo desde muy bebes, en una investigación descubrieron que el estilo afectivo es distinto entre el hombre y la mujer. Los hombres no sonríen, hablan menos con el bebé pero le levantan y son más motrices. Las mujeres interactúan de modo más afectivo, acercando su cuerpo, hablando más al bebé, con musicalidad. ¿Qué graba esto en sus memorias entre 2 y 4 meses? Ante el padre no ofrece el cuerpo sino que el bebé hace más como un ovillo. El bebé anticipa lo que va a suceder. Todo esto está en la memoria de ese bebé a temprana edad.

Con los bebés abandonados que no reciben ningún tipo de estimulación, se aíslan, se balancean y se chupan el pulgar.

Sobre el enamoramiento en la adolescencia: cuando estoy enamorado estoy en un delirio. El apego, en cambio, es diferente. Es estar en una base de seguridad.

Les preguntamos a los jóvenes sobre el primer amor, que suele ser entre los 13-16 años más o menos. El primer amor modifica el estilo afectivo posterior. Pasaron un cuestionario con una entrevista y pudieron determinar el estilo afectivo de estos jóvenes. 3% de los chicos/as vivieron el amor como un traumatismo. Constatamos que fueron niños que no podían separarse de su padre y de su madre y no podían embarcarse en una aventura amorosa. Se mejoraba el estilo afectivo después del primer amor. Aprenden después a amar mejor.

Trauma temprano y desarrollo del lenguaje: los niños inseguros desde el punto de vista del trauma en su casa, que desarrollan un apego inseguro se ponen en disposición de aprender a no hablar. Todo el mundo es una agresión, no hablaran tanto, aprenderán peor el lenguaje. Tendrán actividades autocentradas. El nicho afectivo se resiente.

Es muy importante comprender las conductas de estos niños. No es fácil para los acogedores, porque sienten que hacen un esfuerzo muy grande por quererle y el niño les agrede. Este niño pega porque le desconcierta el entorno, muy diferente de lo que él ha vivido. Hemos de aprender a controlar nuestras emociones al relacionarnos con ellos y se necesita estar acompañado en la crianza.


Espero que si antes tenían las cosas claras, ahora las tengan un poco menos claras.

El día 13 de junio hago un resumen de la ponencia de Barudy y el día 20 de la de Maryorie Dantagnan.

Cuidaos / Zaindu

lunes, 30 de mayo de 2016

La importancia de comprender el comportamiento de los niños con trauma complejo. Orientaciones para familias y profesionales.



Diez meses, diez firmas.


Profesional invitada en el mes de mayo de 2016:





Tatiana Caseda Fernández


Conocí a Tatiana Caseda Fernández hace ya unos cuantos años, a principios de este siglo, allá por el año 2000. Trabajábamos los dos para la misma empresa responsable de implementar los programas de evaluación e intervención de la Diputación Foral de Gipuzkoa con menores en situación de grave desprotección. Ella era trabajadora familiar de unos menores que estaban haciendo psicoterapia conmigo. Me impactó profundamente que los niños la tenían siempre presente como una persona capaz de empatizar y dar seguridad. Tatiana continuó su carrera profesional como psicóloga responsable de la misma tipología de casos, realizando una importantísima labor al trabajar con familias y menores con severas alteraciones psíquicas y comportamentales como consecuencia de los malos tratos. Hemos compartido muchas horas de coordinación y dedicación a estos menores. Posteriormente, se formó como psicoterapeuta y tuve la dicha de acompañarle en su proceso de aprendizaje dentro del Postgrado en traumaterapia sistémica-infantil de Barudy y Dantagnan. Ahora ejerce en su consulta particular como psicoterapeuta infantil y adultos y es docente del mencionado postgrado. Además de su trayectoria contrastada, Tatiana tiene -algo no alcance de todo el mundo- capacidad para conectar emocionalmente con los niños y especialmente con los adolescentes. Me ha parecido que debía compartir todo lo que ella ha aprendido estos años con vosotros/as y gustosamente ha escrito este artículo que nos enseña qué les sucede a los menores con trauma complejo y cómo podemos ayudarles tanto las familias como los profesionales. Muchísimas gracias, Tatiana, por compartir tu tiempo y tus conocimientos y aceptar la invitación a participar en Buenos tratos.



Tatiana Caseda Fernández. Licenciada en Psicología clínica  por la Universidad del País Vasco. Máster en terapia de familia y de pareja por la Universidad del País Vasco con orientación sistémica. Diplomada en  psicoterapia infantil por el IFIV de Barcelona. Formación de psicoterapia en técnicas gestálticas y bioenergéticas. Formación en EMDR adultos (nivel I). Profesional con amplia experiencia valorando e interviniendo en casos de menores y sus familias en situaciones de desprotección grave. Actualmente trabaja en consulta privada como psicóloga y psicoterapeuta infantil y de adultos en Donostia-San Sebastián y es docente en el  Diplomado en Traumaterapia infantil sistémica de Barudy-Dantagnan en el País Vasco.

Cuando mi compañero y amigo José Luis me planteó poder escribir en su blog sentí una gran responsabilidad. Pensé en nuestros niños traumatizados, en todos los retos a los que se someten diariamente y me sentí animada para desde mi experiencia diaria, exponeros (a los padres, las familias y profesionales) lo que considero importante tener en cuenta para poder ayudarles.

Aunque hoy en día se sabe las secuelas que produce el trauma a nivel neurológico, me ha conmovido profundamente escuchar a mi profesor Jorge Barudy en el congreso de Naciones Unidas al que fue invitado, cuando explicó de una manera tan gráfica, arrugando un papel delante de todos los presentes, la manera en que el trauma afecta al cerebro. 

Así que si lo pensamos bien, nuestro cometido, el de las personas que trabajamos con estos niños y el de los padres adoptivos, acogedores y/o tutores, sería intentar alisar esa hoja de papel todo lo que podamos, ya que eso lograría mejoras importantes en las diferentes áreas de su vida, tejiendo para ello una red de personas que les apoye y les ayude a construir lo que no pudieron aprender y construir en sus primeros años de vida.

Por lo tanto deberíamos reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos como especie humana para no permitir que se siga traumatizando a los niños, extinguiendo de una vez tópicos tan usuales como: “sus padres sabrán”, o “es mi hijo y hago con él lo que quiero”. Debemos darnos cuenta de cuanto dolor puede haber detrás de eso y no permitir que ocurra, ya que nos podemos convertir en cómplices del sufrimiento que padecen muchos de ellos.

Con todo esto me gustaría poder contribuir a ayudar a la comprensión, que tanto los profesionales que trabajan con estos menores, como los padres adoptivos y o acogedores o tutores deberían hacer, para  poder entender el comportamiento de estos niños, y de esa manera ayudarles; ya que habitualmente no han oído hablar del apego, de la resiliencia y de cómo la crianza en los primeros años de vida es fundamental para que se geste un cerebro sano. Por lo que se encuentran totalmente desbordados y perdidos a la hora de actuar con sus hijos o alumnos.

Todo lo que aquí expongo es una elaboración personal de lo que he aprendido de mis profesores y amigos Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan y José Luis Gonzalo Marrodán.

Como todos sabemos un bebe nace totalmente dependiente de su cuidador, y si no dispone del mismo, podría morir, por lo que busca apegarse al cuidador para garantizar su supervivencia. Si el cuidador responde de manera cariñosa, ordenada, predecible y se establece una adecuada comunicación entre ambos, además de empatizar con el mismo y calmarle cuando lo necesita sin invadirle, el bebé y con él su cerebro comenzaran a ordenarse psíquicamente. Es especialmente sensible el periodo de cero a tres años, etapa en la que se está en pleno desarrollo. Cuando esto ha sido posible, tendremos un cerebro organizado y lograremos que el menor adquiera competencias cognitivas para aprender, para expresar sus emociones de manera regulada, para interiorizar normas, para atribuir intenciones positivas hacia los demás, empatizar con los otros. Sabrá relacionarse de manera adecuada con los demás, poder centrar su atención, sentirse seguro con el otro, tolerar la frustración, ser más autónomo, aceptar la ayuda… pero si por el contrario el bebé no recibe estos cuidados, lo que hace es aprender a desconectarse de la mente de los otros, ya que las comunicaciones con sus padres biológicos o cuidadores son vacías o terroríficas;  y si además se mantienen en el tiempo no serán capaces de leer los deseos o las intenciones de los otros, teniendo dificultades en  la función  mentalizadora y o reflexiva. No hay que olvidar que hay un periodo crítico para ello, y que pasado el mismo, será más difícil poderlo lograrlo.

Es muy importante que los padres adoptivos o profesionales que trabajan con menores que han padecido situaciones de negligencia y maltrato grave en sus primeros años de vida, sepan el daño que ha provocado en los niños el no haber tenido estos cuidados, ya que si somos capaces de entenderlo, podremos verles desde otro registro, no poniendo intencionalidad en las acciones o comportamientos que tienen. Entenderemos que debemos convertirnos en tutores de resiliencia secundaria, ya que no tuvieron resiliencia primaria.

Cuando no estamos familiarizados con esta teoría, resulta  difícil entender como muchas de las conductas que muestran, la mentira, la manipulación, la necesidad de control hacia el otro, las dificultades de vincularse, las de aprender, de empatizar, de mentalizar... están directamente relacionadas con las carencias y el maltrato sufrido en los primeros años de vida. Su cerebro les hace comportarse, sentir y pensar de la única manera que han aprendido a hacerlo, para garantizar la supervivencia en aquel entorno, trasladándolo a los entornos y a las relaciones actuales, pese a que en este momento sea desadaptativo para ellos y para los que le rodean. Para ello, debemos trabajar entre todos para poder aportarles la seguridad que no tuvieron, con firmeza, empatía, constancia y paciencia.

En relación a la permanencia

El profesorado se mostrará de acuerdo si afirmo que  los que están más dañados tienen muchas dificultades para realizar cualquier tarea dentro del aula cuando el adulto desaparece de su lado, ya que no han desarrollado una guía interna que organice su comportamiento. Por lo tanto debemos ser conscientes que estos niños tienen necesidades educativas especiales y debemos hacer lo posible para poder aportárselas. No solamente van a necesitar está permanencia del adulto dentro del aula, sino también en otras actividades extraescolares que realicen y en el propio domicilio familiar.  Por ello, los padres y cuidadores deberán hacer un importante acompañamiento a lo largo del tiempo, ya que debemos tener en cuenta su edad emocional y no la cronológica, por lo que no podre exigirle determinados comportamientos o actitudes, ni en casa ni el centro escolar, ya que no serán capaces de llevarlas a cabo. En mi práctica profesional me encuentro con adolescentes de 14 años que se comportan en determinadas situaciones como si tuvieran 4 años.

Es cierto que en ocasiones no es fácil, ya que el menor no desea este acompañamiento, porque quiere ser como sus iguales; pero debemos negociar y hacerle entender la necesidad de ayudarle y protegerle de esta manera, hasta que poco a poco pueda ir estando más preparado para ir realizando determinadas actividades sin tanta supervisión. Si somos empáticos y firmes, serán más capaces de entender que es la manera de protegerles y ayudarles.

También es importante señalar, que pese a que no se puede desaprender lo aprendido, si se puede aprender nuevas formas de funcionar, que es lo que intentaremos conseguir entre todos con estos menores. Aunque el camino sea largo y no sea fácil es importante ser paciente y perseverante, no debemos olvidarlo.

En relación a la estructura

En la mayoría de los centros escolares y domicilios familiares se nota una mejoría cuando tenemos en cuenta lo siguiente: se debe crear un ambiente estructurado, donde las normas y los límites sean claros y predecibles. Donde el menor es aceptado, no así determinadas conductas que pueden dañar a otros o a él mismo. Reconocemos su dolor y su sufrimiento y le ayudamos a entender que sus conductas tienen que ver con las situaciones vividas en sus primeros años de vida y se le anima a dejarse ayudar para poder cambiarlo, ya que dichos comportamientos (pese a que en su momento fueron adaptativos), no le ayudan en la actualidad y le hacen sufrir. Le explicamos que los problemas que padece son fruto de su sufrimiento, no hay nada malo dentro de él para comportarse así. Los padres, los cuidadores y los profesionales que trabajamos con estos menores debemos tenerlo siempre presente.

En relación a los castigos

Más que utilizar el castigo debemos ayudarles a que puedan darse cuenta de cómo se sienten las otras personas cuando ellos realizan determinadas conductas, y valorar las consecuencias que trae, tanto en lo emocional como en lo estructural para ambas partes.  Para ello, debemos trabajar la empatía y ayudarles a reparar el daño causado al otro, apoyándoles emocionalmente para que puedan llevarlo a cabo.

En este sentido, nunca es adecuado retirar el afecto, aunque el comportamiento del otro si debe denotar que lo ocurrido ha sido grave.  Es importante que los niños aprendan desde las consecuencias y no tanto desde los castigos, y mucho menos cuando son excesivos y se mantienen exageradamente en el tiempo. Los castigos y el tiempo fuera no les suelen ayudar, ya que pueden conectar con situaciones del pasado donde el abandono y la violencia estuvieron presentes, y lejos de ayudarles y tranquilizarles, pueden provocar el efecto contrario. Activando las partes más primarias del cerebro, el reptiliano, que les hacen conectar con fantasmas pasados.

Son muchos los padres adoptivos y también profesionales, a los que les resulta difícil llevar esto a la práctica y no utilizar el castigo, ya que piensan que al no hacerlo, los menores les están “ganando” y haciendo lo que les da la gana con total impunidad. En esos momentos no debemos olvidar todo lo que hemos abordado y pensar que ellos están asustados y que tienen miedo a que les dañemos, porque es lo que hicieron con ellos. Debemos trabajar nuestras propias dificultades para que por nuestra parte no mostremos una respuesta desadaptativa, y así no confirmar el miedo a que se les haga daño, ya que ellos intentaran verificar esta hipótesis.

No hay que minimizar lo complejo que resulta para los padres adoptantes y acogedores, con menores muy dañados, el estar sometidos a prueba constantemente. Hay que ser consciente del desgaste y del cansancio diario que supone, ya que en algunos casos la presencia debe ser continua durante mucho tiempo, siendo difícil en algunos casos que dicha presencia pueda desaparecer del todo. El estrés y la ansiedad que genera determinadas situaciones, puede hacer que a los padres les cueste ser capaces de regularse y ayudar a sus hijos a no descontrolarse más. Porque hay que ser conscientes que el reto es grande y que uno se puede  equivocar, pero también que se debe reflexionar sobre lo que no se debería hacer e intentar repararlo en la medida de lo posible. Además de darse cuenta que hay respuestas que tienen que ver con las propias dificultades y no poner toda la responsabilidad en los hijos. Por todo ello, es imprescindible que hagan equipo con los profesionales y proporcionarles espacios que ayuden al autocuidado, a la reflexión y que sirvan de contención emocional. Estos profesionales deberían estar especializados en apego y trauma para poder entre todos ser tutores de resiliencia.

En relación al control

Otro aspecto a señalar es que muchos de estos niños tienen dificultad para ceder el control,  no es fácil que  lo hagan, ya que el hacerlo supone conectar con sus miedos (abandono, vacío, incertidumbre, incluso la muerte) Lo primero que se debe valorar es si se le está pidiendo demasiado. En tal caso se le deberá decir que se le está exigiendo demasiado y se le pedirá disculpas, se le dirá que igual ahora no está preparado para poder hacer lo que se le pide, y que se va a trabajar entre todos para ayudarle a poderlo realizar. Además de empatizar con él, recuperamos el control, ya que no es que él quien decide no hacerlo, sino que lo decido yo. Si por el contrario es capaz de hacerlo, ya que en otras ocasiones lo ha llevado a cabo de manera adecuada, se le debe intentar ayudar a darse cuenta que es capaz de hacerlo, ya que en otras situaciones lo realizó de manera adecuada.  Aun así, puede ocurrir que ese día no se vea capaz, por lo que volveré a recuperar el control diciéndole, que hoy voy a ceder porque veo que está muy nervioso o no se encuentra bien (empatizo)… pero que mañana debemos intentarlo porque es bueno para él. Debo intentar que se comprometa, pero nunca entrar en una escalada de poder, ya que se puede tirar por tierra todo el trabajo logrado.  Si se entra en una lucha de poder hay que estar muy seguros de que se va a ganar. Si no, no entrar.

Es necesario estar atentos a nuestra contratransferencia (las emociones y creencias internas no conscientes que el menor nos mueve y que reflejan aspectos de nuestra propia biografía) para no vivirlo como un ataque, sino como una incapacidad temporal de esa persona, y trabajar para poder modificar dicho comportamiento, debiendo regular el mío y no caer en su provocación, intentando recuperar un control parcial del mismo, desde una semidirección.

Por todo ello, es importante que las personas que estamos con estos menores en el día a día sepamos que la manera de poder ayudar a estos niños no puede ser la misma que utilizamos con otros niños que no han tenido estas vivencias, porque estos últimos son más capaces de regularse, de reflexionar, de vincularse, de ponerse en el lugar del otro, y además no conectan con “gatilladores”, situaciones  e incluso olores que tienen  a nivel inconsciente  y que generan  un comportamiento  desregulado, sin llegar a entender nosotros , y muchas veces, ni ellos, que es lo que  ha podido provocarlo y con qué ha conectado. Debo intentar darle la calma y la seguridad que necesitan.

Parte del trabajo de la terapia se basa en lo anterior esto es, desculpabilizar al menor por el daño sufrido y ayudar a los padres y los profesionales a entenderlo. Es importante que todos trabajemos en red para lograr la mejora de estos menores, y que ellos puedan percibir que nos preocupan, que les queremos ayudar y que son importantes para nosotros. Por todo ello, lo más importante antes que nada es trabajar la relación, la vinculación, ya que si no logramos esto, conseguir avances resultará tarea difícil. Después, cuando esté preparado, abordaremos cuáles son sus orígenes y su historia de vida. Se debe reconstruir una narrativa de su historia de vida, ya que le ayudamos a desarrollar una visión coherente de los distintos sucesos traumáticos por los que ha pasado. Le ayudaremos a juntar fragmentos que él ya tiene y le aportaremos una narrativa que termine de dar un sentido a lo vivido, favoreciendo una mente y un cerebro más integrado y organizado, ya que en ocasiones ha rellenado “huecos” para buscar la comprensión de lo sucedido.  Se debe buscar el momento adecuado para no retraumatizar. 

Dedicado a todos los valientes y a las personas que les acompañan.

A continuación me gustaría mostrar un video que refleja de manera muy gráfica parte de lo aquí explicado. 




El blog Buenos tratos regresa el 13 de junio.

domingo, 29 de mayo de 2016

"La adolescencia, una estación para la oportunidad. Construyendo resiliencias": 10 momentos para un magnífico congreso (Y dirección en internet para descargarse las ponencias)

Escribo, todavía con muy buen sabor de boca, sobre todo para los que no pudisteis acudir (me acuerdo de las buenas gentes de América Latina) diez momentos (obviamente, hay muchos más; cada uno tendrá los suyos. Os he seleccionado estos) con los que me quedo del Congreso titulado: "La adolescencia, una estación para la oportunidad", celebrado en San Sebastián, este pasado fin de semana (27-28 de mayo), y organizado por la Fundación IZAN-Programa Norbera.

Boris Cyrulnik, en un momento
de una de sus dos ponencias.
Foto: programanorbera.org
La organización impecable del Congreso, que movilizó y gestionó a 500 personas (y no es nada fácil). Felicidades a la Fundación IZAN-Proyecto Norbera por el éxito de participación, por haber podido reunir a tres de los grandes (Boris Cyrulnik, Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy) en San Sebastián (una ciudad pionera y avanzada en servicios sociales) Todo funcionó como la seda, como una máquina bien engrasada. Además de las interesantísimas ponencias, fue todo un acierto introducir en el programa una mesa de experiencias. Esto le da todo el sentido a nuestro trabajo: éste sucede en el mundo real y sería absurdo dejar a los protagonistas sin voz en un evento que habla de ellos. Además, aporta coherencia a la labor de los profesionales. Felicidades a quien haya previsto este punto en el programa.

El poder encontrarnos, compartir, saludar, recibir y hacer de cicerone... de un buen número de queridos colegas, amigos/as, familias… que asistieron y participaron en un congreso multitudinario. Esto hizo que estar todo el tiempo que a uno le hubiera gustado con todas las personas fuera imposible. Estos espacios de intercambio profesional y afectivo convierten a los congresos en citas imprescindibles. Siento si no me acerqué o dejé de saludar a alguien, pero con tantas personas...

Las palabras de Jorge Barudy dedicadas a María José Gorrotxategi, quien trabajó con implicación profesional y compromiso ético durante muchísimos años como directora de centros de acogida de menores (¡desde principios de los años 80!, una auténtica pionera) para la Diputación Foral de Gipuzkoa desde la empresa Asociación de Educadores Especializados de Gipuzkoa. Fue un homenaje público merecido a su persona y una puesta en valor de su magnífico e intachable trabajo educativo con menores muy dañados por los traumas. Los/as que allí estuvimos prorrumpimos espontáneamente en aplausos que sentí comunicaban a la vez, afecto y protesta porque la administración toma decisiones a veces inexplicables e injustas. Jorge Barudy directo conocedor y por lo tanto testigo del excelente trabajo de María José durante todos estos años quiso ser coherente con sus ideas y apoyarle públicamente en estos momentos emocionalmente tan duros para ella.

Además de sus interesantísimas ponencias, Boris Cyrulnik deslumbró a todos/as los/as que estuvimos en el Congreso por su calidez, cercanía, educación exquisita y fino sentido del humor. Fue un lujo poder escucharle (y encima tenerlo a 4 minutos de mi casa) Me consta que se ha marchado feliz y satisfecho. Enamorado de la ciudad, su gastronomía y sobre todo de las personas que participaron.

Jorge Barudy aplicó y reinventó un modelo para comprender la adolescencia normal (la famosa “tormenta cerebral” de Siegel) a la adolescencia que ha sufrido trauma complejo (que padece un “tsunami cerebral”) Fue muy creativo e interesante, me gustó mucho. Y además, nos hicimos conscientes de cómo la adolescencia puede alterarse en sus procesos normales de una manera grave. Podéis leer su aportación (y la de los demás ponentes) y descargaros el pdf a vuestro portátil, tablet o PC desde esta dirección.

Me encantó que Maribel Elustondo pusiera, tras la segunda ponencia de Boris Cyrulnik, el toque afectivo (de corazón y no de cerebro) que conmueve y hace que la red wifi que es nuestro cerebro, se interconectara. Al menos con el mío. Le dedicó unas palabras muy bonitas en francés a Boris Cyrulnik deseándole un feliz regreso a su casa. Nos recuerda que lo humano debe estar siempre presente. Preparación personalizada por parte de Maribel, mostrando sensibilidad empática.

La ponencia de Alberto Ruiz de Alegría fue un completo -y muy bien elaborado y explicado- compendio de experiencia y conocimientos adquiridos a lo largo de su dilatada carrera como psicólogo y psicoterapeuta de adolescentes y sobre todo, familias. Impecablemente ordenada y sistematizada, la tabla y recomendaciones finales (como todo lo demás) son muy útiles para los padres que siempre demandan orientaciones.

La mesa de experiencias donde participaron adolescentes y familias que pasaron por Norbera fue emocionante y enriquecedora. Como he comentado, esto le da todo el sentido a nuestra tarea y labor. La condujeron magistralmente Monika Egido e Ivan Rodríguez. Y esto lo escribo porque me lo contaron ya que para mi pesar, tuve que ausentarme para encargarme digamos de un proyecto emocional temporal que me impidió estar allí (pero me hizo disfrutar como nunca, así que el pesar se me disipó pronto) La niñez puede ser maravillosa, y cuando lo es pocas cosas pueden producir más satisfacción a un adulto que la sonrisa de un niño. 

A veces entre tanto dolor, entre tanto trauma o vivencia sobrecargante, es bienvenido el humor. Otro de los momentos del congreso fue el monólogo sobre familia y adolescencia, interpretado por Javier Merino, actor y humorista. Hizo reír al público, que es lo más difícil. Y además, a los que no lo son, les chocó e hizo mucha gracia el cómo somos los vascos desde la niñez.

Y mi último momento, cómo no, es para Maryorie Dantagnan: mi profesora, colega y amiga estuvo brillante (y directa al corazón, como ella es) porque nos expuso el modelo de traumaterapia que lleva muuuchos años trabajando (más de veinte) La cantidad de trabajo, pasión, lecturas y horas de terapia con chicos/as que Maryorie Dantagnan ha metido para poder diseñar el programa de terapia para niños y adolescentes que han sufrido traumas es enorme. Además, preparó un entrañable y emotivo (que hizo que nos emocionáramos y saltaran nuestras lágrimas) vídeo donde le dio voz a varios adolescentes que han hecho la traumaterapia; a ellos y a sus educadores (piezas clave en un modelo de trabajo de esta naturaleza) como homenaje y reconocimiento también para estos profesionales. Pudimos sentir y saber lo importante que son los educadores en la vida de los niños y cómo se implican desde lo profesional y lo personal. Pudimos conocer cómo se trabaja en el mundo real la traumaterapia, cómo la viven, la sienten, la cuentan… sus protagonistas. En mi mente se ha quedado guardada una imagen que creo me acompañará siempre: cómo una jovencita aferraba las manos de dos educadoras, sin soltarlas en ningún momento. Hablaba de que le llegaba el momento, con 18 años, de tener que dejar el centro de acogida… Su casa, su habitación, su cama, sus educadores y compañeros de centro (que son como su familia) Si de por sí es complicado que un joven normal sea plenamente independiente y autosuficiente a los 18 años, a los que tienen la herida del trauma y necesitan de proceso de acompañamiento más largos, ¿por qué (o que argumentos se pueden sostener para justificar esto) de la noche a la mañana, al llegar a los 18, la administración les obliga a dar un salto de tamaña altura? La adolescencia termina en el cerebro a los 25 años. En la ley, a los 18. La jovencita del video se echó a llorar mientras narraba con dolor este destino inexorable. Y nos dolió también a nosotros. Por ello, me parece que fue uno de los momentos clave que con gran acierto, Maryorie nos permitió compartir y conocer. Especialmente para los/as técnicos y políticos de la administración pública, los/as que toman las decisiones sustantivas, las que pueden marcar el devenir de una persona. Pienso que es muy necesario que tanto nosotros como aquéllos les escuchemos y hagamos por cambiar lo que no favorece su bienestar.

Seguro que vosotros/as tendréis vuestros momentos. Si queréis compartirlos, dejadlos en los comentarios ¡Encantado de recibirlos y de que los/as que nos juntamos en este blog podamos leerlos!

Inolvidable Congreso, mis felicitaciones a la Fundación IZAN y al Equipo de Norbera: Alberto, Iván, Itziar, Leire, Kike, Monika y Maribel.  

El enlace para descargarse las ponencias, en esta página web de los organizadores:

http://www.programanorbera.org/ponencias

Aprovecho para informaros de:

Mañana a las 9,30h, Tatiana Caseda Fernández participa en el blog dentro de "Diez meses, diez firmas" con un precioso artículo sobre “El tratamiento de los niños y niñas con trauma complejo. Orientaciones para padres y profesionales”. No os lo perdáis, lleno de útiles propuestas y sabias reflexiones.

Voy a  hacer un resumen de las ponencias de Boris Cyrulnik, Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. El martes 31 de mayo, pasado mañana, a las 9,30h publico la de Boris Cyrulnik. El resto, os voy diciendo.

Cuidaos / Zaindu

lunes, 23 de mayo de 2016

Abierto el plazo de pre-inscripción en el Diploma de postgrado en traumaterapia sistémica-infantil de Barudy y Dantagnan en San Sebastián. 3ª Promoción APEGA 3 Donostia (2016-18)

Diploma de postgrado en trauma terapia 

sistémica-infantil de Barudy y Dantagnan


3ª Promoción Apega 3 Donostia 2016-18


San Sebastián-Donostia


Organiza: IFIV Barcelona 



PRESENTACIÓN

Organizado por el IFIV de Barcelona (Instituto de Investigación-Acción sobre la Violencia y la Promoción de la Resiliencia), tengo el gusto de anunciaros que se abre el plazo para preinscribirse en el Postgrado de trauma terapia sistémica-infantil. El programa comprende dos cursos académicos (bienio 2016-18)  y se celebrará en San Sebastián-Donostia. Esta es la tercera promoción de profesionales denominada Apega 3. El plazo de preinscripción está abierto desde hoy hasta el 22 de julio de 2016. 

Es una formación especializada para poder trabajar en psicoterapia -o en contextos laborales donde puedan realizarse evaluaciones e intervenciones de carácter psicoterapéutico y/o psicoeducativo- con menores de edad que han sufrido abandono, malos tratos, negligencia y diferentes tipos de violencia. Éstos suelen presentar con alta probabilidad, trastornos del apego y traumas crónicos, tempranos y complejos. La formación se apoya en los cuatro dominios de la intervención con los niños y adolescentes dañados: apego, trauma, desarrollo y resiliencia. 

En este diplomado se aprende a aplicar el modelo de intervención psicoterapéutica para la trauma terapia infantil sistémica diseñado por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan. Esta formación ya viene celebrándose en Barcelona desde el año 2004, denominando a cada promoción de profesionales egresados con el nombre APEGASiempre os he comentado que es la formación que a mí me cambió la vida a nivel profesional porque con este modelo de psicoterapia he podido y puedo comprender, evaluar e intervenir adaptándome al sufrimiento y daño que estos niños y adolescentes acarrean. 

La formación contempla tanto el aprendizaje de los conceptos y conocimientos (provenientes de la neurociencia, la psiquiatría, la psicología y la psicoterapia articulados y diseñados en un modelo -adaptado al sufrimiento infantil- propio tanto de evaluación como de intervención, que por encima de todo es respetuoso con la persona del menor de edad) como de las técnicas y metodologías de intervención psicoterapéutica necesarias para trabajar en cada uno de los tres bloques de tratamiento que se contemplan y que siguen un orden neurosecuencial. Finalmente, la formación da un lugar prominente al autoconocimiento y trabajo de la persona del terapeuta pues el niño o el adolescente desarrolla su proceso de sanación emocional en la interacción y relación con aquél. 

Participan como docentes de este diplomado: Jorge Barudy, psiquiatra y psicoterapeuta de familia; Maryorie Dantagnan, psicóloga y psicoterapeuta, del IFIV de Barcelona. Rafael Benito, psiquiatra y psicoterapeuta; Tatiana Caseda, psicóloga y psicoterapeuta y José Luis Gonzalo (servidor), psicólogo clínico y psicoterapeuta. Todos diplomados en trauma terapia infantil sistémica por el IFIV de Barcelona.

Las plazas son limitadas porque se requiere un grupo pequeño para poder trabajar individualizadamente con los alumnos/as. Se contempla la posibilidad de 4 plazas para personas de profesiones afines a la psicología y a la psiquiatría que tengan una trayectoria contrastada en el ámbito de trabajo que nos ocupa y tengan la posibilidad de aplicar los conocimientos y técnicas tratados en la formación. 

Todas las personas que se preinscriban aceptan participar en un proceso de selección que conlleva la realización de dos tareas que se detallarán. Los admitidos recibirán un mail comunicándoles su aceptación en el programa formativo para la última semana de julio, con el fin de que puedan formalizar la matrícula.

Para descargarse en formato pdf el folleto con los contenidos, objetivos, metodología, equipo docente, lugar de celebración, calendario y coste, así como la ficha de preinscripción, haced click aquí

lunes, 16 de mayo de 2016

El maltrato y la negligencia entre los 0 y los 18 meses: neuropsicología del apego desorganizado.

Ramón es un niño de 9 años que alterna temporadas de sobreactividad, acudiendo a clase, implicándose en actividades deportivas, excitándose en exceso con los cambios de rutina impredecibles, con una alta activación motriz en situaciones donde debería inhibirla y centrarse en la tarea que corresponde (por ejemplo, en clase), frustrándose cuando no se le deja hacer lo que quiere (incluso puede llegar a golpearse la cabeza con la mano, o descontrolarse tirando las mesas y las sillas y los objetos por el suelo. Le cuesta muchísimo ceder el control, él dirige. Cuando a Ramón una actividad le captura, le absorbe tanto que dejar lo que está haciendo para ir a cenar o a la cama resulta agotador para sus acogedores. La regulación de las emociones y la conducta son deficitarias, y si el chico percibe que el adulto puede ser amenazante, o éste se siente a su vez amenazado o intimidado, o cansado, y se altera a su vez más, las conductas defensivas hostiles o de oposición del niño aumentan, lo cual irrita y agota más a sus cuidadores terminando en una intensa rabieta y enfados y hostilidad por ambas partes. Curiosamente, Ramón tiene periodos en los que se muestra más apagado, se encierra más en su cuarto, parece como aislado, embotado, hipoactivado… Es como si mostrara la cara contraria a la que hemos descrito anteriormente. Sus cuidadores, acogedores, no se explican estos cambios que parecen suceder sin un disparador o factor explicativo claro.

Para todos/as los que cuidáis o sois responsables de niños o menores que tienen una historia de maltrato y negligencia, os interesan muchísimo las aportaciones de Schore, un auténtico maestro del que he aprendido muchísimo con su libro (el cual ya he terminado) Affect Dysregulation and disorders of the self. Quizá trabajes como acogedor/a profesional, como acogedor no profesional, como educador en un centro de acogida. Y hayas podido ver en esta descripción de Ramón un retrato parecido al del menor que tienes a tu cargo. 

Para poder comprender mejor por qué estos menores se comportan y reaccionan del modo en el que lo hacen, es necesario que retrocedamos a sus dos primeros años de vida, de los 0 a los 18 meses, una etapa crucial porque es donde el menor desarrolla lo que Porges denomina una neurocepción segura (Neurocepción es diferente de percepción. En la percepción existe un componente de valoración cognitivo. La neurocepción en cambio, son sensaciones y emociones que se experimentan por debajo del nivel de la conciencia y que se graban en la memoria implícita durante la etapa preverbal, antes de la aparición del lenguaje, y que transmiten el mensaje de que la expectativa prevista y la consecuencia que se va a dar con respecto a las figuras de apego es segura. Es una especie de pálpito, de feeling, que siente el niño en su cuerpo y en su piel, de que esas personas le van a dar seguridad y cuidados empáticos) La neurocepción segura -como os podéis imaginar a estas alturas que habéis leído tropocientos posts en este blog- lo que favorece es que el sistema de conexión social (asentado en el nervio vago ventral que va desde la columna hasta el cortex) el cual nos regula emocionalmente a nivel interno e interpersonal, predomine y se conforme adecuadamente; en detrimento de otras ramas del sistema nervioso (simpática / vagal dorsal) creadas para la defensa, que son las que funcionan y se estimulan y hiperactivan fácilmente cuando la neurocepción creada es de amenaza o alerta. Es por ello por lo que muchos de estos niños están en alerta, prestos para reaccionar, porque han mamado desde pequeños sensaciones y emociones y ambientes cargados de hostilidad, amenaza, riesgo, impredectibilidad…

Es necesario que retrocedamos a este periodo porque en el mismo se puede gestar un patrón de apego que contiene la neurocepción de peligro (una reacción presta a salir huyendo o agredir. O a disociarte si no puedes hacerle frente o escapar) Si ese patrón de apego se mantiene en el tiempo durante esos dos primeros años de vida no es que todo esté ya fijado y no haya posibilidad de cambio. Lo que sucede es que la mente de ese niño (y su cerebro) en una etapa en la que las estructuras neurobiológicas se están formando, ha comprobado muchas veces que la expectativa y el resultado con esos cuidadores traen determinadas y dolorosísimas consecuencias. Por ello los esquemas mentales (cognitivos, sensoriales y emocionales) quedan grabados y es mucho más complicado recalificarlos.

El patrón de apego que contiene una neurocepción de peligro y que se gesta en los 18 primeros meses de vida cuando el niño sufre trauma relacional temprano (el cuidador al que no tienes otra que apegarte para sobrevivir es el mismo que te maltrata, es decir experimentas una paradoja irresoluble, una vivencia de terror de la que no puedes escapar ni enfrentarte) es el desorganizado. Si un cuidador maltrata al niño y a la vez sufre negligencia por parte del mismo o de otro –por ejemplo, la pareja- también se puede desarrollar el patrón de apego desorganizado. Nos lo explica el gran Alan Schore. Si pudiéramos ver por unos momentos cómo fueron esos 18 meses para ese niño o menor que cuidamos ahora, al que ya tenemos libre de ese terrorífico patrón relacional con esas personas, nos sobrecogería comprobar lo que sufrió. Pero al mismo tiempo comprenderíamos que sus reacciones ahora, tienen un por qué.

Vámonos a ese periodo…

Fueron las autoras Solomon y George las que estudiaron este patrón de apego tan grave que es el desorganizado, el cual es el más frecuente en las muestras de maltrato (el 80% de los bebés exhiben este patrón) Ellas refieren que la desorganización/desorientación refleja el hecho de que el niño –como hemos comentado- en vez de obtener seguridad en la relación es alarmado por el cuidador. Lo que ellas denominaron paradoja irresoluble y que acabamos de mencionar en el párrafo anterior: el bebé ni puede aproximarse, desplazar su atención o huir. Al más básico nivel, estos niños son incapaces de generar una estrategia de afrontamiento conductual coherente para manejar sus desafíos emocionales. ¿Seguís viendo esto último en vuestro niño/a?

Cuando oímos la expresión patrón de apego desorganizado puede que los legos en la materia (los padres, los acogedores…) os imaginéis un niño permanentemente fragmentado, roto o sin brújula, desregulado e inestable como los antiguos programas de Windows cuando ya estaban muy baqueteados. La verdad es que en la Situación extraña, un procedimiento simple e ingenioso diseñado para evaluar el patrón de apego de los niños con el cuidador principal al que se han apegado el primer año de vida, no muestran en todo momento la desorganización. Hay que estar muy atentos. Los episodios de interrupción de la conducta organizada y de baja tolerancia al estrés son a menudo breves, frecuentemente duran 10-30 segundos, no obstante son muy significativos, nos dicen Solomon y George.

Las autoras describen cómo se comportaban los menores de apego desorganizado entre los 12-18 meses: “Un niño se mostraba por un momento excesivamente detenido, actuando en el espacio como completamente fuera de contacto consigo mismo, el entorno y los padres. Otro niño mostraba una apariencia facial de aturdimiento… acompañada por una paralización o detención de todos los movimientos del cuerpo, y algunas veces una congelación de las extremidades con las que había estado en movimiento. Y aún otro niño cayó boca abajo en el suelo en una postura depresiva antes de la separación, paralizando todos los movimientos del cuerpo” 

Todavía hay muchos foros (incluso de profesionales) en los que consideran que este tipo de experiencias se olvidan, o no tienen capacidad de afectar a la vida posterior del niño, cuando sabemos que no es así. Como muy bien afirma mi amigo y colega Rafael Benito: “El cerebro no te lo trasplantan, es el mismo toda la vida y lo que se registra, queda almacenado. Si se trabaja con las personas afectadas con paciencia, perseverancia y medidas terapéuticas diversas, el cerebro/mente ha demostrado su plasticidad a lo largo de la vida”

Es más, no sólo es que esas terribles experiencias de maltrato o negligencia (que te descuiden o abandonen y no encuentres consuelo en el cuidador, ni sintonía afectiva, ni empatía, ni episodios de comunicación lúdica… es tan dañino como maltratar activamente) no se olviden o se vayan, sino que dan forma al mismísimo cerebro y dejan una primera configuración. A este respecto, dice Schore: “Durante el trauma, el niño presencia la cara de la madre (o padre) con una expresión agresiva (el estímulo preferido por el bebé durante el primer año de vida es la cara humana. La cara agresiva de un progenitor es el estímulo más potente al cual un bebé puede exponerse) La imagen de esta cara agresiva, así como las caóticas alteraciones en los estados corporales del niño que están asociados a ella, es indeleblemente [la negrita es nuestra] imprimida dentro de los circuitos subcorticales límbicos y registrada y procesada en una memoria procedimental-implícita”

La cara humana es el estímulo más potente para un niño
durante el primer año de vida.
Si el bebé convive durante los 18 primeros años de vida (e incluso más tiempo) en un ambiente de maltrato y negligencia y supongamos que un progenitor le grita, le chilla, le mira con la cara que veis a la izquierda en la foto, le zarandea y le llena de imprecaciones… El niño se siente aterrorizado, rompe a llorar, se hiperactiva y toda la inundación de sensaciones negativas intensas que su sistema nervioso inmaduro aún no puede gestionar, le desregulan… Gatea en busca del otro progenitor (una madre en esos momentos en estado depresivo y con trauma no resuelto que está sentada con la cara y la mirada inexpresivas y con un cigarro en la mano consumiéndose mientras parece ver la TV) buscando consuelo y protesta aún más para atraer la atención de esa madre pero no lo logra... Entonces el niño se hipoactivará y entrará él a su vez en ese estado, se alineará con el de la madre, se disociará…

Cuando un niño se relaciona y apega a un cuidador desconectado y disociado de las necesidades de aquél, dice Schore que "el niño finalizará en silencio, tras la terminación de la protesta. Después, se disociará (igualándose con el estado de la madre) Este fallo regulatorio se experimenta como una discontinuidad referida como islas de vacío en la experiencia subjetiva, una definición operacional de la restricción de la conciencia en la disociación. Esta estrategia disociativa como respuesta postraumática al trauma relacional se insertará dentro de la personalidad" Es habitual escuchar a adultos en terapia sentir un vacío interior tremendo. En su historia hay una experiencia continuada con un adulto cuidador con un patrón relacional sumamente desconectado y disociado de sus estados mentales.

¿Comprendemos mejor ahora dónde está el origen de la alternancia de estados de hiperactivación-hipoactivación que Ramón experimenta en la actualidad?

El trauma interferirá en la formación de las estructuras psíquicas, nos advierte Schore: “El niño alternará en el apego desorganizado entre los estados de hiperactivación simpática e hipoactivación parasimpática. Si esta experiencia es prolongada (cuidador que excita, ataca, altera, provoca, es agresivo… alternando con estados de depresión clínica, disociación…) en el tiempo y temprana (primeros dos años de vida), las alteraciones en el sistema límbico en desarrollo son profundas” El infante hiperactiva el sistema simpático  para hacer frente al cuidador que le desregula mediante el maltrato activo; el niño experimenta prolongados estados de hiperarousal (con secreción de hormonas corticotropinas), en un estado de expansión de la energía, como si estuviera pisando el acelerador del coche continuamente y a fondo. Así se siente ese menor en un contexto relacional de maltrato. Pero a este estado no le sigue ninguno (o muy pocos, en su corta existencia) de neurocepción segura, de conexión social que regule y calme, sino que le sobreviene la negligencia; entonces transita de hiperactivar el simpático a poner en marcha el sistema nervioso parasimpático vagal dorsal (propio de los estados de hipoactivación, desconexión y disociación, en un estado de conservación de la energía) Es como si frenara el coche. Y el menor puede sufrir esa aceleración y pisada de freno simultánea -o en breves intervalos de tiempo- de su sistema nervioso en la relación con un cuidador que ora le maltrata ora le abandona o es negligente, o cuando uno es de un tipo y el otro progenitor del otro. En un contexto relacional de esta naturaleza las oportunidades de mantener el delicado sistema nervioso de un bebé en un estado óptimo de regulación y atendiendo a su necesidad de conectarse de manera segura con un cuidador receptivo, sensible y empático son nulas o escasas. Por eso, siguiendo con la metáfora, el motor sufre daños que pueden ser profundos, como dice el experto Alan Schore. Y por ello nos costará tanto posteriormente, regular a los menores y que desarrollen una neurocepción segura.

El niño que desde temprana edad sufre el maltrato y la negligencia: 
es como si pisamos a fondo el acelerador y freno de un coche: podemos dañar el motor.

Recomendaciones para las familias y los profesionales

Nosotros hemos de estar tranquilos, calmados, no cansados y tener claro que necesitamos ver la mente del niño (y no la nuestra con nuestras preocupaciones, ansiedades, miedos, expectativas poco realistas con respecto al menor. La sociedad no nos lo pone nada fácil, llegamos a casa al final del día agotados y queremos funcionar, pero… ¡el niño tiene otra agenda!) para poder aprender a regularle y establecer una rutina de seguridad. Seremos firmes pero no amenazantes. No amenacéis. 

Armaos de paciencia y sobre todo fijaos en vuestro cuerpo: atended a vuestras emociones y sensaciones, observad si vuestro corazón late demasiado rápido. Respirad, lanzaos frases calmantes y tomaros un momento para tratar de entender qué le ocurre al niño. Permaneced serenos y firmes. Tratad de hablarle con palabras seguras y tranquilas, mirándole a los ojos. Buscad incentivar el sistema de conexión social para regularle y que el niño pueda salir del estado de aceleración o desconexión. Poned consecuencias sólo cuando el niño persevere en no elegir la opción responsable. Las consecuencias han de ser proporcionadas y que le enseñen (como dice mi maestra Maryorie Dantagnan) Y mientras ponéis consecuencias tratáis de modular. Porque si amenazáis (aparte de no servir de nada) el niño habrá conseguido confirmar la neurocepción de peligro con vosotros/as. Con lo cual no contribuiremos a reparar el sistema nervioso.  Los niños, si nos perciben alterados, atemorizados o atemorizantes, preocupados, ansiosos… captarán esa neurocepción que sucede a nivel no consciente grabada en su piel y saltarán chispas. Merece la pena trabajar esto con los menores antes de la adolescencia.

Por otro lado, todo este conocimiento entrega a las autoridades administrativas de las distintas comunidades autónomas la base científica para plantearse como prioridad número uno la detección temprana de los casos de maltrato y negligencia donde los menores sufren con progenitores o cuidadores con incompetencias severas y crónicas, que no son susceptibles de rehabilitación. Adoptar una medida de protección cuanto antes es un imperativo porque el derecho del menor a ser protegido debe prevalecer. Sabemos que son periodos críticos (donde los daños pueden ser muy profundos) y que una intervención a tiempo que dé seguridad al menor ya es una protección terapéutica (término magistral utilizado recientemente en un excelente artículo en este blog escrito por la psicóloga Cristina Herce) por parte de la administración, para que la crianza terapéutica posterior (de los acogedores o quienes se responsabilicen del niño) pueda hacerse con más garantías de reparación.

La picada con la que cierro los post me la ha proporcionado precisamente Cristina Herce (quien últimamente me está ayudando mucho a recopilar material para poder escribir en el blog; ¡gracias, Cristina!) Recientemente me ha enviado un artículo publicado en el diario El Mundo en el suplemento CIENCIA. Es un fascinante y curioso trabajo de investigación-acción en el que por primera vez, asistimos a un hito histórico: con terapia cognitivo-conductual han logrado curar la agorafobia y síntomas de estrés postraumático en dos chimpancés con historia de duro maltrato. Los pobres animales (Tarzán y Loti) “cuando fueron rescatados no eran más que dos famélicos y desnutridos esqueletos desprovistos de vigor en su pelo y en su ánimo. Su mirada mustia y sumisa disparaba un pasado cargado de tormentos y violencia. Fue hace nueve años. Eran los dos chimpancés más jóvenes de un grupo de seis que cumplía condena en ajados carromatos de un circo abandonado de Valencia. Los únicos que aún podían trabajar antes de que sus hormonas, su naturaleza salvaje, los hiciera inservibles para la industria del entretenimiento humano”

Este artículo, además de para denunciar los daños que los malos tratos causan en los animales y pedir que se castigue con contundencia a los responsables, nos alegra por la curación y mejora de la calidad de vida que estos chimpancés han logrado gracias al tratamiento recibido. Y nos enseña mucho para poder aplicarlo en futuros tratamientos para animales y en lo que podemos aprender para usarlo con los humanos.

Para leer el artículo completo haz click aquí.

Buenos tratos regresa el 30 de mayo. Cuidaos / Zaindu.